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miércoles, 5 de septiembre de 2018

Adolescentes: ¿Están preparados para su primera vez?

La primera relación sexual de los adolescentes tiene lugar cada vez más pronto, pero sigue rodeada de ignorancia, mitos y malentendidos. El porno deforma sus expectativas, por lo que llegan desinformados, ansiosos y con poca ternura.
El dolor y la penetración: es lo que más preocupa a chicos y chicas ante su primera relación sexual. "Así es difícil entender que el placer no tiene nada que ver con eso", comenta Raquel Hurtado, responsable del Área de Intervención Social de la Federación de Planificación Familiar de Madrid, que atiende consultas de jóvenes menores de 29 años de toda España. Así que el tiempo pasa, pero hay mitos o preocupaciones que permanecen invariables entre generaciones, porque en la era de Internet, el flujo de información es constante y masivo, pero sigue sin ser el adecuado.
"Hoy, los jóvenes tienen más acceso a la información sexual, a través de las redes sociales principalmente, pero no es fidedigna, y llegan a su primera relación con presiones afectivas y psicológicas parecidas a las de hace unos años", explica por su parte Mónica Poblador, psicóloga experta en sexualidad del Gabinete Álava Reyes, de Madrid. "Ambos sexos ponen mucho más peso en la imagen corporal y en el "cumplimiento" sexual que en la naturalidad, la comunicación, la complicidad y la experimentación. Los estereotipos y mitos sexuales se siguen manteniendo". Y también los riesgos: según el Barómetro del ProyectoScopio, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, casi la mitad de los chicos y chicas encuestados (1.200 entre 15 y 29 años) dice haber tenido relaciones sexuales sin preservativo; y el 26% afirma hacerlo siempre o casi siempre.
Sexo, mentiras y píxeles
Por otro lado, según Hurtado, "los jóvenes también siguen valorando mucho la sexualidad en sí, no solo en lo que se refiere a la preocupación por su salud o por su rendimiento, sino también porque quieren vivirla de la forma más positiva posible. Les preocupan cuestiones que tienen que ver con su autoestima, con sus relaciones y qué pueden hacer para que su primera vez sea lo mejor posible". Les interesa, en definitiva, desarrollar las habilidades sociales necesarias. Pero no les resulta fácil aprenderlas en el sitio correcto. "Los chavales toman nota de lo que les dicen sus amigos y carecen de habilidades para desenvolverse", explica Raquel. Y a los 16 años y medio –la edad media de la primera relación sexual en España, según datos de 2017– no es fácil adquirir esas habilidades a la hora de relacionarse, y menos en el sexo. Y la escuela no cubre ese vacío".
En esa falta de información, entra lo que hace unos años era impensable: un consumo, que puede llegar a ser masivo, de pornografía, que acaba imponiendo unos modelos en ocasiones llenos de violencia, que no tienen que ver con lo real.
"Con la pornografía, la gente joven entiende que hay una forma concreta de tener relaciones, con papeles muy rígidos para hombres y mujeres, con un ideal de belleza determinado y con prácticas concretas. Pero, desgraciadamente, ellos no suelen tener medios para diferenciar entre la ficción de la pornografía y la vida real", explica Hurtado. En un mundo donde el consumo de pornografía bate récords –en 2017 hubo 28.500 millones de visitas a Pornhub y se consumieron lo equivalente en videos a 68 años de vida sin interrupciones, según la revista Forbes–, los jóvenes no se quedan al margen, al revés, son consumidores llenos de expectativas: el 85,9% de chicos y chicas ha consumido alguna vez cibersexo, a partir de los 12 años, según un estudio publicado en la revista INfad de Psicología.
Un peligro derivado del consumo de porno en Internet son los contactos que allí se generan, voluntaria o involuntariamente. "El hecho de poder acceder a contactos sexuales sin revelar tu identidad real, desde tu propia casa, sin correr riesgos de infecciones de transmisión sexual o embarazos no deseados, de forma fácil y con bajo coste ha hecho que este tipo de relaciones sexuales se hayan extendido en los últimos años –explica la psicóloga Mónica Poblador–. Todo ellos contribuye a que los jóvenes se hagan una idea irreal y encorsetada de lo que es el sexo, y no salgan a la calle a ligar en actividades sociales, deportivas, culturales o en las cafeterías de las facultades, porque dichos contactos requieren "más esfuerzo" y no aportan tanto placer inmediato".
Otras ideas erróneas que fomenta la pornografía es que sexo y afecto van por separado, que las chicas han de responder siempre a los deseos de ellos, o que el sexo con violencia puede ser placentero.
"Nosotros percibimos que, por la pornografía, pero también las películas estereotipadas y los tópicos de las redes sociales, la gente joven se forma en su cabeza una manera estereotipada de tener relaciones y quieren hacerlo como siguiendo unas reglas, y eso preocupa más que el propio deseo o el placer –continúa Hurtado–. Genera en ellos la idea de que hay una forma correcta y otra incorrecta de disfrutar o de tener orgasmos, por ejemplo". Encuentran en ella lo que necesitan: un manual de uso. Salvo que es un manual viciado.
Muy preocupante es el aumento, en los últimos años, de las actitudes machistas. Las chicas sienten cierta inseguridad ante la dificultad para decir no frente a relaciones sexuales no deseadas o planeadas. Y hay más chicos y chicas que piensan que los celos o el control son una muestra de amor. Canciones, películas, novelas y series ofrecen un modelo de romanticismo que impide la independencia del otro y refuerzan esta idea.
De hecho, según los estudios, la mayoría de los jóvenes tienen muchas dificultades para percibir el sexismo en la publicidad, por ejemplo. Una tesis doctoral publicada en la Universidad del País Vasco advierte de que solo un 34% de los jóvenes que participaron en el estudio se mostró capaz de hacerlo. "El sexo tiene que ver con la autoestima y con el respeto al otro y eso hay que entrenarlo y trabajarlo con la educación, no es suficiente con hacer un folleto", dice Raquel Hurtado. También están aumentando los problemas de pareja entre los más jóvenes, con disputas que terminan en conductas agresivas por parte de ambos, debido a los celos o por el uso de las redes.
Quizá, lo primero que deberían aprender es que no hay una sola primera vez, sino que hay muchas: el primer beso, la primera caricia, la primera sensación de deseo. Y que eso lleva a la relación sexual, que es una parte más. Algo llamativo, por ejemplo, es que suele haber mucha diferencia entre la edad de la primera relación con penetración y la siguiente relación. "Es como si la primera relación se produjera por presión del entorno o del grupo y la siguiente vez ya fuera parte del deseo voluntario", dice Raquel Hurtado.
La teoría no basta
El temor al embarazo y, en menor medida, al contagio del VIH, sigue siendo un clásico de la sexualidad adolescente, según explica Raquel Hurtado, responsable del Área de Intervención Social de la Federación de Planificación Familiar de Madrid. "Muchos chicos saben que hay que usar preservativo, pero no basta con saberlo, porque no saben cómo proponérselo a la pareja y cómo introducirlo en el juego sexual, sin resultar un aguafiestas. Esto es lo que necesitan muchos jóvenes: habilidades sociales en sus relaciones sexuales. Eso que da la educación sexual y que debería ser parte del currículum escolar".
Como la educación sexual no está incluida entre las materias escolares en España, la Federación trabaja directamente con los jóvenes a través de Talleres de Educación Sexual que convocan algunos centros escolares, ayuntamientos o asociaciones juveniles. También da información y atiende consultas en cuatro centros –Madrid, Albacete, La Coruña y Barcelona–, de personas menores de 29 años, por teléfono, on line o en consulta. Atienden, al año, a unos 10.000 jóvenes de toda España. Uno de los temas que se trabajan más en los talleres es el de la diferencia entre la vida real y la pornografía. "Tenemos casos, a menudo, de chicos y chicas que no saben cómo se llaman los genitales de la chica, pero sí conocen una práctica sexual que han visto en una página pornográfica", explica Raquel Hurtado. Los grupos suelen empezar con un juego en el que cada participante se presenta y dice una palabra relacionada con la sexualidad que empiece con la inicial de su nombre. "Más del 30% menciona conceptos que tienen que ver con la pornografía, con prácticas o posturas", dice.

viernes, 19 de enero de 2018

Humor y feminismo para combatir los tabús

La 'clown' Virginia Imaz reflexiona sobre estereotipos en las relaciones sexuales con su espectáculo cómico 'Sex o no sex'.

