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miércoles, 4 de diciembre de 2019

VERIN NON SE PECHA

HOXE
Agresión institucional ás mulleres de Verín. Pechan o paritorio e as urxencias pediátricas. Chamamos ao feminismo galego a responder nas rúas da Galiza. Entre todas podemos paralos!
➡A Coruña, 20.30h no Obelisco 
➡Allariz, 20h na Praza do Concello
➡As Pontes, 20.30h na Praza do Hospital
➡Betanzos, 20h a carón do Palco da Música
➡Celanova, 20h na Praza
➡Chantada, 20.30h en Santa Ana
➡Compostela, 20h na Praza 8 de Marzo
➡Lalín, 20.30h diante do Casino
➡Lugo, 20h diante do Concello
➡Monforte, 20.30h Praza de españa 
➡O Carballiño, 20h na Praza Maior
➡Ourense, 20h na Subdelegación do Goberno
➡Verín, 20h diante do HOSPITAL
➡Vigo, 20h no MARCO

Reclamamos o peche do Servizo de Mediación e Coordenación Parental creado pola Asociación de Pais divorciados da Galiza

ASOCIACIÓNS, PARTIDOS E SINDICATOS PIDEN O PECHE DO NOVO SERVIZO PÚBLICO DE MEDIACIÓN E COORDINACIÓN PARENTAL CREADO POLA ASOCIACIÓN DE PAIS DIVORCIADOS DE GALIZA.
Este luns 2 de decembro, 29 entidades dirixíronse á Consellería de Política Social para pedir o peche do novo Servizo de Apoio Familiar Integral e multidisciplinar (SAFIM) que vén de crear a Asociación de Pais e Nais Divorciados de Galicia. O centro, que se anuncia como público créase co apoio financiero da Xunta de Galicia e coa colaboración da Unidade de Psicoloxía Forense da Universidade de Santiago de Compostela e do Grupo de investigación en Psicoloxía Xurídica da Universidade de Vigo.
Entre as entidades asinantes do comunicado atópanse asociación de dereitos da infancia e de loita contra a violencia de xénero, colexios profesionais, sindicatos e os partidos da oposición no Parlamento de Galicia.
O documento fai fincapé no risco de entregar un servizo de mediación e coordinación de parentalidade a un colectivo integrado por persoas afectadas por divorcios, especialmente naqueles aspectos que afectan a nenos, nenas e adolescentes. Subliña a necesidade dunha total imparcialidade no desenvolvemento deste tipo de tarefas.O texto conclúe lembrando que os procedementos de mediación son útiles só cando se accede a eles de forma voluntaria e que non se poden aplicar nunca en situacións nas que existan indicios de violencia. O coordinador de parentalidade é unha figura que foi proposta para ser levada a debate en xaneiro deste ano no Parlamento de Galiza.
A proposta foi retirada debido á resposta contundente de colectivos, expertos-as e partidos políticos contra esta figura de corte misóxino que parte da negación da problemática da violencia de xénero.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Uno de cada cuatro embarazos no es deseado por mala planificación familiar, según la OMS

Dos tercios de las mujeres sexualmente activas que desean retrasar o limitar la maternidad dejan de usar anticonceptivos por temor a efectos secundarios, problemas de salud y subestimación de la probabilidad de quedarse embarazadas, lo que conlleva que uno de cada cuatro embarazos sea indeseado.
Es la principal conclusión de un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 36 países hecho público este viernes. Y se trata de una circunstancia que esta agencia de la ONU achacó a "lagunas en los servicios de planificación familiar".
La OMS apuntó que los embarazos no deseados pueden generar riesgos para la salud de la madre y el niño, como desnutrición, enfermedad, abuso e incluso la muerte.
Los métodos anticonceptivos modernos desempeñan un papel vital en la prevención de embarazos no deseados. Los estudios muestran que el 85% de las mujeres que dejan de usarlos se quedaron embarazadas durante el primer año. Entre quienes tuvieron un embarazo no deseado que acabó en aborto, la mitad había interrumpido sus métodos anticonceptivos por motivos relacionados con su utilización, como problemas de salud, efectos secundarios o inconvenientes de uso. Muchos de estos inconvenientes podrían abordarse a través de un asesoramiento y apoyo de planificación familiar eficaz.
"La planificación familiar de alta calidad ofrece una gama de beneficios potenciales que abarcan no sólo la mejora de la salud materna e infantil, sino también el desarrollo social y económico, la educación y el empoderamiento de las mujeres", explicó Mari Nagai, ex responsable de Salud Reproductiva y Materna de la OMS en el Pacífico Occidental y coautora del estudio.
Los embarazos no deseados siguen siendo un importante problema de salud pública. En todo el mundo, cerca de 74 millones de mujeres que viven en países de bajos y medianos ingresos tienen embarazos no deseados anualmente, lo que deriva en 25 millones de abortos inseguros y 47.000 muertes maternas cada año.
El estudio de la OMS encontró 4.794 mujeres que tuvieron un embarazo no deseado después de que dejaran de usar anticonceptivos. El 56% de las embarazadas no estaban usando un método anticonceptivo en los cinco años anteriores a la concepción. Un 9,9% de las mujeres con un embarazo no deseado indicó que el último método que había usado era tradicional (la abstinencia o el calendario, por ejemplo); un 31,2% usó un método moderno de efecto corto (píldoras o condones) y un 2,6%, métodos anticonceptivos reversibles de larga duración (dispositivo intrauterino o implantes).
Los hallazgos del estudio destacan la necesidad de servicios con métodos anticonceptivos efectivos que se ajusten mejor a las necesidades y preferencias de las personas, identifiquen temprano cuándo las mujeres y las niñas tienen dudas sobre el método que están utilizando, y permitan que puedan cambiar los métodos modernos con un asesoramiento eficaz y el respeto de sus derechos y dignidad.
“El acceso a servicios e información de salud sexual y reproductiva asequibles y de alta calidad, incluida una gama completa de métodos anticonceptivos, puede desempeñar un papel vital en la construcción de un futuro más saludable para las mujeres y las niñas, así como contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible", apuntó Ian Askew, director del Departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la OMS.
Un componente clave de servicios anticonceptivos eficaces es identificar a las mujeres que puedan tener inquietudes sobre su método y deseen cambiarlo, así como ofrecer asesoramiento de alta calidad, libre de estigma, discriminación o coerción a esas mujeres para garantizar que se respeten sus intenciones reproductivas y se proteja su salud sexual.

lunes, 18 de febrero de 2019

En España ya hay más madres de 40 que de 25: "El problema no es demográfico, es de precariedad"

