martes, 1 de agosto de 2017

La asignatura prohibida: Educación Sexual en la España de 2016

La educación  sexual,  según  la  UNESCO, “busca dar a las  personas  jóvenes  el  conocimiento, las habilidades, actitudes y valores que necesitan para definir y disfrutar de su sexualidad (física y emocional) individual o en relaciones” (UNESCO, 2010). Del mismo modo, según la  OMS  (2002),  los  programas de educación sexual deberían iniciarse tempranamente, ser específicos para cada edad y constituir una actividad continua de promoción de la salud durante los años escolares. Deberían empezar en la familia, con los niños en edad preescolar, y estar en conexión con la escuela.

Ante esta acepción y la posterior indicación de la Organización Mundial de la Salud, nos encontramos en nuestro país con un absoluto vacío en cuanto a la educación sexual reglada en las aulas. No existe, a día de hoy en España, ninguna obligación legislativa de incluir en el curriculum escolar nada que tenga un contenido relacionado con la sexualidad: ya sea a nivel biológico, social o psicológico.

Existen recomendaciones de la UNESCO, investigaciones de la OMS, así como estadísticas y recomendaciones europeas, que defienden la necesidad de impartir en los colegios y escuelas educación sexual a niños y niñas. Además, los derechos sexuales se encuentran reconocidos en el derecho fundamental a la vida que está recogido en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948.

Al tratarse la sexualidad de un elemento inherente al ser humano,  que  nace  y  se  desarrolla en nosotros como personas desde nuestro nacimiento y nos acompaña durante toda nuestra vida, no es comprensible la ignorancia que hacia la educación sexual existe por parte del Estado español.

UNA CUESTIÓN DE LEY

En nuestro país la educación sexual como tal no ha estado regulada de manera expresa en ningún periodo legislativo. La LOGSE de 1990 incluía la educación sexual dentro de la ‘Educación para la salud’, que era una asignatura transversal. Sin embargo, a pesar de que había contenidos específicos, tal y como señala Raquel Hurtado (2013), ”acababa estando a merced de la voluntariedad de cada profesor”.

Con la llegada de la Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006 se  abarca  la  mayor  apuesta  que  se ha hecho por parte del Estado en materia de educación sexual. En ella se incluyeron algunos contenidos sobre sexualidad en la asignatura conocida como “Educación para la Ciudadania y los Derechos Humanos”.

La llegada de la nueva reforma educativa en 2013 (LOMCE) eliminó todo contenido relacionado con la sexualidad en el curriculum académico español.

Esto sucedió a pesar de que en el artículo 5.a) de la Ley Orgánica 2/ 2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, se afirma explícitamente que “los poderes públicos en el desarrollo de sus políticas sanitarias, educativas   y   sociales   garantizarán:   la   información y la educación afectivo sexual y reproductiva en los contenidos formales del sistema educativo”. Y también, a pesar de que en la Ley Orgánica 8/2013 de 9 de diciembre para la mejora de la calidad educativa, en su artículo 1.i), se dice que el Estado promoverá “el desarrollo en la escuela de los valores que fomenten la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, así como la prevención de la violencia de género”. Materia que se trabaja y desarrolla en  la educación sexual como herramienta efectiva  contra la violencia de género y favorecedora de la igualdad real.

Asimismo, no se encuentra regulado ni desarrollado ningún plan educativo específico de educación sexual o afectiva en ninguna de las Comunidades Autónomas de España. En nuestro sistema constitucional de distribución de competencias, las de las Comunidades Autónomas en materia de educación sólo pueden ser aquellas que la Constitución no ha reservado al Estado (Aragón-Reyes, 2013). Es competencia del Estado garantizar un sistema educativo globalmente coherente y a su vez, preservar la igualdad sustancial de todos los españoles y españolas en materia de enseñanza.

Por tanto, legislativamente, es necesario  que se regule por una norma estatal la educación sexual dentro de las asignaturas curriculares de la educación primaria y secundaria, como asignatura individual  y con un contenido independiente. Ya no solo como algo subsumido en otras materias o como parte transversal de la educación. Estamos ante un elemento transversal de la vida por sí misma.

UN PASO POR DELANTE EN EUROPA

Es bastante notable el avance que existe en materia de educación sexual en el resto de Europa si lo comparamos con España. La educación sexual sujeta a un plan de estudios formal tiene  una  historia  de más de medio siglo en el viejo continente, más larga que en cualquier otra parte del mundo. Se inició oficialmente en Suecia, cuando el tema se convirtió en obligatorio para todas las escuelas en 1955. Aún así, no todos los países europeos cuentan con educación sexual obligatoria en la escuela. Los países que si la tienen, junto con el año de instauración de su obligatoriedad son: Austria (1970), Bélgica (1995), República Checa (1970), Dinamarca  (1970), Estonia (1996), Finlandia (1970), Francia (1998), Alemania (1968), Grecia (1995), Hungría (1974), Islandia (1975), Irlanda (2003), Letonia (1998), Luxemburgo (1973), Holanda (1993), Noruega (1974), Portugal (1999), Eslovaquia (1996) y Suecia ( 1955).

España nunca ha estado incluida en esta lista. La superan en este ámbito países que entraron más tarde a la UE como Suecia, Finlandia, Letonia o Austria. El Estado español no aprueba en estrategias y políticas, ni en educación sexual, sensibilización o prevención de la discriminación, llevando muchos años estancado en las mismas bajas calificaciones otorgadas por la propia Unión Europea en esta materia.

EDUCACIÓN SEXUAL EN LAS AULAS: MUCHO MÁS QUE UNA ASIGNATURA

La educación sexual se presenta como herramienta básica para  el  desarrollo  de  una sociedad diversa, igualitaria y rica en valores. Todas las personas desde que nacen son seres sexuados y tienen la potencialidad de  desarrollar  su  sexualidad  de  una u otra forma. La educación sexual ayuda a preparar a la juventud para la vida en general, especialmente para construir y mantener relaciones satisfactorias que contribuyan a desarrollar de manera positiva la personalidad y la autoestima (OMS, 2010).

Si deseamos tener un impacto positivo en los niños, niñas y jóvenes antes que inicien su actividad sexual, debemos integrar  la  educación  en  sexualidad al currículo oficial y asegurarnos de que sea impartida por maestros y maestras especializados que cuenten con el apoyo de la comunidad escolar (UNESCO, 2010).

