lunes, 18 de febrero de 2019

En España ya hay más madres de 40 que de 25: "El problema no es demográfico, es de precariedad"

En 2017, según el INE, hubo 9.244 nacimientos de madres de 25 años y 12.993 de madres de 40; en 2010 todavía eran 9.778 las madres de 40 años y 13.575 las de 25. La tendencia se invirtió en 2014.
"Es un problema porque hay personas que hubiesen querido tener hijos y por la precariedad no han podido satisfacer ese deseo. No lo veo tanto como un problema demográfico: las sociedades se irán adaptando", explica un investigador.
"Por una parte sigue vigente la idea de que las mujeres deben tener hijos; por otra, están las condiciones sociales en las que se tienen. No se facilita. No está resuelto en el actual contexto", expresa la socióloga Constanza Tobío.
En España ya es más habitual que una mujer tenga un hijo –sea o no el primero– a los 40 años que a los 25. En 2017, según el INE, nacieron 9.244 bebés con madres de 25 años y 12.993 con madres de 40. Los datos llevan años avisando de esa inclinación, pero hasta hace no tanto aún no se daba así. El momento en el que se invierten las tendencias se produce en 2014; en el año 2010, en plena recesión, aún era al revés: 9.778 madres de 40 años y 13.575 de 25. Desde hace cuatro años, ya son además más las madres de 40 a 44 que de 20 a 25 y las de 35 a 39 casi doblan a las de 25 a 29. Todo sucede dentro de un contexto de bajada general de la natalidad, tras el 'boom' de la migración de los 2000, y de cambio cultural.
España, además, encabeza el retraso en la maternidad en Europa y tiene la edad de tener el primer hijo más elevada del mundo. Lo recordaba el estudio La infecundidad en España: tic tac tic tac, de 2016: la media de la primera maternidad se aplazó de los 26 a los 30 años y medio entre 1985 y 2012. Actualmente ya está en los 32. "Ese aumento indica, en la práctica, un desplazamiento de la ventana de años en los que las mujeres se plantean tener hijos, para situarla en unas edades en las que la fertilidad decae de forma acelerada", se lee en dicho informe desarrollado por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). En él se pone el foco en que, en 2025, cuando las mujeres nacidas en 1975 cumplan los 50, se convertirán oficialmente en las más infecundas de todas las generaciones nacidas en nuestro país en los anteriores 130 años.
"Como se está retrasando la edad al primer hijo, si quieres tener al menos dos eso se aplaza a los 35 y 36 años. Así que cada vez más mujeres tienen hijos más tarde, con las complicaciones asociadas", explica Albert Esteve, uno de sus responsables. ¿Supone esto un problema? "Lo es en la medida en que hay personas que hubiesen querido tener hijos, o más hijos, y, por no poder cuadrar el trabajo o por la precariedad, no han podido satisfacer ese deseo. No lo veo tanto como un problema demográfico: las sociedades se irán adaptando. Todos los países tienden a una menor fecundidad pero también a una esperanza de vida más larga, con más años de salud. Creo que la vida se puede reajustar y hay maneras de mitigar el efecto", razona. Dentro de esa preocupación, el investigador de la UAB cita otra encuesta del INE, la de Fecundidad que fue avanzada a finales de 2018, que situaba en alrededor del 50% las mujeres de entre 35 y 44 que aducían motivos laborales y económicos para tener menos hijos de los que hubieran querido.
Esta década, la época en la que se ha terminado de retrasar la maternidad, ha coincido con los años de crisis y postcrisis pero "la tendencia se ve desde hace mucho más. El desempleo baja, pero el problema es que la precariedad no deja de crecer desde hace 15 años. Es decir, los años que uno pasa con empleos que no son estables se alargan y ahora se extienden a la franja entre 30 y 39 años, en mujeres pero también en hombres –lo cual influye en la decisión de lanzarse–. También se retrasa la edad de emancipación, hasta los 30. Así no consigues la estabilidad que te lleva a planteártelo. Lo que te pasa entre los 30 y 35 años tiene una repercusión brutal para tu potencial descendencia".
El "doble mandato contradictorio"
Macarena tuvo a su primer hijo, Marco, a los 20 años; ahora él tiene 6. Marta a los 43; ahora Rubén tiene 7. Lo que cuenta la primera es que "no tuve ninguna ayuda, ni como madre joven ni como madre soltera. Pude seguir estudiando gracias a mis padres, pero ni siquiera tenía opción de poner al niño para que me contara para la beca, aunque fuéramos uno más en casa. La gente me ha cuestionado mucho por qué no aborté, o me ha comentado que un hijo a esa edad te destroza la vida. También hay quien me ha dicho que ojalá hubiese podido ser madre joven como yo. Yo no me arrepiento de nada". La segunda admite que, de haber elegido, lo hubiese tenido "un poco antes", sobre todo, por "la energía". Lo que a ella le preguntan habitualmente es si es la abuela de Rubén, pero ambos lo llevan bien "y hay otras madres mayores en su clase".
Esas dos experiencias casi en los extremos –menos de 19 se considera embarazo adolescente, con más de 45 sí aumenta exponencialmente el riesgo– ilustran de alguna manera lo que la socióloga y catedrática de la Universidad Carlos III Constanza Tobío llama "doble mandato contradictorio": "Por una parte sigue vigente la idea de que las mujeres deben tener hijos; por otra, están las condiciones sociales en las que se tienen los hijos. No se facilita. No está resuelto cómo tener hijos de manera viable cuando se desee en el nuevo contexto familiar, laboral y social. Es así como aparece la maternidad tardía".
Ella recuerda que no es tan relevante tener hijos tarde, "que no es nada nuevo, las mujeres que tenían ocho o diez niños a principios del siglo XX también solían tener el último en torno a los 45", sino la edad al primer hijo. Y por eso para Tobío la novedad principal respecto a la fecundidad es que ahora "hay más mujeres que están explicitando, a todas las edades, que no quieren tener hijos. Aumentan las mujeres que no tienen hijos, pero también las que reivindican el derecho a no desearlos. Es un fenómeno todavía minoritario, pero, junto a la tardanza, revela que nos vamos liberando del supuesto mandato biológico de la maternidad". Albert Esteve, sobre eso, incide en que "un 10% de mujeres no quieren tener hijos, pero acabarán sin tener un 25-30%. Esa diferencia es la franja que hay que estudiar".
De las "madres añosas" a los embarazos sin riesgo
En un reportaje de Noemí López Trujillo sobre ir retrasando la maternidad hasta que quizá sea demasiado tarde, la ginecóloga María Rodríguez, de 33 años, explicaba que "a partir de los 35, la fertilidad baja porque se reduce la reserva ovárica, y además los óvulos tienen peor calidad. Mientras tengas la regla, te puedes quedar embarazada, pero por encima de los 35 y según te aproximas a los 40, cuesta mucho más". Isabel Serrano, también ginecóloga pero ya jubilada y expresidenta de la Federación Estatal de Planificación Familiar, recuerda cuando en las clases de la Facultad de Medicina se referían a las madres de más de 35 como "añosas", estableciendo ahí el límite para tener un bebé: "Con el tiempo la realidad se ha ajustado: en términos globales, un embarazo a partir de los 35, e incluso a los 40, 41 y 42, tiene un bajísimo riesgo". Otro mito que se ha derribado en estas décadas es que las alteraciones cromosómicas van únicamente asociadas a la edad de la madre, cuando también tienen que ver con la del padre.
Pero Serrano sí argumenta, como Rodríguez, que el problema reside en que la reserva ovárica "se va reduciendo con la edad. Se comienza a notar a los 30, y desde luego a los 35 y 40. Así que nos encontramos con una paradoja: muchas mujeres retrasan la maternidad por las necesidades sociales confiando en que no pasa nada porque se pueden tener hijos. Pero está la problemática de la ovulación". En ese momento, las opciones se reducen a la reproducción asistida, en muchos casos mediando ovodonación o criogenización de ovocitos: “La reproducción asistida está ahí pero no podemos plantearla para todo. Muchas técnicas caras generan, además, una situación de inequidad, en la que el acceso depende de los recursos que se tengan”.
"Estamos en un círculo vicioso, defendiendo cosas contradictorias: culpando a las mujeres de cierto egoísmo por retrasar la maternidad cuando el contexto nos dice que hay muy poca protección a la maternidad deseada. Hay cortapisas, se ve mal tanto a la mujer que quiere tener hijos pronto, como tarde", continúa. En todo caso, opina Serrano, "no podemos decir que la situación sea alarmante. Tener un hijo a los 50, 60 años, sí que desde luego ya no es recomendable por salud, pero son minoría".

