sábado, 12 de marzo de 2016

La salud también es una cuestión de género

Según la OMS, un 50% de las mujeres del mundo padecen un acceso diferente y desigual a los tratamientos primarios de salud. “Las mujeres viven más años que los hombres, pero lo hacen con peor salud percibida y con más trastornos crónicos” afirma Carme Borrell, doctora en salud pública.

Las sociedades del mundo entero siguen fallando a la mujer en momentos clave de su vida, particularmente en la adolescencia y la vejez. Ésta es la conclusión que la OMS transmitió en el año 2009 mediante el informe Las mujeres y la salud: los datos de hoy, la agenda de mañana. A través de esta publicación, la Organización Mundial de la Salud exhortaba a actuar más allá del ámbito sanitario para mejorar las condiciones de salud de las mujeres en todas las etapas de su vida. En la actualidad, la inequidad de género en salud es una cuestión con muchos frentes abiertos.

"Millones de mujeres continúan enfermando y muriendo por factores en la mayoría de los casos evitables"

El estado de salud de hombres y mujeres es diferente, pero además desigual

A pesar de que la esperanza de vida de la mujer es mayor que la del hombre, "millones de mujeres continúan enfermando y muriendo por factores en la mayoría de los casos evitables" afirma Consuelo Díez Chao, de la ONG Farmamundi Extremadura. La vida mas prolongada de las mujeres y sus situaciones de salud exclusivamente femeninas -tales como el embarazo o el parto- entrañan riesgos y asistencia específicos. De forma general, las mujeres tienen un menor nivel de salud que los hombres, una diferencia que se acentúa en los países en vías de desarrollo, donde las diferentes condiciones de vida provocan que los índices de morbilidad -proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado- y mortalidad sean más elevados, específicamente en los años reproductivos.
En estos países, la alta incidencia de embarazos no deseados y sin espaciar, la maternidad precoz, las prácticas de riesgo en la interrupción voluntaria del embarazo, la escasa atención sanitaria fuera de la edad fértil o la alta prevalencia de enfermedades de transmisión sexual y especialmente VIH son factores agravantes del desigual estado de salud de las mujeres.

El deterioro del bienestar psicológico femenino también es preocupante. Según la OMS, el suicidio es una de las causas principales de muerte en las mujeres entre los 20 y los 59 años. Los trastornos mentales, como la depresión, son asimismo una causa importante de discapacidad en las mujeres. Los estudios demuestran que la discriminación social, legal y económica -causante de sentimientos de indefensión, dependencia y baja autoestima- es responsable de estos trastornos. La OMS también apunta a la violencia de género, como una de las principales causas de desórdenes mentales y dolencias físicas cuyo impacto en la salud, tanto de la víctima como de sus allegados, es muy elevado.

"El rol de género no es ajeno a la salud, hay una influencia clarísima tanto en hombres como en mujeres"

El rol de género no es ajeno a la salud

Los roles diferenciados impuestos por la sociedad y la desigualdad de género en materia educativa, laboral y de ingresos, limitan la autonomía e independencia económica de las mujeres, disminuyendo sus posibilidades para decidir sobre su vida y proteger su propia salud. “En la mayoría de las sociedades industrializadas se produce una desigual distribución en función del sexo en el mundo de la producción (económico-mercantil) y el mundo de la reproducción (ámbito doméstico-familiar) lo que se traduce en una desigual repartición del poder que repercute negativamente en la salud de las mujeres” afirma Carme Borrell.

“El rol de género no es ajeno a la salud, hay una influencia clarísima tanto en hombres como en mujeres” afirma Mª Dolores García, miembro de la Asociación en Defensa de la Salud Pública. Según esta experta en salud y género, la doble responsabilidad -productiva y doméstica- que se atribuye a la mujer hace que su manera de acceder al sistema sanitario sea diferente –normalmente mas tardía- y también provoca que las mujeres tengan menos tiempo para practicar deporte, dormir las horas necesarias o llevar a cabo otras acciones destinadas a su bienestar social, físico y psicológico.

Del mismo modo, el desarrollo de una identidad masculina heterosexual tradicional implica la adopción de hábitos no saludables. “La sistemática subordinación de las mujeres requiere la demostración de la fortaleza física y la exposición a riesgos para la salud por parte de los hombres. Ellos deben mostrarse fuertes y saludables y no evidenciar debilidades” asevera Carme Borrell sobre el impacto que el género tiene también en la salud de los hombres.

“El modelo biomédico continúa siendo un modelo androcéntrico"

El sistema de salud ni representa ni responde

Las mujeres, a pesar de ser mayoritariamente las prestadoras de la cobertura sanitaria, tanto en el ámbito profesional como en el hogar, no suelen ocupar los puestos ejecutivos en este sector. Las tareas de cuidados, también son normalmente invisibilizadas y no reciben reconocimiento ni remuneración alguna.

"Las trabas sociales, geográficas y económicas impiden que las mujeres estén presentes en los foros de decisión en materia de salud y que puedan aportar su visión sobre las necesidades, cambios o mejoras que, en materia de salud, requiere una atención diferenciada." indica Laia Pibermat, doctora en Biología humana.

“El modelo biomédico continúa siendo un modelo androcéntrico” asegura Mª Dolores García. Se trata de un modelo que estudia fundamentalmente al hombre blanco mientras que a la mujer se le restringe al ámbito de la salud sexual y reproductiva. Los ensayos clínicos han evolucionado, pero sigue habiendo un sesgo no sólo en la investigación sino también en la práctica clínica. “Las mujeres y los hombres no enfermamos de la misma manera, somos diferentes y queremos equidad en cuanto al tratamiento, al estudio y la investigación” asevera García.

El fomento de las políticas pro-equidad de género como respuesta

La Organización Mundial de la Salud propuso, en el año 2009, la creación de una agenda en pro de la salud de las mujeres que recogiera una respuesta institucional coherente a las problemáticas de género. Siete años después, organizaciones y colectivos como Farmamundi o la Asamblea en defensa de la Sanidad Pública siguen denunciando la inequidad de género en este ámbito y consideran que hay muchos frentes que todavía están abiertos.

Los colectivos coinciden en que es indispensable contar con el respaldo de políticas efectivas que defiendan el derecho a la salud frente a intereses comerciales y políticos. También exigen que el enfoque de género en salud se ponga de manifiesto y que se investigue sobre los determinantes sociales en la salud para lograr que tanto el acceso como la investigación sean más igualitarios.