Dice Virginia Imaz que la nariz de payaso le creció al tiempo que la conciencia feminista. La clown vasca, antes artista de tragedias, se decantó hacia el humor para tratar la realidad con un tono "más sano", y se propuso, desde entonces, hacer de las risas no solo un entretenimiento, sino una herramienta social. Los estereotipos de género, las etiquetas y las dificultades de las relaciones humanas son ahora la diana hacia la que lanza sus chistes que, a partir de las 20.00 horas de este jueves, se dirigirán hacia el sexo en el centro Ágora, donde actuará como parte de su espectáculo Sex o no sex.

"Es un show en código clown, en el que me río de mí misma sobre muchos de los cuentos que me fui creyendo en el tema del sexo", explica la artista, que se meterá en escena en la piel de la payasa Pauxa. Desde su personaje, y sobre escena, la clown compartirá con el público sus reflexiones sobre las relaciones sexuales, cuestionando los roles que se imponen desde la sociedad con una perspectiva de género y reivindicando "la asignatura pendiente del placer sin culpa". "Los hombres y las mujeres hemos sido educados en una doble moral en el tema del sexo. Un chico con muchas relaciones es un Don Juan, es un valor positivo, pero en las mujeres es algo para descalificarlas", cuenta.

La regla, la masturbación y la menopausia serán otros de los temas que la artista tratará junto a este "doble rasero". El objetivo de la clown es normalizar la cuestión sexual y hacer que el público reflexione sobre ella para acabar con los estereotipos y silencios que la rodean. "Son temas tabú. En los últimos años han cambiado mucho las cosas pero, como se ha hablado tan poco, muchas veces no sabemos en qué tono hacerlo", dice la artista, para la que la desinformación es especialmente "peligrosa" cuando afecta a la juventud. "La información se encuentra a través de las redes, pero a veces ofrecen un espejismo que no se corresponde con la realidad. Si no les contamos otra cosa, crecen con esas mentiras tóxicas", añade.

Para combatirlas, Imaz se vale del humor. La payasa rompe mitos desde un juego clown que, en su "inocencia", se transforma en la herramienta ideal para abordar asuntos que han quedado durante años guardados en la recámara. "Es muy liberador para el público. Permite a la gente identificarse, porque además es amable. Parte de reírme de mí, no de otros", comenta la artista, que intentará, como en todos sus espectáculos cómicos, "crear conciencia".

Esta vertiente didáctica de sus piezas, centrada en trabajar la igualdad entre sexos es precisamente lo que le ha valido el Premio Emakunde a la igualdad 2017, que recibirá en abril de este año. Que se lo concediesen fue para Imaz una "alegría enorme" y un "reconocimiento" a sus "30 años de trabajo", caracterizados por una defensa feminista que no percibió claramente hasta pasado un tiempo. "Al principio no era muy consciente de estar haciendo una reivindicación feminista ni de mi propio proceso de empoderamiento. No sabía que podía ser inspirador para otros", comenta la clown, que ve en escena obras "cada vez más concienciadas con la desigualdad" de género, pero marcadas todavía por la ausencia de la voz de la mujer. 

El sexo femenino, asegura Imaz, se encuentra aún "infrarepresentado" en el mundo del espectáculo, especialmente en el terreno del humor. "Hay muy pocas mujeres cómicas, y es difícil que presenten su propio programa", lamenta la payasa, que se ha centrará en el lenguaje sexista en su nuevo espectáculo. Incomunicando estará en los teatros a partir de marzo, para seguir cuestionando, desde la carcajada, los límites propios e impuestos.




domingo, 19 de noviembre de 2017

El catálogo de Toy Planet vuelve a recordarnos que los juguetes no saben de género

Un año más regresan los catálogos sexistas, pero hay excepciones

La Navidad se acerca y con ella, como todos los años, la polémica por el sexismo en los juguetes. Ningún juguete es sexista de por sí, pero puede serlo la forma en que se promociona o expone. Por ejemplo, si los robots solo se presentan junto a niños y las muñecas, junto a niñas. Una de las denuncias con más eco en estos días ha sido la de la actriz Leticia Dolera, que acusa directamente al catálogo de Hipercor.

En este enlace puedes consultar el catálogo de Hipercor para este año. Aunque hay contadas excepciones (algunos niños jugando con cocinitas o alguna niña disfrazada de bombera), la mayoría del catálogo sigue la pauta denunciada por la actriz. En las páginas del catálogo encontramos las muñecas de Nenuco. Hay una petición en Change que reclama a esta empresa "no más catálogos sexistas por Navidad".

Muchos coches y ninguna niña

Las quejas en redes sociales se han volcado este año contra Hipercor, pero en el pasado se han centrado en compañías como Carrefour o Lidl. "La existencia de secciones divididas en jugueterías para niños y niñas puede parecer inofensiva, pero su impacto no termina en la tienda. Desincentivar a una niña a leer un libro de dinosaurios puede traducirse mañana en que esta niña no escoja una carrera porque es para varones", opina en De Mamas & De Papas, la página sobre crianza de EL PAÍS, Clara Alemann, especialista en desarrollo social con una perspectiva de género.

Según indica The New York Times, la separación entre géneros es mucho más clara ahora que hace décadas. Un estudio citado por el diario estadounidense muestra cómo un catálogo de Sears de 1975 solo tenía un 2% de los juguetes publicitados de forma clara para niños o niñas, mientras que en 2012, todos los productos de la tienda online de Disney lo estaban. Y podemos retroceder aún más en el tiempo. Hasta la Primera Guerra Mundial se usaba el blanco tanto para niños como para niñas y, antes, el rosa se prefería para los niños y el azul para las niñas, según explicaba la historiadora Jo B. Paoletti en Pink and Blue: Telling the Girls from the Boys in America. El rosa se empieza a asociar con las niñas en los años 80.

Hay empresas que sí intentan romper los estereotipos de género. El mejor ejemplo es la cadena de jugueterías Toy Planet, que ha difundido su catálogo 2017, en el que aparecen niños jugando con muñecas y niñas con herramientas de bricolaje. La empresa española arrancó esta iniciativa contra el sexismo en 2014. En 2016 dio un paso más, visibilizando la diversidad funcional con fotos de niños con síndrome de Down en el catálogo. "Mientras haya personas que se sigan sorprendiendo por ellos, nuestros catálogos seguirán siendo necesarios", dice a Verne por teléfono el director general de la compañía, Ignacio Gaspar.

"En 2013 nos empezamos a percatar de que teníamos que hacer algo. Nuestros seguidores en Facebook y en Twitter nos comentaban que algunas de las fotos de nuestro catálogo podían resultar sexistas. No hicimos mucho caso, lo que fue un error, pero cuando vimos que se convertía en algo recurrente abrimos los ojos", añade Gaspar.

