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jueves, 11 de enero de 2018

Más madres adolescentes por la violencia de género entre jóvenes

Una investigación de la Universidad de Zaragoza vincula el "dramático crecimiento de la violencia de género" entre los jóvenes con una alta tasa de embarazos. La maternidad adolescente en España es una realidad generalizada, no achacable solo a una determinada etnia ni a otras nacionalidades. "No solo un problema de gitanas y migrantes, también lo es de clases medias". Un equipo de sociólogos de la Universidad de Zaragoza ha pasado dos años ganándose la confianza de 32 madres adolescentes españolas, haciéndoles un seguimiento, explorando desde sus circunstancias familiares y sociales previas al embarazo hasta su vida actual con hijos a cargo. El hallazgo fundamental de su investigación es el vínculo existente entre la maternidad adolescente y el "dramático crecimiento de la violencia de género entre los jóvenes, que influye en una conducta malsana afectivo sexual", según lo explica Alessandro Gentile, autor principal del trabajo, junto a la antropóloga Ana María Hernández. "No son pocas las ocasiones en que los embarazos no deseados están originados en relaciones violentas con la pareja, incluso en edades muy tempranas", alertan.

La otra conclusión principal de esta dilatada investigación —titulada 'Relatos de madres adolescentes en la España actual' y  presentada el jueves— es que el fenómeno de la maternidad juvenil se ha generalizado en España —con tasas similares de fecundidad juvenil a las de hace veinte años y bastante más altas que en los países del entorno— debido a que ha dejado de ser un asunto exclusivo de unas determinadas etnias y nacionalidades. En lo estrictamente cuantitativo, la investigación de Gentile y Hernández destaca que la tasa de fecundidad entre los 15 y los 19 años en España no ha variado entre 1996 y 2015. Si acaso ha subido unas décimas y se estabiliza en 7,74 por cada 1.000 mujeres.

La "consistencia y actualidad de este fenómeno son importantes, y lo son aún más si comparamos la tasa de fecundidad de las españolas con las de sus coetáneas en algunos países de nuestro entorno como Alemania (3,44), Italia (3,82) o Francia (5,53)", señalan. En términos absolutos en el último año con datos oficiales, 2015, hubo 8.305 partos de madres menores de 19 años. Además, entorno al 10% lo fueron de padres varones mayores de 30 años. Es, por tanto "un fenómeno complejo, poco visible, actual y urgente", aseguran los expertos. El adelanto del debut sexual a los 16 años explica la alta tasa de fecundidad adolescente.

Entre los indicios sociológicos que explican la alta tasa de maternidad adolescente en España los autores de esta investigación destacan el adelanto del debut sexual. "Se adelanta paulatinamente y progresivamente la edad en la que nuestros adolescentes tienen su primera relación sexual completa, ahora a los 16 años de media, unos meses antes la mujer que el hombre". La edad media de la primera relación sexual completa se adelanta en 5,6 años desde la década de los sesenta del siglo pasado. Lo ha hecho paulatinamente, pues en 1996 el debut sexual se producía por término medio a los 18 años. Otro factor a tomar en cuenta es "el concepto juvenil del sexo como un rito de paso y como un evento en el que el chico y la chica afirman su identidad y pertenencia a un grupo de pares". Ambas condiciones se dan de manera generalizada en la sociedad lo que explicaría la generalización del fenómeno. "Ahora no es un asunto exclusivo de gitanas y migrantes, también es asunto de las clases medias", asegura Gentile. La investigación sugiere también que los embarazos juveniles se dan con mayor frecuencia en hogares disfuncionales —de los que las adolescentes buscan una salida hacia un nuevo hogar propio a través de la maternidad— y en chicas con trayectos educativos desfavorables previos al embarazo.

El núcleo central de la investigación comprende el relato de las experiencias de 32 madres adolescentes, todas pertenecientes al medio urbano, 18 de ellas residentes en Madrid y 14 en Zaragoza. Un total de 21 eran españolas autóctonas (4 de etnia gitana) y 11 nacionalizadas españolas, 9 de las cuales de origen latinoamericano y otras 2 de origen africano. Todas tuvieron un embarazo (accidental o voluntario) entre los años 2005 y 2016 con hombres mayores. Todas conocían y tenían acceso a métodos anticonceptivos y menos de la mitad, 12 chicas, siguen manteniendo relación con el padre de sus hijos.