Una educación sexual efectiva en las aulas puede dar a los niños y niñas y jóvenes información rigurosa y apropiada para la edad de cada estudiante. Con ello, abordaremos los temas que abarca la sexualidad y la afectividad de una manera estructurada e igualitaria que les permitirá explorar, en sus valores y actitudes, desde el conocimiento. Darles las herramientas adecuadas para la toma de decisiones con fundamento hacia donde quieran conducir su vida sexual y afectiva.

Así mismo, permite que los niños y niñas puedan apreciar su  capacidad  para  sentir  placer como algo positivo (Gómez-Blanco 2013). Favorece la capacidad de toma de desiciones de forma autónoma responsable y asertiva respecto a su propia sexualidad, respetando a los demás y en un ambiente de equidad.

LAS FUENTES DE INFORMACIÓN SEXUAL ACTUALES COMO CONSECUENCIA DE LA NO REGULACIÓN

 Las fuentes de información actuales para niños, niñas y jóvenes en la actualidad son dos: las llamadas fuentes informales (madre/s, padre/s, familiares, amigos, internet, televisión, revistas…) y las fuentes formales (sexólogos/as, psicólogos/as, pedagogos/as, médicos/as, profesionales sanitarios/as…).

La educación sexual informal no es  ni suficiente, ni las más adecuada para la sociedad moderna. Los padres y madres, diferentes miembros de la familia y otras fuentes informales son importantes para el aprendizaje sobre las relaciones humanas y la sexualidad, especialmente con los grupos más jóvenes. Sin embargo, en una sociedad desarrollada esto no es suficiente porque estas fuentes informales carecen de los conocimientos necesarios.

La desinformación, el miedo, los tabúes y las presiones sociales siguen siendo constantes. Los roles de género siguen estando muy presentes, a veces de manera tradicional y visible, y otras muchas, bajo una falsa imagen de igualdad, afirman Soraya González y Marta Monasterio [9] (2011). Esto da como fruto una educación sexual sesgada por elementos ideológicos, morales, religiosos o patriarcales que solo va  a generar mayor desconcierto y/o desinformación en aquellas personas que la reciben. De este modo, no se alcanzarán los objetivos que la educación sexual busca y fomenta.

Como fuente informal también tenemos los medios de comunicación o internet. Cuando se aprende sobre el sexo a través de lo que los medios nos quieren contar, lo que se recibe es la reproducción de estereotipos machistas, de relaciones violentas y basadas en falsas expectativas. Se reproduce un modelo que deja fuera las prácticas de cuidado mutuo y muchas opciones diferentes a las de la heterosexualidad (Alexa Segura, 2015), lo que asegura una visión que asienta de nuevo las bases de la sexualidad en el binarismo, la discriminación y la desigualdad.

Las fuentes formales por su parte son insuficientes, no están  dotadas  presupuestariamente,  son irregulares y no son aplicadas (generalmente) por profesionales formados/as en materias de sexualidad y afectividad. Son los propios centros los que eligen dar algunas charlas aisladas, que muchas veces son impartidas por empresas privadas del área de la higiene íntima o los profilácticos y que se centran en una educación basada en el componente biológico, las ETS’s y los embarazos no deseados. Dejan completamente de lado cualquier atisbo del componente psicológico o social en positivo de la sexualidad.

Como consecuencia encontramos que la educación sexual se imparte o no según el ideario, interés o presupuesto económico de los propios centros, dejando a su voluntad por tanto que niños, niñas y jóvenes accedan a un derecho que se encuentra recogido en la propia Declaración de los Derechos Humanos de 1948, y a la que España se encuentra sujeta.

Dicho esto, es importante hacer hincapié  en que se necesita tanto la educación sexual informal como la formal. Ambas no deberían oponerse,  sino que se complementan una  con  otra.  Por  un  lado, los jóvenes necesitan amor, espacio y el apoyo en su entorno social cotidiano para desarrollar su identidad sexual. Por otro lado, también necesitan adquirir conocimientos  específicos,  actitudes  y   habilidades, en lo que los profesionales tienen un papel importante que desempeñar (OMS, 2010).

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

La escuela es la única palanca universal que tenemos para garantizar que todos los niños y niñas puedan desarrollar su sexualidad desde una base firme y certera de formación e información.

La educación sexual se erige como una herramienta educativa. Desde el colegio, como agente socializador, se combatirán problemas estructurales como la desigualdad, la violencia de género, el machismo o  la exclusión social  por  razones  de  sexo o género, y que ayudará en la construcción de una sociedad mucho más igualitaria. Además, los programas de educación sexual pueden ser muy eficaces y rentables y generar ahorro al tiempo que cumplen su objetivos. Como resultado  de  su implementación  en la educación formal tendremos a largo plazo un menor gasto presupuestario en sectores como la sanidad.

La educación relativa a la sexualidad ayuda a que los alumnos y alumnas desarrollen las aptitudes sociales necesarias para evitar riesgos (Kai Haldre, 2011) tanto a nivel biológico como emocional. La educación sexual y afectiva trabaja aspectos como la autoestima, la seguridad, la toma consciente de decisiones, los límites, la evolución y conocimiento del cuerpo, el fomento de los buenos tratos en las relaciones, la socialización, la asertividad y/o la diversidad.

Una sociedad que trabaje la sexualidad en niños y niñas desde edades tempranas va a tener como resultado una sociedad conformada por personas que hayan desarrollado todos los  aspectos que antes hemos citado: una sociedad mucho más rica en principios y valores humanos.

Por todo ello, es necesaria la implantación de la educación sexual como materia curricular en España, como asignatura propia y de contenido específico, desde el inicio de la educación primaria hasta la finalización de la educación secundaria. Asimismo, su contenido deberá atender a los tres ámbitos de la sexualidad: biológico, psicológico y social, y desarrollarse en todos ellos.

Los docentes con la capacitación y motivación adecuadas son fundamentales para aplicar esa educación de calidad, por ello deberá ser impartida por profesionales específicamente formados en sexualidad.


Asimismo, deberá procurarse la inclusión de la asignatura en todo el territorio español, con un mismo programa educativo de obligado cumplimiento, para evitar desigualdades y/o usos políticos de la educación sexual.