Empezaron con una campaña en redes sociales y después ampliaron la idea a su catálogo de papel. Esta vez han captado más atención en redes sociales que en años anteriores. "Así sí", ha opinado en Twitter Leticia Dolera, una de los muchos usuarios que han aplaudido a Toy Planet. "Repartiremos 1.800.000 catálogos en toda España", dice Gaspar.
"Algunas personas nos acusan de forzar la igualdad, con más niños jugando con muñecas que niñas. Nuestra respuesta es muy sencilla: ante la cantidad de cambios que todavía exige la sociedad, mejor pasarnos por exceso que por defecto", añade Gaspar. El director general de Toy Planet asegura que sus catálogos inclusivos han mejorado la imagen de la empresa, "pero no han influido en las ventas". De ahí que nos preguntemos por qué otras empresas no hacen lo mismo. "No lo sé, pero estaríamos encantados de que nos copien", dice.

La iniciativa de Toy Planet cuenta con algún precedente: hace cinco años Top Toys, franquiciada de Toys 'R' Us en el norte de Europa, publicó un catálogo para el mercado sueco en el que también se intercambiaban los roles de género, con niños peinando muñecas y niñas empuñando pistolas de dardos. Hasta el punto de que en la versión danesa del catálogo aparecía una niña con una camiseta rosa que en Suecia y por arte de Photoshop pasaba a ser azul. Una campaña de Audi que muestra a una muñeca que quiere conducir en una juguetería acaba de recibir el gran premio a la Eficacia que otorga la Asociación Española de Anunciantes (AEA).


La estereotipos de género se construyen durante los primeros diez años de vida

La concepción de que las niñas son más vulnerables que los niños, como mero argumento a la "protección", puede acarrear consecuencias terribles a las niñas, que pueden llegar a justificar posibles casos de sumisión o abuso físico.

Los estereotipos arraigados con el género se consolidan a una edad temprana de nuestra vida, a los diez años de edad, independientemente de la situación económica familiar. Así lo ha publicado este miércoles por la Global Early Adolescent Study, en el que colabora la Organización Mundial de la Salud (OMS), como parte de una colección de artículos que se publican en el 'Journal of Adolescent Health'.

Expertos en salud pública de todo el mundo han colaborado para aprender cómo esta variedad de estereotipos de género impuestos culturalmente durante mucho tiempo están asociados con un mayor riesgo de problemas de salud mental y física.

"Encontramos que los niños a una edad muy temprana (desde las sociedades más conservadoras a las más liberales) rápidamente interiorizan este mito de que las niñas son vulnerables y los niños son fuertes e independientes", destaca el director del Global Early Adolescent Study, Robert Blum, profesor en la Universidad Johns Hopkins. "Y este mensaje está siendo constantemente reforzado en casi todos los momentos, por hermanos, compañeros de clase, maestros, padres, cuidadores, parientes, clérigos y entrenadores".

"Rápidamente interiorizan este mito de que las niñas son vulnerables y los niños son fuertes e independientes"

Para el estudio, se realizaron durante cuatro años una serie de entrevistas a 450 jóvenes adolescentes de Bolivia, Bélgica, Burkina Faso, China, República Democrática del Congo, Ecuador, Egipto, India, Kenia, Malawi, Nigeria, Escocia, Sudáfrica, Estados Unidos y Vietnam. Según Blum, el trabajo muestra una necesidad de repensar las intervenciones de salud de los adolescentes, que suelen centrarse en los jóvenes de 15 años o más, para que se dirijan a un grupo de edad mucho más joven.

"Los riesgos para la salud de los adolescentes están condicionados por comportamientos basados en roles de género que pueden estar bien establecidos en los niños cuando tienen 10 u 11 años de edad", afirma la profesora asociada e investigadora principal en el estudio, Kristin Mmari. "Sin embargo, vemos miles de millones de dólares en todo el mundo invertidos en programas de salud para adolescentes que no se ponen en marcha hasta que tienen 15, y para entonces es probablemente demasiado tarde para marcar una gran diferencia", lamenta.

Desigualdad a la fuerza

Las entrevistas revelaron que, en todo el mundo, los niños y las niñas están equipados con "camisas de fuerza de género" a una edad muy temprana, con consecuencias negativas que son particularmente peligrosas para las niñas. Los científicos descubrieron que las restricciones basadas en el género racionalizadas como "protección" a las niñas, en realidad las hacían más vulnerables haciendo hincapié en la sumisión y sancionando implícitamente incluso con abuso físico como castigo por violar las normas.

Igualmente, observaron que "en muchas partes del mundo" estos estereotipos dejan a las niñas en mayor riesgo de abandonar la escuela o sufrir violencia física y sexual, ser obligadas a casarse siendo niñas, quedarse embarazadas a una edad muy temprana y contagiarse con el VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

En 14 de las 15 ciudades, niños y niñas afirmaban que el niño era el que debía tomar la iniciativa en una relación.

Por ejemplo, los investigadores descubrieron que los niños, tanto en Nueva Delhi como en Shanghai, hablaban de que se les animaba a pasar tiempo fuera del hogar en una exploración sin supervisión de su entorno, mientras que las niñas dijeron que se les recomendaba quedarse en casa y hacer tareas. Las chicas y los chicos de ambas ciudades hablaron de las vergüenzas y las palizas que sufrían quienes intentaban cruzar la brecha.
En todas menos una ciudad, Edimburgo, Escocia, tanto los niños como las niñas tenían claro que era el niño el que debía tomar la iniciativa en cualquier relación. En todos los escenarios, las jóvenes reconocieron la existencia de un énfasis constante en su apariencia física y sus cuerpos como su activo clave. "En Nueva Delhi, las chicas hablaron de sus cuerpos como un gran riesgo que hay que cubrir, mientras que en Baltimore las chicas nos dijeron que su principal activo eran sus cuerpos y que tenían que parecer atractivos, pero no demasiado atractivos", explica Mmari.

Los investigadores observaron que sus conclusiones respaldaron trabajos anteriores que revelaron que "durante la adolescencia, el mundo se expande para los niños y se contrae para las niñas". Pero los investigadores señalan que los chicos no salen ilesos, ya que los estereotipos que aprenden en la adolescencia temprana (el énfasis en la fuerza física y la independencia) hacen que sean más propensos a ser víctimas de violencia física y al consumo de tabaco y otras sustancias, así como a cometer homicidios.

Lo femenino como algo inferior

Además, cuando los autores evaluaron las actitudes acerca de los roles de género entre los jóvenes adolescentes de China, India, Bélgica y Estados Unidos, encontraron una aceptación creciente de las niñas rebelándose contra ciertas fronteras de género, pero casi tolerancia cero para los niños que lo hacen. En los cuatro países, parecía ser cada vez más aceptable, en distintos grados, que las niñas se involucraran en ciertos comportamientos masculinos estereotipados, como usar pantalones, participar en deportes y estudiar carreras.

Sin embargo, los autores vieron que "los chicos que desafían las normas de género por su vestimenta o comportamiento fueron considerados por muchos encuestados como socialmente inferiores". Tanto los niños como las niñas dijeron a los científicos que las consecuencias para los niños que se percibía que estaban como adoptando el comportamiento femenino, como pintarse las uñas, iban a ser intimidados y recibir burlas con duros calificativos hasta ser agredidos físicamente.