La trampa del amor romántico y el embarazo Las entrevistas en profundidad a estas madres pusieron a los investigadores sobre la pista de un fenómeno poco visibilizado, creen ellos: la conexión de la maternidad adolescente y la violencia de género, y en concreto con "la trampa" de 'mito del amor romántico'. "Esta cuestión (la violencia de género entre los jóvenes) es muy seria y actual", se lee en el estudio, "los procesos judiciales por violencia machista en adolescentes aumentaron un 30% entre 2011 y 2012" y "un 25% de las chicas de 16 y 17 años declara en la macroencuesta de violencia contra la mujer que ha sufrido violencia psicológica de control, frente al 9,6% de la media de todas las encuestadas". Los expertos recuerdan que la violencia de género entre los jóvenes no se manifiesta principalmente de forma física, sino también simbólica o emocional.

Y han planteado como una interpretación posible en las maternidades analizadas la persistencia de "la trampa del mito del amor romántico", que se traduce en adolescentes que se quedan embarazadas sin desearlo y tras la asunción de riesgos en el ámbito de la sexualidad como forma de retener a sus parejas porque así creen sentirse más amadas y valoradas como mujeres. "Aceptan una entrega completa a la relación, ante el pensamiento de que, llegado el caso, un niño en común los unirá para siempre. Y eso resulta la trampa", explica el autor del estudio. Un argumento que se repetía entre las madres adolescentes era que con sus parejas no usaban preservativo por iniciativa masculina. "Bien porque decían que les restaba placer físico (a ellos) o porque si se utilizaba entonces ellas no demostraban verdaderamente que los querían".

La persuasión o imposición masculina conllevó, en estos caso, el nacimiento de un hijo del que se hizo responsable casi siempre en exclusiva la madre, porque el embarazo causó una situación a menudo de estrés que les llevó a romper la relación, según el estudio. De las 32 chicas, 30 volverían a quedarse embarazadas, pero no en las condiciones en que lo hicieron. No sufriendo violencia o no con aquel novio Los efectos de este modelo ideal de amor romántico en la vida sexual de una pareja pueden ser "devastadores" para ellas, inciden, por ejemplo "cuando el varón no corresponde a los sentimientos de su compañera pero los manipula para llegar a satisfacer sus deseos eróticos, se despliega un chantaje emocional que acaba afectando a las esferas más íntimas y menos visibles de la relación". Cuatro de las madres del estudio viven inmersas en procesos de denuncia por malos tratos, y la expareja de una quinta está en prisión por agresiones físicas. Sus relatos evidencian rasgos en común, como pocas relaciones sociales y una convivencia familiar difícil.

Unos noviazgos controladores, en los que ellos apostillan todo lo que ellas hacen o dicen y se vuelven intrusivos, cambiando el rumbo de su cotidianeidad. "Pues al principio todo muy bien, pero luego pues como que empezó a hacer un poco en plan machista, me empujaba y con golpes también, incluso estando embarazada (...).

Un día me pegó en la calle y con el cable, con el teléfono de una cabina. ¿Qué pasa? Que yo en esa época no sé que me pasaba pero yo le veía, aunque él me hiciera eso, como un Dios", refiere una de las adolescentes. El deseo de proteger a los hijos de un entorno violento será la razón principal por la que todas consiguen romper el vínculo con el padre y expareja. Los investigadores creen insuficiente basar la educación afectivo sexual de los adolescentes españoles en la información sobre métodos anticonceptivos. "No garantiza eficiencia. Lo que se requiere ahora es más prevención.

Se trata de educar en un marco de igualdad, de corresponsabilidad entre chicos y chicas, de empoderar a las mujeres para que establezcan relaciones sanas en las que ambos crezcan en su personalidad y que sean conscientes no solo de cómo prevenir un embarazo no deseado, sino de cómo llevar una relación afectivo-sexual sincera y respetuosa", recomiendan en el capítulo de las conclusiones. También apelan a que la escuela detecte "violencia o asimetría en las relaciones, si hay esa transmisión del mito romántico". El sociólogo Gentile destaca cómo "de las 32 chicas (del estudio), 30 afirman que volverían a quedarse embarazadas, pero no en las condiciones en que lo hicieron. No sufriendo violencia o no con aquel novio, nos dijeron. Eso sí, no reniegan del embarazo y al hijo les une un amor incondicional. Ellas ahora son lo que son por lo que han afrontado y se reivindican mucho más empoderadas", resume el autor del estudio.


lunes, 27 de marzo de 2017

La implicación de los hombres en el uso de los anticonceptivos

La anticoncepción es una cuestión que tradicionalmente se ha atribuido al género femenino. Nuestra sociedad está evolucionando y, aunque aún queda mucho por avanzar, las diferencias entre los roles de género cada vez se diluyen más. Si la posibilidad de un embarazo no planificado es algo que concierne a los dos miembros de la pareja, los hombres también pueden y deben proponer el uso o el cambio de los anticonceptivos.