En 2017, según el INE, hubo 9.244 nacimientos de madres de 25 años y 12.993 de madres de 40; en 2010 todavía eran 9.778 las madres de 40 años y 13.575 las de 25. La tendencia se invirtió en 2014.
"Es un problema porque hay personas que hubiesen querido tener hijos y por la precariedad no han podido satisfacer ese deseo. No lo veo tanto como un problema demográfico: las sociedades se irán adaptando", explica un investigador.
"Por una parte sigue vigente la idea de que las mujeres deben tener hijos; por otra, están las condiciones sociales en las que se tienen. No se facilita. No está resuelto en el actual contexto", expresa la socióloga Constanza Tobío.
En España ya es más habitual que una mujer tenga un hijo –sea o no el primero– a los 40 años que a los 25. En 2017, según el INE, nacieron 9.244 bebés con madres de 25 años y 12.993 con madres de 40. Los datos llevan años avisando de esa inclinación, pero hasta hace no tanto aún no se daba así. El momento en el que se invierten las tendencias se produce en 2014; en el año 2010, en plena recesión, aún era al revés: 9.778 madres de 40 años y 13.575 de 25. Desde hace cuatro años, ya son además más las madres de 40 a 44 que de 20 a 25 y las de 35 a 39 casi doblan a las de 25 a 29. Todo sucede dentro de un contexto de bajada general de la natalidad, tras el 'boom' de la migración de los 2000, y de cambio cultural.
España, además, encabeza el retraso en la maternidad en Europa y tiene la edad de tener el primer hijo más elevada del mundo. Lo recordaba el estudio La infecundidad en España: tic tac tic tac, de 2016: la media de la primera maternidad se aplazó de los 26 a los 30 años y medio entre 1985 y 2012. Actualmente ya está en los 32. "Ese aumento indica, en la práctica, un desplazamiento de la ventana de años en los que las mujeres se plantean tener hijos, para situarla en unas edades en las que la fertilidad decae de forma acelerada", se lee en dicho informe desarrollado por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). En él se pone el foco en que, en 2025, cuando las mujeres nacidas en 1975 cumplan los 50, se convertirán oficialmente en las más infecundas de todas las generaciones nacidas en nuestro país en los anteriores 130 años.
"Como se está retrasando la edad al primer hijo, si quieres tener al menos dos eso se aplaza a los 35 y 36 años. Así que cada vez más mujeres tienen hijos más tarde, con las complicaciones asociadas", explica Albert Esteve, uno de sus responsables. ¿Supone esto un problema? "Lo es en la medida en que hay personas que hubiesen querido tener hijos, o más hijos, y, por no poder cuadrar el trabajo o por la precariedad, no han podido satisfacer ese deseo. No lo veo tanto como un problema demográfico: las sociedades se irán adaptando. Todos los países tienden a una menor fecundidad pero también a una esperanza de vida más larga, con más años de salud. Creo que la vida se puede reajustar y hay maneras de mitigar el efecto", razona. Dentro de esa preocupación, el investigador de la UAB cita otra encuesta del INE, la de Fecundidad que fue avanzada a finales de 2018, que situaba en alrededor del 50% las mujeres de entre 35 y 44 que aducían motivos laborales y económicos para tener menos hijos de los que hubieran querido.
Esta década, la época en la que se ha terminado de retrasar la maternidad, ha coincido con los años de crisis y postcrisis pero "la tendencia se ve desde hace mucho más. El desempleo baja, pero el problema es que la precariedad no deja de crecer desde hace 15 años. Es decir, los años que uno pasa con empleos que no son estables se alargan y ahora se extienden a la franja entre 30 y 39 años, en mujeres pero también en hombres –lo cual influye en la decisión de lanzarse–. También se retrasa la edad de emancipación, hasta los 30. Así no consigues la estabilidad que te lleva a planteártelo. Lo que te pasa entre los 30 y 35 años tiene una repercusión brutal para tu potencial descendencia".
El "doble mandato contradictorio"
Macarena tuvo a su primer hijo, Marco, a los 20 años; ahora él tiene 6. Marta a los 43; ahora Rubén tiene 7. Lo que cuenta la primera es que "no tuve ninguna ayuda, ni como madre joven ni como madre soltera. Pude seguir estudiando gracias a mis padres, pero ni siquiera tenía opción de poner al niño para que me contara para la beca, aunque fuéramos uno más en casa. La gente me ha cuestionado mucho por qué no aborté, o me ha comentado que un hijo a esa edad te destroza la vida. También hay quien me ha dicho que ojalá hubiese podido ser madre joven como yo. Yo no me arrepiento de nada". La segunda admite que, de haber elegido, lo hubiese tenido "un poco antes", sobre todo, por "la energía". Lo que a ella le preguntan habitualmente es si es la abuela de Rubén, pero ambos lo llevan bien "y hay otras madres mayores en su clase".
Esas dos experiencias casi en los extremos –menos de 19 se considera embarazo adolescente, con más de 45 sí aumenta exponencialmente el riesgo– ilustran de alguna manera lo que la socióloga y catedrática de la Universidad Carlos III Constanza Tobío llama "doble mandato contradictorio": "Por una parte sigue vigente la idea de que las mujeres deben tener hijos; por otra, están las condiciones sociales en las que se tienen los hijos. No se facilita. No está resuelto cómo tener hijos de manera viable cuando se desee en el nuevo contexto familiar, laboral y social. Es así como aparece la maternidad tardía".
Ella recuerda que no es tan relevante tener hijos tarde, "que no es nada nuevo, las mujeres que tenían ocho o diez niños a principios del siglo XX también solían tener el último en torno a los 45", sino la edad al primer hijo. Y por eso para Tobío la novedad principal respecto a la fecundidad es que ahora "hay más mujeres que están explicitando, a todas las edades, que no quieren tener hijos. Aumentan las mujeres que no tienen hijos, pero también las que reivindican el derecho a no desearlos. Es un fenómeno todavía minoritario, pero, junto a la tardanza, revela que nos vamos liberando del supuesto mandato biológico de la maternidad". Albert Esteve, sobre eso, incide en que "un 10% de mujeres no quieren tener hijos, pero acabarán sin tener un 25-30%. Esa diferencia es la franja que hay que estudiar".
De las "madres añosas" a los embarazos sin riesgo
En un reportaje de Noemí López Trujillo sobre ir retrasando la maternidad hasta que quizá sea demasiado tarde, la ginecóloga María Rodríguez, de 33 años, explicaba que "a partir de los 35, la fertilidad baja porque se reduce la reserva ovárica, y además los óvulos tienen peor calidad. Mientras tengas la regla, te puedes quedar embarazada, pero por encima de los 35 y según te aproximas a los 40, cuesta mucho más". Isabel Serrano, también ginecóloga pero ya jubilada y expresidenta de la Federación Estatal de Planificación Familiar, recuerda cuando en las clases de la Facultad de Medicina se referían a las madres de más de 35 como "añosas", estableciendo ahí el límite para tener un bebé: "Con el tiempo la realidad se ha ajustado: en términos globales, un embarazo a partir de los 35, e incluso a los 40, 41 y 42, tiene un bajísimo riesgo". Otro mito que se ha derribado en estas décadas es que las alteraciones cromosómicas van únicamente asociadas a la edad de la madre, cuando también tienen que ver con la del padre.
Pero Serrano sí argumenta, como Rodríguez, que el problema reside en que la reserva ovárica "se va reduciendo con la edad. Se comienza a notar a los 30, y desde luego a los 35 y 40. Así que nos encontramos con una paradoja: muchas mujeres retrasan la maternidad por las necesidades sociales confiando en que no pasa nada porque se pueden tener hijos. Pero está la problemática de la ovulación". En ese momento, las opciones se reducen a la reproducción asistida, en muchos casos mediando ovodonación o criogenización de ovocitos: “La reproducción asistida está ahí pero no podemos plantearla para todo. Muchas técnicas caras generan, además, una situación de inequidad, en la que el acceso depende de los recursos que se tengan”.
"Estamos en un círculo vicioso, defendiendo cosas contradictorias: culpando a las mujeres de cierto egoísmo por retrasar la maternidad cuando el contexto nos dice que hay muy poca protección a la maternidad deseada. Hay cortapisas, se ve mal tanto a la mujer que quiere tener hijos pronto, como tarde", continúa. En todo caso, opina Serrano, "no podemos decir que la situación sea alarmante. Tener un hijo a los 50, 60 años, sí que desde luego ya no es recomendable por salud, pero son minoría".