Esperanza para un cambio

"Sabemos por estudios de investigación y experiencia programática que las normas desiguales de género pueden cambiarse, pero esto requiere intervenciones cuidadosamente planificadas e implementadas que apunten tanto a los jóvenes como al medio ambiente en el que están creciendo y desarrollándose", señala el codirector y científico en el Grupo de Adolescentes y Poblaciones de Riesgo en el Departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la OMS, el doctor V. Chandra Mouli.

Que los estereotipos de género estén tan arraigados en los niños a una edad relativamente joven, es "inesperado".

Mmari señala que, aunque muchos de los estereotipos de género documentados en el estudio no son sorprendentes, el hecho de que sean tan comunes a través de las culturas y las situaciones económicas y estén tan arraigados en los niños a una edad relativamente joven, es "inesperado". A su juicio, la investigación podría ayudar a formar nuevas iniciativas que fomenten una mayor conciencia de las consecuencias para la salud de los estereotipos de género y que se centren en los años de "transición" críticos de la adolescencia temprana.

Por su parte, Blum rechaza el argumento de que en muchas partes del mundo los estereotipos de género son sólo parte de la cultura tradicional y no son susceptibles de cambio, y señala que, aunque todavía luchan con conceptos rígidos de género, en lugares como Estados Unidos y el norte de Europa, las actitudes han cambiado dramáticamente en las últimas décadas.


miércoles, 11 de octubre de 2017

Los estereotipos de género se arraigan en los niños y niñas a los 10 años

Un estudio demuestra que tanto en países ricos como pobres educar en desigualdad a edad temprana puede ser dañino.

A los niños, les gustan los coches. A las niñas, las princesas. Los niños pueden estudiar, las niñas hacen las tareas domésticas. Son estereotipos de género que se establecen en la infancia por parte de padres, profesores, compañeros y la sociedad en general y que se pueden volver dañinos cuando el individuo comienza la adolescencia -sobre los 10 años-. Esta es la principal conclusión del estudio Global Early Adolescent Study, elaborado en 15 países por la Organización Mundial de la Salud y la Universidad de John Hopkins (Baltimore, Estados Unidos). El debate sobre cómo los estereotipos tienen consecuencias negativas en los niños lleva años en la palestra. Padres y educadores que defienden, cada vez más, una educación basada en la igualdad con muchos actores interviniendo para conseguirlo, como son, por ejemplo, las empresas de ropa; las asociaciones por la igualdad, las intervenciones educativas igualitaria o los muchos padres actuales cuya mentalidad difiere de generaciones anteriores. Los expertos aconsejan trabajar en igualdad de género en la infancia y no esperar a la adolescencia.

“Da igual que tu hijo sea de Baltimore, Pekín o Nairobi”, explican los autores de la investigación en la que llevan trabajando seis años, “el inicio de la adolescencia desencadena un conjunto común de expectativas de género rigurosamente impuestas que están vinculadas a un mayor riesgo a lo largo de la vida del individuo, desde padecer VIH o depresión hasta recurrir a la violencia o al suicidio”.

Sí a la ropa sin género, ¿pero vestirías a tu hijo de princesa de ‘Frozen’?

“Hemos hallado que los niños y niñas a muy corta edad -desde en las sociedades más liberales hasta en las conservadoras- interiorizan muy pronto el mito de que las niñas son vulnerables y los chicos son fuertes e independientes”, asegura en un comunicado Robert Blum, director del estudio y asentado en la Universidad Johns Hopkins. “Este es el mensaje que se ha ido reforzando por cada persona, compañero, profesor, cuidador (...) que vive en el entorno del pequeño o pequeña”. Los investigadores observaron que sus conclusiones coincidían con las de trabajos anteriores, que expresan que "durante la adolescencia, el mundo se expande para los niños y se contrae para las niñas".

El análisis denominado It Begins at Ten: How Gender Expectations Shape Early Adolescence Around the World es el primero que explica cómo se construyen las expectativas de género en la adolescencia temprana, de 10 a 14 años, y cómo los menores llegan a la adolescencia, teniendo claro si son niños o niñas en distintos países del mundo, tanto en los más ricos como en los más pobres. Los expertos también verificaron su riesgo en la salud mental y física.

Las conclusiones surgen de entrevistas realizadas en los últimos cuatro años a 450 adolescentes y a sus padres y cuidadores en Bolivia, Bélgica, Burkina Faso, China, La república democrática del Congo, Ecuador, Egipto, India, Kenya, Malawi, Nigeria, Escocia, Sudáfrica, Estados Unidos y Vietnam.

Consecuencias negativas de los estereotipos de género
Las entrevistas determinaron que, alrededor del mundo, tanto niñas como niños están atados a restricciones de género a muy temprana edad que pueden tener graves consecuencias en su vida, siendo peores en las niñas. “Los estereotipos femeninos basados en “protegerlas” las hacen más vulnerables, enfatizando el afán de vigilarlas y sancionándolas físicamente cuando rompen las normas”, continúan los expertos. Lo que les lleva a padecer más abandono escolar, casarse de niñas, embarazos tempranos, infectarse por VIH u otras enfermedades de transmisión sexual. Los niños, en ciudades como Shanghái y Nueva Delhi, por ejemplo, se les “anima a salir de casa sin supervisión, mientras que a las chicas deben quedarse en el hogar y hacer tareas domésticas”. Las chicas y los chicos de ambas ciudades informaron de la vergüenza que sufrían y las palizas que les daban a quienes buscaban cruzar la línea.

En todas las ciudades menos una, Edimburgo (Escocia), tanto los niños como las niñas tenían claro de que era el niño el que debía tomar la iniciativa en cualquier relación. En todos los escenarios, las jóvenes señalaron de forma constante que la apariencia física y sus cuerpos eran su activo clave.
“Es necesario repensar las intervenciones sanitarias y sociales, que típicamente se hacen cuando los menores tienen 15 años o más, y empezar hacerlas más pronto”, continúa Blum. “Los riesgos en la salud de los adolescentes están influidos muchas veces por roles de género establecidos ya a los 11 años”, agrega Kristin Mmari, profesora asociada y autor principal de la investigación. “Vemos como muchos países gastan millones de dólares en programas de salud que no comienzan hasta los 15 años, y creemos que probablemente sea muy tarde para poder marcar en ellos una gran diferencia”, añade la experta en el mismo texto.

“Sabemos gracias a varios estudios, y por nuestra propia experiencia, que las normas sobre las diferencias de género se pueden cambiar, pero esto exige planes de intervención que se ocupen de los jóvenes y de su entorno”, aseguran los autores. Blum niega el argumento de que en varias partes del mundo los estereotipos de género son parte de la cultura y por ello, inamovibles. “Seguimos sumergidos en estereotipos de género muy rígidos, por ejemplo, en sitios de Estados Unidos y partes de Europa, las cosas solo han empezado a cambiar mucho en las últimas décadas. Los cambios se pueden dar, pero requiere voluntad política y una variedad de intervenciones”, agrega. “Y saber que inculcar mitos sobre las diferencias de género a una edad temprana puede llevarles a padecer problemas dañinos en el futuro”.


viernes, 7 de abril de 2017

Dos de cada tres personas consideran que las películas ofrecen una visión distorsionada del sexo

El 50% de la población considera que no ha recibido la suficiente educación sexual en su vida

Dos de cada tres personas consideran que las películas ofrecen una visión distorsionada del sexo, concretamente 44,7 por ciento de las mujeres y el 37,6 por ciento de los hombres, según se desprende del estudio 'Ficción Vs Realidad en el Sexo' realizado por Bijoux Indiscrets, que pretende concienciar a la sociedad sobre la importancia del autoconocimiento para la educación sexual, tanto en mujeres como en hombres.

