viernes, 15 de noviembre de 2019
'No', siempre es 'no': La violencia sexual y el contexto, un debate interminable
Ocurra en un callejón a oscuras o la habitación matrimonial, el dolor y las implicaciones son las mismas.
La palabra consentimiento sigue siendo un término extraño entre las relaciones de pareja actuales, y lo es porque una buena parte de nuestra cultura todavía lo analiza desde una concepción que implica que el sexo en el matrimonio, el noviazgo y toda esa plétora de términos para definir el amor moderno, siempre es consensuado. Para la mayoría, lo que ocurre en la cama entre un hombre y una mujer unidos por un vínculo legal o romántico, es privado. Pero en realidad, hay algo más turbio en medio de esa idea, más inquietante y doloroso.
Lo pienso mientras veo un corto para redactar el artículo que usted, hipotético lector, está leyendo ahora mismo. La escena no puede ser más común: una pareja intenta decidir cuál película verán para pasar un buen rato. Se sonríe el uno al otro, juguetean. Él la besa y la abraza con deseo. Ella sacude la cabeza, le empuja de manera cariñosa y deja bien claro que esa noche, no desea sexo. Pero él insiste. La toca y la abraza, en un intento de seducirla. Ella le explica ahora a las claras que no quiere. Intenta alejarlo. Se le ve tensa, un poco incómoda. Pero él la ignora e insiste. La tiende en el sofá, los envuelve a ambos en una sábana. Y de pronto, el sexo ocurre. A pesar de la negativa de ella, de su evidente angustia. Del rostro tenso, el cuerpo paralizado de algo parecido a la impotencia. Al final, él se tiende al lado ella y sonríe, satisfecho. “¿Qué película veremos hoy?”, prosigue, como si nada hubiera ocurrido. Ella se queda en silencio, temblando. Los ojos entrecerrados e indiferentes.
Este es el argumento del corto Je suis ordinaire (título traducido al castellano como Soy ordinaria) que hace unos años, despertó todo tipo de comentarios y debates en las redes sociales. No sólo por el hecho que puso en el tapete una vez más el incómodo tema de la cultura de la violación, sino porque lo hace desde una dimensión que pocas veces se nota y que suele pasar desapercibido: el consentimiento sexual en la pareja. La pieza audiovisual está cargada de simbolismo y, de hecho, es esa noción sobre la violación como algo cotidiano lo que provoca incomodidad y sobre todo, deja muy claro las intenciones de una situación que es muy habitual.
Desde una mención específica a la película Irreversible de Gaspar Noé — en la que la actriz Mónica Bellucci protagoniza la que es quizás la escena de violación más explícita de la historia del cine — hasta el hecho que no hay nada especial ni violento en los minutos de metraje, el corto contextualiza el abuso sexual desde una esfera por completo nueva. Y lo hace con un profundo sentido de la oportunidad y de la importancia de otorgar relevancia a un tipo de violencia que rara vez se analiza en voz alta. El resultado es una singular y angustiosa mirada a esa otra violencia sexual que no se contabiliza y que muy pocas veces, forma parte de la estadística de la agresión y el abuso.
El corto se publicó en el canal de Vimeo de Chloé Fontaine, escritora, productora y también protagonista de la historia, y alcanzó casi un millón de reproducciones. La versión en subtítulos — tanto en español como en inglés — no tardó en llegar a la web y el efecto fue inmediato: el material se convirtió en un fenómeno viral que desató todo tipo de controversias y críticas. ¿Se puede hablar de violación en el contexto de una relación de pareja? ¿Se analiza la idea de una agresión como parte de un entorno cotidiano? ¿Es necesaria la violencia directa para asumir la existencia del abuso sexual?.
Fontaine se cuestionó todo lo anterior a través de una serie de ideas y análisis sobre la violación desde una perspectiva mucho más compleja de lo habitual. Una hipótesis que nació tras sostener una incómoda conversación con una amiga quien admitió haber mantenido sexo no consentido con su pareja en más de una ocasión. “Me contó que una noche, al volver a casa con su pareja, todo iba bien hasta que se fueron a la cama. Él quería hacer el amor, ella no. Se puso a insistir, más y más. Ella siguió diciéndole que no le apetecía. Y él insistía. Ella me dijo que no quería nada pero era la única solución para que él le dejara tranquila...”, contó Fontaine al suplemento Verne del periódico El País.
Para su sorpresa, muy pronto constató que no se trataba de una situación única: varias de sus amigas le contaron sobre situaciones similares. En uno de los casos incluso, una de las afectadas admitió que la presión había sido más que una directa manipulación verbal: su novio por más de cuatro años la había sujetado a la cama y la había obligado a mantener relaciones sexuales a pesar de haberse negado de manera muy explícita. Cuando Fontaine le sugirió que llamara a lo sucedido “violación”, la mujer se negó a hacerlo: “No puede ser una violación. Es mi novio”.
Se trata de un fenómeno corriente. La palabra violación y sobre todos los límites que definen lo que puede o no ser una agresión sexual, continúan siendo poco claros para nuestra cultura. Una estadística confusa y peligrosa que sugiere límites borrosos entre lo que podría considerarse una agresión: tal pareciera que para nuestra sociedad hay una constante discusión sobre la culpa o la responsabilidad de quien sufre el hecho de violencia sobre su agresor, como si el mero hecho que se trate de una agresión directa no fuera suficiente como para definir que se trata de un hecho inadmisible. Mucho más preocupante aún, la violación no se percibe como un delito absoluto, sino que al parecer hay toda una serie de atenuantes directos que parecen “disculpar” la violencia.
Se habla sobre la “provocación”, qué pudo hacer — o no — la víctima para evitar lo que vivió y, de hecho, en numerosas sociedades, la violación continúa considerándose un delito en entredicho, una especulación sobre un hecho violento cuya víctima podría no serlo.
Fontaine lo pone claro a través del corto que dirige y protagoniza pero también, gracias a la discusión que continúa suscitando. De pronto, no parece tan sencillo analizar la violencia sexual como un elemento absoluto o con características claras, sino una percepción sobre la libertad sexual más relacionada con el consentimiento y la capacidad que cualquier otra cosa, un elemento aún en debate incluso legal y que provoca que el mero pensamiento de una agresiónen una pareja resulte incómodo. No obstante, el cuestionamiento inmediato que supone la idea que plantea y engloba el corto de Fontaine va más allá de una definición directa sobre lo que un delito sexual puede ser.
¿Qué ocurre si la violación es algo más que un hecho de violencia de límites medibles y verificables? ¿Cómo puede analizarse la violación sino implica violencia física directa? ¿Qué pasa con las mujeres violadas que no creen que deban defenderse, que no gritan o golpean para evitar ser agredidas? ¿Cómo puede definirse la violación cuando el contexto normaliza la agresión y además, lo convierte en un hecho corriente? ¿Existe un perfil que haga válida o creíble una violación? ¿Cuándo la violencia es menos o más directa? ¿Cuándo el miedo es más destructor? ¿Qué ocurre con la mujer abusada por el esposo? ¿Qué pasa con la mujer que bebió y llevaba una falda corta? ¿Es menos violento y devastador el abuso sexual porque la mujer no gritó ni golpeó a su agresor? Es un pensamiento inquietante, porque asume la idea que existe violaciones “reales” y las que no lo son tanto. ¿Una cita que salió mal quizás?.