En una relación sexual se unen aspectos físicos y emocionales, por lo que conocer cómo funciona nuestro cuerpo y ser plenamente conscientes de las decisiones que tomamos, por ejemplo, a la hora de elegir los anticonceptivos, es clave para una buena salud sexual.
Los miedos más frecuentes que se plantean en ambos géneros son las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y la posibilidad de un embarazo no planificado, si bien es cierto que este último es mayor en la mujer, que será quien experimente los cambios a nivel físico, emocional, laboral y social.

La “Guía masculina de la anticoncepción”, elaborada por la web “Píldora del día después”, nace como una herramienta para obtener información ante cuestiones como la elección de un método anticonceptivo, cuándo puede ser el momento de cambiarlo y cómo actuar ante una relación desprotegida o un fallo en el preservativo.

Según los datos obtenidos por esta web, la tendencia es que los hombres cada vez más quieren implicarse en saber cómo funcionan los anticonceptivos.

Anticonceptivos para hombres

La gran mayoría de los métodos actuales están diseñados para la mujer, ya que, hasta ahora, la fisiología masculina ha sido menos estudiada.

Existen dos métodos anticonceptivos masculinos, el preservativo y la vasectomía que son los más eficaces. El primero es el más utilizado a cualquier edad y el único que previene las ETS, mientras que la vasectomía es la técnica más económica a largo plazo cuando no se desean tener más hijos.

El coitus interruptus o marcha atrás, que aún se utiliza con bastante frecuencia, no debe considerarse un método anticonceptivo y se desaconseja rotundamente su uso, ya que desde el momento en el que se inicia la erección, empieza a salir por la uretra el líquido preseminal que, aunque en menor cantidad, también lleva espermatozoides, con el consiguiente riesgo de embarazo no deseado.

Ante la creencia de que el preservativo afecta a la calidad y a la consecución del placer sexual al “interrumpir” la relación sexual a la hora de colocarlo, la guía propone convertirlo en algo estimulante y positivo si la pareja lo une al erotismo, la fantasía y el juego sexual.

El uso del preservativo también exige un cumplimiento y los errores más habituales que se suelen cometer son no utilizarlo en todas las relaciones sexuales y no sujetarlo en la retirada, por lo que puede quedar retenido.

Ante cualquier duda sobre si el preservativo está seco, si el envoltorio está mal estado o si ha excedido su fecha de caducidad, se recomienda no arriesgarse y sustituirlo por otro.

En el caso de la vasectomía, los expertos señalan que su uso no influye en la experiencia sexual, ya que la cirugía no afecta a la erección ni a la eyaculación.

En general, reducir la preocupación de un embarazo no planificado supone que la relación sexual mejore.

Uso inadecuado o inconsistente

Actualmente, muchos embarazos no planificados están asociados a un uso inadecuado o inconsistente de los métodos anticonceptivos, por lo que existe un importante desconocimiento en la población sobre su uso correcto.

En cuanto a la píldora, lo más habitual es que se produzcan olvidos en la toma, por lo que se recomienda tomarla siempre a la misma hora o con alguna comida.

La elección del anillo vaginal o de los parches implica el cumplimiento de los periodos de colocación y retirada.

Otros, como el DIU, la vasectomía o la ligadura de trompas, son de larga duración o definitivos, y se emplearán según la necesidad y, en todo caso, bajo la supervisión de un médico.

Ambos miembros de la pareja deben estar implicados activamente en la anticoncepción. Según la guía, cuando se ha decidido utilizar un método anticonceptivo femenino, el apoyo a la mujer incrementa el cumplimiento y disminuye el riesgo de abandono.

En caso de embarazo no planificado, la píldora del día después es un anticonceptivo de urgencia de libre dispensación en las farmacias españolas, aunque en ningún caso debe emplearse de manera rutinaria.

Consejos para una vida sexual sana

La guía establece una serie de consejos dirigidos a los hombres para llevar una vida sexual sana. Estos son algunos de ellos:

Entender los métodos anticonceptivos como una protección y no como una obligación frente a los embarazos no planificados y la prevención de las ETS. Son mayores los beneficios que los inconvenientes que pueden suponer.

Utilizar los métodos de anticoncepción de urgencia (píldora del día después), siempre sin llegar al abuso, ya que para eso existe la anticoncepción regular, que ofrece una mayor eficacia.

Es esencial elegir el método anticonceptivo que mejor se ajuste al estilo de vida personal, para que resulte más fácil su cumplimiento.

Consultar a médicos y especialistas si se tienen problemas de salud sexual, ya que pueden tratarse.

Cuidar las fuentes de información y asegurarse de que sean válidas, seguras y actualizadas, especialmente en Internet.

Llevar un estilo de vida saludable puede mejorar la vida sexual, y el consumo de sustancias y alcohol puede llevar a la realización de prácticas arriesgadas.