Cuatro retos sociales ligados al debate sobre la gestación subrogada

Ante la repetición de mantras como “tener hijos es un deseo, no un derecho” o “no alquiles vientres, adopta”, invito a incluir en la agenda asignaturas pendientes para la promoción de la diversidad familiar y de los derechos sexuales y reproductivos.

Aclaración previa: este artículo no pretende convencer a nadie a favor de la regulación de la gestación subrogada ni en contra del alquiler de vientres. Entre otras cosas porque yo misma no tengo una posición definida. Sí que tengo clara mi desconfianza hacia una regulación que favorezca el bien común y el respeto a los derechos sexuales y reproductivos. Lo que pretendo es alertar contra argumentos de brocha gorda que están abundando en los medios.

Resulta inevitable establecer paralelismos con el debate de la prostitución. Entre otras cosas, porque el discurso feminista más visible, el de #NoSomosVasijas, contextualiza la gestación subrogada en la violencia patriarcal que explota y mercantiliza los cuerpos de las mujeres para satisfacer deseos ajenas. Frente al riesgo de reproducir la misma polarización, el mismo desencuentro estéril, animo a una actitud abierta a la reflexión y el diálogo para poder encarar mejor un debate de una complejidad abrumadora.

Más allá de las soluciones concretas ante la realidad de que miles de familias que han recurrido a la gestación subrogada en el extranjero (o que la han llevado a la práctica de manera informal dentro de nuestro país), creo que es interesante utilizar el debate del momento para abordar cuestiones que no están en la agenda, ni tan siquiera en la del feminismo. De eso va este artículo.

1. Asumir la infertilidad como un problema social

Uno de los mantras más repetidos en este debate es que “tener hijos no es un derecho, es un deseo”. Esta afirmación, que a priori yo también comparto, se utiliza para deslegitimar a las familias de intención que reclaman una regulación de la gestación subrogada. Hay quien va más allá y juzga ese deseo como “narcisista”. Esos juicios psicoanalíticos no suelen incluir comentarios empáticos hacia las huellas emocionales que dejan (especialmente en las mujeres) años intentando un embarazo sin éxito, los resultados negativos en tratamientos invasivos y los abortos espontáneos.

Tener hijos no es un deseo como otro cualquiera. Es un mandato social de primer orden. Es el destino que se sigue presuponiendo para todas las personas. Nacer, reproducirse, morir. Ley de vida, nos siguen diciendo. No querer tener hijos sigue siendo algo muy cuestionado socialmente (cuando eres heterosexual, porque cuando sales del armario ya nadie te advierte de que se te va a pasar el arroz); no poder tener hijos sigue siendo un estigma. Y el estigma de la esterilidad está fuertemente ligado a la construcción de los géneros. En el imaginario heteropatriarcal, la fertilidad es una virtud central en las mujeres, y en los hombres. La narrativa de los soldaditos compitiendo para conquistar el óvulo explica que muchos hombres presuman cuando dejan embarazada a su pareja a la primera. Un hombre estéril es, en este imaginario, menos hombre. Decimos que cuando a una mujer (a una hembra, en realidad) se le extirpa el útero, queda “vacía”.

Otro reproche a las familias de intención es que son gente que no sabe encajar la frustración. Si no puedes tener hijos, no puedes y punto. Ha ocurrido toda la vida. Pero la dificultad para tener hijos no es un problema individual y biológico. Como dice Silvia Nanclares, autora de la novela sobre maternidad tardía '¿Quién quiere ser madre?', “la infertilidad es una patología social, un síntoma de nuestra sociedad”. Sigue Nanclares: “El Estado ha contribuido a ello, con la toxicidad ambiental, permitiendo que la alimentación nos dañe, con la precariedad laboral por la que ninguna mujer de 35 años se atreve a irse de baja para tener un hijo. Por eso creo que podemos pedir cuentas al Estado: no es que me haya quedado rezagada sino que nada me lo estaba facilitando”.

España es el tercer país del mundo líder en tratamientos de fertilidad, lo cual denota que tenemos un desaguisado importante respecto a la reproducción. Es paradójico: tener hijos es un mandato social que, al mismo tiempo, resulta cada vez más difícil de cumplir. No todo es culpa del Estado y sus políticas austericidas. El desajuste entre madurez vital y biológica tiene un componente cultural importante. Incluso cuando las condiciones económicas acompañan, la mayoría de personas no nos sentimos “preparadas” para tener hijos hasta bien entrada la treintena. Silvia Nanclares afirma que “si se crea un proyecto social donde la maternidad gozase de reconocimiento, creo que comenzaríamos antes”. Y añade: “También tenemos un tomate muy gordo con el discurso del disfrute, de querer acumular experiencias, que entra en contradicción con lo que significa cuidar”. No sé si prestigiar la maternidad y los cuidados en clave feminista sería la clave, pero no estaría de más darle una vuelta.

En vez de culpabilizar a las familias y agravar el estigma de la infertilidad con un nuevo estigma (familias narcisistas que explotan a mujeres), creo que convendría ver cómo podemos resquebrajar un sistema capitalista, productivista, incompatible con la vida, que boicotea la reproducción y los cuidados para ofrecernos, en el último minuto, una solución mercantilizada a nuestros problemas de fertilidad.

2. Repensar la adopción

Está circulando por Facebook un vídeo en el que una portavoz de Ezker Anitza (Izquierda Unida en Euskadi) argumenta su posicionamiento contrario a la gestación subrogada y dice: “Estamos dispuestas a trabajar para que la adopción se agilice y sea el camino para que se cumplan los deseo de los padres y de las madres, y también se cumpla el derecho, la necesidad, de los niños y de las niñas que están buscando un hogar”.

La Red Estatal contra el Alquiler de Vientres (RECAV) también defiende la adopción como la alternativa a la gestación subrogada. Creo que esta argumentación conlleva el desconocimiento, o al menos la omisión, sobre la realidad de la adopción. Es un relato simplista y edulcorado en el que urge hilar más fino.

En primer lugar, resulta incoherente que las mismas personas que se oponen a “comprar bebés alquilando vientres de mujeres”, banalicen lo que implica la adopción, obviando que las lógicas colonialistas, racistas y clasistas que operan también en este ámbito. En Guatemala, por poner el ejemplo en el que puedo aportar datos, se estima que antes de la aprobación de una Ley de Adopciones en 2007, 35.000 bebés fueron vendidos a personas extranjeras por un precio medio de 25.000 dólares; un negocio lucrativo basado en la trata. Con precedentes como éste, ¿en serio alguien cree que lo que hay que hacer es "agilizar" que las familias españolas dispongan de niñas y niños para adoptar?.