Es un pensamiento inquietante ese: un elevado porcentaje de violaciones ocurren entre la pareja que, a la mañana siguiente, deberá compartir la mesa, la conversación matutina, el viaje en el coche. Que debatirá sobre la salud de los hijos en común, que tomará unas copas juntos. Un tipo de violencia latente, inquietante, siniestra. En muy pocos países hay estadísticas claras, y las muy escasas disponibles no reflejan la crueldad de una circunstancia que enfrenta a la mujer con una idea cultural que no controla y la supera. Porque cuando hablamos de violación, no hablamos de sexo, sino de poder. Una forma de control directa y agresiva sobre la víctima. La destrucción de la identidad y la individualidad de quien sufre la violencia.
¿Cuántas mujeres son violadas por sus esposos, maridos, amantes? ¿Cuántas mujeres deben lidiar con la idea que el mismo hombre con quien comparten la vida en común, también es capaz de un tipo de violencia inmediata y brutal? ¿Cuántas víctimas deben soportar relaciones sexuales no consentidas porque nuestra cultura no contempla el hecho que el consentimiento es necesario e imprescindible incluso entre un hombre y una mujer unidos por vínculos legales y emocionales? Tal vez se deba a que una violación parece menos terrible, menos cercana, si podemos entender qué ocurrió, si somos capaces de asumir que pudo haberse evitado, que no es un acto de violencia gratuita, cruel y sin sentido.
Por ese motivo, para mucha gente, una violación debe ser un hecho sin matices, directo y evidente: la violación solo ocurre si el caso es extremo y demostrable. Que no quede duda, pues, que la víctima fue maltratada, coaccionada, herida, violentada, aterrorizada. Solo así, la sociedad baja la cabeza, asiente con preocupación y murmura muy preocupada sobre lo salvaje del agresor, sobre el castigo que merece por haber cometido un crimen. Quizás por desconocerlas numerosas posibilidades que supone un acto de violencia semejante, el ciudadano de a pie siempre condenará una violación si puede asumirla como inevitable. Un pensamiento inquietante que tiene innumerables y duras implicaciones.
Los argumentos anteriores pueden parecer dramáticos, exagerados. Incluso extremos. Después de todo, la violación es un hecho de violencia que aún continúa arrastrando cierta culpabilización de la víctima. No existe una sola legislación que no intente demostrar una agresión sexual sin establecer si quien la sufrió pudo defenderse de manera visible.
Todavía ninguna idea sobre la violencia sexual parece incluir la noción de que el sexo no consentido no sólo implica la violencia física, sino también la moral. ¿Cuántas veces no se insiste en que la víctima pudo haber evitado la violación cambiando su manera de vestir? ¿Cuántas veces no se sugiere que la víctima incitó al violador por su manera de hablar, de bailar o cuanto pudo beber antes de la agresión? ¿Cuantas ocasiones la víctima debe demostrar que a pesar de su edad o lo que pudo hacer fue víctima de la violencia? Son percepciones culturales que parecen sostenerse sobre el estereotipo del instinto “irreprimible del macho” y la cualidad “tentadora” de la mujer.
Y de nuevo, la gran pregunta que me hago es: ¿Por qué un crimen de violencia sexual debe ser analizado como culpa y responsabilidad? ¿Que hace que un delito sexual sea menos absoluto, menos evidente? ¿Se debe a que la víctima debe demostrar su miedo y angustia? ¿Hacerlo bien visible? Y si no lo hace... ¿es menos grave, más angustioso, menos doloroso?
Muchas veces, la violación no es solo un acto de violencia, es una opinión social: sobre la víctima, el agresor y la circunstancia cultura que asimila la violación como un hecho confuso de múltiples interpretaciones. Una idea peligrosa y sobre todo que conlleva un riesgo evidente y directo: el de normalizar — asumir como cotidiano — un tipo de agresión violenta que destruye la identidad de la víctima. Ocurra en un callejón a oscuras o la habitación matrimonial, el dolor y las implicaciones son las mismas.
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Ocho falsos mitos sobre el aborto que los datos desmontan
Ni anticonceptivo, ni eugenesia. Un programa de máxima audiencia en televisión, sin una réplica bien informada, puede convertirse –al margen de los esfuerzos del entrevistador– en altavoz de posiciones contrarias a los derechos de las mujeres.
En la conversación entre Pablo Motos y Santiago Abascal emitida esta semana en “El Hormiguero”, de Antena 3, el representante de la ultraderecha pudo lanzar a 4.049.000 telespectadores la idea de que el aborto “se haya convertido en una práctica eugenésica y anticonceptiva”.
¿Es esto cierto? Ningún dato real lo avala, por lo que no hay más remedio que concluir que es, sencillamente, falso.
“Hablemos de vuestros puntos polémicos, hablemos del aborto”, dice el presentador. Crear polémica no está siendo ningún problema para estas posiciones políticas, al contrario, se crecen en ella, como demuestran los índices de audiencia. “Nosotros eliminaríamos la ley de plazos. Creemos que una vida humana es desde el principio”, afirmó Abascal.
Las creencias, inspiradas en conceptos religiosos o en una moral determinada, no son aquí objeto de discusión, pero sí los muchos mitos falsos que circulan sobre la realidad del derecho de las mujeres al aborto en el marco de la ley actual, de 2010.
El análisis de las estadísticas que proporciona el Ministerio de Sanidad indica que el perfil más frecuente entre las mujeres que optan por interrumpir la gestación en nuestro país es el de una española entre 20 y 29 años, con un embarazo de menos de ocho semanas, y cuya intervención se realiza a petición de la embarazada en un centro privado acreditado.
Frente a los mitos, veamos los datos.
MITO FALSO 1: “La despenalización de la interrupción del embarazo lleva al aumento del número de abortos”.
Al contrario, los datos hablan de estabilidad. Según el último informe publicado por el Ministerio de Sanidad (1), correspondiente al año 2017, en España se practicaron 94.123 interrupciones voluntarias del embarazo, lo que supone una tasa del 10,51 por cada 1.000 mujeres. Esta incidencia se mantiene estable desde 2014 y por debajo de las cifras de 2008 y 2009, años anteriores a la ley de 2010 –Ley Orgánica 2/2010, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo– (2).
Hay que tener en cuenta no solo el cambio legal para observar la evolución de la última década: así, desde 2009 algunos anticonceptivos orales son más accesibles al no exigirse receta médica en la farmacia, y el bienio 2011-2012 de ligero repunte coincidió con el aumento de la llegada de mujeres inmigrantes, una tendencia que frenó la crisis económica. Con respecto al número de abortos en jóvenes y adolescentes, las cifras han bajado hasta las que hubo hace diez años.
MITO FALSO 2: “Abortan más las chicas muy jóvenes”.
No son las más jóvenes las que más se someten a una IVE y la cifra en adolescentes es muy inferior en comparación con adultas jóvenes. El tramo donde es más frecuente se sitúa entre los 20 y los 24 años de edad (17,42 por cada mil mujeres), seguidas por las de 25 a 29 años (15,74) y las de 30 a 34 años (12,61). Tanto las mujeres de 19 y menores, como las mayores de 35, están en tasas que no llegan a 9 por mil.
MITO FALSO 3: “Son las mujeres migrantes quienes recurren al aborto”.
