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lunes, 13 de enero de 2020

Sexting: uno de cada tres universitarios reconoce practicarlo

El sexting es una práctica cada vez más común entre los jóvenes y universitarios. Enviar contenidos de carácter sexual a través de algún dispositivo móvil puede traer consecuencias profesionales y personales a largo plazo. Un grupo de científicos de la Universidad de Granada (UGR) ha desarrollado un estudio sobre la implantación de esta práctica en universitarios donde se han descubierto datos muy reveladores sobre esta actividad.
El sexting consiste en enviar contenido provocativo o sexual a través de un dispositivo móvil.
Sexting es un neologismo formado por las palabras “sex” (sexo) y “texting” (enviar mensajes de texto a través de un móvil). Cuando se habla de sexting se hace referencia al envío o la publicación de contenidos sexuales o provocativos, creados por el remitente y difundido a través de un móvil o algún aparato que pueda desempeñar la misma función.
El grupo de investigación HUM-846 “APSEDI: Atención Psicológica y Educativa a la Diversidad” de la Universidad de Granada (UGR) desarrolla una línea de investigación sobre sexting desde hace años.
Ahora, un grupo de científicos de la misma universidad han publicado un estudio en la Revista Suma Psicológica sobre este tema.
Los autores, las investigadoras Helena Chancón-López y María Jesús Caurcel-Cara y el doctor Juan Francisco Romero-Barriga, revelan en esta publicación que uno de cada tres universitarios practica sexting sin tener en cuenta los posibles peligros personales o profesionales que conlleva esta actividad.
A pesar de que es un fenómeno social a nivel mundial, los autores reconocen que no hay estudios que se centren en los universitarios específicamente. Precisamente, esa ha sido una de las motivaciones para su realización.
La investigación tenía como objetivo saber cuál era el nivel de implantación de sexting entre los universitarios. Utilizaron una muestra de 899 estudiantes de la Universidad de Granada (397 hombres y 502 mujeres) en una franja de edad de 18 a 24 años.
Para conseguir que la investigación tuviera validez se utilizó la Escala de Conductas Sobre Sexting (ECS) traducido y adaptado por los investigadores.
Los resultados demostraron que tanto hombres como mujeres practican sexting siendo los primeros los que más mandan y reciben este tipo de mensajes. Cuando esta actividad se produce dentro de una relación de pareja son las mujeres las que más envían estos contenidos.
¿Por qué lo practican los jóvenes?
En cuanto a la edad, se demostró que el sexting se practica principalmente de los 18 a los 21 años, con un ligero descenso a partir de los 24.
La mayor parte de la muestra reconoce que lo practican con 1 o 2 personas, pero casi el 5 % admite que lo ha practicado hasta con 10 personas.
La búsqueda de relaciones sexuales es el principal motivo por el que los universitarios realizan sexting (opinión expresada por 5 de cada 10 hombres y 4 de cada 10 mujeres).
Estar de buen humor (sobre todo en el caso de los hombres) es otra de las situaciones que, aunque en menor medida, también incita a esta práctica.
Los jóvenes prefieren realizar esta práctica cuando se encuentran solos en su domicilio (sobre todo los chicos).
Para los científicos, el valor añadido de este estudio se encuentra en que la mayoría de investigaciones que se han hecho sobre sexting se centraban en adolescentes, pero no en universitarios.
Esta actividad conlleva muchos riesgos tanto personales como profesionales. Aunque se trate de una práctica consentida, la enorme difusión y el tiempo que este contenido pueda encontrarse en la red pueden llegar a tener consecuencias profesionales a largo plazo.
Por ello, los profesionales de la salud, como los psicólogos, deben informar a los jóvenes (antes y durante la etapa universitaria) de los peligros que entraña llevar a cabo estas prácticas.
Los investigadores recomiendan ser responsables y prudentes en la práctica de sexting.
Debido a la baja representatividad del estudio (solo estudiantes de la Universidad de Granada), los científicos consideran importante que haya una continuidad con otras universidades españolas.

jueves, 27 de junio de 2019

¿Es el ‘sexting’ un riesgo para los adolescentes?

Un metaanálisis de 23 estudios con 42.000 menores de edad asocia esta práctica con mayor actividad sexual y algunos trastornos mentales.
Uno de cada siete menores de 18 años (15%) ha enviado algún mensaje de este tipo y uno de cada cuatro (27%), lo ha recibido.
La Universidad de Calgary (Canadá) ha analizado los resultados de 23 estudios, en los que han participado casi 42.000 menores de 18 años, para responder a la cuestión de si existe alguna relación entre el sexting y conductas sexuales concretas y la salud mental.
El sexting consiste en producir y enviar contenidos (principalmente fotografías o vídeos) de tipo sexual o erótico de forma totalmente voluntaria y privada a otra persona, utilizando para ello el teléfono móvil u otro dispositivo tecnológico, según explica Laura Cuesta, profesora de Estrategia Digital y Social Media en la Universidad Camilo José Cela.
Según este metaanálisis, publicado en la revista JAMA Pedriatics, sí que existe una asociación entre hábitos sexuales específicos (como la falta del uso de anticonceptivos o la cantidad de actividad sexual practicada) y trastornos como la ansiedad y la depresión. Los adolescentes que sextean tienen 2,16 posibilidades más que el resto de no usar ningún método anticonceptivo, y 1,79 de padecer estas patologías, asegura el estudio. Además, también relaciona el sexting con beber alcohol  (3,78 posibilidades de más), el consumo de drogas (3,48 veces más riesgo) y de tabaco (2,66 más opciones de ser fumadores). Por otro lado, también plantean que existe correlación con el comportamiento delincuente, ya que figura con 2,50 puntos más de probabilidad.
En este trabajo, se explica que los más jóvenes pueden sextear con intenciones relativamente inofensivas. Sin embargo, en el caso de que esas intenciones no sean tan inofensivas, se puede producir una decepción emocional. El estudio insiste, en cualquier caso, en que la correlación no indica causalidad, es decir, que quien practica sexting no tiene necesariamente que incurrir en prácticas de riesgo.
Según este estudio, los adolescentes que sextean tienen 2,16 posibilidades más que el resto de no usar ningún método anticonceptivo y 1,79 más probabilidades de padecer patologías como la ansiedad y depresión
La autora, Sheri Madigan, es psicóloga, y ya había participado en otro estudio sobre sexting, donde se concluyó que este hábito es una práctica cada vez más común entre los jóvenes: "El sexting se está convirtiendo en un componente normativo del comportamiento y desarrollo sexual de los adolescentes", explica la autora. Según sus datos, 1 de cada 7 menores de 18 años (15%) ha enviado algún mensaje de este tipo y 1 de cada 4 (27%), lo ha recibido.
Para Ricardo Fardiño, psicólogo clínico y uno de los autores de La lucha sexual de los adolescentes en la hipermodernidad, es habitual que si un adolescente "se siente rechazado por sus iguales, cuestionado de manera masiva o expuesto públicamente en aspectos de sí mismo que sienten como más frágiles" puedan aparecer trastornos de tipo ansioso-depresivo. 
Pero, ¿el sexting tiene riesgos importantes para los más jóvenes? Según el estudio, los adolescentes con menor edad pueden ser más susceptibles a los riesgos asociados con el sexting debido a su relativa inmadurez, en comparación con los adolescentes mayores. Además, Cuesta cree que siempre cabe la posibilidad de que cualquier contenido sea accesible para terceros por muchas razones (fallos técnicos, hackers, descuidos, extorsiones, acoso, chantaje, robo de terminal, spyware, troyanos, etcétera).
Para las familias que puedan estar preocupadas por cómo afrontar esta situación con los adolescentes, Cuesta cree que pese a que son ellos los que tienen más destreza tecnológica, no tienen ni la madurez ni la responsabilidad para tomar ciertas decisiones. “A mi hija le hablé de la Teoría de los 10. Antes de publicar una foto, tendría que pensar qué sentiría al ver esa foto a las 10 horas de verla publicada, luego, a los 10 días, después, a los 10 meses y, finalmente, a los 10 años. Si no se avergonzaba de ello, no habría problema”, aporta.
En cuanto a cómo deben actuar los propios adolescentes, Fardiño cree que lo más importante es proteger la intimidad: “Les diría que en la sexualidad es fundamental el autocuidado y el respeto por el otro. En este caso pasa porque no podemos hacer pública aquella imagen que nos ha llegado como una intimidad compartida. Eso es una agresión y podemos incurrir además en un delito”, zanja.
El estudio de Mendigan concluye con que será necesario continuar analizando el sexting y la asociación que se hace entre este intercambio de mensajes y la salud mental de los adolescentes.