Estos son los requisitos para acceder a la reproducción asistida en la sanidad pública

Los expertos coinciden, cada vez son más las parejas que tienen que recurrir a la reproducción asistida en España. En este artículo te contamos los requisitos necesarios para acceder al tratamiento a través de la sanidad pública.
Al menos 45.160 pacientes se sometieron a un tratamiento de fecundación in vitro en 2016, según el Registro de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Pero, ¿qué requiere la Seguridad Social para cubrir este tipo de tratamientos?.
Toda mujer mayor de 18 años puede optar a la reproducción asistida en la sanidad pública, independientemente de su estado civil y orientación sexual. Pero esto no ha sido así siempre. En 2013 el Ministerio de Sanidad, con Ana Mato al frente, lo restringió en exclusiva a "parejas integradas por un hombre y una mujer".
A raíz de la modificación del Gobierno del PSOE del Real Decreto 1030/2006, desde 2019 las mujeres lesbianas y solteras han recuperado el derecho a recibir también este tratamiento.
El límite de edad de la mujer varía según el tratamiento, pero suele situarse entre los 38 y los 40 años:
38 años para una inseminación conyugal.
40 años para la inseminación artificial con donante.
40 años para la fecundación in vitro.
En el caso de los hombres, el límite de edad se sitúa en 55 años.
En sentido contrario, la Seguridad Social no cubre los casos en los que exista una esterilización voluntaria (como una vasectomía o ligadura de trompas) de uno de los miembros de la pareja.
Además, la pareja que quiera acceder al tratamiento no puede tener un hijo biológico en común sano. Tampoco podrán someterse a tratamiento si existe una contraindicación médica para dicho tratamiento o la gestación.
Por ello, según figura en el Real Decreto 1030/2006 del Sistema Nacional de Salud, deberá existir un informe médico favorable que recomiende el tratamiento de reproducción asistida.
Así, las parejas deberán haber intentado la concepción de forma natural durante al menos 12 meses. No obstante, la SEF recomienda consultar a un especialista si la edad de la mujer es de 35 años o superior y se ha intentado el embarazo durante seis meses sin resultados.
¿Cuál es el máximo de intentos que nos permite hacer la Sanidad Pública?
En cuanto al número de ciclos del tratamiento, recogidos en la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida:
La Seguridad Social cubre un máximo de tres ciclos en fecundación in vitro, aunque puede reducirse según el pronóstico de la paciente. Se estipula un máximo de tres preembriones en cada mujer en cada uno de los ciclos.
También existe un límite de cuatro intentos para inseminación artificial con semen conyugal, y seis intentos si el semen es de un donante. La receptora no podrá en ningún caso seleccionar el donante.
Además, las normativas autonómicas añaden otros criterios de inclusión en los programas de fertilidad. Por ejemplo, la normativa andaluza establece que el índice de masa corporal deberá ser mayor de 19 y menor de 32. Fuera de ese rango, dice el documento de la Junta, disminuyen las posibilidades de concebir.
La edad es un condicionante que determina la fertilidad natural en las parejas, y los facultativos notan que cada vez se tarda más en pedir ayuda: "Cada vez son más pacientes y cada vez las parejas acuden a consulta más tarde", explica Bárbara Romero, de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), organismo que recoge información de todos los centros de reproducción asistida, tanto públicos como privados.
En España, las mujeres tienen su primer hijo de media a los 30,8 años, un año más tarde que en 2010. Nuestro país sigue siendo el segundo país más tardío de la Unión Europea, por detrás de Italia, según los últimos datos de Eurostat.