En realidad, tres de cada cuatro mujeres que abortan en España son europeas, el 75%, lo que resulta lógico ya que en este porcentaje se incluye a las nacionales, que suponen el 66%. En orden de importancia le siguen las americanas, con un 17,5%, y las africanas, con un 4,8% en 2017. Por comunidades autónomas, se sitúan por encima de la media las tasas de Baleares, Madrid, Cataluña, Asturias y Canarias. Prácticamente en la media nacional están la Región de Murcia y Andalucía, y el resto por debajo de ella.
MITO FALSO 4: “La despenalización banaliza el aborto y se usa como si fuera un método anticonceptivo más”.
Los datos sobre abortos voluntarios anteriores desmienten que esta tendencia exista. De las interrupciones registradas por Sanidad en 2017, más del 60% de las mujeres era la primera vez que recurrían a ella (59.098) y solo el 12,8% de las pacientes había pasado por dos o más abortos voluntarios anteriores.
En cuanto al método elegido mayoritariamente por las mujeres, es la intervención quirúrgica la que les da mayor confianza, ya que la eligen en cerca del 80% de los casos, frente a la opción farmacológica.
Aunque la realización de la IVE se hace en mucha mayor proporción en centros privados (87,6% de las intervenciones), a partir de 2012 ha habido un aumento apreciable de registros en centros públicos en relación a los privados. Es un dato inverso a lo que ocurre en un país en el que la mayoría de la ciudadanía utiliza la sanidad pública. Hay que tener en cuenta que antes de la ley de 2010, la prestación no se incluía en la cartera de servicios públicos. Además, el informe de Sanidad no especifica cuántas intervenciones en centros autorizados se han hecho por derivación de la sanidad pública y cuántas fueron abonadas por las mujeres.
Pueden observarse algunas variaciones por comunidades autónomas respecto a esta situación general: así, desde Cataluña se notificaron intervenciones desde 61 centros públicos y solo 15 privados, en una comunidad en la que el 56% de las IVE se realiza en centros privados. En la Comunidad Valenciana se realizaron en 19 centros públicos y 16 privados, si bien la relación es de 696 casos en la pública frente a 8.464 en la privada. En el País Vasco se contabilizan 214 IVE en la pública y 3.239 en la privada durante 2017. En Andalucía solo se realizaron 10 IVE en la sanidad pública frente a 17.248 en la privada, y en Madrid la relación es de 6 intervenciones en la pública, frente a 16.652 en los centros privados.
MITO FALSO 5: “Se realizan muchos abortos después de las primeras semanas de gestación”.
Todo lo contrario, en la última década se ha producido un aumento constante de la proporción de IVE en las primeras semanas –ocho o menos–, lo que reduce los riesgos para las mujeres. Desde 2011, no hay ninguna intervención en la que no conste ese tiempo, lo que contribuye a la transparencia en este punto: en 2017, más del 70% de las IVE se realizaron con ocho o menos semanas de gestación. Solo el 0,17% se realizaron después de la semana 22.
MITO FALSO 6: “El aborto es una eugenesia oculta”.
No. Solo en el 6,4% de los casos la causa es el grave riesgo para la salud de la embarazada, y el riesgo de graves anomalías fetales, en el 3,5%. Las anomalías fetales incompatibles con la vida o enfermedad grave o incurable del feto, no suponen más que el 0,3%. Casi siempre, en el 89,7% de los casos, el motivo de la interrupción del embarazo es la petición de la mujer. Esto corrobora que casi no se realizan abortos pasadas las 14 semanas y la realización de abortos en estados posteriores de gestación no es nada frecuente.
MITO FALSO 7: “Es mejor no permitir nunca que las menores de edad decidan sin el consentimiento de sus padres”.
Como es sabido, la Ley de 2010 permitía que las menores de edad, a partir de los 16 años, pudieran decidir sobre la interrupción del embarazo sin autorización paterna, si bien al menos uno de los progenitores debía ser informado, salvo en caso de conflicto familiar grave. La legislación fue modificada en 2015 con una “victoria parcial” de las tesis conservadoras, exigiendo el consentimiento de ambos progenitores para las jóvenes de 16 y 17 años.
El estudio “La situación actual del aborto en España” (3) –publicado en 2017 por la Universidad de Málaga y firmado por Palmira Expósito Camacho, criminóloga y enfermera andaluza–, concluye sin dudas que la ley de 2010 ha supuesto un avance en el reconocimiento de los derechos reproductivos de las mujeres y no ha perjudicado la protección de la vida prenatal. La autora se ocupa especialmente de este grupo de edad, mostrando cómo el número de mujeres de 16 y 17 años que no informaron a sus padres antes de la modificación del 2015 era muyminoritario (113 casos en 2014, el 12,3% de las IVE practicadas a menores y un exiguo 0,44% del total de las IVE de ese año). “Por lo tanto, no parece ser una cifra alarmante como querían hacer ver los opositores de la ley”, valora la investigadora. Algunos de los motivos por los que estas jóvenes no informan a sus padres, según los datos de la Asociación de Clínicas Autorizadas para la IVE (ACAI) son el desamparo, progenitores en prisión o riesgo de sufrir malos tratos. “Parece desacertado el haberlo derogado” –añade–, “pues deja en un estado de indefensión al pequeño grupo de chicas que realmente necesitan de esta facilidad”.
MITO FALSO 8: “Ya no queda nada por hacer”.
En el estudio citado, Palmira Expósito se apoya también en varias entrevistas realizadas a profesionales sanitarios en la comunidad autónoma andaluza, que ponen en evidencia un hecho al que también aluden fuentes de ACAI: el desarrollo de la ley de salud sexual y reproductiva de 2010 no parece haber cambiado la educación de los adolescentes en esta materia. Si la ejecución de la IVE está funcionando en nuestro país, sobre todo a través de la red de centros concertados, y paralelamente se ha avanzado mucho en la contracepción de emergencia, ¿qué camino queda por recorrer? El informe enumera los siguientes aspectos:
Mejorar el acceso de todas a los métodos anticonceptivos de última generación. “Las pastillas anticonceptivas más saludables fueron eliminadas de la financiación de la seguridad social, y otros métodos muy cómodos y fáciles de usar como son el anillo vaginal o el parche de hormonas, no son financiados y son caros”.
Los médicos objetores de conciencia, aunque tengan su derecho a ejercerla, “no deberían obstaculizar el camino a las mujeres que deseen información de cómo proceder ante una posible interrupción del embarazo”, circunstancia citada por algunas de las fuentes del estudio.
Homogeneizar en los institutos de enseñanza las charlas de educación para la salud sexual y reproductiva, “ya que se da solo en aquellos que lo soliciten”. Es obligado recordar que la asignatura Educación para la Ciudadanía, eliminada por los gobiernos del Partido Popular, incluía contenidos de educación sexual.
Replantear la situación de las adolescentes de 16 y 17 años que desde la reforma de 2015 deben ir siempre acompañadas por padres o tutores legales. “Solo en los casos más extremos y justificados estas menores acudían sin sus padres o tutores”, explica.
Expertos denuncian que las preocupaciones sobre el cambio climático ignoran el papel de la anticoncepción
Las preocupaciones sobre el cambio climático han ignorado en gran medida la importancia del acceso universal a la anticoncepción efectiva, a pesar del impacto del crecimiento de la población en las emisiones de gases de efecto invernadero, argumentan expertos en la revista 'BMJ Sexual & Reproductive Health'.
Las preocupaciones sobre el cambio climático han ignorado en gran medida la importancia del acceso universal a la anticoncepción efectiva, a pesar del impacto del crecimiento de la población en las emisiones de gases de efecto invernadero, argumentan expertos en la revista 'BMJ Sexual & Reproductive Health'.