lunes, 15 de abril de 2019

Un tercio de los adolescentes de 4º de ESO que practica sexo no usa protección

El 25% de alumnos ha tenido ya relaciones sexuales
A los alumnos de 4º de ESO de la provincia de Barcelona les gusta escuchar música, utilizar las redes sociales y mirar la televisión. Los chicos practican el doble de deporte que las chicas, pero igual que ellas, pasan la mayoría de su tiempo libre delante de una pantalla. Como a Otis, el protagonista de «Sex Education», una serie británica sobre sexo que enseña a los jóvenes lo que no aprenden en las aulas. Otis es virgen, tampoco se masturba, pero se convierte en el asesor sexual de sus compañeros de clase después de que Maeve, la chica «mala» del instituto, descubre que ha heredado las habilidades de su madre, terapeuta sexual. Atiende las inseguridades que tienen los jóvenes con sus cuerpos, sus dudas en las primeras veces en pareja o acompaña –ahí va un spoiler–, a Maeve a una clínica para abortar.
Otis representaría al 75% de los alumnos de 4 º de ESO de colegios e institutos de Barcelona que todavía no ha tenido relaciones sexuales con penetración. Maeve forma parte del 25% restante y en este grupo está dentro del 37,7% de las chicas que afirma no haber utilizado un método anticonceptivo en alguna de sus relaciones y, más concretamente, al 5,2% que se ha quedado embarazada. –Maeve también es una apasionada de la literatura, lo que también sirve para ilustrar que ellas leen más que ellos–.
Los resultados de la primera encuesta sobre hábitos de salud de la Diputación de Barcelona, con datos de 8.078 jóvenes de entre 14 y 17 años, no difieren de otros estudios. Pero como dispone de una muestra muy amplia de los 41 municipios de Barcelona, permite analizar las cifras más allá de la descripción.
Por ejemplo, el elevado uso de la píldora del día después entre las jóvenes de los municipios del interior, un 36,3%, cuando la media es de un 25%, puede advertir de que se asume como un método anticonceptivo normalizado y alertar a los tutores de que deben incidir en su educación sexual. También entre las jóvenes de 16 años inmigrantes, que utilizan 10 puntos más la píldora del día después que la población autóctona. Estas jóvenes tienen más relaciones de riesgo, practican más la marcha atrás, pese a no ser un métodos seguro.
La edad de inicio de las relaciones sexuales completas no son un problema. No es distinta a la de otros informes ni del comportamiento en Europa. El problema es que pese a conocer los métodos anticonceptivos –el 89% usa el preservativo o un 20,7% la píldora anticonceptiva–, un 20% admite que hace marcha atrás y un 15% que no usa protección.
Según el origen de los estudiantes, el comportamiento sexual es diferente: el 41,5% de los chicos inmigrantes ha tenido ya relaciones sexuales completas, mientras que sólo el 23,3% de los nacidos aquí se ha iniciado en el sexo.
Hay una relación entre el porcentaje de jóvenes que ha tenido ya una relación sexual completa –el 26,7% de los alumnos de centros públicos versus el 22% de concertados–, con la frecuencia con la que salen de noche. El 45,8% de los jóvenes que salen dos o más noches a la semana ha tenido relaciones sexuales, frente al 12,6% que no sale.
Bullying con el más débil
El estudio alerta de que los jóvenes inmigrantes recién llegados que dicen ser víctimas de acoso escolar con violencia es tres puntos por encima de los autóctonos. Un 15% de los chavales dice haber sufrido amenazas, golpes o ataques y un 20% siente haber sufrido rechazo por parte del resto de compañeros. Las chicas son más conscientes de la violencia machista: un 18,5% denuncia haber sufrido agresiones sexuales, no hablan de violaciones, incluyen comentarios sexistas, muchos en las redes sociales.