20.000 familias que tienen el certificado de idoneidad en España (basado, por cierto, en criterios en los que también opera la clase social) y sin embargo, hay una media de 3.000 adopciones anuales. China y Etiopía, dos de los países en los que más adoptaban las familias españolas, han cerrado la puerta a las adopciones internacionales, promoviendo la adopción nacional. ¿Es una mala noticia que los países del Norte tengan cada vez más dificultades para adoptar a criaturas de los países de lo que algunas siguen llamando "tercer mundo"? .

Además, se pasa por alto que los países en los que España tramita adopciones no aceptan a las parejas homosexuales (salvo que prueben a que una de las dos personas lo solicite como familia monoparental). Dicho sea de paso, esta traba también está presente en varios de los países en los que se permite la gestación subrogada, así como la exigencia de que las parejas heterosexuales estén casadas.

Tanto en adopción internacional como en nacional, las solicitudes se han desplomado porque las criaturas adoptables son las que tienen más de 6 años o alguna "necesidad especial": discapacidad, enfermedad crónica, VIH... El reproche de que pocas familias acepten ese perfil resulta injusto en un país en el que se ha desmantelado la sanidad pública y la ayuda a la dependencia, que suspende en educación en la diversidad, y en el que el trabajo de cuidados (incluido el emocional) recae sobre todo en las mujeres.

En el caso de la adopción nacional, las activistas antirracistas alertan de los sesgos racistas y clasistas que tienen los servicios sociales cuando deciden que una familia no es apta para cuidar a sus criaturas. Esos sesgos conllevan que las familias gitanas y migradas estén más expuestas a perder la patria potestad de sus criaturas.

Pasado el boom de las adopciones por parte de familias españolas, este puede ser un buen momento para una reflexión más profunda, propone la investigadora Beatriz San Román. Alicia Murillo (que, como madre de acogida permanente, habla con conocimiento de causa) está resumiendo bien en su Facebook el error de recomendar a la ligera la adopción a las personas con problemas de fertilidad.

3. Promover la diversidad familiar

Según un estudio que Cadena Ser difundió a bombo y platillo, la gestación subrogada por parte de parejas heterosexuales goza de mayor aprobación social que cuando la familia de intención es homoparental o monoparental. Podríamos pensar que la gestación subrogada supone una grieta en el modelo de familia tradicional nuclear, pero vemos cómo los relatos que predominan refuerzan el modelo heteronormativo.

La ciudadanía empatiza con el drama de que una pareja heterosexual no puede tener hijos. En el caso de los homosexuales, podríamos pensar que esa imagen de la pareja con hijos “propios” es normalizadora, pero en el discurso del feminismo movilizado contra el “alquiler de vientres”, también asoma la homofobia cuando se asocia la gestación subrogada con el capitalismo rosa o cuando se considera que los activistas gays no tienen que participar en el debate feminista porque son “hombres opinando sobre el cuerpo de las mujeres”.

En todo caso, me interesa apuntar a otras direcciones, a los elementos que frenan crianzas alternativas. En un debate feminista sobre gestación subrogada celebrado recientemente en Bilbao, salió la cuestión de por qué los maricas y las bolleras no llegamos a acuerdos para tener hijos juntos. Desde la perspectiva de las lesbianas, que es la que me corresponde, las sentencias favorables al hombre que dona semen a sus amigas lesbianas y después reclama la patria potestad han provocado que muchas descarten esta opción. Las asociaciones LGTB (al menos la que yo he consultado) advierten de que sólo es buena idea si todas las partes están de acuerdo en que sea una coparentalidad. Pero esa fórmula no goza de reconocimiento institucional.

Por ahora, en España no es posible inscribir en el Registro Civil a un bebé con dos madres y un padre, con dos madres y dos padres, o con dos padres y una madre. Es más, cuando las que van a inscribir al bebé son dos madres, se exige que estén casadas y que aporten un certificado que demuestre que el bebé ha sido concebido por inseminación u otra técnica de reproducción asistida en un centro público o en una clínica privada. No se trata de resignarnos sino de ver cómo lograr el reconocimiento a la diversidad familiar que introducen las personas que mantienen relaciones poliamorosas, fórmulas de cocrianza, etc. Podemos desobedecer.  Dos mujeres de Alicante han conseguido inscribir a su bebé sin cumplir ese requisito, alegando su derecho a la intimidad.

Cuando se habla de regular la gestación subrogada aceptando sólo la altruista, realmente dudo de que esto se haga de manera que propicie nuevos modelos familiares. Me gustaría imaginar crianzas en tribu en las que la gestante no es necesariamente la madre legal pero sí una persona involucrada emocionalmente en ese proyecto. Pero me temo que, si prospera lo de la gestación altruista, va a ser una nueva trampa para pagar menos a las mujeres por un servicio que compromete su salud física y emocional.

4. Prestar atención a la industria de la reproducción asistida

En las marquesinas, en el metro, en fachadas de edificios en obras: la omnipresente publicidad de las clínicas de fertilidad demuestra el estado boyante y en alza de esta industria. España es uno de los países que lideran este sector no sólo debido al problema de fertilidad que he expuesto en el punto 1, sino porque se realizan técnicas que en otros países no están permitidas, como el método ROPA en el caso de las parejas de lesbianas (una pone el óvulo y la otra lo gesta). El debate de la gestación subrogada debería servir para revisar las condiciones en las que las mujeres donan óvulos, y viceversa, como explicó  Sara Lafuente Funes en el Periódico Diagonal.

Aunque ésta [la gestación subrogada] y la donación de óvulos sean prácticas diferentes, con un nivel de riesgo, implicación corporal, temporal y vital muy disímil, la experiencia acumulada en torno a la donación de óvulos puede dar pistas para pensar qué hacer. Si bien la regulación establece la donación como contrato gratuito, en la práctica se asume que sin compensación económica –de entre 600 y 1.000 euros– no habría prácticamente donaciones y el modelo actual no sería posible. ¿Es éste el modelo de gestación altruista que se propone? ¿Qué implicaciones pueden tener estas compensaciones? ¿Por qué se pone el acento en ellas y no en la posibilidad de generar mercados o lucro a partir de las mismas?.