Dada la urgencia de la crisis ambiental que enfrenta el mundo y la falta de voluntad política, se necesitan otros enfoques no coercitivos para detener el calentamiento global, dicen los doctores John Bongaarts y Regine Sitruk-Ware, del Consejo dePoblación de Nueva York. El cambio climático global representa una "grave amenaza" para el futuro de la humanidad y el medio ambiente natural, pero los remedios potenciales se han centrado principalmente en cambiar a fuentes de energía renovables y aumentar la eficiencia energética, escriben. Pero la urgencia de la crisis significa que otros enfoques deben tener mayor prioridad.
"Mejorar el acceso a la anticoncepción efectiva es una de esas políticas que hasta ahora ha sido ignorada por la comunidad climática internacional", señalan. Pero su inclusión en el debate sobre la mejor manera de detener el cambio climático es importante por tres buenas razones, argumentan los autores. Así, en su estudio señalan que el crecimiento de la población es un factor clave del cambio climático; el uso mayor y más efectivo de la anticoncepción reduce los embarazos no planificados que contribuyen al crecimiento de la población; y muchos más hombres y mujeres elegirían libremente usar anticonceptivos si solo estuviera disponible y fuera aceptable.
Para 2100 se espera que el planeta albergue a casi 11.000 millones de personas, unos 3.000 millones más que en la actualidad. Y eso significa que las emisiones de gases de efecto invernadero aumentarán aún más, haciendo que el calentamiento global sea un problema aún más insoluble en las próximas décadas de lo que es ahora, señalan. Pero: "un crecimiento demográfico futuro más lento podría reducir las emisiones a nivel mundial en un 40% o más a largo plazo", escriben.
En todo el mundo, hay alrededor de 99 millones de embarazos no deseados cada año, casi la mitad (44%) del total mundial. Más de la mitad de estos resultan en un aborto inducido, y el resto en partos o abortos involuntarios. Una proporción sustancial de mujeres casadas, más de la mitad en algunos países, arriesgan el embarazo al no practicar la anticoncepción efectiva. La falta de acceso a los servicios y el costo relativamente alto de los anticonceptivos son obstáculos obvios para las mujeres pobres. Pero los mitos sobre el impacto de las hormonas, las normas sociales tradicionales, la desaprobación de los espososy la insatisfacción con los métodos disponibles también crean barreras, dicen los autores. Así, apuntan que las campañas mediáticas culturalmente sensibles, la inversión en la educación de hombres y mujeres, las oportunidades de empleo y la participación política pueden ayudar a cambiar las expectativas sobre el papel de las mujeres en la sociedad y su capacidad paraejercer opciones reproductivas.
La investigación adicional creará más opciones anticonceptivas, sugieren, pero eso yace en el futuro, y ahora se necesita acción. "Una distribución más amplia de anticonceptivos que ya están en el mercado a través de una mayor inversión en programas de planificación familiar voluntarios pero con fondos insuficientes es suficiente para aumentar sustancialmente el uso de anticonceptivos", concluyen. "Esto a su vez tendría un profundo impacto positivo en el bienestar humano, el clima y el medio ambiente", concluyen.
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El Ayuntamiento reabre Espazo Diverso, una iniciativa abierta a la ciudad para el colectivo LGBTQI
La concejal de Bienestar Social, Igualdad y Participación, Yoya Neira, participó esta tarde en el acto de reapertura en el Centro Cívico de la Ciudad Vieja.
Hoy, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Despatologización Trans, se reabre el Espazo Diverso de A Coruña, un espacio inclusivo localizado en el Centro Cívico de la Ciudad Vieja para todas las personas lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersexuales y queers, sus familias y las entidades LGBTQI de la ciudad.
La concejal de Bienestar Social, Igualdad y Participación, Yoya Neira, asistió al acto y aseguró que esta reapertura "es una nueva etapa de colaboración entre el Ayuntamiento, las entidades y la comunidad educativa para trabajar todos juntos". La titular de Igualdad también explicó que el colectivo trans "es especialmente vulnerable y las políticas públicas deben centrarse en él", por eso no se dudó a la hora de elegir hoy como el día para reabrir el Espazo Diverso. Neira también deseó un "futuro próspero a esta iniciativa que se desarrolla desde un ámbito municipal".
Por su parte, el coordinador técnico AGASEX en el Espacio municipal de las Diversidades Sexuales e Identidades de Género en el Ayuntamiento de A Coruña, Pablo Andrade Taboada, explicó que "además de la atención personal dirigida a la población en general y al público LGBTQI, tenemos un servicio de atención jurídica y psicológica" y manifestó que este año quieren trabajar "los grupos reducidos de apoyo mutuo especialmente para menores trans y sus familias, así como grupos integeneracionales LGBTQI ya que la experiencia de la juventud y de los mayores suma y aporta mucho". A nivel cultural, el espacio también realiza actividades "de recuperación de la memoria história y actividades videofórum en las que se debaten proyecciones audiovisuales", destacó.
En el acto se presentaron a los medios y a la ciudadanía las nuevas prestaciones, actividades y agenda del Espazo Diverso. A posteriori, se proyectó el documental "Vida y muerte" de Marsha P. Johnson, una activista transexual que murió de una manera muy misteriosa en el río Hudson de Nueva York, que dejó todas las personas de su entorno con la duda de que fuera un suicidio, como así certificó la policía, en vez de un asesinato. Después de la proyección, las personas asistentes participaron en uno debate videofórum.
Un espacio abierto a la ciudadanía
Espazo Diverso es una iniciativa abierta, en la que se reconoce la realidad existente y se trabaja por visibilizar las diferentes identidades, expresiones de género y orientaciones sexuales. Un espacio próximo y acogedor, en el que la ciudadanía puede encontrar información actualizada sobre sus derechos, recursos a su disposición, la agenda de actividades LGTBQI de la ciudad y una programación de talleres sobre diversidad afectivo-sexual.
https://www.coruna.gal/portal/es/ayuntamiento/noticias/detalle-noticias/el-ayuntamiento-reabre-espazo-diverso-una-iniciativa-abierta-a-la-ciudad-para-el-colectivo-lgbtqi/suceso/1453709286474
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Cumplir los compromisos con las mujeres 25 años después
179 gobiernos reconocieron en 1994 el vínculo entre derechos humanos, salud sexual y reproductiva e igualdad de género con el desarrollo sostenible. Los objetivos no se han cumplido.
Hace 25 años, 179 gobiernos reunidos en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (ICPD) adoptaron en El Cairo un Programa de Acción histórico para el reconocimiento de los vínculos entre los derechos humanos, las dinámicas de población, la salud sexual y reproductiva, la igualdad entre los géneros y el desarrollo sostenible.
Los progresos experimentados en los derechos y la salud sexual y reproductiva de las mujeres desde esa conferencia histórica de 1994 son notables. Según datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), las muertes maternas prevenibles han disminuido en un 40%; en países con alta prevalencia de mutilación genital femenina esta práctica ha descendido del 49% al 31%; ha disminuido en un 32% el embarazo entre adolescentes, y el acceso a la planificación voluntaria de la familia es mayor y mejor: en los países menos desarrollados la tasa de uso de anticonceptivos modernos ha aumentado a más del doble entre las mujeres que están en una relación y desean evitar el embarazo: del 15% al 37%;
Pero el progreso ha sido lento y, sobre todo, desigual. Gran parte de los avances se han estancado en los últimos años, e incluso se ha retrocedido en la aplicación de algunas de las medidas acordadas en 1994. Los objetivos de El Cairo, pues, no se han cumplido.