viernes, 8 de marzo de 2019

Atrapadas en la red del amor romántico

Una investigación evidencia que una de cada cinco españolas vive durante años esforzándose en una relación de pareja sin futuro
La llave de la felicidad de las mujeres en España la siguen teniendo los hombres y el romanticismo, por encima de la salud, la familia o su propia autoestima, tanto que un 20% de mujeres de todas las edades se dicen atrapadas en una relación que podrían abandonar pero no lo hacen. Así lo pone de manifiesto un estudio elaborado por la analista y experta en big data Laura Sagnier titulado Las mujeres hoy sobre cómo son, qué piensan y cómo se sienten las españolas. Para este informe se encuestó, entre finales de 2015 y principios de 2016, a 2.403 mujeres mayores de edad que respondieron a más de un centenar de preguntas. La muestra representa a casi 15 millones de españolas.
El perfil resultante es el de una mujer crítica y exigente consigo misma, que trata de tener una dieta sana y equilibrada y se considera muy organizada. Mujeres encarceladas en unos estereotipos femeninos que no han evolucionado con los tiempos, hasta el punto de que una de cada cinco acaba atada a una relación que no la satisface. Un modelo basado en una belleza impuesta social y mediáticamente y en una autoexigencia para parecerse a lo que espera de ellas su entorno: el familiar, el laboral, el social y el virtual. Directrices sostenidas en la creencia de que el amor lo es o debe serlo todo más allá de las dificultades de pareja.
El ideal de amor romántico “significa que yo voy a crecer emocional y personalmente a través de otro, es decir, que se presupone que a mí me faltan cosas que otro tiene que completar”, dice la psicóloga experta en feminismo Rosa Collado. Las mujeres, explica, buscan en las parejas "lo que deberían buscar para sí mismas y en sí mismas, afrontando las limitaciones, pero consiguiendo ser más autónomas, más independientes”. El amor romántico educa a las mujeres "a entregar todo lo emocional, cuidados, comprensión, apoyo, y a ellos para aportar lo material: dinero, trabajo, ideas, movimiento”.
En España, en el tercer trimestre de 2018, 21.762 parejas pusieron fin a su matrimonio, según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial. ¿Qué mantiene a otras en una relación rutinaria? "Podría haber hecho el pino seguido de un doble salto mortal con el pelo fucsia y no se habría dado cuenta. Ni hablábamos ni hacíamos nada juntos ni colaboraba en una sola cosa de la casa", empieza Lucía Valverde, que estuvo casada 16 años. "Sentía la necesidad de que tenía que aguantar hasta que el matrimonio funcionara, porque para algo me había casado", explica.
"Las mujeres se exigen no fallar y cubrir todo tipo de necesidades" para que la relación funcione, dice Rosa Collado. Se las educa no solo para “entregarlo todo”, sino que se enseña "cómo ser para ser amada”. “Para ello, tienen que ser cada vez más perfectas: amantes, madres, parejas…”. Cuando todo falla también se culpabilizan. “Se preguntan qué ha pasado si estaban cumpliendo con lo que se les exigía: tenían éxito en el trabajo, cuidaban de los suyos, se esforzaban por estar guapas…”. Lo que ha ocurrido, continúa Collado, es que "se sigue creyendo en unos roles de género en los que existen muchas diferencias entre hombres y mujeres".
Laura Sagnier (Barcelona, 1966) concluye en su estudio que, finalmente, cuando se da carpetazo a la pareja, se confirma el viejo refrán: mejor sola que mal acompañada. "Una pareja que las hace infelices afecta de forma mucho más negativa al resto de los aspectos de su vida que no tener pareja".
La psicóloga Marisol Rojas, experta en violencia machista, coincide con esa apreciación y explica por qué cuesta salir de ese “papel preasignado por la sociedad”. “A nosotras se nos educa para los demás y a ellos para sí mismos”. Los cuidados son la clave en este enganche: “Se nos dice desde el principio que tenemos que cuidar siempre, de la pareja, de la familia, de los hijos. Al final, quedamos atrapadas por esta obligación creada". Una empatía que, llevada al extremo, también explica la dificultad de las víctimas de violencia de género para salir de ese bucle: “Hay que dejar de ser madres para ser parejas. Porque el amor de madre es incondicional y convertir el amor de pareja en ese amor incondicional es un error y una trampa mortal”.
Esa realidad creada para encajar en una sociedad patriarcal sigue ahí, según la psicóloga Timanfaya Hernández, especializada en víctimas de violencia de género: “Existe hoy un doble mensaje. Las mujeres somos reivindicativas y cada vez exigimos y luchamos más, sí, pero persiste el poso del pasado, que dicta que hay que encontrar una media naranja para estar completas y que ha de ser un hombre fuerte que provea y proteja”. La única solución que ve Hernández es un cambio de valores en la educación desde el principio: “Porque a las mujeres se les ha vendido algo que no es, y es imposible cumplir con eso que nos han vendido”. Cuenta que atiende en consulta a muchas mujeres que llegan para contarle que tienen pareja, casa, hijos, trabajo… Y no son felices. “Hay que trabajar muchísimo con ese pensamiento distorsionado, porque estamos agotadas por cumplir con todo lo que se supone que debemos ser, hacer y tener y ni siquiera nos damos permiso para ser nosotras mismas. Ese no es el cóctel de la felicidad”.
LA CASA, LOS HIJOS Y LA FALTA DE REPARTO DE TAREAS
El choque entre la realidad y las expectativas fue lo que le sucedió a Pilar Acevedo hace casi una década. Y se divorció. Pero reconoce que “sin querer” sigue intentando cumplir con lo que el resto de su mundo espera que haga: se levanta a las 06.00 y se sienta a descansar cuando pasan las 23.00, es autónoma y se ocupa de su establecimiento, de sus padres y de sus dos hijos: planchas, lavadoras, comidas y organización de hierro para el día a día, cada día. “Es mi trabajo”, dice. “O al menos yo lo siento como tal, me siento responsable”. Acevedo también es parte del retrato de otro aspecto del estudio, el de una mujer que cuando se queda prácticamente sin tiempo para ella cuando tiene hijos, con trabajo remunerado (seis de cada diez lo tienen), pero también con mucho del que no está remunerado, ya que destinan más de la mitad del tiempo que están en casa despiertas a realizar tareas del hogar y cuidado y que sienten cierto placer por las tareas de la casa.
Los datos del documento hablan de ello: "Los resultados dicen que las mujeres destinan más de la mitad del tiempo que están en casa despiertas (el 55% de media) a realizar tareas domésticas que se derivan de la casa en la que viven y del cuidado y educación de los hijos, si es que los tienen". Cuenta la autora del estudio, Laura Sagnier, que ellas soportan casi el triple de trabajo que sus parejas (74% frente al 26%) y esta proporción se mantiene casi idéntica tanto si la mujer trabaja fuera de casa como si no y empeora cuando se tienen hijos. Le ocurrió a Pilar Acevedo durante toda la infancia y la adolescencia de sus hijos: "Me daba la sensación de que me faltaban horas y manos todo el tiempo. Siempre había algo que se quedaba sin hacer, todo era urgente... Cuando estaba casada, era peor, porque el trabajo no se reducía sino que crecía". Sagnier alerta en este punto de que la perspectiva de cambio no será rápida, aunque ya se nota: "Al ritmo que evoluciona la implicación del padre en el cuidado de los hijos, o si no hay hijos en las tareas de la casa, vamos a tardar entre dos y tres generaciones para igualarlo". Según se desprende del documento, "en el pasado reciente colaboraba un 19% de hombres, hoy en día lo hace el 27%".