Legalizar la gestación subrogada por vía altruista sin haber enfrentado cómo ésta está funcionando en la donación de óvulos corre el riesgo de generar nichos laborales precarizados y no reconocidos como tales.

El feminismo bien podría revisar los mensajes de las clínicas de fertilidad dirigen tanto a las donantes potenciales (mujeres precarias que son desinformadas y en las que se apela a su solidaridad; lo mismo que ocurriría con la gestación subrogada) como a las mujeres solas o con problemas de fertilidad, a quienes se les promete un embarazo que no está ni mucho menos asegurado (si os fijáis, los anuncios no se dirigen a las parejas de lesbianas, aunque seamos un nicho de mercado importante).

"En torno a la reproducción asistida se ha construido una narrativa, y una economía, en la que la reproducción puede asistirse y la infertilidad curarse, pero las tasas de éxito continúan siendo muy bajas y los procesos muy arduos", señala Lafuente Funes. Recurrir a técnicas como la ovodonación, la donación de gametos masculinos o la implantación de embriones donados por otras personas también es un gran tabú social. Las mujeres que recurren a la reproducción asistida están poniendo encima de la mesa cuestiones como poder inseminarse sin estimulación ovárica en la sanidad pública o tener mayor control sobre los embriones excedentes en una fecundación in vitro.

Si vamos a permitir que se abra un mercado en el que la industria de la reproducción asistida salga fortalecida, bien debemos empezar a prestar atención a sus mensajes y prácticas. Si nos oponemos a él, igualmente debiéramos preocuparnos por el impacto que esta industria tiene en el cuerpo de las mujeres y su papel en este desaguisado de la infertilidad que he apuntado anteriormente.


¿Qué es el tratamiento ARV?

Los medicamentos para el VIH, o fármacos ARV, que se utilizan para el tratamiento del virus del VIH, no son capaces de curar la enfermedad, aunque pueden evitar que el virus se reproduzca o haga copias de sí mismo.

La medicación para el VIH tiene cuatro objetivos fundamentales:

Aumentar la esperanza y la calidad de vida.
Evitar la progresión de la enfermedad.
Reduciendo la carga viral a niveles indetectables durante el mayor tiempo posible.
Limitando el desarrollo de resistencias (cuando el virus ya no responde) a los fármacos ARV.

Devolver el sistema inmunitario a su estado normal y mantenerlo así durante el mayor tiempo posible.
Mantener el recuento de células CD4 dentro del intervalo normal o aumentarlos si fuera demasiado bajo.
Evitar otras posibles infecciones.
Minimizar la transmisión del VIH a otras personas; se debe tener cuidado con esto, ya que una carga viral indetectable en el plasma no significa necesariamente que el virus no se encuentre en otros fluidos corporales.
El desarrollo acelerado de fármacos con capacidad de inhibir la replicación del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y su posterior uso en pacientes infectados, ha logrado alterar la evolución natural de la infección. De esta manera, una enfermedad rápidamente mortal se ha transformado en una afección crónica.

Los fármacos antirretrovirales

El Tratamiento Antirretroviral de Gran Actividad (TARGA en español o HAART en inglés) se basa en combinaciones de varios fármacos antirretrovirales; por norma general suele tratarse de 3 fármacos de cómo mínimo dos familias diferentes.

Los antirretrovirales, básicamente, lo que hacen es bloquear la actividad de las enzimas del VIH interponiéndose entre ellas y las partes de la célula infectada sobre las que actúan. De este modo, estas enzimas no pueden cumplir con su función y el proceso de replicación del VIH se ralentiza, se detiene o bien da como fruto partículas virales que no son viables.
Con ello se consigue reducir drásticamente el nivel de actividad del virus y, por tanto, la cantidad de partículas virales en la sangre y dentro de las células, con lo cual se reduce el número de células afectadas y el S.I. puede irse recuperando paulatinamente, con un incremento de los CD4 que garantice una correcta protección inmunitaria y permita evitar o retrasar todo lo posible la aparición del sida.

Los fármacos antirretrovirales, además, también reducen la cantidad de virus presentes en otros fluidos del cuerpo, en particular, en aquellos implicados en la transmisión del virus de persona a persona, como son la propia sangre, el semen, el flujo vaginal y la leche materna. Esto es muy importante a la hora de reducir el riesgo de transmisión.
No obstante, los fármacos antirretrovirales actuales no pueden eliminar al virus por completo del cuerpo. Esto es así porque no llegan con la fuerza suficiente a determinadas zonas como el sistema nervioso, los testículos, los ganglios intestinales y otros "santuarios" donde el VIH está menos expuesto a sus efectos, por lo que siempre el VIH conserva el potencial de volver a replicarse con rapidez.

Por ello, una vez que se inicia la terapia antirretroviral, hay que tomarla de por vida, correctamente, respetando dosis y horarios, para impedir que el VIH pueda proliferar.

La actividad de los antirretrovirales produce algunos efectos indeseados en el organismo del paciente. Como consecuencia de ello, pueden aparecer, a corto o medio plazo, lo que se denomina efectos secundarios. Sin embargo, la gran mayoría de las personas bajo tratamiento antirretroviral puede llevar una vida diaria normal.

Tomarse correctamente los antirretrovirales es la mejor manera de garantizar que tendrán la máxima eficacia frente al VIH durante el mayor tiempo posible, y también puede contribuir a minimizar determinados efectos secundarios.

Los medicamentos antirretrovirales actualmente disponibles o en desarrollo se dividen en cinco grandes familias que corresponden a las dianas (marcadas en la figura) sobre las que actúan las distintas familias de fármacos.


domingo, 23 de julio de 2017

Arelas, asociación de familias de menores trans-LEI TRANS Galega

Queridxs amigxs e compañeirxs de loita, como ben sabedes o 11 de xullo o que podía ser un día histórico para moitas persoas trans e as súas familias o lograr unha Lei galega de Identidade de Xénero que lles permitise ter unha vida máis vivible, convertiuse nun día hostórico pola vergoña de ver o partido que goberna para todxs xs galegxs, como votaba NON os dereitos das persoas trans.