jueves, 27 de diciembre de 2018

Condenados a no tener hijos

La actual estructura social pone muchas dificultades a los jóvenes para establecerse y optar por la paternidad deseada.
De mantenerse la tendencia señalada recientemente por el Instituto Nacional de Estadística, este año España habrá perdido 93.180 habitantes, lo que equivale casi a la población entera de una ciudad como Cáceres. ¿Tenemos un problema demográfico que requiera políticas natalistas y/o atraer a más inmigrantes?.
El tirano Nicolae Ceausescu, obsesionado con repoblar Rumania y reforzar su economía, impuso a la población la obligación de engendrar hijos. Prohibió los métodos anticonceptivos y el aborto en cualquier circunstancia. La policía del régimen incluso sometía a las mujeres a un estrecho control de su fertilidad y las delaciones y encarcelaciones eran moneda corriente contra las que se resistían. Los resultados, entre otros, fueron 100.000 niños abandonados en orfanatos en condiciones deplorables y 10.000 muertes en abortos clandestinos.
Franco, una vez diezmada y empobrecida la población por la Guerra Civil, optó también por una dura política natalista. Restringió el derecho de las mujeres a un empleo remunerado para que se dedicaran al cuidado de la prole. Las casadas eran expulsadas de las empresas públicas. Los métodos anticonceptivos y el aborto legal no estaban al alcance de casi nadie.
Hoy, las familias españolas, como las rumanas, disfrutan, en teoría, de plena autonomía para decidir cuántos hijos quieren traer al mudo. Las mujeres incluso pueden proclamar sin escándalo que no los desean porque nunca recibieron la llamada de la maternidad. Esta libertad conquistada con la democracia queda, en la práctica, muy cercenada en sentido contrario al que impusieron las dictaduras. Es un asunto no resuelto no solo en España, sino en todo el sur europeo. Los índices de natalidad y de fecundidad han caído hasta el extremo de no garantizar la reposición generacional y nuestros países están abocados a perder población.
Solo la inmigración frenará la merma poblacional que se avecina. Comportará escollos económicos a corto plazo. Pero no creo que nos enfrentemos a un desafío demográfico en un mundo ya superpoblado. No se trata de lanzar políticas natalistas, sino de buscar la equidad social. El problema reside en una estructura social que dificulta enormemente a los jóvenes establecerse y optar por la paternidad deseada. El sistema impone a la mayoría una sutil e invisible tiranía y frente a esa realidad marcada por la precariedad y las reglas del mercado, los poderes públicos se ven impotentes, bien por falta de presupuesto, bien por ausencia de herramientas para conseguirlo, bien por escasez de visión.
Se demoniza injustamente a la inmigración y somos incapaces de hallar las vías para evitar la frustración de decenas de miles de familias que deberían tener todo el derecho a concebir hijos.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Hombres que gestan (o abortan) y mujeres que fecundan: una realidad a prueba de dogmas