sábado, 8 de diciembre de 2018

Coitocentrismo y religión, dos motivos por los que nos obsesiona la virginidad

Los jóvenes ya no sienten tanta presión por conservarla como por quitársela de encima
Aún hoy nos llegan, desde cualquier rincón del mundo, noticias sorprendentes que tratan sobre la virginidad. Una de las últimas, de hace unos días, tiene como protagonista a una chica australiana de 18 años que, supuestamente, ofrece su virginidad a cambio 100.000 dólares para costear sus estudios universitarios y ayudar a sus padres con la hipoteca.
Hace dos años también se convirtió en noticia que el Gobierno municipal de una localidad rural sudafricana, según las informaciones publicadas, desarrollase un programa de becas universitarias para 16 jóvenes que demostrasen su virginidad. La vertiginosa velocidad con la que estas noticias saltan de un medio de comunicación a otro nos habla de la fascinación que aún sentimos por el concepto de la virginidad.
Uno de los motivos de nuestra obsesión por la virginidad es el modelo sexual que predomina en nuestra sociedad: el coitocentrismo. Se trata de una concepción de la sexualidad enfocada hacia lo genital y deudora de la importancia que históricamente hemos concedido a la reproducción.
Esto lo comprobamos a diario cuando escuchamos la palabra "preliminares", una idea que a muchos sexólogos nos gustaría erradicar. Porque "preliminar" significa que antecede o se antepone a la acción principal, es decir, el coito.
Con este término le quitamos a los juegos eróticos la importancia que se merecen (considerándolos trámites menores) para centrarnos en la penetración, como si una relación sexual no fuese "completa" sin penetración, o como sin coito no hubiese paraíso.
Íntimamente relacionado con el coitocentrismo, el modelo sexual nos proporciona otro centro (¿o debería decir cetro?): el pene. En el imaginario social (que arrastra, recordemos, una visión reproductiva) cuesta imaginar prácticas eróticas donde no estén incluidos los genitales en general y el masculino en particular.
Fetichismos, relaciones de dominación/sumisión o relaciones lésbicas, por ejemplo, además de haber sido catalogadas como "perversión", han generado –en algunos– dudas respecto a la satisfacción que puede obtenerse sin un falo de por medio. De la misma manera que los sexólogos nos empeñamos en superar el concepto "preliminar", también tenemos una ardua tarea para reivindicar el placer más allá del falocentrismo.
Con todo esto, parece que virginidad no hay más que una, cuando, en realidad, en el sexo existen muchas primeras veces que pueden ser muy simbólicas. Incluso más que la propia penetración.
Valeria, la protagonista de la exitosa saga literaria que lleva su nombre de la escritora Elisabet Benavent, dice al recordar su noche de bodas: "Aquella noche me desnudó despacio y lo hicimos por primera vez sin preservativo, como si fuera nuestra forma de perder la virginidad".
Un concepto cultural
Además de nuestro coitocentrismo, otra de las razones por las que nos obsesiona la virginidad es nuestra herencia cultural. En las sociedades de tradición católica, la idea de que María diese a luz a Jesús siendo virgen revistió esta condición de un carácter puro e inmaculado que las mujeres han arrastrado durante siglos. Sylvia Marcos, experta en religión y género, se refería en una entrevista a la Biblia como "un manual de conducta".
Esta concepción de la virginidad no es exclusiva de la religión católica. También la encontramos en diversas sociedades y religiones, como explicaba recientemente este artículo sobre los exámenes de virginidad en Marruecos y sobre los intentos de la Organización Mundial de la Salud de erradicarlos en veinte países.
Estas pruebas, además de ser humillantes para las mujeres, no tienen ninguna validez médica ya que el himen (cuya integridad es supuesta señal de virginidad) puede romperse en situaciones cotidianas o permanecer intacto tras una penetración.
El hecho de que la virginidad no es más que un concepto cultural ya lo demostró mucho tiempo atrás, por ejemplo, el antropólogo Bronislaw Malinoski, quien publicó en 1929 su libro La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia. Al describir las relaciones eróticas y la vida en familia de los indígenas de las Islas Trobiand (Papúa Nueva Guinea), también abordaba su particular concepción de la virginidad que nada tenía que ver con las anteriores.
Los tiempos cambian
Aunque sigue siendo un concepto muy presente, en nuestra sociedad actual ya no es tan importante mantener la virginidad como quitársela de encima. Es algo de lo que hablaron los jóvenes entrevistados en un programa reciente de Salvados:
Este cambio en la visión de la virginidad también ha quedado acreditado en algunas investigaciones, como la que en 2016 publicaron Gesselman, Webster y Garcia con el título de "¿Ha perdido su virtud la virginidad?" (en inglés). En este trabajo llegaban a la conclusión de que su pérdida tardía podría traer consecuencias interpersonales negativas y limitar las oportunidades para mantener relaciones. Es una nueva concepción de la virginidad, pero que no rompe con el coitocentrismo del que hablábamos.
Los sexólogos también solemos comprobar que la concepción de la virginidad varía en función del género. Chicos y chicas se preocupan por la virginidad, aunque se preguntan cosas diferentes. Mi experiencia profesional me ha demostrado que, mientras ellos quieren saber cómo disfrutar más, ellas se preguntan si la primera vez duele.
Esta variación no parece desconectada de las cuestiones culturales e históricas que mencionábamos y que, por lo general, han empleado la virginidad como un mecanismo para controlar los cuerpos de las mujeres.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Jóvenes adictos al porno pero ignorantes sexuales: "Hay chicos de 15 años con Viagra"