Esta realidad se va a abordar en la Cumbre de Nairobi, que entre el 12 y el 14 de noviembre, y bajo la convocatoria del Fondo de Población de Naciones Unidas y los Gobiernos de Kenia y Dinamarca, reúne a mandatarios, políticos, agencias de la ONU, organizaciones de la sociedad civil, entidades del sector privado, grupos y asociaciones de mujeres y redes de jóvenes de todo el mundo para celebrar el 25 aniversario de la histórica CIPD y para discutir y acordar acciones que aceleren la aplicación de su programa de acción. Las expectativas son grandes, especialmente cuando en abril de este mismo año los Estados miembros de Naciones Unidas han reafirmado la importancia de este programa para guiar las políticas sobre población y desarrollo en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Los progresos experimentados en los derechos y la salud sexual y reproductiva de las mujeres son notables, pero lentos y desiguales.
El logro de los llamados tres ceros está en el centro de la agenda de Nairobi: cero necesidades insatisfechas de información y servicios de planificación familiar, cero muertes maternas prevenibles y cero violencia sexual, de género y de prácticas nocivas contra mujeres y niñas. Porque hay que recordar que cada día más de 33.000 niñas son forzadas a casarse y más de 800 mujeres mueren durante el embarazo o el parto.
232 millones de mujeres no pueden acceder a métodos anticonceptivos modernos en los países en desarrollo, una de cada cinco será agredida por su pareja durante este año y cuatro millones están en riesgo de sufrir mutilación genital cada año. A esto hay que sumar que el movimiento mundial en favor de la salud y los derechos sexuales y reproductivos es objeto de ataques por parte de grupos contrarios a los derechos sexuales y reproductivos que presionan en instancias de poder nacionales e internacionales para acabar con las leyes logradas en estos 25 años.
De las palabras a la acción
Es hora, por tanto, de que se cumpla para todas las mujeres del mundo el consenso mundial alcanzado hace 25 años alrededor de la certeza de que la salud sexual y reproductiva es un asunto de derechos humanos, y que el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género son una condición previa para el desarrollo sostenible.
Por eso, las organizaciones de la sociedad civil que trabajamos por la salud y los derechos sexuales y reproductivos en todo el mundo, y que estaremos en la cumbre de Nairobi, pedimos a los Gobiernos, entre ellos el español, que impulsen con políticas concretas y presupuesto medidas como estas:
Que todas las personas sin excepción puedan acceder a la información y atención de su salud sexual y reproductiva en todas las etapas de la vida, en particular durante la adolescencia, el embarazo, la maternidad y el envejecimiento, y con especial atención a las personas en mayor situación de vulnerabilidad. Se deben abordar y eliminar los obstáculos que las mujeres encuentran para tener atención médica y eliminar todas las disposiciones y prácticas legales que comprometen la seguridad, la salud y la autonomía de las mujeres en este ámbito.
Que se cumpla con el compromiso de financiación pública de todos los anticonceptivos. Se debe hacer más para abordar las causas de la falta de acceso a la anticoncepción, como el estigma y la discriminación, para evitar los embarazos no deseados.
Que se cumplan las recomendaciones de múltiples organismos internacionales, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS) y diversas agencias de la ONU, de proporcionar servicios de aborto seguro para salvar vidas y proteger la salud. Pedimos que se proteja la libertad reproductiva de las mujeres y que los Gobiernos contrarresten las informaciones falsas contrarias al derecho al aborto y protejan a las mujeres de las acciones de grupos coercitivos contrarios a este derecho.
Que la salud sexual y reproductiva esté presente en las políticas y programas de cooperación internacional para el desarrollo con presupuesto suficiente, y que estos programas incluyan el apoyo a las organizaciones de la sociedad civil para que puedan trabajar libremente y sin coacciones.
Que se siga invirtiendo en la prevención del VIH, especialmente entre los colectivos en mayor situación de vulnerabilidad.
Que se equipe a todas las personas jóvenes con las habilidades necesarias para manejar sus relaciones y su sexualidad con bienestar y sin riesgos. La educación integral en sexualidad es una de las mejores herramientas para ello, y debe estar incluida en todos los centros educativos.
Que pasen de las palabras a la acción para que las niñas y mujeres tengan unas vidas libres de violencias de género, una de las metas más concretas del Programa de Acción de El Cairo y una de las más destacables de la Agenda 2030.
Hace 25 años el mundo se puso de acuerdo para reconocer muchos de estos derechos. Ahora tiene que cumplir para que sean una realidad en la vida de todas las mujeres y niñas del mundo.
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Conéctate con cabeza: disfruta sin riesgos con tu móvil
Vivimos en una sociedad digitalizada en la que el uso de internet y de las nuevas tecnologías forman parte de nuestra realidad cotidiana. Por eso, al igual que sucede con otros aspectos de nuestra vida, la sexualidad está muy presente en nuestras redes sociales, en las webs que visitamos y en nuestros móviles.
Disfrutar de nuestra sexualidad a través de internet se ha convertido en un acto habitual. Tanto, que el acto de producir y compartir contenidos sexuales o eróticos a través de internet ya tiene nombre: sexting. Una práctica sexual que se desarrolla sobre todo a través del móvil y que lleva a cabo tanto la población joven y adolescente como las personas adultas.
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Recomendaciones para disfrutar de una sexualidad sin riesgos
Para que las prácticas sexuales a través de internet y de las nuevas tecnologías sean placenteras, deben ser consentidas y acordadas por las personas que participan en ellas. Cuando no es así y los acuerdos se rompen, pueden aparecer fenómenos nocivos como el grooming, el revenge porn o la sextorsión, actos que atentan contra la integridad de las personas implicadas. Por eso, es importante protegerse y adoptar una serie de pautas que hagan del sexting un acto seguro y de bienestar sexual.
El contenido que compartimos
Si te haces fotografías o vídeos de carácter erótico o sexual, es preferible que no contengan información que te identifique fácilmente. Por ejemplo…
No muestres tu cara si aparece tu cuerpo desnudo (o viceversa)
No utilices tu voz si decides grabar un vídeo en el que apareces desnuda/o
Evita que aparezcan tatuajes, cicatrices o escenarios que te identifiquen
Las apps que utilizamos
Cada aplicación tiene unos niveles de seguridad distintos. Por eso es importante saber cuáles nos ofrecen un mayor grado de protección a la hora de practicar sexting. Aunque con gran frecuencia utilizamos WhatsApp, Instagram y Snapchat, también puedes utilizar apps más seguras…
Telegram cuenta con chats secretos que no permiten que la otra persona haga capturas de pantalla, guarde los contenidos que le envías o pueda acceder a la conversación tiempo después si decides programar los mensajes para que desaparezcan automáticamente
Snapchat también tiene unos niveles de seguridad muy altos y permite que los contenidos desaparezcan transcurrido un tiempo, que los mensajes enviados se eliminen al leerse y que se las capturas de pantalla sean notificadas a la persona que ha generado el contenido.
Las relaciones que establecemos
Apuesta por relaciones basadas en el respeto, la confianza, el buen trato y el deseo mutuo. De este modo, el sexting podrá ser tan satisfactorio y enriquecedor como otras prácticas sexuales.