Tristemente moitas persoas tivemos que presenciar cómo as esperanzas por ter vidas mais dignas, cas mesmas igualdades de oportunidades e cos memos dereitos co resto da ciudadanía, chocaron contra un muro inmenso de prexuízos, vergoña e hipocresía, pois o Partido Popular de Galicia votou en contra da toma en consideración da futura -porque tarde ou temprano acabará chegando- lei de identidade de xénero galega. Non se trataba de aprobar o texto, senón de permitir que comezara un proceso de debate e enmendas. Ante isto preguntámonos repetidas veces o por qué, pois se había aspectos nos que non estaban de acordo sempre podían sinalalo e incorporalos á lei, máis, o motivo do seu NON non se baseaba en aspectos técnicos ou modificacións, senón que era, estrutural e ideolóxico.

Noutra banda, tivemos o orgullo de escoitar a toda unha oposición parlamentaria unida, e defendendo de maneira rotunda todo o que recollía o borrador da Lei presentada dende o colectivo LGTBI galego. Así o BNG, En Marea e o Psda-PSOE encheron o hemiciclo do Parlamento Galego de respeto e dignidade hacia o colectivo trans, recordando a loita das que nos antecederon e recoñecendo o traballo dos que saímos a rúa a loitar polos nosos dereitos. Tratando abertamente sen límites todas as cuestión relacionadas ca non identificación do sexo e xénero asignado o nacer. Levando os discursos e o debate parlamentario a unha altura diga do tema que se estaba a tratar. Dende Amizando, ARELAS, ULTREIA e NOS MESMAS, todo o noso recoñecemento xs tres parlamentarios que defenderon o noso colectivo.

A representade do Grupo Parlamentario Psdga-PSOE Noela Blanco sinalou que o borrador da futura Lei Galega de Identidade de Xénero “foi presentada polas persoas LGTBI no Parlamento de Galicia, como unha oportunidade de comezar a devolverlles o respecto que merecen, afirmar a súa identidade e de restituír a súa liberdade”. “Estas persoas que teñen ahí non piden privilexios, piden ser iguais en todos os ámbitos, pero non unha mera declaración de intencións”.

Decía Olalla Rodil do grupo Parlamentario do BNG, na súa intervención que o colectivo trans tiña “pedras, atrancos, límites que comezan no momento en que para acceder a calquera servizo, como o sanitario ou o recoñecemento legal do seu xénero sentido, teñen que ser diagnosticadas cun trastorno de disforia de xénero, é dicir, como enfermas mentais. Ese é o maior avance recollido nesta lei, a súa pedra angular, deixar de considerar a transexualidade unha enfermidade para recoñecer que non sempre a identidade de xénero se corresponde co sexo asignado ao nacer. O que é o mesmo, que o xénero non ten nada que ver cos xenitais, que hai homes con vaxina e mulleres con pene”. Efectivamente, o que onte puidemos presenciar é que O Grupo Parlamentario do PP non admiten a nosa existencia fora de estereotipos e clichés estigmatizantes, dentro dos criterio diagnósticos das súas UTIGs disfrazadas de “Unidades de Referencia”, indo así por detrás da meirande parte da sociedade á que representan e dos criterios das lexislación e recomendacións internacionas e nacionais de non tratar as persoas trans como enfermos mentais.

Marcos Cal de En Marea apuntaba na súa intervención que “ ha un sentimento común que é a todalas persoas que loitaron polo dereito a ser que di: se volvese a nacer volvería a ser quen son, máis preferiría non ter que voltar a vivir a infancia que tiven”. Engadía que “a transexualidade non é un problema, a Transfobia si, aquí e fora de este hemiciclo”. Indudablemente o PP non lles importa o noso sufrimento, de feito, o goberno abandonou o Pleno durante o debate, Feijoo, o Presidente da Xunta de Galicia incluído. Para eles, a igualdade non é máis que un termo sometido a un uso político, non unha realidade na que de verdade crean. Co seu voto en contra de esta Lei institucionalizaban os prexuizos que aínda residen nunha parte da sociedade. Daban o visto bon ás discriminacións que seguen a darse en tantos ámbitos da sociedade e das institucións; unha palmadita na espalda ao psicólogx que che pregunta por qué non levas tacóns se es unha muller, ou cómo vas a ser un home penetrado, ou que te avisa que nunca serás unha verdaderia muller porque non terás a regra e fillxs propios. Un recoñecemento a aqueles que rexeitan, insultan, acosan e agreden a todo o que é diferente.O PP de Galicia co seu voto negativo dixo non ao dereito de autodeterminación das identidades, a despatoloxización da transexualidade, os dereitos fundamentais do colectivo trans.

Dixo non unha sociedade máis xusta.

O que non teñen en conta, o que seguramente non entenden, é que sempre van vivir na nosa memoria como aqueles que prolongaron o noso sufrimento. O que non asumen, é a súa hipocresía de levantar a nosa bandeira cando ían votar en contra da Lei, foi todo un insulto ao colectivo.

O que non saben é que non poden parar o furacán dos dereitos trans, que irrumpirá no Congreso cunha Lei Trans Integral Estatal en outubro, que este colectivo LGTBI galego velará por que se cumple íntegramente na nosa comunidade.

Vémonos nas rúas compas¡¡


Una técnica permite identificar uno de los posibles reservorios del VIH en pacientes en terapia

Investigadores del Vall d'Hebron Institut de Recerca (VHIR) han conseguido identificar uno de los posibles reservorios del VIH en pacientes en tratamiento, una de las consideradas "grandes incógnitas" hasta el momento.

El trabajo, que publica la revista de la American Society for Microbiology "mBio", revela que el virus del VIH se transcribe en una subpoblación de células -las T CD4+ effector memory-, que persiste en los pacientes durante años aunque lleven tiempo en tratamiento antirretroviral.

"Hasta ahora, una de las grandes incógnitas había sido averiguar dónde se encontraba el reservorio y en concreto que tipo de células era el que estaba soportando la replicación del virus en pacientes que reciben tratamiento antirretroviral", ha explicado la responsable de Investigación Traslacional del VIH en el grupo de Investigación en Enfermedades Infecciosas del VHIR, Maria José Buzón.

Los investigadores han utilizado por primera vez una técnica que permite visualizar el RNA viral en las células individuales de forma más sencilla.

Según la estudiante predoctoral del grupo y primera autora del trabajo de investigación, Judith Grau, "una de las grandes ventajas de la técnica es que permite hacer marcajes de superficie para fenotipar las células con las que se están trabajando e identificar su naturaleza".