El Gobierno incluirá la educación sexual para el alumnado "en todas las etapas"

El Ministerio de Educación y el de Sanidad están trabajando para que la educación afectivo-sexual "quede incluida de manera transversal y efectiva en todas las etapas educativas".
La ley socialista que sustituiría a la Lomce contempla la asignatura Educación en Valores Cívicos, similar a la antigua Educación para la Ciudadanía, aunque el Ministerio estudia si se incluiría en esa materia o en otras.
El Ministerio de Educación y el de Sanidad trabajan conjuntamente "para que la promoción y educación para la salud afectivo sexual quede incluida de manera transversal y efectiva en todas las etapas educativas". Fuentes de ambos ministerios confirman a eldiario.es esa labor, como parte de la nueva ley de reforma educativa que busca derogar la Lomce. El texto aún está en una fase muy inicial de redacción y su anteproyecto sigue a expensas de que se apruebe en el Congreso y de una eventual convocatoria de elecciones.
Desde los ministerios no especifican qué contenidos en salud sexual comprendería el currículum por estar todavía en desarrollo. Tampoco si éstos quedarían incluidos dentro de una asignatura que ya contempla el anteproyecto y que se denomina Educación en Valores Cívicos, similar en su descripción a la antigua Educación para la Ciudadanía, o si se llevaría a cabo de otra manera –con horas lectivas propias o a través de otras asignaturas–. Sí detallan que uno de los pilares del proyecto es que, mediante la coeducación, se fomente "en todas las etapas el aprendizaje de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, la prevención de la violencia de género y el respeto a la diversidad afectivo-sexual", según fuentes del Ministerio de Educación y FP.
Desde Sanidad también indican, por otra parte, que entre los comités técnico e institucional que están preparando el plan operativo a desarrollar los próximos años dentro de la Estrategia Nacional de Salud Sexual existe un "rotundo consenso de la necesidad de reforzar la salud afectivo sexual en el entorno escolar", y en que esto se haga "de forma equitativa en todo el territorio". La ministra María Luisa Carcedo ya lamentó en diciembre la carencia de una materia sobre Educación para la Salud que contemplara la afectivo-sexual: a día de hoy no existe nada parecido en la etapa obligatoria.
Para tratar de subsanarlo, Carcedo anunció entonces que iba a "proponer la colaboración con el Ministerio de Educación" para incluirla en el entorno escolar y mencionó temas que le preocupaban como "el aborto entre las jóvenes, la maternidad fortuita o las enfermedades de transmisión sexual (ETS)". Advirtió de que "se ha identificado ya un aumento de las prácticas de riesgo" y de que los jóvenes acababan informándose sobre sexualidad por otras vías. Por su parte, la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, defendió en septiembre en el Congreso ante una pregunta parlamentaria la importancia de incluir la "educación emocional y sexual" en el currículum escolar.
Fuentes del PSOE que trabajan en el anteproyecto de ley insisten en que de momento el texto está en una "fase inicial" y que la prioridad es que "salga adelante en trámite parlamentario". La definición del contenido de las asignaturas correría a cargo de los ministerios implicados en cada materia, que ya están en ello como confirman a eldiario.es, y, además, se realizaría en conjunto con los demás agentes sociales: padres, estudiantes y organismos. El anteproyecto de ley sienta "unas bases" y sí se puede leer en él que uno de sus objetivos es fomentar "el respeto a la diversidad afectivo sexual", así como la creación de la asignatura de Educación en Valores Cívicos y Éticos en Primaria y Secundaria que ponga "especial atención al conocimiento y respeto de los Derechos Humanos y de la Infancia y a la igualdad entre hombres y mujeres".
Un precedente: Skolae
La Educación Sexual Integral, según la describe el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), "incluye información científicamente precisa sobre desarrollo humano, anatomía y salud reproductiva, así como sobre anticoncepción, parto y ETS" y abarca el "análisis de la vida familiar y las relaciones, la cultura, los roles de género y derechos humanos como la igualdad de género". La Unesco define su papel como "esencial en la salud y el bienestar de los niños y jóvenes".
En España no hay ninguna materia que la trate específicamente. Cuando estaba vigente la Ley de Educación de 2006, durante el gobierno de Zapatero, la educación afectivo-sexual se cursaba frecuentemente dentro de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, aunque la asignatura no se centraba en ello y que se diese o no "dependía de cada docente". Lo explica Kika Fumero, profesora especializada en coeducación que la impartió: "Funcionaba mucho más así, porque tener la ley de tu parte y poder apoyarte en ella te abre puertas para trabajar con más herramientas".
La LOMCE eliminó aquella asignatura y actualmente, opina Fumero, la educación sexual en las aulas es "deficiente". Roberto Aguado, responsable del Diploma de Especialización en Educación Sexual de la Universidad Pública de Navarra, habla de su "práctica inexistencia" y, en todo caso "muy poco sistematizada, por lo que resulta imposible hacer un balance general". Aguado también pone el foco en que "el profesorado no recibe la suficiente formación; esta es inexistente en la universidad y faltaría introducir esta formación en los estudios de Grado en todas las carreras", añade.
Un proyecto autonómico que sí desarrolla este contenido es Skolae, todavía este curso en fase piloto en unos cien centros de Navarra (gobernada por Geroa Bai, Bildu, Podemos e Izquierda-Ezquerra) y objeto de varias polémicas a nivel estatal y regional. La propia Isabel Celaá lo ha defendido en el Senado alegando que según la legislación española "es imprescindible que a través de la educación se combatan conductas sexistas, y la violencia de género". Lo hacía en respuesta al PP, que acusaba en el Senado y el parlamento regional a los responsables de Skolae de imponer "ideología de género atentando contra los derechos fundamentales de la infancia y sus familias" y de promover  "juegos eróticos infantiles" por sus propuestas para niños de 0 a 6 años dentro del "reconocimiento de la sexualidad infantil desde el nacimiento". 
En Skolae se incorpora, según su web, "el aprendizaje de la sexualidad y buen trato (...) el autoconocimiento hacia la construcción de relaciones y amores desde la aceptación y el respeto por la diversidad, lejos de violencias machistas". El docente Roberto Aguado lo califica como "un  buen proyecto educativo". Para él, en Navarra se ha asistido a su "politización interesada, e injusta" y a la "lectura tendenciosa y descontextualizada de partes de dicho programa".
Cómo sería una educación sexual en las aulas
La profesora Kika Fumero señala que, "teniendo en cuenta lo importante que es lo emocional y afectivo en estas edades", si el alumnado no encuentra la información en el aula, como ocurre, la va a ir a buscar en otro sitio "que en la inmensa mayoría de los casos es internet y la pornografía, y luego lo que ven lo aplican en sus relaciones". En su experiencia, esto es muy grave porque se traduce en que los chicos sienten "frustración" pero, peor, las chicas "miedo y preocupación ante el acto sexual".
Esta experta sí opina que debería haber una asignatura específica de educación emocional, afectiva y sexual "que no se limite a explicar qué es el coito; que hable de otros tipos de sexualidad, no solo heterosexual. También que se aborden los peligros, las ETS, siempre desde esa perspectiva plural: por ejemplo, las que se pueden contagiar entre dos chicas". Para Roberto Aguado, "la materialización de estos proyectos es laboriosa, pero si se permite que se desarrollen en toda su amplitud y profundidad, seguro que, en el medio plazo, la sociedad tomará plena conciencia sobre la transcendencia de la formación y la inevitabilidad de introducir la Educación Sexual adaptada a todos los niveles educativos, incluido el universitario para todas las personas, diversas", y el objetivo ha de pasar por que el alumnado aprenda "a conocerse, a aceptarse y a expresarse". 
Otros actores implicados en una futura clase de Educación Sexual son las familias y los propios alumnos. Desde el Sindicato de Estudiantes han convocado en el último año varias marchas en las que exigían que se incorporase en todos los centros y a todos los niveles, desde primaria hasta secundaria, una asignatura sobre Educación Sexual "inclusiva, evaluable y obligatoria que inculque valores contra la LGTBIfobia".
Desde la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres (CEAPA) comparten que la educación sexual en institutos es actualmente "deficiente, nula" y limitada a "charlas puntuales", y les preocupa que la mayor fuente de información sea "internet". Pero creen que el tema "ha de ser transversal, no le vemos sentido a una asignatura única sino a tenerlo presente en todas las materias".  En cuanto a la oposición de algunos padres, creen que "siempre que se incorpora algo nuevo van a surgir conflictos, pero para eso hay que explicar bien lo que se va a hacer. Siempre habrá alguna familiar que se va a negar, pero no la mayoría", opinan.