Romper con lo culturalmente establecido, con los dogmas, es siempre harto complicado. Cientos de años en los que la tradición judeocristiana se ha dedicado con empeño a criminalizar el sexo, a ensuciarlo; cientos de años en los que todo lo que se alejara de la normatividad, del canon sexoafectivo que el judeocristianismo imponía e impone, era y es condenado con total seguridad a la burla, al escarnio, a la humillación, a la tortura.
Es en esta hermenéutica donde debemos enmarcar el debate que se nos presenta acerca de los roles de paternidad/maternidad, del género, de los nuevos modelos de familia, de las nuevas realidades. Ya no podemos hablar solamente de mujeres que gestan, paren o abortan, ni de hombres que fecundan o inseminan; hoy, a la luz del progreso en materia de libertad sexual e identitaria por un lado, y de los avances en la medicina por otro, debemos comenzar a hablar de mujeres, niñas y personas gestantes (y por tanto, con derecho a abortar), y de hombres, niños y personas con capacidad para fecundar. Esto es, hay hombres que gestan/paren/abortan y hay mujeres que fecundan/inseminan. Yo soy hombre cisgénero y no vea amenazado mi rol social o mi capacidad para fecundar cuando afirmo que hay mujeres que, como yo, también pueden fecundar. No se trata de invisibilizar a los hombres y mujeres cis, sino de integrar a todas las identidades y realidades. Por esto, por seguridad jurídica y por respeto a los artículos 2, 7, y 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se hace necesario incluir en los textos y tratados de derechos humanos, y en las legislaciones en materia de reproducción humana asistida, los términos "mujeres, niñas y personas gestantes (y con derecho al aborto)" y "hombres, niños y personas con capacidad para fecundar".
Cada vez que se plantea este tema son dos los frentes que comienzan a decir que las mujeres transexuales siguen siendo hombres y que los hombres transexuales siguen siendo mujeres y que, por tanto, solo las mujeres cisgénero gestan o abortan y que solo los hombres cisgénero fecundan/inseminan; estos dos frentes son, a saber, el feminismo TERF (Trans Exclusionary Radical Feminist) y los ultraconservadores ligados a la extrema derecha (como Vox y Hazte Oír).Y creo que va siendo hora, siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas y los Principios de Yogyakarta de aclarar y desmontar algunos puntos que tanto el feminismo TERF como la extrema derecha utilizan para seguir humillando a las personas transexuales:
"Las mujeres trans siguen siendo hombres y los hombres trans siguen siendo mujeres". Empecemos por el principio. El concepto de "hombre/mujer biológico/a" no existe. Podemos hablar, en todo caso, de características anatómicas, cromosómicas, endocrinas, masculinas o femeninas. Los genitales no definen el sexo de nadie. Como ejemplo, la Sociedad Europea de Endocrinología afirma que el cerebro de una mujer trans funciona igual que el de una mujer cisgénero, y que por tanto, los cerebros de personas trans coinciden con el género con el que se identifican y no con el sexo que les fue asignado al nacer. 
¿Puede decir alguien que el cerebro no determina el sexo? ¿Pueden el feminismo TERF y la extrema derecha afirmar que a pesar de tener idéntica actividad cerebral, una mujer cis es distinta de una mujer trans? ¿Para el feminismo TERF o la extrema derecha el sexo tampoco reside en el cerebro? Siguiendo con cuestiones "biológicas", el Dr. Zhou en 1995 descubrió que una región del prosencéfalo, la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal (NLET) es mayor en varones, y que el menor tamaño de esta región era compartido tanto por mujeres trans como por mujeres cis. Este es sólo un ejemplo más de similitudes anatómicas entre mujeres trans y cis. ¿Para el feminismo TERF y la extrema derecha esto sigue sin ser suficiente? Sigamos. Saliéndome del tema de la transexualidad, me gustaría hablar del Síndrome de Morris o síndrome de insensibilidad a los andrógenos. Estas mujeres son genotípicamente XY, pero fenotípicamente, es decir, de aspecto, son mujeres, también presentan genitales externos femeninos. 
¿Para el feminismo TERF y la extrema derecha las personas con Síndrome de Morris siguen siendo hombres, ya que cromosómicamente son XY, a pesar de presentar características sexuales femeninas? Carece de todo sentido afirmar que las mujeres trans siguen siendo hombres biológicos (o que los hombres trans siguen siendo mujeres biológicas). Los argumentos de estos grupos me recuerdan sobremanera a los argumentos "biológicos" que utilizaban la Santa Inquisición o los nazis: pureza, limpieza, normatividad.
"Solamente las mujeres cisgénero gestan y abortan y solamente los hombres cisgénero pueden fecundar". Aquí entra en juego la segunda pata que sustenta a la ideología totalitaria de Hazte Oír o del feminismo TERF: la cultura. La tradición judeocristiana se ha encargado de fabricar una imagen de la mujer en la que el rol más importante a destacar era solo uno: el de madre. La mujer quedaba reducida a la maternidad. Por eso estos grupos radicales afirman sin pudor que madre es la que pare, y ya está. Se quitan así de un plumazo a las madres de niños adoptados, que, a la luz de sus afirmaciones, no pueden ser sus madres porque no los han parido. 
La idea de que madre es la que pare viene del derecho romano; y cabría recordar que en la época del Imperio Romano no había técnicas de reproducción humana sistida ni avances médicos que hicieran pensar que madre y mujer pudieran ser realidades distintas. El caso de Thomas Beatie, el primer hombre embarazado, nos hizo romper de facto esta unión entre mujer y madre, del mismo modo que el caso de la pareja formada por Ryan Said y Jasmine Merino, primera pareja en poder usar el semen de ella para fertilizar los óvulos de él, supuso un paso más allá, y rompía con fuerza la idea heteronormativa (casi bíblica) de familia, de procreación, de relaciones sexoafectivas. 
En cualquier caso, el feminismo TERF y la extrema derecha siguen negando a estas personas su condición de hombres o mujeres, por lo que, siguen siendo mujeres que gestan y hombres que fecundan. A pesar de que la realidad ya superó de lejos los dogmas que ciegan y envilecen.
"Las mujeres trans siguen teniendo privilegios estructurales como los hombres cisgénero". He tenido que escuchar esta frase cientos de veces de boca de representantes del feminismo TERF. Afirmar que una mujer trans tiene privilegios es sencillamente distorsionar la realidad. Las mujeres trans sufren el machismo doblemente; primero por el ejercicio proactivo de autodeterminación de su sexo sentido, de su género, que rompe el discurso heteronormativo de dominación de lo masculino, y segundo y más importante porque las mujeres trans retan a toda la tradición judeocristiana y patriarcal escindiendo los roles y papeles asignados a los sexos. Afirmar que una mujer trans tiene privilegios de algún tipo por el hecho de serlo es erigirse uno (o una) en una posición supremacista y peligrosa. 
El feminismo TERF y la extrema derecha pretenden imponer un canon muy concreto de mujer, excluyente y exclusivo, esto es, toda mujer que pretenda realmente serlo debe ser la mujer canónica que ellos y ellas defienden, y para eso, el primer paso (e imprescindible) es no ser una mujer transexual, a pesar de las evidencias biopsicosociales que he expuesto en esta tribuna. La mujer canónica que el feminismo TERF y la extrema derecha defienden es la excusa que utilizan para seguir oprimiendo y humillando a las mujeres transexuales; es simplemente odio disfrazado de otras cosas. Nada más. Y nada menos.
A modo de conclusión, y ahondando en la necesidad de poner el foco en lo importante, de no justificar el odio en ningún caso, venga de donde venga, me gustaría recordar algunas de las palabras de un artículo que escribí junto a Eleonora Lamm, subdirectora de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza (Argentina), para El HuffPost, sobre esta cuestión:
"Familias, descendencia, linaje, parentesco, amor filial, concepción sin relación sexual heterosexual, gestación sin maternidad, filiación registral directa basada en la voluntad de procrear independientemente del aporte de material genético y cualquiera sea el estado civil, la orientación sexual o la identidad de género, maternidad o paternidad con material genético de otra persona (con lo que una mujer sin óvulos puede ser perfectamente madre legal), con embriones de otras personas, con embriones formados por material genético de hasta tres personas (donación de ADN mitocondrial), o incluso – en un futuro no muy lejano – con gametos artificiales. Todo esto implica una ruptura de la regla heteronormativa cuya base constituía la unión inescindible de mujer y madre".
Los dogmas no ofrecen repuestas, solo impiden preguntas. Derribarlos, es una obligación; combatir los discursos de odio, vengan de donde vengan, es un deber moral. Por ello reitero que es imprescindible hablar de mujeres, niñas y personas gestantes y con derecho al aborto, y de hombres, niños y personas con capacidad para fecundar (y por tanto, unos y otras con el derecho de acogerse a las leyes de reproducción humana asistida como cualquier otro ciudadano o ciudadana). Debemos combatir, una vez más, los totalitarismos. Vuelvo a repetir lo que escribí hace unas semanas: las mujeres trans son mis hermanas.

jueves, 1 de noviembre de 2018

La ONU insiste en que el futuro depende de la libertad de las mujeres sobre su maternidad

El informe sobre el Estado de la Población Mundial revela diferencias abismales en las tasas de fecundidad por regiones.
Hassia carga a diario con Abdoulaziz envuelto en un gran pañuelo, está a punto de cumplir un año, es su segundo hijo, ninguno fue planificado y ella aún no ha llegado a los 20. Está aprendiendo ahora a leer y escribir. Es de Níger, el país con la tasa de fecundidad más alta del mundo, 7,1 hijos por mujer; allí, la mitad de la población tiene menos de 15 años y solo el 14% de las niñas fueron al instituto en la última década.

Las tasas de fecundidad difieren mucho según las regiones, la problemática es distinta y las soluciones también. Sin embargo, tienen algo en común: la solución pasa por garantizar los derechos reproductivos de todas las personas bajo cualquier circunstancia.
Las tasas de fecundidad difieren mucho según las regiones, la problemática es distinta y las soluciones también. Sin embargo, tienen algo en común: la solución pasa por garantizar los derechos reproductivos de todas las personas bajo cualquier circunstancia.
4.800 kilómetros al norte, en Suecia, Andreas Åsander despide a su pareja, Elin, cuando ella se marcha a trabajar; entonces, pone el abrigo a Edda, que tiene 11 meses, y a Lo, de cuatro años, y lleva a esta última al colegio. Luego vuelve a casa para pasar el día con la pequeña. En el país europeo la tasa es de 1,9 hijos, y no hay que elegir entre la carrera y la familia, se conceden 480 días de permisos para padres y madres y, según Hans Linde, de la Asociación Sueca para la Educación Sexual, esta política “ha permitido crear una de las economías del bienestar más sólidas del mundo”.
SOLUCIONES CONCRETAS
Según la UNFP, los gobiernos deben empezar a poner en marcha medidas para que la libertad de decidir se convierta en una realidad y, apunta, deben dar prioridad al acceso a servicios de salud reproductiva de calidad, incluidos los anticonceptivos modernos; garantizar el acceso a una educación de calidad que ofrezca una educación sexual adecuada a la edad; llevar a cabo campañas encaminadas a transformar las actitudes machistas; y ayudar a las parejas a tener más hijos, si así lo desean, favoreciendo la conciliación de la vida laboral con la familiar a través de medidas como guarderías asequibles o permisos de maternidad y paternidad mejores y más igualitarios.
Hassia, Andreas y Elin reflejan la diferencia abismal entre países en cuanto a nacimientos y posibilidades. Sus historias son parte del último informe del Estado de la Población Mundial, publicado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA por sus siglas en inglés) sobre derechos reproductivos y transición demográfica. Una situación de extremos que Luis Mora, responsable de Género, Derechos Humanos y Cultura del organismo, ve también interesante. “Sea el país que sea, el tema del derecho a decidir se ha configurado como vital, como eje”.
Ese derecho vertebra este análisis que da como resultado una nueva división global que tiene mucho que ver con el resto de derechos relacionados con los reproductivos, como el de la salud, la educación, la no discriminación o tener acceso a un nivel de ingresos adecuados. “Esto tiene una perspectiva individual importantísima, la necesidad obvia de las mujeres para decidir cuándo quieren tener hijos, cuántos o en qué espacio de tiempo. Es un tema profundamente social, porque lo que se deriva de eso toca a las instituciones, a las comunidades, a la economía…”, explica Mora.