"La ficción nos enseña una cosa, pero la realidad nos demuestra otra", ha señalado Elsa Viegas de Bijoux Indiscrets, durante la rueda de prensa del estudio, que muestra como las películas pornográficas y románticas tienen una gran influencia en la anhelos, expectativas y comportamientos sexuales de la población.

El estudio muestra que el 62,8 por ciento de las mujeres y el 66,2 por ciento de los hombres consideran que las películas ofrecen una visión distorsionada del sexo, mientras que un 22 por ciento de las mujeres y un 38,2 por ciento de los hombres preferiría que el sexo que practican se pareciera más a las películas porno.

"El cine, incluyendo el porno, nos vende que el placer femenino sólo se consigue mediante penetración, no obstante, casi el 80% de los orgasmos donados en la librería son alcanzados mediante estimulación externa, es decir, del clítoris. Otra discordancia es que en la ficción las mujeres no suelen masturbarse, la única manera de alcanzar su orgasmo es acompañadas, sin embargo más de la mitad de los orgasmos donados son grabados a solas", explica Viegas.

Viendo estas contraposiciones, añade, "no es una sorpresa que muchas mujeres lleguen a sentirse frustradas cuando no alcanzan el orgasmo con sus parejas; o lleguen a pensar que tienen problemas físicos; problemas que pueden resolverse con información real capaz de borrar prejuicios y tabúes sociales".

De hecho, aproximadamente, el 50 por ciento de los encuestados afirma que no ha recibido la suficiente educación sexual en su vida. Asimismo, un 60 por ciento ha afirmado que tuvo su primera relación sexual entre los 15 y los 20 años, mientras que el 24 por ciento afirma solo haber tenido una pareja sexual en toda su vida, frente al 12,8 de los hombres. Ambos sexos coinciden - 59% mujeres, 64% hombres- al afirmar que sus relaciones sexuales son más placenteras ahora que cuando se iniciaron de jóvenes.

El estudio muestra además que el 22,5% de las mujeres españolas no llega al orgasmo nunca o casi nunca durante las relaciones sexuales y muchas se sienten tan presionadas para alcanzarlo (y alcanzarlo del modo en que sus parejas masculinas están esperando) que el 52 por ciento acaban por fingirlo de vez en cuando, y el 11,8 por ciento siempre, algo de lo que, por supuesto, el 84 por ciento de los hombres no son conscientes.

"Hay muchas personas con dificultades para llegar al orgasmo en pareja. Muchas de estas personas lo consiguen con facilidad masturbándose a solas pero, cuando están en la cama con sus parejas, no lo consiguen. Aunque es frecuente escuchar esto en boca de mujeres también hay muchos hombres a los que les sucede", ha explicado Ana Lombardía, sexologa y terapeuta de Sex Academy.

"La gran mayoría de las mujeres ha fingido un orgasmo en uno u otro momento de su vida. A veces llega un momento en que estas mujeres se cansan de simular su placer y quieren empezar a disfrutar de verdad", se lamenta.

Por otro lado, el estudio muestra que, en promedio, el deseo sexual está más presente y es más intenso en los hombres que en las mujeres. Así, el 24 por ciento de los hombres afirma sentir deseo sexual "continuamente", frente al 6,8 por ciento de las mujeres. Esta necesidad en los hombres les lleva a participar más en prácticas sexuales como ver pelicular pornográficas (18,7%) o tener sexo en grupo (18%).

PROYECTO LIBRERÍA DE ORGASMOS REALES

Durante el acto se ha presentado el proyecto la Librería de Orgasmos Reales, un lugar que ha recibido 1.619.000 visitas, donde se da a las mujeres la posibilidad de grabar y compartir de forma anónima el sonido de su orgasmo real para iniciar una conversación que permita romper los tabúes sobre la sexualidad femenina.

El proyecto cuenta ya con 750 orgasmos reales que proceden de 51 países diferentes, incluidos algunos conocidos por su cultura represora de la sexualidad femenina como India, China, Arabia Saudí o Pakistán y otros más liberados como Corea del Sur o los países occidentales.

De hecho, España, Estados Unidos, Alemania, México y Colombia son las cinco primeras nacionalidades que más han contribuido con sus orgasmos, mientras que Estados Unidos, Alemania, China, España y México han sido sus principales "consumidores", en franjas horarias nocturnas fundamentalmente entre las 21h y las 22h y las 1h y las 2h de la mañana.

Los orgasmos reales se han escuchado más 2,4 millones de veces y han sido compartidos en social media en 4.900 ocasiones, contribuyendo a generar debate acerca de la realidad de la sexualidad de las mujeres.

Las grabaciones, que eran acompañadas de pequeñas descripciones para dar contexto a nuestro estudio sobre la realidad del sexo, han permitido a Bijoux conocer las preferencias de mujeres de todo el mundo respecto a zonas erógenas, lugares preferidos para practicar relaciones o para masturbarse, e incluso sensaciones y estados de ánimo que provoca un orgasmo.

Así, el 74 por ciento de los orgasmos se alcanzaron con la estimulación del clítoris, el 27 por ciento con el punto G, el 19% con senos o pechos y un 4 por ciento jugando con las piernas. Asimismo, la mayoría de los orgasmos de la librería se alcanzaron en soledad (42%) pero también hubo parejas (18%) y algunos tríos (1,1%).

El 13% se grabaron en la cama, un 4,4% en el sofá, el 1,5% en el suelo o 1,1% en la cocina, así hasta alcanzar una larga lista de lugares que incluye el trabajo (1,9%) o un coche (1,2%). Éxtasis (32%), estremecedor (12%) o impulsividad (9,3%) son los principales conceptos que se asociaron a la práctica del sexo en nuestra plataforma.

"Este estudio demuestra que no hay un sólo camino al orgasmo y desmitifica la dicotomía entre clítoris y vagina, por lo que podemos afirmar que el orgasmo es uno y los caminos para alcanzarlo son infinitos, teniendo en cuenta que cualquier parte de nuestra anatomía, si sabemos estimularla, puede llevarnos al éxtasis", señala Silvia C. Carpallo, sexóloga, periodista y escritora.

En su opinión, "las mujeres del estudio nos muestran que tienen muchas técnicas y herramientas para masturbarse, y que no solo lo hacen en la intimidad de su casa, sino que son capaces de buscar su orgasmo en lugares como el coche o el trabajo, quizás como un remedio efectivo contra el estrés y como fuente de bienestar. Parece que cada vez tienen más claro que el autoerotismo no es un tabú, sino que es salud".


miércoles, 1 de marzo de 2017

La hipersexualización de la sociedad: niñas sexis, infancia frágil

Los expertos aseguran que la falsa madurez y el hecho de vivir rodeado de mensajes sexuales afecta a la autoestima

Suena a hipocresía que la sociedad se lleve las manos a la cabeza cuando se plantea el debate de la sexualización cada vez más temprana de la infancia, sobre todo de las niñas. Una sociedad que dice que observa pasmada las fotos que las adolescentes y preadolescentes cuelgan en sus redes sociales, la ropa que visten, el maquillaje que aparece cada vez más pronto. Sólo con observar alrededor queda claro que los más jóvenes beben de un mundo en el que se ha producido una hipersexualización generalizada, donde la sexualidad se ha puesto en el centro con unas connotaciones muy concretas.