El anuncio de Gillette contra la masculinidad tóxica que algunos no han querido entender

Un anuncio de rasuradoras Gillete está despertando polémica: hay quienes lo celebramos y quienes lo critican mientras amenazan con dejar de comprar esos productos y llaman a hacer un boicot.
El video, que forma parte de una campaña de la transnacional Procter and Gamble llamada #TheBestMenCanBe (Lo mejor que los hombres pueden ser), cuestiona los estereotipos de género tradicionales, el factor tóxico de la masculinidad tradicional –el hombre dominante, agresivo, competitivo, que no demuestra emociones– y junto con las rasuradoras, anuncia que es momento de cambiar y construir nuevas masculinidades que digan lo correcto, que actúen de manera apropiada, que detengan el 'bullying' escolar, el acoso callejero, porque "los niños que hoy están observando serán los hombres del mañana".
La marca incluso donará recursos a organizaciones que promuevan roles de género positivos para las siguientes generaciones y que ayuden a educar a hombres de todas las edades para que sean su mejor versión.
El primer error de los ofendidos en redes sociales es de interpretación: algunos consideran que el anuncio generaliza los comportamientos violentos en los hombres y su reacción es que "no todos los hombres" son violentos o machistas y que es un guiño hacia el feminismo radical. La falta de entendimiento de lo que es el feminismo les lleva a pensar que los hombres son el enemigo y que proteger los derechos de las mujeres les quita derechos a ellos, pero esto no es un pastel. El feminismo busca la igualdad de derechos para las personas y el enemigo es el patriarcado. No es que la masculinidad sea violenta en sí, ni todas las masculinidades son tóxicas, pero hay un tipo de masculinidad –lamentablemente la predominante– que sí lo es.
Esto nos lleva al segundo error: la masculinidad tradicional no es la única manera de convertirse en hombre y actuar como tal. El estereotipo tradicional propone la fuerza, la competencia, la humillación al otro y el no pedir ayuda como símbolos de virilidad, pero estas actitudes tienen muchos factores que violentan tanto a las mujeres como a los mismos hombres que la ejercen.
"Los hombres que están temerosos sobre su masculinidad son más propensos a sufrir en silencio, a la depresión y a ejercer violencia, tanto sobre las mujeres como sobre otros hombres y ellos mismos".
Por primera vez en 40 años la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) publicó en este enero una guía para abordar los problemas de hombres y niños ligados a la construcción de la masculinidad y los roles de género tradicionales. ¿Por qué lo hace? Porque, aunque aún pervive un privilegio de los hombres –particularmente de los hombres blancos heterosexuales– sobre otros grupos de población, no quiere decir que ellos lo tengan fácil. El estereotipo tradicional del hombre/niño fuerte, reservado, que puede resolver todo solo y violento los lleva a tomar más riesgos, a no pedir ayuda, a cometer suicidio y a tener vidas más cortas. Los hombres que están temerosos sobre su masculinidad son más propensos a sufrir en silencio, a la depresión y a ejercer violencia, tanto sobre las mujeres como sobre otros hombres y ellos mismos.
No solo hay una diferencia enorme entre las tasas de suicidio cometido por hombres en comparación con las mujeres, sino que, por mucho, son quienes en mayor proporción cometen homicidios y quienes más mueren víctimas de violencia.
El concepto de "ideología de masculinidad tradicional" –según se explica en la guía de la APA– aún es una referencia para grandes segmentos de la población y esta forma de actuar como hombre se ejerce frecuentemente a través de la "homofobia, bullying y acoso sexual".
"Las compañías tienen la posibilidad de ser agentes de cambio en la narrativa social y de denunciar las injusticias, aunque sea en algo tan simple como vender un rasurador".
Casi quedaron atrás los anuncios de la década de los 50, de ese mundo retratado en la serie Mad Men y que quedó plasmado en miles de revistas, donde la publicidad sexista reforzó los estereotipos de género tradicionales y la idea de que las mujeres debían quedarse en casa, ocuparse de la cocina y que eran incompetentes hasta para abrir una botella ("You mean a woman can open it?"), pero ha costado muchos años –y aún no se logra completamente– cambiar la cultura de que las tareas del hogar son exclusivamente de las mujeres.
La publicidad refleja a la sociedad, pero a su vez moldea a los consumidores y promueve modas, anhelos y expectativas, y finalmente está retratando la diversidad de las sociedades. Los consumidores cada vez más exigen a las marcas que tengan un compromiso social. En 2017 el Cone Communications CSR Study, que examina las actitudes y percepciones de los consumidores, reportó que 87 por ciento de las personas comprarían un producto si la compañía apoya una cuestión que les preocupe y que el 75 por ciento dejaría de comprarlo si apoya algo con lo que no estén de acuerdo.
Las compañías tienen la posibilidad de ser agentes de cambio en la narrativa social y de denunciar las injusticias, aunque sea en algo tan simple como vender un rasurador. Y justamente la inclusión y la empatía son hoy más necesarias que nunca.
"Para cambiar al mundo y para cambiar la vida de quienes son más vulnerables necesitamos que se celebre que los hombres y los niños varones puedan ser más sensibles, más conectados con el mundo, más frágiles y más felices".
#TheBestMenCanBe no es la primera campaña de Procter and Gamble que aboga por la equidad entre los sexos (#Sharetheload un comercial de detergente en India que hacía un llamado a los hombres a compartir las tareas del hogar) o sumar al empoderamiento de las niñas (#LikeAGirl de toallas femeninas Always que buscaba revalorar los comportamientos femeninos), pero sí es el primero que pone imágenes a esa masculinidad tóxica que afecta a hombres y mujeres y con la que además muchos hombres no se identifican.
Para llegar a la igualdad, no basta la denuncia de las mujeres, necesitamos de los hombres. Y ahí es donde se anota un punto Gillete al dirigirse a los hombres solidarios que no están de acuerdo con la masculinidad tóxica. Lo que dice #TheBestMenCanBe es que está bien no ser un hombre tradicional, no seguir a los demás cuando acosan o no reírse del chiste machista. Para cambiar al mundo y para cambiar la vida de quienes son más vulnerables necesitamos que se permitan las muchas maneras de ser hombre y que se celebre que los hombres y los niños varones puedan ser más sensibles, más conectados con el mundo, más frágiles y más felices.