La alta fecundidad da lugar a tasas de crecimiento demográfico elevadas y a un porcentaje desproporcionado de población menor de 15 años. Estos países suelen tener dificultades para proporcionar educación a la infancia, atención de la salud a toda la población y oportunidades laborales a los jóvenes.
La alta fecundidad da lugar a tasas de crecimiento demográfico elevadas y a un porcentaje desproporcionado de población menor de 15 años. Estos países suelen tener dificultades para proporcionar educación a la infancia, atención de la salud a toda la población y oportunidades laborales a los jóvenes.
Algo que no es nuevo. En 1994, 179 gobiernos ratificaron el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, donde reconocieron que el progreso depende de la igualdad de género, la eliminación de la violencia contra la mujer y su libertad de decisión sobre ser o no madres y reafirmaron la idea de que las cuestiones demográficas, el desarrollo económico y social y los derechos reproductivos están estrechamente ligados y se refuerzan entre sí. Ahora, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible lo incluye entre sus Objetivos. Mora resume toda esa teoría en una frase: “De la capacidad de decidir libremente de las mujeres depende el futuro del mundo”.
En países menos desarrollados, como los de África Subsahariana, las mujeres todavía se enfrentan a obstáculos como un acceso difícil o nulo a métodos anticonceptivos, pediatras u obstetras. 
Un futuro que, actualmente, no es común a todas las regiones. Según el análisis de la UNFPA, hay cuatro zonas claramente separadas. Están aquellos países en los que hay más de cuatro nacimientos por mujer. "Suelen ser más pobres y con un cumplimiento débil o nulo de los derechos humanos, no tienen buenos servicios educativos y sanitarios, sí tienen una fuerte discriminación de género y suelen darse prácticas como el matrimonio forzoso, que suele conllevar maternidad temprana", explica Mora. "Hay otros en los que la fecundidad se estabilizó, aunque no por los mismos motivos. Unos gracias a programas de planificación familiar y, en otros casos, por las secuelas que dejaron los conflictos bélicos o las crisis económicas", como Ecuador o Marruecos.
En los países más desarrollados, la falta de libertad real para decidir sobre la maternidad viene de la mano de problemas como la falta de políticas públicas o la incapacidad para conciliar vida laboral y familiar. 
En un tercer grupo la fecundidad disminuyó rápidamente; por lo general son países de renta media, aunque algunos de ellos son más pobres y muy pocos son ricos y presentan diferencias muy pronunciadas entre sus zonas rurales y urbanas y entre su población más rica y más pobre, por ejemplo América Latina casi en su totalidad, India o Libia. Y un último conjunto en el que la tasa de fecundidad se ha mantenido baja durante mucho tiempo. "Principalmente los estados más desarrollados de América del Norte, Asia y Europa, donde los problemas están más relacionados con las políticas públicas de apoyo a la natalidad o con la dificultad para conciliar trabajo y vida familiar. Estos se enfrentan a una población envejecida y a economías más débiles a corto plazo", amplía Mora.

En países donde la mala calidad de los servicios de salud da pie a altas tasas de mortalidad infantil, existe una tendencia a tener más hijos para compensar los que se pierden en el parto o debido a enfermedades o malnutrición.
En cualquiera de los casos, la necesidad de que las políticas, los servicios y los presupuestos públicos se enfoquen a esto es urgente. Al final, por unos u otros motivos, ningún país ejerce de forma plena los derechos reproductivos de su población: “Los obstáculos son distintos, pero están ahí. Millones de personas tienen más o menos hijos de los que quieren”. Mora arguye que, aunque el camino será complejo, los avances se están produciendo. Desde mediados de los sesenta, la fecundidad global se ha reducido en un 50% y se prevé que, para 2050, ningún país tenga una tasa de más de cinco nacimientos por mujer: "Es un logro importante, la mayor parte de los países se han ido moviendo hacia tasas moderadas o bajas".
Según los expertos, los procesos de transición demográfica se están acelerando. Lo que en Europa tardó cien años, en el resto de regiones ha tardado tres décadas. 
LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS COMO OPORTUNIDAD
En un contexto internacional caracterizado por la globalización, por la baja tasa de fecundidad en determinadas regiones y por el incremento de conflictos y crisis humanitarias en otras, el tema del desplazamiento se va a posicionar en la agenda de forma más contundente que nunca. Eso cree Luis Mora, responsable de Género, Derechos Humanos y Cultura y de la UNFPA. Por eso, explica, se requiere un abordaje lejos del miedo o la oposición de determinados países a la inmigración: "Tiene que verse desde un punto de vista racional y analítico que plantee cuáles y cómo pueden ser las mejores vías para enfrentarnos a los desafíos que tenemos por delante. Y esto tiene que venir de la clase política acompañada por la ciudadanía, para dar una respuesta coherente y de largo aliento que suponga un desarrollo sostenible”.
Sostenibilidad para una población que, según el último informe anual sobre población mundial de Naciones Unidas, superará los 8.500 millones de personas en 2030, un crecimiento concentrado en pocos países: India, Nigeria, República Democrática de Congo, Pakistán, Tanzania, Estados Unidos, Uganda e Indonesia registrarán la mitad del crecimiento mundial.
Mora sabe, y lo comenta, que el mundo no se encuentra ante el mejor contexto político: “Pero da igual, la historia nos muestra que la mayoría de movimientos migratorios de la historia de la humanidad han tenido repercusiones y consecuencias positivas a diferentes niveles”. Y, de cualquier forma, esto no es solo una oportunidad para el experto, sino una necesidad. “Lo que está claro es que va a ser sumamente difícil, si no imposible, revertir la caída de la fecundidad, ese es un escenario al que nos tenemos que acostumbrar a vivir, y elegir las mejores políticas para llevar este nuevo escenario”.
Ahora, según el experto, es necesario fijar la vista en dos frentes distintos, el de aquellas zonas en las que es necesaria una inversión importante en educación y salud en los próximos años y que, aunque no es un grupo mayoritario, "sí representará el porcentaje más alto de aumento de la población mundial, como la República Democrática del Congo, el único país del mundo donde no se ha reducido la fecundidad"; y en esos otros estados en los que la alarma es la contraria, "estados como Japón, España o Italia, donde la tasa ha descendido tanto que supone, o supondrá, un problema social. En Corea del Sur, por ejemplo, se enfrentarían si no ponen medidas a una pérdida del 20% de su población en las próximas tres décadas". Acciones distintas para circunstancias distintas unidas por un único objetivo, garantizar el derecho a decidir, e hiladas por una única pregunta: ¿tienen los hombres y las mujeres de todos los lugares, todos los niveles de ingresos, de todas las edades el número de hijos que desean tener?.
La respuesta, por ahora, es no.