La adicción a la pornografía y la escasa educación sexual están generando una juventud que concibe el sexo como producto y en la que abundan los problemas para conseguir placer.
Muchos adolescentes experimentan problemas sexuales por las altas expectativas generadas con el porno. 
Entre las fiestas y botellones que plagan los campus universitarios, parques o discotecas, se está introduciendo de manera silenciosa un agente inesperado. El alcohol y las drogas ya no son los únicos elementos prohibidos que persiguen los jóvenes españoles para sus noches de farra. Una pastilla azul, conocida mundialmente con el nombre de Viagra, forma parte ya de la rutina de muchos adolescentes obsesionados con rendir igual que un actor porno.
El miedo a "no dar la talla" está aumentando el consumo de este asistente químico para lograr una erección. "Por lo que nos llega a la consulta, estamos hablando de chicos de 15 años que ya la están consumiendo" apunta Vanessa Rodríguez, psicóloga y autora del libro 'La lucha sexual de los adolescentes en la hipermodernidad'. Conseguirla es extremadamente fácil incluso para menores de edad: sólo hace falta acceso a internet y una cuenta con fecha de nacimiento falsa.
El lado oscuro del porno: las estrellas del género cuentan toda la verdad
Ola de suicidios en la industria del cine para adultos. Las adicciones y la alta exigencia de su profesión es el cóctel fatal para unas vidas llenas de excesos
Pero ¿por qué recurren a este fármaco personas que, por edad, no deberían tener ningún problema para cumplir con su pareja de turno? El uso de esta pastilla, señalan expertos psicólogos y sexólogos, es el reflejo más claro de una generación que ha crecido con la pornografía como única educación sexual, el sexo como producto de consumo, y la propia imagen como núcleo en el que pivotan las relaciones interpersonales. Un "analfabetismo relacional", aseguran, que genera problemas como la disfunción eréctil, falta de empatía y dificultades para encontrar el placer —propio y ajeno—.
Imitadores de pornografía
Según el portal de contenido para adultos PornHub, España se sitúa el 13º en el 'ranking' de consumo de pornografía del mundo. Además, la media para empezar a ver este tipo de contenidos está en torno a los once años. Es decir, cuando los preadolescentes apenas están recibiendo educación sexual, se exponen a imágenes y relatos que poco tienen que ver con el mundo real.
"No queremos entrar en un discurso antipornográfico, pero es cierto que la cantidad de contenido sexual a la que los adolescentes tienen acceso sin filtro ni visión crítica es muy alta", señala el también psicólogo especializado en sexualidad Ricardo Fandiño y coautor del libro con Rodríguez. "El problema es el tipo de porno que encuentran: mayoritariamente duro, con una imagen de la mujer siempre disponible, sometida, y de un hombre continuamente activo, que siempre rinde, que tiene éxito… Y no hay alternativa a ese modelo".
Intentan reproducir en la vida real lo que ven en el porno, y eso está llevando a mucho sufrimiento y decepción.
Lejos han quedado las revistas compradas a hurtadillas o descifrar la codificación del Canal+. A través de la intimidad de sus pantallas los jóvenes tienen acceso a un tipo de prácticas sexuales que crean en su imaginario una serie de expectativas difíciles de cumplir. "Intentan reproducir en la vida real lo que ven en el porno, y eso está llevando a mucho sufrimiento y decepción porque es imposible alcanzar esos estándares", apunta Vanessa Rodríguez.
Al igual que ocurre con las redes sociales, donde lo que se busca es la gratificación inmediata a través de los 'likes' del otro, en la cama los adolescentes están más preocupados por la imagen de sí mismos que proyectan. "El placer y el goce quedan relegados; lo que importa es la representación casi gimnástica del acto y parecer que eres bueno reproduciendo ciertas prácticas que has visto en el porno", añade Rodríguez que apunta que tanto chicos como chicas reproducen estás prácticas, aunque en el caso de las segundas se refleje a través de la sumisión. "Lo que experimentan después de tener una relación es más bien alivio por haber rendido que placer", señala Fandiño sobre su experiencia tratando con adolescentes.
En los talleres de los centros de Planificación Familiar, también ven a menudo cómo ese imaginario traído de la pornografía está detrás de muchas de sus consultas: "Tienen dudas sobre cómo debe ser la medida de sus genitales, su forma, cuánto tienen que durar las relaciones, el rol que debe jugar cada uno… Tienen dudas hasta de lo que deben desear", señala Raquel Hurtado directora de la Federación de Planificación Familiar Estatal. "Nos han llegado a preguntar hasta qué es un bukake", añade. "La famosa escena de la Manada, por ejemplo, es una reproducción de una película porno", comparte Fandiño. "La mujer está puesta en el lugar de un objeto, está siendo usada y da igual qué chica sea".
"Lo que importa es el número"
En 2015, una chica fue violada mientras estaba inconsciente en una macrofiesta de Panamá City Beach, Florida. A plena luz del día, y ante las miradas indiferentes de decenas de personas que la rodeaban como si no fuera con ellos. El caso conmocionó a Estados Unidos y dos años después, el documental 'Liberated: The new sexual revolution' intentó explicar cómo en un entorno donde mantener relaciones sexuales es el centro de la fiesta, el sexo se banaliza hasta el extremo.
Un momento de la cinta lo ejemplifica a la perfección: un grupo de universitarios está bebiendo en el rellano de su apartamento cuando una chica pasa por delante. En poco más de 15 minutos a uno de ellos le da tiempo a presentarse, invitarla dentro de la habitación, apagar las luces y salir para contar la hazaña al resto del grupo. "Una más", bromean entre ellos, como si fuese otro de los collares de plástico que coleccionan en el cuello, típicos de esta cita anual entre universitarios estadounidenses. "Lo que importa es el número", aseguran a cámara.
A diferencia de la revolución sexual de los años 60, reflexiona el documental, esta nueva oleada ha traído un sexo desligado de cualquier tipo de sentimiento y empatía hacia el otro. Y las relaciones esporádicas se convierten en el mejor reflejo, dicen los expertos, de la sociedad de consumo actual. Otro grupo de chicos lo define frente a la cámara como el "CMGM: Cuanto más grande mejor", o lo que es lo mismo, la actitud del eterno insaciable. "Eso es lo que te aleja de las relaciones, que siempre puedes tener algo mejor. Una chica siempre puede estar más buena, tener el culo más grande, las tetas más grandes o más bonitas", se sincera uno de los entrevistados.
El porcentaje de menores que ha perdido la virginidad antes de los 15 años se ha duplicado
"Los jóvenes están socializando llevando las relaciones personales al terreno de lo momentáneo; la sexualidad se convierte en un objeto de consumo. Por supuesto, no hay que generalizar, a algunos les atrae eso pero otros siguen teniendo relaciones tradicionales", señala Jorge Benedicto, sociólogo de la UNED.
Según los informes Juventud en España que elabora el INJUVE periódicamente, la edad de la primera relación sexual se ha ido adelantando progresivamente en los últimos años. Un 12,3% de los jóvenes reconocieron haber tenido su primer encuentro con penetración antes de los 15 años en 2012, a diferencia de los 5,2% de 2004. "No es que haya prisa, pero vivimos en un mundo y en una sociedad llena de estímulos e incentivos donde lo atractivo es ser independientes y sentirse adultos cuando antes. La necesidad de convertirse en una persona que hace cosas, que decide por su cuenta y que construye su propia autonomía, aunque sea a través del sexo", señala Benedicto, coordinador del último estudio del INJUVE.
Sin embargo, sigue habiendo mucho desconocimiento debido a una educación sexual ineficiente, y basada únicamente en la anticoncepción y la transmisión de enfermedades sexuales, pero no en el erotismo o el autoconocimiento sexual. "Una anécdota que siempre contamos sobre nuestros talleres es que cuando le preguntamos a los chicos y chicas de 16 años cuántos orificios tiene una mujer no lo saben. O te encuentras chicas que te preguntan que si para orinar necesitan quitarse el tampón", explica Vanessa Rodríguez.
Cuando le preguntamos a los chicos y chicas de 16 años cuántos orificios tiene el cuerpo de una mujer no lo saben
Es lo que en su libro denominan el "doble ciego". A diferencia de generaciones anteriores, donde la cultura sexual estaba fuertemente restringida y censurada, la juventud goza hoy en día de un acceso a información sin precedentes. Pero eso no les hace saber más, solo "creer que saben". "Antes los adolescentes se educaban bajo una represión y tenían muy claro que no sabían sobre sexo, por lo que había una búsqueda, un proceso de conocimiento, pero ahora creen que ya lo saben todo porque lo tienen al alcance de un clic, por lo que no hay esa lucha por conocer su sexualidad", explica Rodríguez.
Superar el umbral de excitación
Debido a esa presión marcada por el porno y al propio desconocimiento de su cuerpo, los jóvenes atraviesan problemas sexuales hasta ahora desconocidos para ese rango de edad, como la disfunción eréctil o la eyaculación precoz, que motivan el uso de Viagra con el que arrancaba este artículo. Según el doctor experto en sexología y director médico de la clínica Boston Medical, José Benítez, el consumo masivo de porno tiene consecuencias a nivel químico en el organismo: "Con la excitación se genera dopamina, y con el consumo de pornografía el cuerpo se acostumbra a ciertos niveles: es lo que llamamos el umbral de excitación. El problema surge cuando en la práctica sexual en la vida real no se llega a ese nivel de excitación y ahí es cuando se produce la disfunción eréctil".
Sufren problemas de eyaculación precoz porque están acostumbrados a consumir porno masturbándose de manera apresurada.
Además, en el caso de los jóvenes muchas veces no han llegado si quiera a tener relaciones sexuales en la vida real, por lo que "sufren problemas de eyaculación precoz porque están acostumbrados a consumir porno masturbándose de manera apresurada, y el organismo se acostumbra a esa rápida eyaculación", explica el doctor sobre los jóvenes. Recuperarse de estos problemas es más complicado en ese rango de edad que entre los adultos porque están menos acostumbrados al sexo real. Mientras que una persona mayor puede superar estos problemas generados del consumo de porno en dos o tres meses, en el caso de los más jóvenes puede llevar un año de tratamiento psicológico.
Por eso, antes de llegar a esos extremos, los expertos apuntan como solución fomentar un tipo de educación sexual que aborde realmente todos estos problemas, y que no se centre solo en evitar embarazos no deseados ni enfermedades de transmisión sexual. "En las charlas que se dan en los colegios, el acercamiento a la sexualidad es siempre negativo. Es como si vas a dar una clase de vino y hablas de cirrosis", reflexiona Rodríguez. "Hace falta abordar la sexualidad desde la idea de relación, del erotismo, de la duda, del conocimiento del cuerpo… Y, cuando lo haces, en realidad ellos están deseando hablar, y aprender".

martes, 25 de septiembre de 2018

El “coitocentrismo” audiovisual o cómo la “sexualidad estándar masculina” se impone al placer femenino