Por qué se habla tanto de poliamor

Los 'millennials' y los académicos cuestionan cada vez más el mito del amor romántico y exclusivo. ¿Va la monogamia camino de convertirse en algo anticuado?
Cuando Giazú Enciso, doctora en Psicología Social especializada en afectos y feminismo, escribía en 2001 su tesis sobre poli­amor, la gente solía mirarla perpleja y preguntaba qué era eso. 
Bueno, explicaba ella, la verdad es que el asunto tampoco era algo tan nuevo aunque sí lo fuera el término. “Los primeros datos sobre no monogamia vienen del Paleolítico. En los sesenta y setenta ya había artículos sobre la práctica de tener más de una relación sexual o romántica de forma consentida. En los ochenta estaba de moda ser swinger y el intercambio de parejas. Pero la primera vez que se usó la palabra poliamor fue en 1990 en un artículo. En esa década también se habló mucho de placer femenino, y Ética promiscua, el libro de referencia de Dossie Easton y Janet Hardy, se publicó en 1997”, recuerda casi 20 años después de publicar su trabajo, el primero en español sobre el tema.
Morning Glory Zell-Ravenheart fue quien acuñó la palabra poliamor en un artículo, y poco después volvió a emplearla en una convención neopagana. Lo que entonces trataba de definir no era algo tan radicalmente nuevo, —el apareamiento y las relaciones románticas múltiples tienen una larga y diversa historia—, pero, desde aquellos orígenes neohippies y alternativos, se ha pasado a un escenario francamente distinto. El poliamor ha dejado los márgenes para ocupar el centro de un buen número de debates y estudios. El mundo académico y, en particular, la sociología, la psicología y la filosofía viven un boom de publicaciones sobre alternativas a la monogamia desde hace 10 años. Y en las ciencias naturales, la discusión sobre las tendencias naturales del ser humano viene de largo. 
Algunas investigaciones aseguran que la exclusividad sexual no es innata y que contribuyeron a ella factores como las enfermedades de transmisión sexual y la necesidad de estrechar la cooperación y las relaciones de parentesco. Este mes, un estudio identificó los genes relacionados con la tendencia a la monogamia, pero la dificultad para examinar las interacciones entre cultura y biología hace imposible dar respuestas tajantes a la pregunta de si los humanos somos monógamos por naturaleza.
Históricamente, la institucionalización de esta exclusividad se ha producido en el matrimonio, pero lo que hoy muchos consideran el culmen de una relación solía ser un instrumento para asegurarse propiedades, estabilidad financiera o conexiones. El amor era una enajenación temporal o un ingrediente que podía ayudar a sobrellevar una unión de por vida. Casarse empezó a ser visto como un vínculo fruto de una relación romántica en Occidente a partir del siglo XIX, cuando se empezó a hablar de poner el corazón por delante del bolsillo. Desde entonces, la lista de lo que debe aportar la pareja, en una relación larga y exclusiva, no ha hecho más que crecer: debe dar estabilidad, pero también novedad; seguridad, pero también misterio. La pareja debe ser amante, ancla, ofrecer la mejor amistad y consejos, además de, llegado el caso, apoyar al máximo en la crianza. Y sobre todo, debe encarnar el amor verdadero, un sentimiento legendario y apasionado, del que no se duda y que nunca se apaga. 
El discurso está presente en todas las películas, en todas las canciones, grabado a fuego en nuestro cerebro. La experta en teoría de género Coral Herrera lo describe como “la utopía colectiva”. Y añade que el sueño difundido es “encontrar a nuestra media naranja para encerrarnos en una burbuja de amor romántico”.
Este supuesto amor, tan único, exige renuncias: principalmente, al sexo con otras personas. Puede haber otras relaciones, pero “solo una tiene el apoyo social, solo una está certificada como correcta, apropiada”, señala la educadora y activista LGTBQI (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, queer e intersexuales) Brigitte Vasallo en Pensamiento monógamo, terror poliamoroso. “Es un compromiso simbólico, el pago que se hace para adquirir esa legitimidad: yo no me acostaré con nadie más, pero, a cambio, nuestra relación será superior a las demás”.
Hoy muchas voces defienden que los modelos están cambiando. El pasado octubre, en la Universidad Carlos III de Madrid, decenas de veinteañeros atendían a una conferencia titulada Lejos de la monogamia. Se debatió sobre cómo abrir de forma ética un noviazgo, sobre relaciones no jerárquicas, sobre si el poliamor es, por defecto, feminista. Al acabar, varias chicas se acercaron a Noemí Casquet, una youtuber con más de 100.000 seguidores que desentraña conceptos como el de polidramas (por ejemplo, los celos de metamores, las otras parejas románticas o sexuales de tu pareja).
EL MAPA DE LA NO MONOGAMIA
Este mapa, inspirado por el del activista Franklin Veaux, explica algunos modelos de relaciones no monógamas. Pincha sobre la imagen para ampliar el mapa y responde a unas preguntas para ver dónde te ubicarías tú. 