La secretaria de Igualdad reconoce que la maternidad en España está penalizada

La secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, ha reconocido hoy que en España la maternidad "está penalizada", ya que la corresponsabilidad no ha llegado aún al concepto de conciliación, "que sigue siendo puramente femenino".
Así lo ha asegurado durante la presentación del informe "Estado de la Población Mundial 2018 del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA)" presentado hoy en Madrid, que pone de manifiesto que en los últimos 50 años todos los países del mundo excepto la República Democrática del Congo, han visto descender sus índices de natalidad.
También España, donde las mujeres tienen una media de 1,5 hijos y se convierten en madres por primera vez a los 32 años, ha visto descender sus tasas de fecundidad en los últimos años.
Según Murillo, en nuestro país la maternidad está penalizada y la conciliación es una cuestión "puramente" femenina: "a ver cómo se organizan las mujeres con sus propios hijos".
Así, ha afirmado que mientras la corresponsabilidad en términos sexuales y de vida familiar no sea aceptada, es muy difícil tener la capacidad de decidir sobre la maternidad a pesar de que a la mujer se le insta a tener hijos sin destinar medios a crear una estructura de cuidados.
En este sentido, ha señalado que cuando a una mujer le preguntan por sus condiciones para tener hijos, una de las primeras premisas es vivir cerca de su familia materna, por la necesidad de encontrar quién le sustituya cuando ella no pueda hacerse cargo de los pequeños.
El informe ha sido presentado por el responsable de Género, Derechos Humanos y Cultura del UNFPA, Luis Mora, quien ha subrayado que hay 22 países cuya tasa de natalidad es tan baja que no llega al nivel de reemplazo demográfico.
Entre estos países se sitúan los europeos, EEUU, China, Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur, entre otros y estos dos últimos presentan unas tasas tan bajas de fecundidad que se estima que en 20-30 años habrán visto reducir su población en un 25 %.
Frente a este panorama, el informe expone el caso de los países del África Subsahariana, especialmente Níger, donde cada mujer tiene entre 7 y 8 hijos y se espera que duplique su población en 18 años.
En ambos casos, Mora ha apuntado que la capacidad de decisión de las mujeres sobre su maternidad está limitada. Mientras que en los países en vías de desarrollo es casi inexistente el acceso a los métodos de planificación familiar y anticonceptivos, en el caso de los países desarrollados, la falta de políticas de conciliación y corresponsabilidad son las que condicionan en buena medida las decisiones de las mujeres.
"Es un contexto novedoso y desafiante porque las mujeres se encuentran en la situación de no poder elegir libremente, bien porque no tiene acceso a la planificación familiar o por falta de conciliación y se encuentran en el dilema de no tener hijos o tenerlos a edades avanzadas con los riesgos que eso conlleva", ha explicado.
La penalización de la maternidad en los países desarrollados se debe a las dificultades laborales con las que cuentan las mujeres que deciden ser madres.
"Son barreras importantes para el ejercicio de los derechos reproductivos", ha alertado Mora.
Este representante del UNFPA ha hablado de la experiencia de los países nórdicos, "los únicos que han podido recuperar las tasas de reemplazo" gracias a políticas de conciliación y de igualdad de género y ha propuesto también ampliar el acceso a los servicios de cuidado infantil.
Por su parte, el presidente de la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE), Guillermo González, ha denunciado el "difícil acceso" que existe en España a la anticoncepción gratuita y la "falta absoluta" de educación sexual de los jóvenes en las escuelas.

lunes, 23 de abril de 2018

Mujeres para la Salud lanza la encuesta “Pensando nuestras maternidades”

La Asociación Mujeres para la Salud ha lanzado la encuesta “Pensando nuestras maternidades” con el objetivo de promover la reflexión entre todas las mujeres acerca de las distintas maternidades que coexisten en nuestra sociedad y los mitos o falsas creencias que aún existen en torno a este tema.
La encuesta es totalmente anónima y sus resultados serán presentados en la jornada “Las maternidades”, que se celebrará el 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, y en la que participarán profesionales y expertas feministas como Beatriz Gimeno, María Pazos, Soledad Muruaga, Pilar Pascual y otras especialistas del Espacio de Salud Entre Nosotras, el centro psicológico especializado en mujeres de AMS.
“Algunas mujeres decidimos ser madres porque es lo que se espera de nosotras. Otras ni siquiera nos lo planteamos, siempre ha sido un hito vital que cumplimos sin cuestionarnos. Y para otras, ha sido una opción elegida conscientemente, tanto en un sentido (serlo) como en otro (no serlo)”. Muchas mujeres han decidido ser madres, o no serlo, por la mistificación de la maternidad que plantea el patriarcado, por querer abrazar esa idealización o, todo lo contrario, por querer huir de ella.
Eso es precisamente lo que las profesionales de Mujeres para la Salud quieren recoger en la encuesta “Pensando nuestras maternidades”: cómo las mujeres se enfrentan a esa decisión vital tan importante para todas nosotras y cómo les hace sentir su elección. También es importante recoger las voces de aquellas mujeres que tienen sentimientos que aún cuesta aceptar socialmente en determinados ámbitos, como decidir voluntariamente no ser madre, o sentimientos como el arrepentimiento por haberlo sido o el no querer a los hijos o las hijas.
En este enlace  se puede rellenar la encuesta, que es totalmente anónima y se responde en sólo unos minutos.
Jornada “Las maternidades”
Los resultados de la encuesta “Pensando las maternidades” serán presentados en la jornada “Las maternidades”, con la que Mujeres para la Salud quiere celebrar el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres poniendo sobre la mesa todas las opciones que existen en la actualidad alrededor de este momento vital tan significativo para la mayoría de las mujeres y que condiciona tanto nuestras vidas.
La jornada tiene un doble objetivo: por un lado, reflexionar sobre las maternidades que se nos muestran como las nuevas panaceas, como la crianza con apego o los vientres de alquiler. Por otro, analizar cómo el mandato de la maternidad idealizada ocasiona efectos en la salud y el bienestar integral de las mujeres.
La jornada será el lunes 28 de mayo de 2018 de 9:00 a 14:30 en el madrileño Centro Cultural Nicolás Salmerón. La asistencia es gratuita pero el aforo es limitado, por lo que es obligatorio realizar la inscripción.

sábado, 10 de febrero de 2018

Madres solas por elección: un nuevo modelo de familia

Por lo general, son mujeres de 35 a 45 años, con un alto nivel académico y nivel adquisitivo aceptable.

La decisión de ser “madres solas por elección” (“single mother by choice”) o “solo mother” (sin traducción), es un fenómeno emergente en la sociedad española actual. Bajo la acepción de “madres solas por elección” se incluyen tanto aquellas mujeres que planificaron a priori ser madres en solitario y, por tanto, recurrieron a distintas estrategias y procedimientos para ello como técnicas de reproducción asistida, la adopción, etc; como aquellas otras que se encontraron con una maternidad biológica no buscada en principio, pero que asumieron en solitario desde el inicio, frente a otras salidas posibles (aborto, dar al bebé en adopción, etc.) (Cif. Davies y Rains, 1995; Siegel, 1998). Se trataría, según la comunidad científica, de “madres solas por decisión propia”, tanto porque en unos casos así lo idearon y planificaron, como porque en otros casos, convirtieron una maternidad por azar en una maternidad por decisión.

La determinación de ser “solo madre” está marcada fundamentalmente por las circunstancias vitales en las que la mujer se encuentra –solvencia económica, sin pareja y en el límite de la edad. En muchos casos, el reloj biológico impone sus propios condicionamientos y les sitúa ante una coyuntura que deben afrontar y que no es otra que la decisión de ser madre.