En los vídeos musicales, la publicidad, las series o la moda aparece en muchísimas ocasiones este telón de fondo de la hipersexualización (sobre todo de la mujer), los cuerpos como reclamo y como mercancía. En este contexto, en una cultura también muy visual, señala Begonya Enguix, antropóloga y profesora de la UOC, se añaden las redes sociales y el uso que hacen de ellas los chicos y chicas cada vez más jóvenes. Una redes sociales mediatizadas, indica, por la imagen, ya que es la imagen que se proyecta en ellas la que estructura las relaciones y la convierte en una medida del éxito.

Desde edades muy tempranas (que puede empezar incluso antes de los diez años) se atisba el peligro de crecer bajo la falsa creencia de que el éxito social está vinculado a la imagen, explica Amàlia Gordóvil, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación (UOC), y se corre el riesgo en estas edades de perder una serie de valores fundamentales como la espontaneidad, el disfrute o la creatividad.

En los niños se percibe menos porque en este mundo de la infancia se trasladan también los roles de género de los adultos, pero las niñas sí que pueden acabar a la larga actuando como objetos sexuales. Es decir, indica Begonya Enguix, asumir un sistema de relaciones de género en el que ellas están para agradar al chico, al hombre.

Desde edades muy tempranas (que puede empezar incluso antes de los diez años) se atisba el peligro de crecer bajo la falsa creencia de que el éxito social está vinculado a la imagen.

La traslación al mundo de los más jóvenes de esta sociedad hipersexualizada afecta al desarrollo natural de las etapas de la vida, altera el crecimiento durante la infancia, indican los expertos. Las niñas sobre todo aparecen situadas en una falsa madurez que no entienden, rodeadas de mensajes de contenido sexy que puede desembocar en una falta de seguridad, en la construcción de jóvenes frágiles que se sentirán obligadas a librar una batalla con su cuerpo en busca de un ideal inexistente.

La vida centrada en la mirada del otro resta autonomía personal y quemar etapas vitales para niños y niñas, recuerda Gordòvil, psicóloga en el centro GRAT, afecta a la autoestima. Y la separación entre la conducta sexual y la afectiva puede plantear en el futuro problemas relacionales.

Las niñas sobre todo aparecen situadas en una falsa madurez que no entienden, rodeadas de mensajes de contenido sexy.

Hablar de una sociedad hipersexualizada no es hacerlo desde la mojigatería. Se entiende que la sexualidad es libertad y es necesaria también una información sexual adecuada para los más jóvenes. Asimismo, la adolescencia tiene un pulso reivindicativo que se expresa también en las formas de vestir, un momento en el que se producen cambios físicos, la propia imagen cobra importancia y es lógico querer gustar. Pero esto no es sexualización.

La sexualización consiste, según un informe del Parlamento Europeo, en un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual al margen de su dignidad y sus aspectos personales. “La sexualización supone también la imposición de una sexualidad adulta a las niñas y los niños, que no están ni emocional, ni psicológica, ni físicamente preparados para ello”, se indica.

Precisamente el Parlamento Europeo abordó este debate hace cuatro años cuando constató con alarma el aumento del número de imágenes de niños con enfoque sexual. Los puntos trabajados en la comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad planteaban algunas reflexiones sobre las consecuencias de esta erotización, en un trabajo que abarcaba de los seis hasta los trece años.

La influencia negativa de la sexualización en la autoestima, se señalaba, puede llevar a trastornos de alimentación de base psíquica. Y se alertaba, sobre todo, de que este peligro de autoobjetualización “incrementa la posibilidad de conductas agresivas hacia las niñas”. Degradar el valor de la mujer, se subrayaba, contribuye a un incremento de la violencia contra las mujeres y al refuerzo de ac­titudes y opiniones sexistas que a la larga acaban derivando en discriminación laboral, acoso ­sexual e infravaloración de sus logros.

La influencia negativa de la sexualización en la autoestima puede llevar a trastornos de alimentación de base psíquica

COMISIÓN DE DERECHOS DE LA MUJER E IGUALDAD DEL PARLAMENTO EUROPEO

Asimismo, se ponía el acento en el creciente número de niños y niñas que acceden a internet a edades cada vez más tempranas, lo que supone también avanzar el primer contacto con la pornografía.

En el libro American girls (2016), su autora Nancy Jo Sales explica a través del testimonio de decenas de chicas estadounidenses una sociedad en la que todas (pequeñas, jóvenes, mayores) quieren parecer hot. Y donde los sexting rings –en los que fotografías de adolescentes desnudos se comparten en amplios grupos– existen en la mayoría de institutos. Entre otras cuestiones, la autora indica que los niños estadounidenses empiezan a ver pornografía en internet a los seis años, y que la gran mayoría lo han hecho antes de cumplir los dieciocho.

El ejemplo de Vogue

La hipersexualización de la sociedad es un hecho, señala la profesora Begonya Enguix, pero también se debe remarcar que a la par crece la conciencia crítica y la denuncia. Tuvieron repercusión internacional las críticas a Vogue cuando utilizó en el 2011 a una modelo de diez años con ropa y poses de mujer adulta. Desde entonces, la publicación se comprometió a no utilizar modelos menores de dieciséis. En una escala muy distinta, hace unos días las redes reaccionaban contra un disfraz infantil de enfermera sexy que se vendió el año pasado en San Blas (Madrid).

Es evidente que no toda la sociedad compra esta hipersexualización, pero también es obvio que los mensajes se encuentran por todas partes y, por tanto, se filtran en todas las edades. En su estudio El cuerpo de las mujeres y la sobrecarga de sexualidad, la profesora de Sociología del Género (Universidad de A Coruña), Rosa Cobo Bedia, indica que el contexto en el que se produce esta hipersexualización es un “mercado libre y sin límites que ha entendido que los cuerpos de las mujeres son una mercancía de la que se extraen plusvalías necesarias para la reproducción social de los patriarcados y el capitalismo neoliberal”.

Entre otras cuestiones, Cobo indica que tras el éxito del feminismo radical en EE.UU. llegó una dura campaña antifeminista que cuajó en los años noventa con una alianza entre la reacción patriarcal y el neoliberalismo que tuvo “graves consecuencias para las mujeres” en términos de subordinación y explotación económica.

Pero este discurso patriarcal, explica, no sólo reclama la vuelta de las mujeres a la vida doméstica y la exaltación de la maternidad, sino que apela también a la sexualidad femenina. Se apropia de la libertad sexual de los años 60 y 70, pero vista como un “derecho natural” de los varones. Y se rediseña así el ideal de feminidad incorporando elementos explícitos de sexualidad. Bajo el paradigma de la libertad sexual lo que se produce es una ampliación del “marco de derechos masculino”.

Bajo el paradigma de la libertad sexual lo que se produce es una ampliación del “marco de derechos masculino”.

Cobo considera que el atractivo sexual se ha convertido en parte fundamental del nuevo modelo que se exige a adolescentes y mujeres adultas, imágenes sexualizadas que eclipsan otros tipos de representación femenina. Esta presión para que las mujeres hagan de su cuerpo y de su sexualidad el centro de su existencia se manifiesta en una cultura de la exaltación de la sexualidad, en la pornografía y en la prostitución, señala la profesora. La mujer, de nuevo, despersonalizada bajo el discurso de que la sexualización forma parte de la naturaleza femenina.

Pero esto ya no es suficiente. El dominio masculino y el neoliberalismo, indican las expertas, han puesto en el mercado los cuerpos de las niñas. Sólo cabe por tanto la reacción crítica.