Por una sexualidad sin riesgos
Beneficios del sexting
El sexting puede ser beneficioso
Aunque hacer sexting tiene asociadas muchas connotaciones negativas, también tiene beneficios para las personas que lo practican, si se hace bien:
Hace posible la exploración y expresión de la propia sexualidad
Puede aumentar la autoestima
Puede promover la autonomía sexual
Amplía el repertorio de conductas eróticas
Facilita una sexualidad plural y positiva
Permite establecer y proteger los límites individuales
Reduce las posibilidades de sufrir violencia física, embarazos no deseados o infecciones de transmisión sexual (ITS)
Abordar el sexting desde la educación sexual
Desde la FPFE apostamos por una educación sexual que no solo trabaje sobre la prevención de riesgos, sino que también promueva la libertad y el bienestar sexual de las personas jóvenes. Por esta razón, entendemos el sexting como una opción más dentro del repertorio erótico y como tal, debe ser abordado por las familias desde la confianza y el respeto hacia sus hijas e hijos.
Construye relaciones basadas en la confianza
1. Habla con tus hijos e hijas sobre situaciones cotidianas
2. Mantén la puerta abierta para que puedan hablar contigo cuando lo necesiten
3. Respeta su intimidad y evita los juicios
4. Proporciona herramientas para que encuentren respuestas, eviten riesgos y sean más felices
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Financiación sostenible para la planificación familiar
La responsabilidad última de mantener los derechos de la salud sexual y reproductiva recae en las autoridades nacionales, quienes deben desarrollar estrategias de largo plazo para asegurar los recursos.
La entidad Planned Parenthood, fuente vital de servicios de salud sexual y reproductiva en Estados Unidos, se acaba de ver obligada a retirarse del programa de planificación familiar Title X, que apoya a mujeres de bajos ingresos. La decisión, que responde a una nueva norma de la administración del presidente estadounidense Donald Trump, prohíbe a las clínicas Title X referir pacientes para que se les realicen abortos. Esto costará a Planned Parenthood cerca de 54 millones de euros al año.
Esa pérdida se vuelve pequeña si se compara con los costes humanos que suponen limitar los derechos de la salud sexual y reproductiva (DSSR) al impedir que los pacientes manejen información médica crucial. Con todo, perder la financiación de Title X —que se habría usado para adquirir anticonceptivos, exámenes para detectar cáncer cervical y de mama, infecciones de transmisión sexual (ITS) y otros servicios de salud esenciales— es un duro golpe. Sin embargo, Planned Parenthood no está sola: en todo el mundo las organizaciones que protegen los DSSR enfrentan limitaciones financieras similares o peores.
La comunidad internacional sabe que los DSSR tienen grandes implicaciones para la salud y el desarrollo humano, incluidas la educación, la reducción de la pobreza y la igualdad de género. Así se refleja en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, adoptados por los líderes mundiales en 2015, que incluyen la meta de asegurar acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva para 2030.
Sin embargo, sin financiación suficiente, este objetivo no se podrá alcanzar. La prestación de servicios de salud generales en los países de ingresos bajos y medios se financia principalmente por donantes y, como señaló Pauline Irungu, representante de promoción y políticas de Kenia en la organización PATH, durante la conferencia Women Deliver de este año, existe una gran carencia de fondos para planificación familiar. Se estima que la brecha de financiación solo para eliminar muertes prevenibles de madres, niños y adolescentes llega a los 30.000 millones de euros.
Incluso los fondos actuales no están garantizados debido a factores que van desde la fluctuación de los tipos de cambio a las movidas agendas políticas. La Administración Trump acaba de dar una chocante muestra de lo vulnerables que esto deja a los países.
No sorprende que la ley mordaza global esté asociada al aumento de los índices de ITS, los abortos no seguros y las muertes prevenibles
Casi inmediatamente después de asumir el cargo, Trump restableció la llamada "ley mordaza global" —oficialmente nombrada la Política de Ciudad de México—, que bloquea los fondos federales estadounidenses para cualquier ONG que ofrezca consejerías sobre aborto, hagaderivaciones o promueva derechos de aborto doméstico. Al castigar cualquier organización que respete el derecho de los pacientes a información médica relevante —y que potencialmente podría salvar sus vidas— la administración Trump apartó a millones de personas no solo de la posibilidad de recibir servicios de salud sexual y reproductiva, sino también otros no relacionados. Estos podrían ser el VIH / SIDA, la malaria y la tuberculosis. No sorprende que la ley mordaza global esté asociada al aumento de los índices de ITS, incluidos el VIH, los abortos no seguros y las muertes prevenibles.
Estados Unidos también ha bloqueado la financiación al Fondo de Población de la ONU (Unfpa), uno de los principales prestadores mundiales de servicios de salud sexual y reproductiva, especialmente en áreas de conflicto. La administración Trump aduce, sin base alguna, que en su trabajo en China la Unfpa violó la Enmienda Kemp-Kasten promulgada en 1985, que bloquea la ayuda a cualquier organización que EE. UU. considere que participe en prácticas coercitivas, tales como las esterilizaciones forzosas.
Y hay más todavía: la Administración Trump presionó para que se eliminara la frase “salud sexual y reproductiva” de acuerdos multilaterales anuales, como el de la Comisión sobre el Estado de la Mujer de la ONU, aduciendo que ese lenguaje condona el aborto. De manera similar, en abril presionó a Alemania para que suavizara unaresolución de la ONU que apuntaba a prevenir las violaciones en situaciones de conflicto al eliminar las frases que reconocieran el derecho de las mujeres a la salud sexual y reproductiva. Para socavar aún más las responsabilidades civiles, también ha eliminado los derechos reproductivos de los informes anuales de Derechos Humanos del Departamento de Estado y abandonó el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Por otra parte, no hay duda de que otros países donantes están poniéndose a la altura del reto de proteger los DSSR. Citando las “devastadoras consecuencias” de la politización de los derechos de las mujeres, el primer ministro canadiense Justin Trudeau prometió recientemente aumentar el gasto de su país destinado a mujeres y niñas en el ámbito global desde 761 millones de euros a 910 millones para el año 2023.
Pero no basta con eso. Es urgente que los Gobiernos de los países en desarrollo reduzcan su dependencia de las donaciones externas. Y, sin embargo, hasta ahora han demostrado bastante lentitud.
Por ejemplo, en 2001 los Gobiernos de la Unión Africana (UA) se comprometieron en la Declaración de Abuya a destinar un 15% de sus presupuestos anuales a mejorar el sector de la salud. Una década más tarde, solo un país había cumplido ese objetivo. Y mientras 26 habían aumentado la proporción de fondos para este sector, 11 los habían reducido.
Es urgente que los Gobiernos de los países en desarrollo reduzcan su dependencia de las donaciones externas.
En Ghana, mi país, el Gobierno destina hoy cerca de un 8% de su presupuesto a la salud. La mayor parte de esos fondos son para pagar las remuneraciones de los empleados, dejando pocos recursos disponibles para mejorar la atención. No se conoce con exactitud cuánto va a servicios de salud sexual y reproductiva.
Sin embargo, hay razones para el optimismo. La segunda Cumbre Nacional por la Salud Reproductiva Adolescente, celebrada el año pasado y organizada por el Consejo Nacional de Población, con apoyo de Marie Stopes International, el Gobierno de Ghana y socios de la comunidad civil, se centró en "la financiación más allá de la ayuda", como rezaba su eslogan. El evento, que resalta el vínculo entre los DSSR y el manejo demográfico y promueve las ideas y la innovación de los jóvenes, produjo un compromiso del Gobierno a aumentar los fondos para salud, si bien de manera gradual.