Según los investigadores, otra de las ventajas de esta técnica es que facilita tanto la investigación de otros tipos celulares gracias a los marcadores superficiales como la posterior comprobación de si estarían o no transcribiendo el virus del VIH para diseñar terapias dirigidas a esas células con el fin de eliminar el reservorio viral.

El grupo trabaja en un proyecto para evaluar cómo diferentes fármacos y combinaciones son capaces de despertar el virus latente, y poder medir la transcripción del virus en cada subpoblación celular cuando se le añade un determinado fármaco.


Neutralizado el patriarcado, eliminada la homofobia

En estos días en los que hemos vivido el orgullo gay son frecuentes las declaraciones de apoyo a la diversidad, la libertad y la igualdad entre las personas independientemente de cuál sea su orientación sexual. Cadenas de televisión, anuncios, periódicos, tweets, declaraciones de políticos y políticas de todo tipo de convicciones, encabezan manifestaciones y expresan numerosos mensajes de apoyo al colectivo LGTB.

Me llaman la atención dos cosas. La primera es la amnesia colectiva. Desfilan henchidos de orgullo y satisfacción diputados/as del PP y Ciudadanos; dos partidos que hasta hace apenas dos años sentían sudores fríos sólo de pensar que dos hombres o dos mujeres pudieran compartir vida afectiva-sexual e incluso la posibilidad de que se casaran o tuvieran hijas/os. La ingenuidad no es buena herramienta de análisis, así que mejor que pensar que tal cambio se deba a un reconocimiento del error y una toma de conciencia de la injusticia cometida contra el colectivo, lo que pienso es que si la derecha conservadora y neoliberal de este país –y de otros- ha reservado para mejor ocasión su discurso homófobo es por un cálculo de cuántos beneficios y votos les puede aportar mostrar una cara más amable hacia la causa. Dicho resumidamente: la derecha neoliberal y conservadora ha aprendido que el colectivo LGTB también vota y también consume; mejor tenerlo contento. 

Y, en consecuencia, ahí están encabezando la manifestación quienes no hace tanto decían que “el matrimonio gay genera tensiones innecesarias”. Como homófobos y machistas sí, pero tontos no son, de paso aprovechan la tarde promocionando la mercantilización de las mujeres defendiendo el alquiler de vientres, algo que consideran necesario para que las parejas homosexuales tengan hij@s. Esto, por supuesto, es un razonamiento incorrecto; afortunadamente, y no gracias al PP ni a Ciudadanos, las parejas homosexuales que quieran formar una familia pueden adoptar, y en el caso de las parejas de mujeres, además también recurrir a la inseminación artificial, sin utilizar a otras como vasijas.

Como homófobos y machistas sí, pero tontos no son, de paso aprovechan la tarde promocionando la mercantilización de las mujeres defendiendo el alquiler de vientres, algo que consideran necesario para que las parejas homosexuales tengan hij@s.

La otra cosa que me llama la atención es la vacuidad y la superficialidad de los mensajes y declaraciones de los medios de comunicación y de las personas entrevistadas para la ocasión. Por supuesto, son bienintencionados. Proclaman la necesidad de lograr una sociedad más libre e igualitaria. Esos mensajes son útiles. Y necesarios. Y es fundamental que calen en la mayoría, pero considero que para ser realmente transformadores deberían apuntar a la causa última de la homofobia, que no es otra que el patriarcado. Desarticulado el patriarcado, exterminada la homofobia. Considero, pues, que la homofobia no es un odio ni una violencia autónoma  que pudiera surgir aun en una hipotética sociedad de plena igualdad entre los sexos, sino una hija querida del patriarcado. Al fin y al cabo, es este último el que prescribe, y de modo bien férreo, cómo debemos vivir nuestra vida afectiva-sexual, cuál es el modelo de familia apropiado, qué tipo de relaciones debemos establecer y cuáles debemos evitar. En una sociedad igualitaria, la homofobia se extinguiría porque sin el marco teórico aportado por el patriarcado es imposible armar una praxis y un discurso que condene la bisexualidad y la homosexualidad. Tras el discurso del odio contra personas con una opción distinta a la heterosexual sólo subyace la reprobación de no acatar el mandato patriarcal: el de que la sexualidad y los afectos de las mujeres sólo pueden dirigirse a la satisfacción y el placer de los hombres. Pero el discurso feminista, el único capaz de hacer tocar fin a la discriminación del colectivo hoy en lucha por ningún sitio aparece. Y si no aparece igual es porque este sí es el que aporta una transformación radical, y esa no interesa al opresor encantado de lavarse la cara detrás de la pancarta, como si de verdad respetara al colectivo que marcha por las calles.

En una sociedad igualitaria, la homofobia se extinguiría porque sin el marco teórico aportado por el patriarcado es imposible armar una praxis y un discurso que condene la bisexualidad y la homosexualidad.

Pero sin duda, el mejor modo de mostrar cómo es, en último término, el patriarcado quien sustenta la homofobia, es ver qué pasa con el lesbianismo. Si los hombres homosexuales han sufrido y sufren aun hoy un auténtico calvario que los condena a amenazas, insultos –todos ellos con un componente machista- aislamiento, burla y agresiones y en algunos lugares, la cárcel y el asesinato, el colectivo de lesbianas ha sufrido todo eso, siempre en mayor grado por el hecho de ser mujeres, y además, la invisibilidad y el descreimiento más absoluto. Si la sexualidad de los hombres homosexuales ha sido rechazada, la de las mujeres homosexuales ha sido, principalmente, negada, también rechazada y, particularmente (en el sentido de que ocurre con las mujeres homosexuales y no con los hombres homosexuales) explicada como una sexualidad carente, vacía, incompleta, insatisfactoria por definición. Todo esto responde, además de a la lesbofobia, fundamental y principalmente al concepto coitocéntrico y androcéntrico de las relaciones sexuales, que resulta ser claramente un pilar –uno entre muchos- del sistema patriarcal. Si los hombres homosexuales han de luchar por ser respetados, las mujeres de la misma opción sexual, primero han tenido que decir que existen (y no todas lo consiguen o lo hacen sólo en un círculo familiar y amistoso reducido), y después insistir en que su vida afectivo-sexual puede ser perfectamente plena.