El perfil de la mujer que se enfrenta a la decisión de ser “madre sola por elección”, según distintos estudios, se ajusta a un modelo que se caracteriza por tratarse de mujeres adultas (35 a 45 años de edad), alto nivel académico y/o empleos cualificados, nivel adquisitivo aceptable, amplias e implicadas redes sociales y, muy especialmente, el deseo de ser madres y la planificación que esa situación requiere. En este sentido, María Victoria Paloma Gómez García, profesora Titular de Sociología de la Universidad Carlos III de Madrid, opina que el aumento del número de mujeres que toman la decisión de ser “madres solas por elección” se debe “al avance imparable de su deseo de independencia, acompañado de la voluntad de muchas de ellas de no dejar pasar la experiencia de la maternidad, aun no reuniendo las "condiciones" que tradicionalmente se pensaban necesarias para dar el paso”. Además, en opinión de Gómez García, a esta decisión se unen otros factores como “la prolongación del tiempo de formación, las dificultades relacionadas con la consecución de una mínima estabilidad profesional y la naturaleza efímera de muchas relaciones personales. No es difícil que estos factores sitúen a mujeres sin pareja ante la disyuntiva de ser madres o no y decidan asumir la experiencia”.

Factores que influyen en la decisión

María Brichette Uncal, psicóloga del Instituto Europeo de Fertilidad (IEF) y coordinadora del grupo de Psicología de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), pertenece a este grupo de mujeres que en nuestro país han decidido ser “madres solas por elección”. Entre los principales factores que llevan a una mujer a llevar a cabo una maternidad en solitario, en opinión de Brichette Uncal está "el deseo de ser madre y no contar con un pareja en ese momento - que cumpliese con las expectativas que la mujer tendría para el padre sus hijos, y/o el otro factor más frecuente sería estar en el límite de la edad aconsejable para conseguir la gestación".

Brichette Uncal apunta que el entorno social, laboral, económico o emocional se encuentra estrechamente relacionado con la toma de decisión de ser “solo madre”. En este sentido, cree que, “el entorno social puede influir mostrando un acceso a la maternidad antes inexistente y el laboral indirectamente pueden influir al retrasar la maternidad en aras de una mejor situación profesional”. Desde su experiencia profesional, Brichette Uncal manifiesta que “el factor económico y emocional son fundamentales a la hora de llevar a cabo este proyecto vital, pero no en la decisión”, y reitera que “actualmente existe una amplia red de apoyo social”.

La doctora Ana de Lucas, psicóloga perteneciente al equipo que conforma Psico-salud, habla sobre el papel que puede tener la intervención psicológica como herramienta de apoyo en esta decisión personal y manifiesta que “cuando una persona decide lanzarse a la maternidad en solitario hay que afrontar la situación planteándose el porqué. Hay que analizar las razones que llevan a mujer a embarcarse en la aventura de la maternidad, a asumir toda la responsabilidad de traer al mundo a un bebé. Muchas veces esta decisión viene acompañada de dudas e incertidumbres. La intervención terapéutica ayuda a aclarar estas dudas que surgirán a lo largo del proceso, no solo como apoyo sino también para aclarar miedos relacionados con la gestación, el parto y la crianza, que son absolutamente normales. El apoyo terapéutico puede ayudar en ese proceso de toma de decisión en el análisis de la situación y a que es una de las decisiones más importantes y determinantes que se toman en la vida”.

Ausencia del “rol paterno”

Más allá de los problemas a los que las madres deben hacer frente, no parece que la integración de los niños esté sujeta a especiales dificultades.

En relación a la ausencia del “rol” paterno en el desarrollo de los hijos nacidos de “madres solas por elección”, Brichette Uncal incide en que “el llamado “rol del padre” se refiere a las funciones que uno de los progenitores debe desempeñar para la educación y crianza, que tradicionalmente se ha asociado con la figura masculina. En el caso de las madres solas, este rol es cubierto por la misma persona”. Una idea que coincide con la que transmite Ana de Lucas quien subraya que, hoy en día, los niños ven con normalidad diferentes figuras de cuidado a su alrededor. Esas figuras que se encargan del cuidado del menor, trasmiten afecto, atención, generan estilos de relación, trasmiten diferentes roles, valores y conocimientos y manifiesta que “hay roles masculinos o femeninos como una idea socialmente extendida, pero no determinante. Todos conocemos casos en los que los roles supuestamente femeninos o masculinos están cambiados y no suponen el más mínimo problema para los hijos. Si eliminamos las etiquetas femenino-masculino, y cogemos de esos roles simplemente sus funciones (seguridad, cariño, cuidado, vigilancia emocional, respeto o transmisión de valores), da igual quién los ejerza. En el caso de las familias monoparentales, todas esas funciones las tendrá que liderar la madre. Además, en el proceso madurativo los niños también se fijan en figuras de referencia a su alrededor, que les aportarán algunas de esas funciones de forma natural”.

A la pregunta de ¿cómo se integran los niños que proceden de madres solas en la sociedad?, Gómez García explica que, “más allá de los problemas a los que las madres deben hacer frente, no parece que la integración de los niños esté sujeta a especiales dificultades. En los colegios, abundan los niños cuyos padres están separados y empiezan a no ser infrecuentes los hijos que son fruto de gran diversidad de formas familiares, lo que en la práctica se traduce en formas de organización de los progenitores y de actuación de los profesionales de la enseñanza muy similares en ambos casos”.

Y ante la disyuntiva de cómo y cuándo proceder a informar a los hijos de “madres solas por elección” de su procedencia, Brichette Uncal dice que “de la misma manera como lo desarrollarían si estuviesen en pareja, con la única diferencia de que no habrá discrepancia en las pautas de educación ni en la toma de decisiones”. “Desde el Grupo de Interés en Psicología de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) aconsejamos que se les comunique a partir de los 3 años y antes de los 7 años. Pero, desde mi experiencia personal y en mi trayectoria profesional en el IEF hay que comunicarse con el bebé desde su nacimiento. Si te sientes segura en tu decisión, así se lo transmitirás a tu hijo y así lo recibirá”, afirma.


jueves, 11 de enero de 2018

Más madres adolescentes por la violencia de género entre jóvenes

Una investigación de la Universidad de Zaragoza vincula el "dramático crecimiento de la violencia de género" entre los jóvenes con una alta tasa de embarazos. La maternidad adolescente en España es una realidad generalizada, no achacable solo a una determinada etnia ni a otras nacionalidades. "No solo un problema de gitanas y migrantes, también lo es de clases medias". Un equipo de sociólogos de la Universidad de Zaragoza ha pasado dos años ganándose la confianza de 32 madres adolescentes españolas, haciéndoles un seguimiento, explorando desde sus circunstancias familiares y sociales previas al embarazo hasta su vida actual con hijos a cargo. El hallazgo fundamental de su investigación es el vínculo existente entre la maternidad adolescente y el "dramático crecimiento de la violencia de género entre los jóvenes, que influye en una conducta malsana afectivo sexual", según lo explica Alessandro Gentile, autor principal del trabajo, junto a la antropóloga Ana María Hernández. "No son pocas las ocasiones en que los embarazos no deseados están originados en relaciones violentas con la pareja, incluso en edades muy tempranas", alertan.