¿Se está abriendo el abanico de las formas de relacionarse? Es complicado decir si en la actualidad hay un mayor rechazo a la monogamia porque, para empezar, es difícil precisar cuántas relaciones no exclusivas existen. Las uniones de más de dos no están reguladas, en general, aunque hay religiones y países como Marruecos que admiten la poligamia, y recientemente (en Brasil y Colombia) ha habido casos en los que se ha aceptado. Pero más allá del plano legal, lo cierto es que apenas hay cifras claras sobre relaciones no monógamas, y las pocas disponibles vienen de EE UU y son dispares. Según un informe del Journal of Sex & Marital Therapy de 2016, una de cada cinco estadounidenses (un 20%) asegura tener o haber tenido una relación consensual fuera de la pareja. Otros estudios colocan el porcentaje en ese país en torno al 4%, equiparando sus dimensiones a las de la población LGTBQI (según algunas estadísticas, también muy variables).
Pedimos que la misma persona sea a la vez amante, amiga, consejera y compañera de crianza
Lo que sí abundan son pistas, indicadores de que el tabú de la no monogamia se diluye, de que se habla más de ello. Sobre todo en Internet. En la lista de palabras googleadas en 2017 en EE UU, en la categoría de relaciones, “poliamor” fue la cuarta más buscada. Las redes sociales también son clave para que las comunidades que rechazan la monogamia se encuentren y se apoyen, especialmente fuera de la heteronormatividad. Y ahí es fácil toparse enseguida con el mapa que ideó en 2010 Franklin Veaux, educador sexual y coautor de Más de dos. Usando la teoría de diagramas de Venn, Veaux trata de poner orden y categorizar, con decenas de clasificaciones y superposiciones, desde relaciones abiertas a poligamia religiosa, pasando por la polifidelidad (una relación romántica o sexual que implica a más de dos pero no permite relaciones fuera del grupo sin un acuerdo). 
También tiene su sitio la anarquía relacional, que, según la activista y educadora Roma de las Heras, implica que no se establece una “diferencia entre vínculos románticos o no románticos como amistades, familia, relaciones de crianza o cuidado. Y si lo hace, no privilegia los primeros sobre los últimos”.
El mapa de Veaux no ha parado de crecer y en Occidente la no monogamia empieza a dejar de ser tabú. Conceptos como fidelidad, adulterio, cuernos, van mutando. Muchos millennials han crecido en un ambiente más liberal e informado y ven como una opción más, por ejemplo, el poliamor. A esto, sostienen algunos, ha contribuido la visibilidad de la comunidad LGTBQI, que ha abierto la puerta a cuestionar lo establecido.
Una prueba más de que las relaciones no normativas han dejado los márgenes se encuentra en las pantallas. En los dos últimos años Netflix ha estrenado Tú, yo y ella, comedia sobre una pareja enamorada de una tercera persona; Nola Darling, versión de la película de Spike Lee de 1986 sobre una joven con tres amantes, y Wanderlust, sobre un matrimonio que prueba a salir con otros, además de varios documentales sobre la monogamia. Los actores de Hollywood también hacen de altavoz, con Scarlett Johansson declarando que la exclusividad “no es natural”; y la antigua niña Disney Bella Thorne, presentando a su novia y su novio. La no monogamia ética —las relaciones consentidas con otros fuera de la pareja— cuestiona los vínculos íntimos y emocionales que establecemos entre nosotros, personal y colectivamente. 
¿Es esta una época en la que se consumen amores, amistades o parejas de forma vertiginosa, como productos? ¿Qué es la fidelidad realmente? ¿Tener varias parejas simultáneamente rompe dinámicas de poder y patrones de antaño? Abundan las preguntas que cuestionan un tipo de relación que, aunque no sea monógama, deja las cosas como están. Muchos activistas defienden que la no monogamia es una decisión esencialmente política, que va mucho más allá del sexo y la esfera íntima. “La monogamia no se desmonta follando sin más, ni enamorándose simultáneamente de más gente, sino construyendo relaciones de manera distinta que permitan follar más y enamorarnos simultáneamente sin que nadie se quiebre en el camino”, escribe Brigitte Vasallo. Pero, claro, no faltan quienes, aprovechando el discurso de la no monogamia, van dejando cadáveres a su paso.
Abundan las críticas a una no monogamia que no es política y consume relaciones como productos
Para la periodista británica Laurie Penny, que lleva 10 años practicando el poliamor y habla de ello en Bitch Doctrine, hay algo profundamente millennial en este cambio. “Algo unido a esta generación temerosa, frustrada, sobreanalizada, con un sentido exagerado de las consecuencias de sus acciones y el impulso de hacer el bien en un mundo loco. Queremos la libertad sexual y el amor libre que nuestros padres disfrutaron, al menos en teoría, pero también una comprensión más profunda de lo que puede ir mal. Queremos diversión y libertad, pero también sacar buena nota en el examen. Queremos hacer lo correcto”.
Cabe esbozar una sonrisa cínica ante todo esto, pero entonces se pasarían por alto las pertinentes preguntas que esta nueva reflexión sobre el amor plantea: qué significan los roles de género, el significado del compromiso, el porqué de los celos. En definitiva, ¿qué es eso tan complicado de amar a otros?.

Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, 6 de febrero

En este Día de Tolerancia Cero, hago un llamamiento en favor de la adopción de más medidas concertadas e integrales para poner fin a la mutilación genital femenina y asegurar el pleno respeto de los derechos humanos de todas las mujeres y las niñas". —António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas
Acabar con la mutilación genital femenina
La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos consistentes en alterar o dañar los órganos genitales femeninos por razones que nada tienen que ver con decisiones médicas. Está reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas.
La mutilación genital femenina refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada y constituye una forma extrema de discriminación contra mujeres y niñas. Esta práctica viola sus derechos a la salud sexual y reproductiva, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.
Esta práctica se concentra en 30 países de África y de Oriente Medio y Asia meridional (de los países sobre los que se dispone de datos), sin embargo se trata de un problema universal y es una práctica común en algunos países asiáticos como la India, Indonesia, Iraq y Paquistán, así como entre algunas comunidades indígenas de Latinoamérica, como la de Emberá en Colombia. Asimismo, persiste en las poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, en Norte América, Australia y Nueva Zelanda.
En julio de 2018, el Secretario General realizó el informe "Intensificación de los esfuerzos mundiales para la eliminación de la mutilación genital femenina", donde se espefica que los esfuerzos para acabar con esta práctica deben dirigirse a los grupos de mujeres y niñas que corren mayor riesgo, en particular las que sufren formas múltiples de discriminación, como las mujeres refugiadas y migrantes, las mujeres que viven en comunidades rurales y remotas y las niñas pequeñas, con el objetivo de no dejar a nadie atrás. Del mismo modo, los principios de la universalidad y el respeto de los derechos humanos sobre los cuales se sustenta la Agenda 2030 exigen que las partes interesadas hagan frente a esta práctica, independientemente de las circunstancias individuales, las normas culturales y sociales imperantes, o el país de origen o destino.
El Fondo de Población (UNFPA) y el Fondo para la Infancia (UNICEF) de las Naciones Unidas llevan a cabo conjuntamente el mayor programa mundial para acelerar la eliminación de la mutilación genital femenina y paliar sus consecuencias. El programa se centra actualmente en 17 países de África y Oriente Medio y es, además, compatible con las iniciativas regionales y globales.
El Fondo de Población colabora con gobiernos, socios y otras agencias de la ONU para hacer lograr varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (en particular, el Objetivo 3 sobre la salud, el 4 sobre la educación y el 5 sobre la igualdad de género) y contribuye de distintas maneras en tratar de alcanzar otros muchos de los objetivos.
La celebración de este Día también forma parte de la Iniciativa Spotlight, un proyecto conjunto de las Naciones Unidas y la Unión Europea para eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y la niñas. En concreto, se ocupa de la violencia sexual y de género, que incluye la mutilación genital femenina, en el África subsahariana.
Si te encuentras en Nueva York entre el 6 de febrero y el 25 de marzo, puedes visitar la exposición "68 millones de niñas en peligro" (68 Million Girls at Risk) en la Sede de la ONU. La exposición celebra los logros conseguidos en las últimas décadas en la lucha mundial para acabar con la mutilación genital femenina. Organizada por el Fondo de Población y #Dysturb (comunidad de periodistas que publican en las calles), quiere concienciar sobre la necesidad de acabar con esta práctica.
Puedes seguir el Día en las redes sociales bajo las etiquetas #EndFGM (#EliminarMGF) y #Womenmatter (#LasMujeresImportan) y también puedes leer las historias de varias niñas y mujeres en la página del Fondo de Población, Nacidas enteras.
Datos destacables
Se calcula que hay al menos 200 millones de niñas y mujeres mutiladas en todo el mundo.
La mutilación genital femenina está disminuyendo en muchos países. Pero si se mantiene en los niveles actuales, el rápido crecimiento de la población en los países donde se da esta práctica, aumentará significativamente el número de niñas que sufren la mutilación.
Se calcula que unos 68 millones de niñas serán sometidas a la mutilación genital femenina de aquí a 2030.
Los países con la prevalencia más alta entre niñas y mujeres de 15 a 49 años son Somalia (98%), Guinea (97%), Djibouti (93%) y Egipto (87%).
La mutilación genital femenina se practica en niñas en algún momento de sus vidas entre la infancia y los 15 años.
Las niñas que han sido sometidas a la mutilación genital femenina se enfrentan a complicaciones a corto plazo como dolor agudo, estados traumáticos, hemorragias graves, infecciones y dificultad para orinar, así como consecuencias a largo plazo para su salud sexual y reproductiva y para su salud mental.
La mutilación genital femenina está arraigada en las desigualdades de género y los desequilibrios de poder entre hombres y mujeres. Se sostiene limitando las oportunidades para que las niñas y las mujeres ejerzan sus derechos y su pleno potencial en materia de salud, educación e ingresos.
Esta práctica viola los derechos humanos de las mujeres y las niñas, infringiendo los principios, normas y estándares establecidos, incluida la no discriminación por razón de sexo; los derechos a la salud, a la integridad física y a la vida; el derecho a no ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes; y los derechos del niño y la niña.
El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 5, Igualdad de género, incluye entre sus metas "Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina" (meta 5.3).
Eliminar la mutilación genital femenina es un paso crucial hacia la realización de otros Ojetivos, que se centran en la buena salud y el bienestar, la maternidad sin riesgo, la educación de calidad, las sociedades inclusivas y el crecimiento económico.
Varias organizaciones intergubernamentales —entre otras, la Unión Africana, la Unión Europea y la Organización de Cooperación Islámica— y tres resoluciones de la Asamblea General de la ONU han pedido la eliminación de la mutilación genital femenina.

El 97% de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia sexual al salir de noche

Una de cada cinco mujeres asegura que ha sido violada, en algunos casos incluso por su pareja.
Un 97 % de las españolas han soportado comentarios incómodos de carácter sexual por parte de hombres, un 86 % han recibido insistencias ante sus negativas, un 81% han padecido tocamientos no consentidos, un 44% se han visto acorraladas y un 22% han sido violadas, en contextos de ocio nocturno. Estos datos aparecen en el informe "Noctámbul@s" de la Fundación Salud y Comunidad (FSC), presentado este viernes en Barcelona y que se ha elaborado a partir de 1.500 encuestas en toda España, 1.200 de ellas a mujeres de más de 16 años.
Según ha explicado el coordinador de la fundación, el psicólogo Otger Amatller, el trabajo tiene como objetivo estudiar las dinámicas sociales que se producen en ambientes de ocio nocturno y consumo de drogas. El informe explica que las mujeres afirman adoptar estrategias para evitar sufrir violencia sexual y ser culpadas por ello, aunque limiten su libertad de acción, como es el caso de salir menos, beber con menos asiduidad y cantidad o ir en grupo para cuidarse entre ellas.
Frente al 22,5 % de mujeres que han sido violadas a lo largo de su vida, es decir, han sufrido una agresión sexual con penetración, solo el 5 % han sido fruto del uso de la fuerza física. El 17,5 % restantes fueron violadas sin el uso de la fuerza mientras estaban dormidas o habían consumido mucho alcohol o alguna otra droga, por lo que no tenían capacidad de reacción o habían sido coaccionadas para mantener la relación sexual. Así, la abogada feminista Carla Vall ha afirmado que "debemos romper con la imagen del violador prototípico para empezar a ver como un problema las actitudes machistas de los hombres que salen de fiesta con cada uno y cada una de nosotras".
Según el estudio, las expectativas del 70 % de los hombres al salir de fiesta son "consumir alcohol y mantener relaciones sexuales", frente al 60 % de mujeres que quieren beber alcohol y el 51 % que quieren mantener relaciones sexuales. Además, el 18 % de los hombres encuestados ha invitado a alguien a consumir drogas con el objetivo de tener relaciones sexuales, frente al 6 % de mujeres. El alcohol continúa siendo la sustancia más presente en el ocio nocturno, tanto para mujeres como para hombres, ya que se piensa, erróneamente, que hay menor pérdida de control en el comportamiento al estar borracho.
En contraste, las mujeres optan por aquellas drogas legales, menos estigmatizadas socialmente y las que implican menor pérdida de control en el comportamiento, por el miedo a las agresiones o a ser culpabilizadas, según los datos del estudio. A los tocamientos no consentidos que un 81 % de las mujeres han sufrido, se le añade el 72,4 % de ellas que afirman haberlos sufrido muy frecuentemente, un aumento del 15 % respecto el año pasado.
El 50 % de las mujeres ha revelado que ha sufrido alguna agresión sexual en el transporte público, siendo el tercer espacio más frecuente en las violencias machistas después de ir sola por un espacio público (62 %) y las fiestas (78 %). Las redes sociales también son fuente de violencia machista y así lo confirma el estudio, ya que un 32 % de las mujeres ha recibido mensajes violentos en contextos de ocio nocturno.
Otra de las tendencias detectadas son los "discursos adultocéntricos", ya que la mayoría de personas mayores de 35 años entrevistadas considera que las generaciones más jóvenes son más machistas y violentas. Las medidas propuestas por el FSC consisten en no sólo centrarse en las acciones puntuales, sino en elaborar protocolos que impliquen a toda la población, y en promover campañas que cambien la manera en que se entiende la sexualidad.