La experta en cine Pilar Aguilar nos explica cómo hay un modelo repetido donde la mujer siempre es sometida  y no busca su placer
“Por lo general, en películas y series se da por supuesto que cada vez que el hombre quiere, ella también, y que lo quiere de la misma forma”
Opina que estos relatos debilitan “la resistencia más o menos intuitiva” que puedan tener las mujeres “a que el hombre le pida algo y ella se niegue”
Más allá de la cosificación y de la imagen de mujer fatal, el género femenino viene sufriendo durante toda la historia del cine y la televisión un estereotipo en cuanto a su sexualidad que poco o nada tiene que ver en ocasiones con la realidad. Se trata de un esquema repetido durante décadas, aquel en el que la mujer solo disfruta del sexo “cuando el hombre quiere y como el hombre quiere” hasta tal punto que esos relatos audiovisuales han calado en múltiples generaciones que ahora pensamos que el sexo debe ser así y no de otra forma. 
La felación y la penetración anal, por ejemplo, se han convertido en prácticas habituales en series y películas y no tanto otras como el ‘cunnilingus’. ¿Ha condicionado nuestra manera de acercarnos al sexo? ¿Hemos renunciando a explorar nuestro propio placer en base a imágenes impuestas y repetidas?
De esta y otras cuestiones, al hilo de la campaña 'Sin un Sí es No' del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha, hemos hablado con la filóloga y experta en cine y televisión Pilar Aguilar, quien ha investigado durante años el papel de la mujer en el relato audiovisual, extrayendo una serie de conclusiones innovadoras que ayudan a replantearnos por qué ahora hacen falta campañas contra la violación en cita y de dónde proceden parte de roles atribuidos al género femenino.
“Si tú muestras, como ocurre en la ficción, con carácter general, que el deseo sexual siempre es tal cual lo quiere el varón, nunca se expresa el deseo de la mujer. Se da por supuesto que cada vez que él quiere, ella también y que quiere además como él quiere”, nos explica. En su mayor parte, series y películas con escenas sexuales nos muestran el coito, la felación y la penetración anal “sin mayores variantes”, o lo que es lo mismo, todo “coitocentrista, sin hedonismo, sin abandono, sin exploración y sin implicación emocional”. Pilar Aguilar deja claro que no se refiere a que tenga que haber amor, sino a que el deseo no sea siempre “puramente genital”.
Precisa por tanto que si de entrada el punto de partida siempre es ese, el mensaje que nos llega es que la sexualidad “es eso y eso es lo normal” porque “es lo que siempre  pasa y lo que tiene que gustarte”. Pone como ejemplo una escena cinematográfica común: un chico penetra a una chica, de pie y casi vestida, y a los dos minutos ella tiene un orgasmo. “El deseo de una chica que personalmente sienta, perciba o note que sus emociones la llevan por otro camino, no estará reforzado por imágenes o relatos que le digan que tiene derecho a querer otra cosa. Eso te coarta a nivel primario porque es una sexualidad estándar masculina”.
Es decir, hablamos de un modelo mil veces narrado, “muy compulsivo, muy genital” en el que “se supone que las mujeres disfrutamos al máximo”. Muy rara vez se considera en la ficción audiovisual la existencia del clítoris o “que no queramos que nos penetren de cualquier manera”. “No por una cuestión romántica ni poética, sino porque yo creo que la sexualidad es algo más que eso y el hedonismo también. El relato casi nunca te muestra que otra cosa sea posible, normal y deseable, sino que te meten ese esquema: una especie terrorismo visual”.  
La filóloga, educadora e investigadora está convencida de que si ese mensaje se repite, si "continuamente te dicen que es así como tiene que ser”, al final “tienes que ser muy valiente para negarte, incluso para formular que tu disgusto es legítimo”. Habla de todo un archivo de relatos, imágenes, modelos, desde que existe el cine y la televisión, que “cohíben” a las mujeres, y que “más allá de que te violen brutalmente, está el hecho de que tú ni siquiera te permites tener, formular y reivindicar otro tipo de deseo y de acto sexual”.
Pero lo mismo sucede con el reflejo ficcional de la violación. También hay numerosos ejemplos de películas donde algunas mujeres violadas y maltratadas, “terminan encantadas”. Aparece en filmes modernos como ‘Elle’ o de forma más sutil en otros como ‘Belle de Jour’. “Es como si a las mujeres siempre nos diera por lo mismo y además siempre en un escenario que además no controlamos, cuando eso no es así”. “La ficción señala que nuestro deseo profundo es un masoquismo en el que no controlamos nada. Eso es muy peligroso y no es equivalente al género. No digo que no exista, pero es mosqueante que siempre se refleje de la misa manera.  Ahí se pervierte el mensaje de que realmente un ‘no’ es ‘no’”.
Pilar Aguilar recuerda que el lenguaje audiovisual es muy potente, tal y como refleja por ejemplo la publicidad, con la diferencia de que en este último caso somos consciente de que nos están vendiendo algo, mientras que en la ficción “tenemos menos espíritu crítico, estamos más desprotegidos emocionalmente”. “Cuando ves un modelo una y otra vez como normal, terminas picando”. 
Contra un "condicionamiento potentísimo"
¿Cuál es la consecuencia en relación con cuestiones como la violación en cita? Ese estereotipo, ese mensaje, termina por “debilitar la resistencia más o menos intuitiva que puedan tener las mujeres a que el hombre le pida algo y a ella no le apetezca”.  Hablamos entonces de un “condicionamiento potentísimo” de que “eso nos tiene que apetecer siempre”. “Si nos gusta, no hay problema, no pasa nada, pero es que hay muchas mujeres que lo hacen por una presión que les impide formular que su deseo es otro. Esa es la base de todo lo demás, el primer paso para el abuso”.
De hecho, aunque esta experta es optimista en cuanto a que existe una mayor percepción de la igualdad y que esto se está reflejando también en el cine y la televisión, no lo ve tan claro en el caso de la sexualidad. Pone como ejemplo series como la británica ‘Fleabag’, dirigida por una mujer y donde la protagonista busca pareja sin inhibiciones y refleja cómo no disfruta con sus relaciones, pero sin aportar ninguna mirada crítica sino “complaciente”. “El esquema vuelve a repetirse”. En el caso contrario sitúa películas como ’50 primaveras’ ('Aurore'), una cinta francesa donde pueden verse escenas de ‘cunnilingus’, ya que el hecho de que se muestre “de por sí, es muy raro”.
Por todo ello, Aguilar apoya campañas destinadas a promover el ‘Sin un Sí es No’ pero también defiende que a las chicas, desde muy jóvenes, se les enseñe la importancia de “reivindicar su placer”. “El tema de la sexualidad es el del placer compartido, no tiene otra justificación, no es una obra de caridad, no es un deber, no hay que hacerlo por amor. Hay que educar a las chicas en la importancia de su propio placer”.
Pilar Aguilar es Licenciada en Filología Moderna por la Universidad de Sevilla, en Ciencias de la Educación por la Universidad René Descartes de París y en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Diderot de París. También tiene un Máster en Historia y Estética del Cine por la Universidad Autónoma de Madrid. Sus tres últimos libros publicados son ‘No quise bailar lo que tocaba’ (Almud, 2014), ‘El papel de las mujeres en el cine’ (Santillana, 2017) y ‘Feminismo o barbarie’ (La Moderna, 2018). Además, ha publicado numerosos artículos sobre la mujer, la sexualidad, la prostitución y los relatos patriarcales en el cine y la televisión, y ha impartido múltiples cursos y conferencias. Tiene en su haber premios como el de ‘Mujeres Progresistas’ de Valencia o ‘Meridiana’ de la Junta de Andalucía.