La otra conclusión principal de esta dilatada investigación —titulada 'Relatos de madres adolescentes en la España actual' y  presentada el jueves— es que el fenómeno de la maternidad juvenil se ha generalizado en España —con tasas similares de fecundidad juvenil a las de hace veinte años y bastante más altas que en los países del entorno— debido a que ha dejado de ser un asunto exclusivo de unas determinadas etnias y nacionalidades. En lo estrictamente cuantitativo, la investigación de Gentile y Hernández destaca que la tasa de fecundidad entre los 15 y los 19 años en España no ha variado entre 1996 y 2015. Si acaso ha subido unas décimas y se estabiliza en 7,74 por cada 1.000 mujeres.

La "consistencia y actualidad de este fenómeno son importantes, y lo son aún más si comparamos la tasa de fecundidad de las españolas con las de sus coetáneas en algunos países de nuestro entorno como Alemania (3,44), Italia (3,82) o Francia (5,53)", señalan. En términos absolutos en el último año con datos oficiales, 2015, hubo 8.305 partos de madres menores de 19 años. Además, entorno al 10% lo fueron de padres varones mayores de 30 años. Es, por tanto "un fenómeno complejo, poco visible, actual y urgente", aseguran los expertos. El adelanto del debut sexual a los 16 años explica la alta tasa de fecundidad adolescente.

Entre los indicios sociológicos que explican la alta tasa de maternidad adolescente en España los autores de esta investigación destacan el adelanto del debut sexual. "Se adelanta paulatinamente y progresivamente la edad en la que nuestros adolescentes tienen su primera relación sexual completa, ahora a los 16 años de media, unos meses antes la mujer que el hombre". La edad media de la primera relación sexual completa se adelanta en 5,6 años desde la década de los sesenta del siglo pasado. Lo ha hecho paulatinamente, pues en 1996 el debut sexual se producía por término medio a los 18 años. Otro factor a tomar en cuenta es "el concepto juvenil del sexo como un rito de paso y como un evento en el que el chico y la chica afirman su identidad y pertenencia a un grupo de pares". Ambas condiciones se dan de manera generalizada en la sociedad lo que explicaría la generalización del fenómeno. "Ahora no es un asunto exclusivo de gitanas y migrantes, también es asunto de las clases medias", asegura Gentile. La investigación sugiere también que los embarazos juveniles se dan con mayor frecuencia en hogares disfuncionales —de los que las adolescentes buscan una salida hacia un nuevo hogar propio a través de la maternidad— y en chicas con trayectos educativos desfavorables previos al embarazo.

El núcleo central de la investigación comprende el relato de las experiencias de 32 madres adolescentes, todas pertenecientes al medio urbano, 18 de ellas residentes en Madrid y 14 en Zaragoza. Un total de 21 eran españolas autóctonas (4 de etnia gitana) y 11 nacionalizadas españolas, 9 de las cuales de origen latinoamericano y otras 2 de origen africano. Todas tuvieron un embarazo (accidental o voluntario) entre los años 2005 y 2016 con hombres mayores. Todas conocían y tenían acceso a métodos anticonceptivos y menos de la mitad, 12 chicas, siguen manteniendo relación con el padre de sus hijos.

La trampa del amor romántico y el embarazo Las entrevistas en profundidad a estas madres pusieron a los investigadores sobre la pista de un fenómeno poco visibilizado, creen ellos: la conexión de la maternidad adolescente y la violencia de género, y en concreto con "la trampa" de 'mito del amor romántico'. "Esta cuestión (la violencia de género entre los jóvenes) es muy seria y actual", se lee en el estudio, "los procesos judiciales por violencia machista en adolescentes aumentaron un 30% entre 2011 y 2012" y "un 25% de las chicas de 16 y 17 años declara en la macroencuesta de violencia contra la mujer que ha sufrido violencia psicológica de control, frente al 9,6% de la media de todas las encuestadas". Los expertos recuerdan que la violencia de género entre los jóvenes no se manifiesta principalmente de forma física, sino también simbólica o emocional.

Y han planteado como una interpretación posible en las maternidades analizadas la persistencia de "la trampa del mito del amor romántico", que se traduce en adolescentes que se quedan embarazadas sin desearlo y tras la asunción de riesgos en el ámbito de la sexualidad como forma de retener a sus parejas porque así creen sentirse más amadas y valoradas como mujeres. "Aceptan una entrega completa a la relación, ante el pensamiento de que, llegado el caso, un niño en común los unirá para siempre. Y eso resulta la trampa", explica el autor del estudio. Un argumento que se repetía entre las madres adolescentes era que con sus parejas no usaban preservativo por iniciativa masculina. "Bien porque decían que les restaba placer físico (a ellos) o porque si se utilizaba entonces ellas no demostraban verdaderamente que los querían".

La persuasión o imposición masculina conllevó, en estos caso, el nacimiento de un hijo del que se hizo responsable casi siempre en exclusiva la madre, porque el embarazo causó una situación a menudo de estrés que les llevó a romper la relación, según el estudio. De las 32 chicas, 30 volverían a quedarse embarazadas, pero no en las condiciones en que lo hicieron. No sufriendo violencia o no con aquel novio Los efectos de este modelo ideal de amor romántico en la vida sexual de una pareja pueden ser "devastadores" para ellas, inciden, por ejemplo "cuando el varón no corresponde a los sentimientos de su compañera pero los manipula para llegar a satisfacer sus deseos eróticos, se despliega un chantaje emocional que acaba afectando a las esferas más íntimas y menos visibles de la relación". Cuatro de las madres del estudio viven inmersas en procesos de denuncia por malos tratos, y la expareja de una quinta está en prisión por agresiones físicas. Sus relatos evidencian rasgos en común, como pocas relaciones sociales y una convivencia familiar difícil.

Unos noviazgos controladores, en los que ellos apostillan todo lo que ellas hacen o dicen y se vuelven intrusivos, cambiando el rumbo de su cotidianeidad. "Pues al principio todo muy bien, pero luego pues como que empezó a hacer un poco en plan machista, me empujaba y con golpes también, incluso estando embarazada (...).

Un día me pegó en la calle y con el cable, con el teléfono de una cabina. ¿Qué pasa? Que yo en esa época no sé que me pasaba pero yo le veía, aunque él me hiciera eso, como un Dios", refiere una de las adolescentes. El deseo de proteger a los hijos de un entorno violento será la razón principal por la que todas consiguen romper el vínculo con el padre y expareja. Los investigadores creen insuficiente basar la educación afectivo sexual de los adolescentes españoles en la información sobre métodos anticonceptivos. "No garantiza eficiencia. Lo que se requiere ahora es más prevención.

Se trata de educar en un marco de igualdad, de corresponsabilidad entre chicos y chicas, de empoderar a las mujeres para que establezcan relaciones sanas en las que ambos crezcan en su personalidad y que sean conscientes no solo de cómo prevenir un embarazo no deseado, sino de cómo llevar una relación afectivo-sexual sincera y respetuosa", recomiendan en el capítulo de las conclusiones. También apelan a que la escuela detecte "violencia o asimetría en las relaciones, si hay esa transmisión del mito romántico". El sociólogo Gentile destaca cómo "de las 32 chicas (del estudio), 30 afirman que volverían a quedarse embarazadas, pero no en las condiciones en que lo hicieron. No sufriendo violencia o no con aquel novio, nos dijeron. Eso sí, no reniegan del embarazo y al hijo les une un amor incondicional. Ellas ahora son lo que son por lo que han afrontado y se reivindican mucho más empoderadas", resume el autor del estudio.