La edad y las pasarelas de moda

El debate sobre la edad en la que las chicas modelos pueden subir a las pasarelas ha prendido también en el mundo de la moda y ha llevado en los últimos años a elaborar distintas recomendaciones. El CFDA (Consejo de Diseñadores Americano) aconsejó en el 2012 que la edad mínima para desfilar fuese de 16 años, un consejo que surgió después del estudio realizado por The Model Alliance. Esta plataforma surgida para reivindicar y vigilar los derechos de las jóvenes que trabajan en el mundo de la moda realizó una encuesta entre 240 modelos. Los resultados indicaron que la mayoría (un 54,7%) empezaron entre los 13 y los 16 años, mientras que un 37,3% lo hicieron entre los 17 y los 20 años. La encuesta también reveló que una mayoría de las chicas menores de 18 años nunca o casi nunca están acompañadas por los padres o algún tutor durante su trabajo.

La fundadora de The Model Alliance es la exmodelo Sara Ziff, quien conociendo por dentro la profesión decidió dar un paso al frente para denunciar una industria desregulada en la que no se tiene en cuenta el bienestar emocional de las jóvenes. Y donde, a su entender, las lucrativas carreras de unas pocas supermodelos esconde las duras condiciones económicas de las demás. Ziff denuncia que el acuerdo sobre los 16 años se rompe en muchas ocasiones.

La reflexión del Europarlamento

1. Contexto. El Parlamento Europeo abordó el debate sobre la sexualización de la infancia (sobre todo de las niñas) en el 2012. Cinco años antes lo hizo en Estados Unidos la Academia Americana de Psicología por lo que se considera un problema social que sigue vivo.

2. Violencia. Entre sus advertencias, el Parlamento indica que las manifestaciones de sexualización de las niñas, que pueden llevar a la autoobjetualización incrementan la posibilidad de conductas agresivas hacia ellas. Degradar el valor de la mujer contribuye al aumento de la violencia.

3. Definición. La sexualización no es sinónimo de sexualidad sino que debe entenderse como un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual, siendo valorada en función de su atractivo personal, Supone también la imposición de una sexualidad adulta a los niños, sobre todo a las niñas, que no están preparados ni emocional, ni psicológica ni físicamente para ello. La sexualización choca con el desarrollo natural y saludable de la sexualidad.


sábado, 28 de enero de 2017

Revistas femeninas: Su influencia en la sexualidad y el género durante la adolescencia

No es novedosa la idea donde se afirma que la adolescencia es una etapa del ciclo vital humano llena de inseguridades, dudas y temores gestados a la sombra de la gran cantidad y rapidez de los cambios corporales (y también sociales) que en ella se dan. Los y las que trabajamos en ámbitos circunscritos al campo de la salud  afectivo-sexual lo sabemos muy bien. Estamos muy relacionados/as con este tipo de inseguridades  ya que por un lado (a nivel teórico) han sido ampliamente tratadas y por otro (a un nivel más práctico) estas dudas que nos plantean los/as jóvenes en primera persona, son una constante en el día a día de nuestro trabajo. Apenas han cambiado, se mantienen y repiten en el tiempo. Son dudas casi arquetípicas y muy similares aún con el transcurso de los años (y probablemente lo serán también dentro de otros tantos).

Estas inquietudes a las que me refiero, están asociadas a la falta de conocimientos y de información, con el miedo a lo desconocido y la imperiosa necesidad de saber sobre el novedoso mundo de la erótica (tanto la propia como la ajena), además de con la confusión creada por la vigencia de muchos mitos e informaciones contradictorias en torno a las preguntas más comunes, esas que todos y todas alguna vez nos hemos planteado en relación con la sexualidad y los afectos.
Observamos que hoy en día los intereses de el y la adolescente sobre la sexualidad se siguen centrando principalmente en el coito. Un clásico entre los clásicos, serían los miedos y las dudas relacionadas con lo que llamamos comúnmente “la primera vez” (haciendo referencia a las primeras relaciones coitales y a la pérdida de la virginidad).

Éstas, siguen preocupando a los/las más jóvenes. Las preguntas son las mismas de siempre: ¿me dolerá? ¿sangraré? ¿me podré quedar embarazada?…etc.

Otro punto clave habitual en esa mitología que rodea la idea de sexualidad adolescente serían los miedos y dudas referidas al embarazo. Aquí entrarían todos los mitos e inseguridades relativas a como se pueden o no quedar ellas embarazadas, además del uso de anticonceptivos y su eficacia. El miedo al riesgo de embarazo está muy presente y es una de las grandes inquietudes que tienen los/as jóvenes a la hora de hablar de sexualidad. Sin embargo no lo es tanto el riesgo de infección de enfermedad por transmisión sexual. Para el y la adolescente medio, el placer sin riesgo es entendido principalmente como evitación de un posible embarazo y no como protección de su salud y la de su compañero/a sexual. Es por ello que ésto, se ha de tener muy en cuenta a la hora de trabajar en el plano de la experiencia afectivo sexual como educadores y/o mediadores (tanto formales como informales). Si bien es cierto que uno de nuestros deberes es contestar todas sus preguntas con información veraz, también debemos orientar y concienciar respecto a interrogantes no planteadas por ellos y ellas, pero no por eso menos importantes para su salud sexual.

Otras de las dudas más frecuentes que nos encontramos al abordar el tema de la sexualidad con los y las adolescentes, se podrían resumir en las siguientes categorías:

-Dudas referentes al conocimiento del cuerpo (tanto el propio como el ajeno): ¿Qué es el himen? ¿Es importante el tamaño del pene? ¿ Cuáles son las zonas erógenas?

-La masturbación: ¿Las mujeres se masturban? ¿Es malo si me masturbo mucho? ¿Cuántas veces es normal que un chico se masturbe?

– Los tipos de relaciones (coital, oral y anal) y sus riesgos: ¿Puedo quedarme embarazada si mi pareja ha eyaculado fuera? ¿Debo protegerme en el sexo oral? ¿La mujer disfruta en la penetración anal?

-El orgasmo: ¿Hemos de llegar juntos? ¿Cómo saber si llega la chica al orgasmo?

-Sobre identidad sexual: ¿Soy homosexual/lesbiana si tengo fantasías con personas de mi mismo sexo? ¿La homosexualidad es una enfermedad?

-Las posturas: ¿Qué posturas dan más placer? ¿Cómo es “X” práctica sexual de la que todo el mundo habla?

Sin embargo, se debería aclarar que en los últimos tiempos se observa que van surgiendo y se van formulando otras dudas además de las descritas, y que son otras también las inquietudes que nos plantean los/as jóvenes. Esto hemos de entenderlo con total naturalidad, ya que no es sino una consecuencia lógica de los cambios dinámicos y de forma de relación propios de nuestra actual sociedad. Hemos de tener en cuenta y no olvidarnos nunca (puesto que se tiene tendencia a ello) que los y las adolescentes son parte integrante activa de dicha sociedad. Por lo tanto, es obvio que no son los/as mismos/as que los de hace unos años, de la misma forma que no lo es su entorno, ni sus recursos, con lo cual  tampoco lo serán sus miedos y por lo tanto sus intereses. Es tras esta reflexión,  cuando se hace necesario ampliar las miras de nuestro campo de actuación a la hora de satisfacer sus necesidades y por ello se ha de  trabajar desde una perspectiva que tome en cuenta sus intereses actuales para garantizar de forma íntegra su salud afectivo-sexual.