Investigación relaciones de pareja LabSex UGR

El Laboratorio de Sexualidad Humana de la Universidad de Granada (LabSex UGR), del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC), está llevando a cabo una investigación sobre hombres y mujeres en las relaciones de pareja heterosexual. El director responsable del grupo de investigación es Dr. Juan Sierra Freire y la doctora responsable del proyecto Ana Álvarez Muelas.
Nos ponemos en contacto para pedir su colaboración en dicha investigación con la finalidad de dar difusión al link. Buscamos personas con orientación heterosexual y pareja desde al menos 6 meses. La participación en este estudio consiste en contestar una encuesta en formato online de 10-15 minutos de duración, de forma totalmente voluntaria y anónima, garantizando la confidencialidad de las respuestas, así como su uso, único y exclusivo, con fines de investigación, según el artículo de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal.
Por ello, esperamos su ayuda en la difusión del link entre sus usuarios, miembros y asociados, así como en sus redes sociales (grupos de WhatsApp, Facebook, Twitter, etc) para dar la mayor visibilidad posible al estudio. Requerimos para completar la recogida de nuestra muestra, mujeres de o mayores de 50 años.
Os dejamos un resumen de la información del estudio a modo de posible publicación en sus plataformas:
El Laboratorio de Sexualidad Humana de la Universidad de Granada (LabSex UGR) busca participantes con interés en colaborar en una nueva investigación sobre relaciones de pareja heterosexuales. Consiste en contestar el link de la encuesta (10-15 min). Los requisitos para participar son:
 - Tener 50 años o más.
 - Orientación heterosexual.
 - Mantener una relación de pareja en la actualidad de 6 meses en adelante de relación
¡MUCHAS GRACIAS POR COLABORAR CON LabSex UGR!

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Para follar bien hay que tener el cerebro lleno de empatía (no de pornografía)

Tengo una relación de amor-odio con el porno. En líneas generales, me gusta, me divierte, y tengo una amiga que más de una vez ha llegado al orgasmo viendo porno y mira, te lo voy a decir, la amiga soy yo. La pornografía me ha abierto… la mente (ay, qué chiste más básico, pa lo que yo soy). Incluso me ha ayudado a librarme de algunos complejos.
No sé quién me dijo una vez que si tu complejo es una categoría porno entonces no tienes nada de qué avergonzarte, porque vas a encontrar a alguien a quien le excite esa parte de tu cuerpo que a ti te acompleja. A ver, en el fondo es una mierda de lección vital, pero lo que me gustaría que flotase por encima de este artículo es la idea de libertad o liberación que te da el porno. Todo vale, nada se juzga. En tu cama (o bueno, donde tú lo veas), junto a tu ordenador (o cualquier otro dispositivo), te liberas. Y ves porno. Y te excitas. Y te corres. Y venga, hasta luego.
Porno: sí, pero no tanto
Hasta aquí la defensa de la pornografía. Ahora vamos a la parte de ponerla a caer de un burro: la pornografía está bien cuando quieres saciar tu curiosidad o cuando quieres pasar un buen rato puntual. La pornografía es la peor industria del planeta para todo lo demás. No quisiera yo ponerme paternalista, pero chica, me sale la vena señora. Una se para a ver los datos y no puede por menos que sacar conclusiones: la pornografía nos hace peores personas, y, lo peor de todo, nos hace insensibles.
Aunque este es un tema complejísimo que daría no para un artículo, sino para un libro entero (que seguro que lo hay) el origen de todos los males viene de que nos han hecho creer/nos gusta creer que lo que pasa en el porno es verdad. Y yo no sé por qué ocurre esto, porque, a ver, si vamos a ver ‘Pesadilla en Elm Street’ pues nadie sale aterrorizado del cine pensando que si se queda dormido vendrá Freddy y hará picadillo con sus tripas, ¿no? Viendo la peli te puedes acojonar un poco y llevar algún sustillo, pero después te das cuenta de que todo eso es una peli de ficción y a por la siguiente.
Pero con el porno no, la gente se cree el porno. Permitidme generalizar, que está muy feo, pero qué queréis: los tíos se creen que el porno es verdad. Y como vivimos en un momento histórico en el que el porno es TAN TAN TAN accesible y hay TANTO de todo, pues apaga y vámonos. Han logrado convertir el sexo en justo lo que no es: una ficción.
Toda la vida diciendo que fingir orgasmos es lo peor que podemos hacer las mujeres porque, como decía nuestra profesora, no engañas a los demás, te estás engañando a ti misma, y ahora resulta que nos hemos tragado que el sexo es estar depilada hasta las cejas, tener el ojete blanqueado, abrirse el culo después de practicar sexo anal, babear mucho cuando haces una mamada y disfrutar desde el segundo uno. ¡Un no parar de gemir y de tener orgasmos! Y si me pegas alguna bofetada, mejor que mejor.
Pues luego pasa lo que pasa. Que cuando has visto el triple de porno de lo que has follado en tu vida se te empieza a cortocircuitar la cabeza y se te olvida lo que era tener una relación sexual. Que, como su propio nombre indica, es una relación: una manera de comunicarse con otra persona, una unión, una cosa de (al menos) dos.
Empatía: sí, por favor, toda
El sexo no es solo darle placer al chumino/pito (que también, por favor, no me malinterpretéis). El que recibe el placer, al final, es el cerebro. Y chica, no hay cosa que le guste más a nuestro cerebro que la empatía. Bueno, a lo mejor el azúcar blanco refinado, que es como un chute de droga para él, pero de droga de la mala. La empatía es droga de la buena.
La empatía es el “sentirse valorada”, el “sentirse comprendida”, el “sentirse importante”…
La empatía es una conexión cerebral bastante importante a la hora de relacionarse con el mundo que nos rodea. La empatía es también el preocuparse por los demás, valorarlos, comprenderlos y reconocer lo importante que son para nosotros. Cuando follas pensando en la otra persona, y no en el último vídeo porno que viste… ¡eso es follar bien! Yo no quiero que me pongas una pierna pa Dos Hermanas y la otra pa Calahorra. Yo no quiero que probemos mil posturas y no me dejes ni un agujero abierto. Yo quiero que me folles bien.
Y para follar bien lo que tienes que hacer es preguntar, hablar, probar, tocar, reír, sentir, expresar, sorprender… No verte veinte vídeos guarretes antes de cada polvo.

viernes, 19 de enero de 2018

Humor y feminismo para combatir los tabús

La 'clown' Virginia Imaz reflexiona sobre estereotipos en las relaciones sexuales con su espectáculo cómico 'Sex o no sex'.

Dice Virginia Imaz que la nariz de payaso le creció al tiempo que la conciencia feminista. La clown vasca, antes artista de tragedias, se decantó hacia el humor para tratar la realidad con un tono "más sano", y se propuso, desde entonces, hacer de las risas no solo un entretenimiento, sino una herramienta social. Los estereotipos de género, las etiquetas y las dificultades de las relaciones humanas son ahora la diana hacia la que lanza sus chistes que, a partir de las 20.00 horas de este jueves, se dirigirán hacia el sexo en el centro Ágora, donde actuará como parte de su espectáculo Sex o no sex.

"Es un show en código clown, en el que me río de mí misma sobre muchos de los cuentos que me fui creyendo en el tema del sexo", explica la artista, que se meterá en escena en la piel de la payasa Pauxa. Desde su personaje, y sobre escena, la clown compartirá con el público sus reflexiones sobre las relaciones sexuales, cuestionando los roles que se imponen desde la sociedad con una perspectiva de género y reivindicando "la asignatura pendiente del placer sin culpa". "Los hombres y las mujeres hemos sido educados en una doble moral en el tema del sexo. Un chico con muchas relaciones es un Don Juan, es un valor positivo, pero en las mujeres es algo para descalificarlas", cuenta.

La regla, la masturbación y la menopausia serán otros de los temas que la artista tratará junto a este "doble rasero". El objetivo de la clown es normalizar la cuestión sexual y hacer que el público reflexione sobre ella para acabar con los estereotipos y silencios que la rodean. "Son temas tabú. En los últimos años han cambiado mucho las cosas pero, como se ha hablado tan poco, muchas veces no sabemos en qué tono hacerlo", dice la artista, para la que la desinformación es especialmente "peligrosa" cuando afecta a la juventud. "La información se encuentra a través de las redes, pero a veces ofrecen un espejismo que no se corresponde con la realidad. Si no les contamos otra cosa, crecen con esas mentiras tóxicas", añade.