Es, por tanto, el patriarcado quien dicta, pues, cómo han de ser nuestras relaciones; siempre privilegiando los deseos masculinos a los que supedita a la otra mitad de la humanidad. Es en él en el que se sustenta la defensa de la heterosexualidad como la única opción natural y legítima. Es él el que además, dentro de la heterosexualidad, intenta prescribir una normatividad muy concreta que imposibilita en muchos casos (afortunadamente no siempre, cada vez menos) relaciones igualitarias y satisfactorias. Es el patriarcado quien establece unos roles de género que impiden una comunicación y un entendimiento oportuno entre los sexos y el que rechaza toda relación ajena a su normatividad. Por ello creo que luchar contra el patriarcado es la vía más directa (por no decir la única) de eliminar la homofobia.

Sin un modelo machista, sin el mandato de mantener vigentes los roles de género, sin el mandato de subordinación de las mujeres a los deseos del hombre, no habrá forma posible de que nadie cargue las tintas contra homosexuales y bisexuales.

Desactivados los dictados del patriarcado, desenmascarada su capacidad de contaminar las relaciones humanas, descubiertas sus herramientas de opresión, no habrá modo posible de desacreditar ni condenar la bisexualidad ni la homosexualidad, ni tampoco la asexualidad, siempre olvidada. Sin un modelo machista, sin el mandato de mantener vigentes los roles de género, sin el mandato de subordinación de las mujeres a los deseos del hombre, no habrá forma posible de que nadie cargue las tintas contra homosexuales y bisexuales. Por último quiero dejar claro que lo que sostengo, no niega, en modo alguno, que sea fundamental implementar políticas específicas contra la discriminación que sufre el colectivo LGTB. Son urgentes y han de ser transversales y radicales, pero lo que en definitiva quiero defender es que esta lucha contra la homofobia ha de tener una perspectiva feminista y no concebirla fuera del marco de la lucha antipatriarcal. Lo sostengo así porque creo que una vez neutralizado el patriarcado, quedará eliminada la homofobia. Por eso, sin feminismo no hay orgullo.


La OMS alerta de que el sexo oral está extendiendo cada vez la “súper gonorrea”

En los últimos años la gonorrea ha ido desarrollando una mayor resistencia a los antibióticos, lo que ha llevado a la aparición de cepas de “super gonorrea” que en algunos casos resulta intratable.

Las autoridades sanitarias advierten de que el sexo oral sin protección es una de las formas de transmisión más comunes, y va en aumento.

Desde hace bastantes meses las autoridades sanitarias de Reino Unido están muy preocupadas por el aumento de casos de personas infectadas con una cepa de gonorrea resistente a los antibióticos. En septiembre de 2015 se detectaron 15 casos, pero en abril de 2016 ya eran 34. La “súper gonorrea” es una cepa resistente a los antibióticos, lo que tiene a la comunidad médica en vilo porque supone un serio peligro de salud pública que, si no se previene adecuadamente, podría convertirse en una epidemia intratable.

Ahora la Organización Mundial de la Salud ha publicado un informe avisando de que además de esa “súper gonorrea”, las infecciones comunes también se están volviendo cada vez más difíciles de tratar con antibióticos porque la infección está desarrollando resistencia a los medicamentos. Y se trata de un tema tremendamente serio, ya que 78 millones de personas en todo el mundo contraen la gonorrea cada año. La Dra. Teodora Wi, de la OMS, ha explicado que ya se han detectado tres casos -uno en Japón, otro en Francia y otro en España- en los que la infección era totalmente intratable: “La gonorrea es una infección muy inteligente. Cada vez que introducimos un nuevo tipo de antibióticos para tratarla, la bacteria se vuelve resistente.” Además la Dra. Wi afirma que la situación podría ser mucho peor de lo que parece porque la gran mayoría de infecciones se dan en países pobres, lo que podría significar que “estos casos sean sólo la punta del iceberg.”

"Prueba cerca de ti": la nueva campaña de Cesida para el diagnóstico precoz del VIH
La gonorrea puede infectar los genitales, el recto y la garganta, siendo ésta última la infección más preocupante. Los motivos por los que está aumentando el número de infecciones (también en España, como nos han confirmado desde Apoyo Positivo) son básicamente dos: el uso de antibióticos para tratar infecciones de garganta (que, en caso de ser gonorrea, puede volverse resistente) y el descenso en el uso del preservativo. Como explica la Dra. Wi: “Cuando usas antibióticos para tratar infecciones como un típico dolor de garganta, éstos se mezclan con la bacteria Neisseria en tu garganta y el resultado es la resistencia al medicamento. En Estados Unidos la resistencia al antibiótico se dio a través de infecciones faríngeas en hombres que tenían sexo con otros hombres.”

Uno de los problemas de la gonorrea es que en uno de cada diez hombres heterosexuales y en tres cuartos de las mujeres y hombres gais la infección puede no mostrar síntomas. En caso de que aparezcan pueden ser en forma de secreción verde o amarilla en los órganos sexuales, dolor al orinar o sangrados. Si no se trata la gonorrea puede causar infertilidad y enfermedades inflamatorias de la zona pélvica que incluso pueden ser transmitidas al feto durante el embarazo. Como explica el Dr. Mark Lawton, de la Asociación Británica de Salud Sexual y VIH, en personas con infección faríngea no suele haber síntomas, lo que hace que la transmisión a través de sexo oral sin protección sea cada vez más común.

La solución al crecimiento de casos de infección por gonorrea y la resistencia de la bacteria a los tratamientos no es fácil. El Profesor Richard Stabler la gonorrea ha ido desarrollando resistencia a los antibióticos desde que se inventó la penicilina: “En los últimos quince años se ha tenido que cambiar el tratamiento en tres ocasiones por el incremento de los ratios de resistencia a nivel mundial.” Ahora mismo, según la Dra. Manica Balasegaram, del Consorcio Global de Investigación y Desarrollo de Antibióticos, “sólo hay tres medicamentos candidatos” a tratar la gonorrea resistentes en las líneas de desarrollo, “y ninguna garantía de que que alguno funcione”. Desde la OMS creen que la solución pasa por la vacunación de la población, aunque por ahora lo más importante es hacerse análisis de forma regular. Según el Dr. Lawton, “Si la tienes, tienes que saberlo.”