Los jóvenes del mundo en desarrollo han estado luchando por los DSSR. Por ejemplo, en el Consejo Asesor de la Juventud de la UA participa Shakira Choonara, nombrada Mujer del Año en el ámbito de la Salud en Sudáfrica en 2017, y Natasha Wang Mwansa, que recibió una ovación de pie de los líderes mundiales en la Conferencia Women Deliver de 2019. En el ámbito comunitario, Shomy Chowdhury impulsa una campaña de higienización y potabilización del agua (WASH) en Bangladés, y Maureen Muketha trabaja para mejorar la nutrición infantil en Kenia rural.
Pero la responsabilidad última de mantener los DSSR recae en las autoridades nacionales, quienes deben desarrollar estrategias de largo plazo para asegurar una financiación sostenible de programas de salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar. El desarrollo de sus países depende de ello.
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"O feminismo ten que ser unha ferramenta que nos sirva para liberármonos a todas, sen restricións"
A quinta entrega das xornadas Noutrén: Feminismo Poscolonial, que organiza a agrupación cultural O Galo, centra esta cuarta feira a atención no 'feminismo transgresor’. A investigadora Daniela Ferrández, presidenta da asociación Amizando e unha das convidadas da sesión, fala con Sermos Galiza sobre as reivindicacións das mulleres trans, do traballo que fai a súa entidade para a súa visibilización ou dos debates que se dan dentro dos feminismos sobre o papel deste colectivo.
O debate dentro dalgúns colectivos feministas sobre a inclusión ou non das mulleres trans está enriba da mesa.
Como o enfocan desde Amizando?
Para superar certos discursos de odio que se dan dentro dalgún sector do feminismo o primeiro é analizalos, ver de onde veñen. Nós, o que propoñemos é deixar fóra do debate as cuestións máis conceptuais respecto a que as mulleres trans non somos mulleres, porque entendemos que esta é unha idea que vén da carga ideolóxica que recibimos do franquismo e máis atrás. Unha vez que isto queda fóra, estamos abertas a todo tipo de debates que sexan construtivos, onde poidamos formular a nosa posición mais tamén escoitar o que nos din as compañeiras. Cómpre matizar que non entendo eses discursos dos que falabamos como un signo de identidade do feminismo en sentido amplo. Na Galiza, nós, desde Amizando, traballamos no feminismo, estamos nas rúas, nas asembleas, e nunca tivemos estes problemas. Penso que o feminismo non é un ente externo a nós como mulleres trans, polo que non estamos nun diálogo a afrontar por dúas partes que circulan en paralelo, senón un diálogo dentro dunha mesma base.
Cara a onde ten que enfocar o seu traballo o feminismo?
Cara á construción dun espazo que nos inclúa a todas, que sexa interseccional e que non deixe identidades ou persoas subalternas nas marxes, excluíndoas ou non incluíndoas nos seus propios discursos. O feminismo debe ser unha ferramenta que nos sirva a todas e que non estea restrinxida a unhas características que, segundo quen as estableza, poidan estar determinadas por unha bioloxía máis estrita, ou por temas culturais, ou por etnia, clase… Pretendemos construír unha ferramenta interseccional que nos axude a liberarnos neste mundo patriarcal.
E que papel xoga a visibilidade desas distintas identidades?
Hoxe en día, no mundo dos medios de comunicación masivos, das grandes redes socias e dos grandes debates, o que non se visibiliza non existe. A nosa visibilidade non só unha ferramenta para amosarlle ao mundo a diversidade que ten, senón que é unha ferramenta para combater as opresións: cando negamos a existencia de mulleres trans, ou negamos as nosas opresións, pechamos a porta a atopar solucións coas que podemos encarar esas opresións. Entón, o primeiro paso é detectar cales son as identidades, despois que opresións sofren e como superalas. E todo iso é imposíbel sen visibilizar a súa existencia.
“A visibilidade das mulleres trans non só serve para amosarlle ao mundo a diversidade que ten, é unha ferramenta para combater opresións”
Que funcións desenvolve Amizando?
Temos, por unha banda, unha función visibilizadora. Imos onde nos chaman a explicar o que se quere saber, participamos en debates, en charlas… Tamén traballarmos para tratar de poñerlle nome ás nosas opresións, para darlles solucións válidas e que dialoguen directamente coa política, porque a política, e as Administracións galegas e estatal, teñen un fondo déficit en canto a dereitos trans. Por outro lado, temos un papel máis asistencial, de acompañar a persoas que foron excluídas polo sistema, ou ás que o estado non escoita, ou que teñen dificultades para desenvolverse en igualdade, unha función que cremos que non debería ser nosa, pero que facemos, para axudar, cos poucos recursos dos que dispoñemos.
Cales son as súas exixencias ás Administracións?
O que lles exiximos pódese resumir nunha palabra: igualdade. Queremos ser iguais ao resto de cidadás. O que ocorre é que hoxe en día temos un problema que nos impide en todo momento das nosas vidas acceder a esa igualdade, que é a patoloxización.
Como afecta esa patoloxización ás súas vidas?
A patoloxización significa que para que o estado e as Administracións dean o visto bo á túa condición de persoa trans, e para poder acceder aos recursos limitados cos que estas contan, tes que estar considerada como enferma mental. Isto pasa por un trámite de avaliacións psicolóxicas, cuestionamentos… Cando o noso proceso pasa por unha tutelaxe e por un cuestionamento dos nosos designios, esa tutelaxe esténdese a todas facetas da nosa vida e determina unha situación de subalternidade. Queremos rematar con esa situación de subalternidade e iso pasa por despatoloxizar, que é algo que se está a facer en todo o mundo, como en Portugal ou Arxentina.
"Galiza debería sumarse aos territorios que están traballando para despatoloxizar todos os ámbitos da vida, non só o sanitario. Estamos á cola"
Cal é a situación no estado español e na Galiza?
Varias comunidades seguen ese camiño, pero é a Administración central a que ten que da o paso principal, que é eliminar o requisito do informe de enfermidade mental. Ademais, algunhas comunidades están traballando para despatoloxizar outros ámbitos da vida, máis aló do sanitario, como o eido laboral, social etc. Galiza debería sumarse a este traballo e non o fixo. Está á cola. Eu, que son de Alacant, creo que no País Valencià temos unha das lexislacións trans máis avanzadas do mundo e iso ten os seus efectos. Percibes a diferenza falando coas asociacións, que che contan que desde que os nosos dereitos están regulados e lexislados, o seu papel asistencial vaise reducindo por canto a Administración vaino asumindo, tal e como ten que ser.
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Virtualidad y violencia sexual entre adolescentes
Al principio del nuevo milenio con la llegada de las TICS se nos facilitó una tecnología para la información y la comunicación con internet, los teléfonos móviles y las RRSS. Pero hoy, esas herramientas además de permitirnos consumir informaciones o comunicarnos con terceros, nos permiten relacionarnos y tejer una red de contactos que les ayuden en su vida personal o profesional. A este concepto se le llaman las TRICS.