Para combatirlas, Imaz se vale del humor. La payasa rompe mitos desde un juego clown que, en su "inocencia", se transforma en la herramienta ideal para abordar asuntos que han quedado durante años guardados en la recámara. "Es muy liberador para el público. Permite a la gente identificarse, porque además es amable. Parte de reírme de mí, no de otros", comenta la artista, que intentará, como en todos sus espectáculos cómicos, "crear conciencia".

Esta vertiente didáctica de sus piezas, centrada en trabajar la igualdad entre sexos es precisamente lo que le ha valido el Premio Emakunde a la igualdad 2017, que recibirá en abril de este año. Que se lo concediesen fue para Imaz una "alegría enorme" y un "reconocimiento" a sus "30 años de trabajo", caracterizados por una defensa feminista que no percibió claramente hasta pasado un tiempo. "Al principio no era muy consciente de estar haciendo una reivindicación feminista ni de mi propio proceso de empoderamiento. No sabía que podía ser inspirador para otros", comenta la clown, que ve en escena obras "cada vez más concienciadas con la desigualdad" de género, pero marcadas todavía por la ausencia de la voz de la mujer. 

El sexo femenino, asegura Imaz, se encuentra aún "infrarepresentado" en el mundo del espectáculo, especialmente en el terreno del humor. "Hay muy pocas mujeres cómicas, y es difícil que presenten su propio programa", lamenta la payasa, que se ha centrará en el lenguaje sexista en su nuevo espectáculo. Incomunicando estará en los teatros a partir de marzo, para seguir cuestionando, desde la carcajada, los límites propios e impuestos.




lunes, 30 de octubre de 2017

Cómo la tecnología ha cambiado el romance y el sexo adolescente

El romance adolescente y el sexo siempre ha sido un tema espinoso para los padres, pero lo cierto es que la tecnología ha hecho esa carga más liviana. Algunos padres tienen un canal de comunicación abierto y les resulta fácil hablar con sus hijos adolescentes acerca de este tipo de temas, mientras que otros encuentran el tema desagradable y tratan de evitarlo a toda costa. Independientemente de donde encajéis vosotros, el mundo digital nos ofrece bastantes novedades en los eternos desafíos de llegar a esta edad: la adolescencia.

1. La curiosidad, para bien o para mal, será satisfecha online.

La curiosidad sexual es algo habitual en la adolescencia y en la juventud, y cuando nuestros hijos tienen preguntas, para bien o para mal, internet es usualmente su primera opción de consulta. Los adolescentes pueden y encuentran online material sexual altamente explícito, y según fuentes expertas, es preocupante el lugar que ocupa la pornografía en la vida de los jóvenes. De hecho, una nueva investigación analiza la relación directa entre la exposición a contenido sexualmente explícito y sexualmente abusivo, y los casos de relaciones violentas y agresiones sexuales.

La parte positiva es que los adolescentes también acuden a internet para buscar información sobre relaciones y salud sexual. Un estudio reciente descubrió que la tasa de embarazos adolescentes y de enfermedades de transmisión sexual ha disminuido en aquellas comunidades con acceso a internet. Los investigadores concluyeron que la reducción de los embarazos adolescentes se debía, en parte, al creciente acceso a la información sobre la anticoncepción y cómo lograrla.

Los padres pueden tratar estos dos temas al hablar con sus hijos adolescentes sobre pornografía y al guiarlos con información fiable online. Aunque los libros de salud sexual puedan servir como un excelente recurso para niños y pre-adolescentes, los adolescentes más mayores pueden llegar a apreciar que les ofrezcamos algunos sites con esta información.

Os dejamos este vídeo y la guía de Save the Children para padres, de cómo hablar de sexo con tus hijos.Para los que son ya adolescentes, os sugerimos el Portal de Salud de la Comunidad Valenciana con descargables para padres, niños y profesores, o la web para adolescentes (por ahora sólo en inglés) Amaze.org.
Dependiendo del tipo de adolescente, algunos podrán navegar cómodamente con sus padres en webs sobre educación sexual, mientras que otros preferirán recibir un link (compartiendo sin comentarios jocosos, una web con información sólida). Algunos agradecerán un acercamiento indirecto, si tu adolescente menciona que un compañero de clase tiene novia y van enserio, tú puedes responder: "si lo necesitan, espero que sepan buscar información sobre la paternidad / maternidad programada, así como salud sexual y relaciones".

2. La violencia digital en el noviazgo.

Es recomendable que hablemos con nuestros hijos sobre relaciones abusivas, y una conversación sobre el maltrato digital puede ser un buen punto de partida. Según los resultados de una encuesta reciente, más de la mitad de chicas y chicos adolescentes admitieron haber salido con alguien que trató de controlarlos a través de mensajes de texto tan frecuentes que llegaron a incomodarles, esperando respuestas inmediatas, preguntando sus contraseñas, o rastreando su ubicación.

El mismo informe también dio a conocer que casi la mitad de los adolescentes ha estado en una relación con una pareja que usó la tecnología en su contra, para esparcir rumores, publicar mensajes embarazosos u ofensivos, o para amenazar. Y aproximadamente un tercio experimentó extorsión sexual por medios digitales:  fueron presionados para tener sexo, recibieron o se vieron obligados a enviar imágenes sexuales indeseadas o sus propias fotos desnudas fueron enviadas a otros sin su permiso.

Al hablar con nuestros hijos sobre este tema, debemos enseñarles que las relaciones sanas están basados en la confianza y el apoyo, no en el espionaje ni en la intimidación. Además, podemos decirles que siempre estaremos para ayudarles si se sienten presionados por una novia o un novio, ya sea online o en persona.
Los adolescentes sienten gran alivio cuando les recordamos que pueden alertar a un adulto si les preocupa su propia salud y seguridad o la de un amigo. La violencia digital en los noviazgos encaja en esta categoría pues ha sido vinculada en algunos estudios con el abuso físico y sexual, especialmente contra las chicas.

3. Las relaciones pueden convertirse en trabajos a tiempo completo.

Es difícil imaginar algo que pueda igualar la intensidad del primer amor adolescente, pero la tecnología digital parece haberlo hecho. Las parejas adolescentes se despiertan con mensajes de texto o llamadas, se comunican de camino al colegio, durante el día se siguen enviando mensajes de texto, hacen videollamadas entre los deberes y luego se acurrucan virtualmente hasta dormirse.

La mayoría de los adolescentes mantienen sus amistades y su vida social a pesar de tener pareja. Sin embargo, es importante entender lo que significa para un adolescente cuando una relación omnipresente termina. Además de enfrentarse con un corazón roto, el ahora solitario adolescente debe encontrar una nueva forma de comenzar y terminar cada día y de llenar la gran cantidad de tiempo que ahora encuentra vacío. Los adolescentes con mal de amores suelen recuperarse con rapidez, pero los padres no deben subestimar la magnitud de la pérdida a corto plazo.

La tecnología añade algunos nuevos giros a la vieja montaña rusa del romance adolescente. Puede que nuestros hijos sepan más que nosotros acerca de internet y las redes sociales, pero nosotros tenemos más experiencia en las relaciones. Incluso si sus vidas amorosas no son como las que nosotros recordamos que eran las nuestras, debemos encontrar formas de ofrecer nuestra guía y apoyo a nuestros hijos adolescentes.