La llamada Sociedad de la Información en la que vivimos ofrece muchos recursos debido a la amplitud de su alcance dentro de la cultura de masas. Sin embargo dichos recursos pueden llegar a ser desinformativos. Desde ellos se difunden realidades muy distintas sobre el mismo hecho. Ésto contribuye por un lado a perpetuar los miedos y las inseguridades “de siempre” y por otro a crear algunos más novedosos dentro de un contexto de sobreinformación descontextualizada. De esta manera nos encontramos muchas veces que  la forma en como se trata la sexualidad humana es en muchos casos incongruente y/o deslabazada. Así, actualmente nos encontramos una sexualidad presentada en una especie de categorías independientes entre si: como medio de reproducción por un lado, como fuente de placer por otro, como una forma más de aceptación social, como diversión/entretenimiento, como vulnerabilidad ante el contagio de enfermedades, etc.

Conociendo las fuentes de aprendizaje de los/as adolescentes desde una perspectiva de género.

Los mensajes que se reciben de los mass media y los modelos que estos nos ofrecen en el campo de la sexualidad son contradictorios. Un ejemplo ilustrativo lo podemos encontrar hojeando cualquiera de las denominadas revistas femeninas para mujeres jóvenes que actualmente hay en el mercado. El trato que recibe la sexualidad desde estas publicaciones es muy ambiguo y está lleno de esas contradicciones a las que hago referencia. Aunque a simple vista se pueda creer lo contrario (ya que parece que venden un modelo de mujer activa, independiente y con iniciativa) las mujeres son definidas en función de su éxito seduciendo a los hombres. La idea que subyace en sus reportajes es que son ellos “el primer sexo” y que la mujer sólo existe de forma secundaria al hombre: la moda, el maquillaje, la dieta y la sexualidad están normalmente orientadas a agradar y a capturar la atención del género masculino.

Observamos como desde estas páginas se imparten cursillos “prácticos” sobre sexualidad. Vienen en forma de consejos que valen para cualquier lectora y que no hacen más que homogeneizar al público objetivo que consume estas publicaciones, además de reforzar y perpetuar los estereotipos de género preexistentes y marcar las pautas de comportamiento durante las relaciones sexuales. Se ha de decir también, que estos “consejos sexuales” que ofertan, muchas veces son erróneos y están cargados de mitos y por supuesto la salud sexual es casi obviada. El planteamiento de base que se ofrece está enfocado en el disfrute del otro, olvidando que el propio placer sexual es igual de importante que el ajeno.

El mensaje que dan es el siguiente: una mujer buena en la cama no es una mujer que disfruta de su cuerpo, de sus afectos y de sus emociones, sino que es la que hace disfrutar al hombre (ha de remarcarse “hombre”, porque otra orientación sexual que no sea la heterosexualidad normativizada no es contemplada desde este tipo de publicaciones). De esta forma, se sigue atando a la mujer con una sexualidad al servicio del varón. Apenas existe una relación de reciprocidad y se aborda el sexo desde la seducción, básicamente con el fin de “cazar” a una pareja ideal. Imponen cánones estéticos. Nos dicen que la mujer debe ser bella para atraer a ese hombre. Ha de preparar su cuerpo para darle placer y la experiencia sexual es acotada a simples consejos sobre como ponerlo a cien: streapteases, acrobacias sexuales, técnicas amatorias, posturas, ropa interior para estar sexy, trucos para excitar más al hombre, etc.

Así, nos encontramos que el papel de la mujer queda reducido al de una protagonista cosificada (como objeto y no como sujeto de placer). Su cuerpo se conforma como un icono del deseo masculino. Es en la imagen de este disfrute del cuerpo de la mujer, donde la superioridad y la fantasía masculina se presenta como un discurso normal que muestra y asume unas relaciones de poder que a posteriori modularán las prácticas sexuales de los y las adolescentes, donde los deseos “reales” de la mujer apenas tienen cabida.

De alguna manera se podría decir que hoy por  hoy, estamos volviendo a retomar la idea de “mujer objeto” que había hace años, antes de la revolución sexual de los sesenta. Sin embargo hay una clara diferencia con aquel momento histórico: en la actualidad, las mujeres han pasado de jugar un papel de sumisión (es decir, un papel pasivo en la sexualidad) a uno donde han de ser activas (e incluso agresivas sexualmente). Ese papel de “mujer objeto” es asumido con orgullo, ya que se considera una forma de igualarse a los varones (de ahí la falsa idea de independencia femenina que se oferta desde estas revistas).

Actualmente, es fácil observar la urgencia que tienen las mujeres por iniciarse al sexo a través de la bajada de la edad media de las primeras relaciones sexuales. Además, a hora de mantener relaciones, éstas toman más la iniciativa que hace unos años y de una forma más activa. Esto no quiere decir que sea un avance (aunque desde los mass media en general nos lo vendan como una nueva liberación sexual). Simplemente hemos convertido el sexo en otra forma más de aceptación social, ya que si no se mantienen estas relaciones se ve afectada de forma negativa la autoestima femenina, puesto que el no hacerlo implica el no ser lo suficiente deseable para los hombres lo cual es vivido como un fracaso en la mujer. Nos guste o no, de alguna forma la sexualidad en la adolescencia se ha convertido en los últimos tiempos en una forma más de aceptación social que se conforma como una obligación debido a la presión social, donde el sexo ha pasado de ser una parte negada de la mujer, al eje fundamental en su vida.

Después de todo lo dicho, a simple vista parecería que los hombres salen ganando, pero ellos también son esclavos de los estereotipos de género que se conforman desde estos medios. No hemos de equivocarnos, este modelo que nos venden no afecta sólo de forma negativa a las mujeres. Ellos también han de representar su papel y han de actuar como se espera que ha de hacerlo un varón heterosexual, sobre todo ante una mujer que se le insinúa sexualmente (perpetuándose  así otro mito: “el hombre siempre está dispuesto”).

Es el pez que se muerde la cola: el atractivo sexual de una mujer se supone que es el principal indicador de su éxito social (y en el que se basa la autoestima de la gran mayoría). Este éxito se contabiliza con el número de relaciones sexuales (cuanto más atrevidas mejor, porque eso es lo que quieren los hombres). Ellos a su vez, han de actuar también en consecuencia.

Cabe señalar que tanto desde las instituciones como los diversos agentes psicoeducativos, intentamos ofertar una visión global sobre la sexualidad basada en la educación, en la salud, en la responsabilidad y en la igualdad (tanto de géneros como de orientaciones sexuales). Sin embargo, la mayoría de las veces, las intervenciones psicoeducativas suelen quedarse cortas ya que los mensajes se centran básicamente en los peligros que rodean la experiencia afectivo-sexual (campañas de riesgo de embarazo, riesgo de ITS, violencia de género). Los modelos que tienen los/as adolescentes (tomados principalmente de los medios de comunicación) chocan a menudo frontalmente con estas ideas, ya que el sexo es entendido en gran parte como una forma más de consumo y de aceptación social que los asedia de forma ininterrumpida. Así el y la adolescente de hoy en día se ve envuelto en una continua serie de contradicciones.

Existe pues, un cierto desfase de nuestra oferta educativa con respecto a las necesidades actuales de los y las adolescentes. Si bien es cierto que muchas de dichas necesidades son cubiertas (las expectativas tanto en el plano biológico, de reducción de riesgos, etc). Existen otras que surgen a raíz de las propias experiencias de socialización que apenas son abordadas y menos desde una perspectiva de igualdad de género, dejando un gran vacío a interrogantes generados debido a la insistencia de los modelos de sexualidad ofertada desde los mass media. Preguntas tipo ¿Cómo me comporto en la cama?, ¿tengo que ser muy lanzada?, ¿tengo que hacer de todo lo que me pida?, etc. no son contestadas desde el plano de la educación teniendo en cuenta la realidad sociocultural que los/las rodea.