Desde ese lugar, las y los adolescentes viven su vida y se ofrecen una exposición completa de quiénes son y de lo que quieren ser. No son conscientes de que están en un espacio público y hablan de sus emociones, se exponen, piden opiniones sobre ellas y ellos mismxs y se juegan ser más o menos populares, más o menos deseadxs. Tienen decenas, cientos o miles de seguidores a los que no conocen pero consideran amigas y amigos.
Este mundo virtual se convierte en su propio mundo real, y esto implica que no hay percepción de riesgo, hay posibilidad de utilizar el anonimato en esas relaciones o de falsear identidades, y todo es inmediato y además 24/7… y desde ahí construyen también su sexualidad, una sexualidad marcada por la pornografía que se consume a través de las nuevas tecnologías.
En el estudio Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales de adolescentes y jóvenes llevada a cabo por Red Jóvenes e Inclusión y la Universitat de les Illes Balears, se recoge que “la pornografía de hoy en día es accesible, asequible, no tiene límite en el tipo de prácticas que se llevan a cabo, tiene mejor calidad de imagen y es anónima”. También que el primer contacto con la pornografía se produce a los 8 años y que la edad de inicio de consumo de pornografía es a los 13 años.
Mujeres como objetos sexuales
Desde la perspectiva de género y en relación a la violencia sexual, tal y como queda recogido en el estudio, “aunque en la nueva pornografía quizás aparecen otros modelos de hombres y mujeres, las relaciones sexuales siguen tratando a la mujer como objeto sexual para controlar, son falocentristas, el deseo está puesto en el hombre y aparecen prácticas de riesgo y violencia explícita”. Es decir, se repiten los estereotipos de género de nuevo. Y aunque las chicas y los chicos pretendan y crean que se alejan de las creencias de sus mayores y que la igualdad ya se ha conseguido… caen en los mismos patrones del patriarcado.
Y aunque la pornografía no sea el único elemento para que los hombres perpetúen esa sensación de superioridad, es un factor o elemento más a tener en cuenta que está muy presente. Y es a partir de aquí donde se enlaza la violencia sexual, ya que los chicos pretenden que esa sexualidad vivida en la fantasía se transforme en una realidad.
Lo terrible es que la violencia sexual a través de las nuevas tecnologías se ejerce desde la mayor de las impunidades, desde el mayor de los anonimatos y desde una gran complicidad con la posibilidad de compartirlo y extenderlo por las redes sociales. Todo esto se traduce en que:
Es frecuente mantener sexo sin consentimiento con un conocido reciente o con la pareja, quedar con una persona por una red social y verte obligada a ello por el sentimiento de culpa. Y a no contarlo después por culpa, miedo y/o vergüenza.
Sufren: sexting, sextorsión, grooming, tras ser engañadas, manipuladas o chantajeadas.
Se cede a la presión de la pareja para mantener relaciones sexuales a edades más tempranas, especialmente en el caso de las adolescentes.
Sufren violencia sexual a través de prácticas que algunas chicas pueden entender como elegidas pero que con un análisis más profundo se deja ver que no es una elección propia, que quién propone es él y no ella… asfixia erótica, shibari, estrangulamiento…
Sufren violencia sexual grupal
Son contagiadas de enfermedades e infecciones de transmisión sexual y eso también es violencia sexual.Desde un punto de vista psicológico, el impacto que toda esta violencia genera en ellas tiene como consecuencia la culpa, vergüenza, sentimiento de responsabilidad y asco, acrecentadas por la sobreexposición pública que aumenta los efectos.
Por todo ello, hace falta una intervención especializada tanto en la propia violencia sexual, como en la comprensión del delito y de la etapa vital en la que se produce esta violencia. La atención ha de ser lo más inmediata posible, cuidada, desde el respeto, desde la escucha, y teniendo como eje principal de la intervención a la mujer/adolescente.
Son necesarios datos estadísticos que recojan la casuística para desde ahí crear protocolos, recursos y especialmente trabajar en la prevención a través de la educación afectivo sexual y la educación digital desde edades muy tempranas en el inicio de la escolarización.
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Uno de cada cuatro embarazos no es deseado por mala planificación familiar, según la OMS
Dos tercios de las mujeres sexualmente activas que desean retrasar o limitar la maternidad dejan de usar anticonceptivos por temor a efectos secundarios, problemas de salud y subestimación de la probabilidad de quedarse embarazadas, lo que conlleva que uno de cada cuatro embarazos sea indeseado.
Es la principal conclusión de un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 36 países hecho público este viernes. Y se trata de una circunstancia que esta agencia de la ONU achacó a "lagunas en los servicios de planificación familiar".
La OMS apuntó que los embarazos no deseados pueden generar riesgos para la salud de la madre y el niño, como desnutrición, enfermedad, abuso e incluso la muerte.
Los métodos anticonceptivos modernos desempeñan un papel vital en la prevención de embarazos no deseados. Los estudios muestran que el 85% de las mujeres que dejan de usarlos se quedaron embarazadas durante el primer año. Entre quienes tuvieron un embarazo no deseado que acabó en aborto, la mitad había interrumpido sus métodos anticonceptivos por motivos relacionados con su utilización, como problemas de salud, efectos secundarios o inconvenientes de uso. Muchos de estos inconvenientes podrían abordarse a través de un asesoramiento y apoyo de planificación familiar eficaz.
"La planificación familiar de alta calidad ofrece una gama de beneficios potenciales que abarcan no sólo la mejora de la salud materna e infantil, sino también el desarrollo social y económico, la educación y el empoderamiento de las mujeres", explicó Mari Nagai, ex responsable de Salud Reproductiva y Materna de la OMS en el Pacífico Occidental y coautora del estudio.
Los embarazos no deseados siguen siendo un importante problema de salud pública. En todo el mundo, cerca de 74 millones de mujeres que viven en países de bajos y medianos ingresos tienen embarazos no deseados anualmente, lo que deriva en 25 millones de abortos inseguros y 47.000 muertes maternas cada año.
El estudio de la OMS encontró 4.794 mujeres que tuvieron un embarazo no deseado después de que dejaran de usar anticonceptivos. El 56% de las embarazadas no estaban usando un método anticonceptivo en los cinco años anteriores a la concepción. Un 9,9% de las mujeres con un embarazo no deseado indicó que el último método que había usado era tradicional (la abstinencia o el calendario, por ejemplo); un 31,2% usó un método moderno de efecto corto (píldoras o condones) y un 2,6%, métodos anticonceptivos reversibles de larga duración (dispositivo intrauterino o implantes).
Los hallazgos del estudio destacan la necesidad de servicios con métodos anticonceptivos efectivos que se ajusten mejor a las necesidades y preferencias de las personas, identifiquen temprano cuándo las mujeres y las niñas tienen dudas sobre el método que están utilizando, y permitan que puedan cambiar los métodos modernos con un asesoramiento eficaz y el respeto de sus derechos y dignidad.
“El acceso a servicios e información de salud sexual y reproductiva asequibles y de alta calidad, incluida una gama completa de métodos anticonceptivos, puede desempeñar un papel vital en la construcción de un futuro más saludable para las mujeres y las niñas, así como contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible", apuntó Ian Askew, director del Departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la OMS.
Un componente clave de servicios anticonceptivos eficaces es identificar a las mujeres que puedan tener inquietudes sobre su método y deseen cambiarlo, así como ofrecer asesoramiento de alta calidad, libre de estigma, discriminación o coerción a esas mujeres para garantizar que se respeten sus intenciones reproductivas y se proteja su salud sexual.
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