miércoles, 20 de abril de 2016

La pérdida del miedo al sida dispara las infecciones de transmisión sexual

La sífilis supera a la gonorrea con 3.723 casos, frente a los 700 que se registraron en 2001 y 2002. Los hombres suponen más del 88% de los infectados.

Sífilis, gonorrea, clamidia... Son nombres de enfermedades malditas y estigmatizadas, asociadas a lo largo de la historia con prostíbulos oscuros pero que, más allá de la leyenda, son males que implican un importante problema de salud pública, tanto por su magnitud como por sus complicaciones. El sida completa el listado de enfermedades graves de transmisión sexual.

Los datos del Ministerio de Sanidad reflejan un incremento importante en este tipo de enfermedades, de infecciones como la gonorrea y la sífilis. El dermatólogo Jorge Soto de Delás explica que en el año 2013 (último ejercicio con registros oficiales) se notificaron 3.315 casos de la primera y 3.723 de la segunda. Los números son muy altos, con una incidencia que ronda las 8 personas infectadas por cada 100.000 habitantes. Y lo son aún más si se comparan con el número de casos desde que en el año 1995 se iniciara un descenso de estas enfermedades.

«Según los datos de infección gonocócica del ministerio, ese año se llegó a los 4.599 casos, que experimentaron un descenso progresivo hasta llegar al año 2000, con 1.045 y al 2001 con 805». Los números se mantienen durante varios años, aunque la tendencia empieza a ser ascendente desde el 2004. En 2010 se supera la barrera de los 2.000 infectados que alcanzan los 3.000 en el 2012.

La curva del gráfico de la sífilis plantea una tendencia similar, aunque Soto destaca que desde el año 2004 las tasas de esta enfermedad superan a las de la gonorrea. «No se han producido cambios en este sistema de vigilancia que justifiquen la tendencia observada en ambas enfermedades».

Porque, según los expertos, todo apunta a que este incremento se debe a la relajación en las costumbres sexuales por la desdramatización del VIH. «Muchas personas han dejado de tomar precauciones y se ha aparcado el preservativo, que es la herramienta más eficaz en las prácticas de riesgo», apunta Soto.

En el caso de la sífilis, durante los años 2000 y 2001 se registraron 700 casos por ejercicio, una cifra muy inferior a los 3.641 de 2012 y a los 3.723 de 2013. Estas sumas no se alcanzaban en la década de los años 90 y la barrera de los 2.000 infectados no se pasó hasta el año 2008.

Hay otra sífilis, la congénita precoz, que se transmite por contagio de la madre en menores de 2 años de edad durante el embarazo. En 2013 fueron tres casos. «Son fundamentales los análisis a embarazadas».

Durante el año 2013, el Sistema de Información Microbiológica recogió 1.356 diagnósticos de gonorrea, 1.511 de clamidia y 554 de herpes. En el caso de la primera, el 88,5% eran hombres, mientras que en las otras dos, fue más frecuente que lo contrajeran mujeres, el 55,7% y el 63,6% respectivamente. El grupo de edad más afectado fue el de 25 a 34 años, casi con la misma incidencia que los adolescentes y jóvenes entre los 15 y los 24 años.

Jóvenes
El diagnóstico en población cada vez más joven de este tipo de enfermedades preocupa a los expertos. Algunos, incluso, llegan a atribuirlo a la extendida costumbre de depilación total de los genitales, una apreciación que Soto no comparte. «No hay ningún estudio científico que demuestre que quienes se han rasurado tengan una incidencia mayor de contagio de enfermedades entre las que, además, no estarían la sífilis o la gonorrea, sino otras mucho más leves aunque necesiten tratamiento».

A juicio del dermatólogo, ese posible incremento no se debe tanto a la depilación como a que ésta viene propiciada por personas que dan gran importancia a sus genitales y que normalmente tienen más relaciones sexuales con personas distintas. «El preservativo es fundamental para el sexo seguro, es lo más eficaz para evitar contraer dolencias importantes, pero también otras de menor importancia».

Pese a que Jorge Soto de Delás es de los médicos convencidos de que «el fanatismo en la prevención puede llevar a la estupidez». Es un firme defensor del preservativo. «La máxima práctica de riesgo es no utilizarlo. Los padres tienen que ser conscientes de esto, de que sus hijos deben utilizarlo si mantienen relaciones sexuales».

Porque la llamada estrategia ABC no es efectiva. «La abstinencia y la fidelidad, en principio, no son eficaces. Es cierto que parece obvio que la abstinencia sexual y las relaciones monógamas con una pareja no infectada evitarían el riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual, pero la experiencia nos ha demostrado lo contrario. Por el contrario, tanto el preservativo masculino como el femenino son muy efectivos. Eso sí, siempre que se utilicen de forma correcta, sean homologados y se evite que se deslice o se dañe. Los espermicidas y otros métodos anticonceptivos, incluido el diafragma, no sirven como prevención porque no tienen efecto de barrera mecánica».