Sí, tus hijos ven porno (y así les afecta)

Nunca antes ha sido tan fácil ver porno. Nunca antes se ha consumido desde edades tan tempranas. Los chavales se inician hoy a los nueve años. Gratuitos y accesibles las 24 horas del día, los contenidos de sexo explícito que inundan la Red se han convertido en la educación sexual del siglo XXI a falta de formación específica. Y en una fuente de confusión para los adolescentes en sus primeras relaciones adultas.
—Si no es como en el porno, ¿cómo es el sexo realmente?
La pornografía es un invento que suma cuatro siglos. Su industria prosperó en los años sesenta. Desde entonces, generaciones de hombres y, en menor medida, mujeres se las han ingeniado para saciar su curiosidad con un informal pero eficiente sistema de compraventa y préstamo de revistas, cintas de VHS o incluso DVD. La novedad, en el siglo XXI, es que ya ni siquiera resulta necesario recurrir al ingenio: disponemos de porno ilimitado y gratuito en la palma de nuestro smartphone.
—Las películas porno son ciencia-ficción. Como Spiderman o Star Wars. Hay actores y efectos especiales. No son reales. ¿Me seguís?
Los alumnos de 3º de la ESO (14-15 años) de un instituto público de Avilés asienten, sin demasiado convencimiento, a las explicaciones de Iván Rotella, que hoy imparte una de las tres sesiones de educación sexual del curso. Un chaval rubio, de frondoso flequillo, rostro angelical y con el estirón aún pendiente, le devuelve una mirada de burlón escepticismo. Cuando ha salido el tema del porno, sus compañeros lo han erigido a él como el experto en la materia. Sí, reconoce, ve porno desde primaria y, sí, cree que el sexólogo exagera. Su perfil encaja con las estadísticas que coinciden en señalar que la edad de inicio de consumo de contenidos para adultos ha descendido y ahora se sitúa en torno a los 9 o 10 años. Y no es casualidad que esa sea precisamente la época en la que llega la comunión y los padres acceden a comprar el primer móvil —es el regalo más deseado—: a los 10 años, el 26,25% de los menores disponen de smartphone; a los 12, un 75,1%; a los 14, un 91,2%, según datos del INE. Y ese aparato del que no se separan nunca es su tesoro: un territorio vedado a sus progenitores donde están abonados a WhatsApp, Instagram y YouTube y, por supuesto, también acceden a vídeos de sexo explícito.Las chicas de 4º de la ESO (15-16 años) se miran entre ellas, clavan la vista en el suelo o sacuden enérgicamente la cabeza —“no, no, no”— cuando se les pregunta si consumen vídeos para adultos. ¿La primera imagen pornográfica con la que se toparon accidentalmente? “¡El negro de WhatsApp!”.En cambio, sus compañeros no tienen reparos en vociferar que ellos sí que ven porno.
—¿Cuándo lo vemos? Yo, diariamente.—No tanto. Depende. Cuando apetece.—Algunos días.—Antes de estudiar y de dormir.
“El runrún sobre el tema empieza al final de primaria, pero no se puede generalizar. Yo doy clases en 5º y 6º [9-11 años] y depende del grupo. Tuve uno que, por cómo se expresaban y las cosas de las que hablaban, veían porno fijo, pero el grupo del año pasado fue intermedio, algunos alumnos claramente sí lo veían, pero la mayoría no, y este año mis alumnos son auténticos bebés”, asegura Loles del Campo, veterana profesora de ciencias en un colegio público de Avilés.
Que el porno es la educación sexual del siglo XXI es una idea aceptada por expertos de todo el mundo. Pero fue un accidente. La industria tan solo perseguía más y más espectadores. ¿Afán pedagógico? Ninguno. Pero que los vídeos que inundan la Red se interpretan como valiosos manuales de instrucciones es un hecho que constata diariamente Rotella, que trata con adolescentes desde hace 12 años en sus clases de educación sexual en colegios e institutos, en el Centro de Atención Sexual del Ayuntamiento de Avilés (CASA) —ciudad pionera en España en su apuesta por la educación sexual— y en su gabinete sexológico.
“A mí antes no me preocupaba el porno, de hecho he escrito incontables artículos defendiéndolo como divertimento erótico. Pero de cinco años para acá, mi discurso ya no vale porque empiezo a detectar que no se ve como una ficción, sino como una realidad. Nunca ha habido tanta facilidad de acceso a contenido adulto, pero sigue sin haber una educación que proporcione sentido crítico”, denuncia. “Hay muchas primeras veces que salen mal, entre otras cosas por las expectativas generadas por la pornografía. Se están llevando muchos chascos”. 
En sus sesiones de educación sexual con clases de 3º y 4º de la ESO y 1º de bachillerato (16-17 años) siempre advierte a los alumnos —que reciben sus avisos con risitas nerviosas y caras de desconcierto— de que el orgasmo vaginal no existe para la mayorías de las chicas, a pesar de lo que veamos en las películas convencionales o X; de que el sexo anal no es para la primera vez, de que el tamaño no define el placer o de que los vídeos porno tienen múltiples cortes de edición. “Si no le ponemos remedio, en 10 años voy a dedicarme solo a terapia y no voy a dar abasto. 
Ya vienen chicos a la consulta preocupados porque creen que son eyaculadores precoces, cuando no lo son, porque no duran 45 minutos en el coito, o chicas que se diagnostican anorgásmicas porque no tienen orgasmos vaginales. Hemos dejado que aprendan de su sexualidad a través de la pornografía y cuando lo trasladan a su vida de pareja empiezan los problemas. Estoy harto de escuchar la misma queja entre las chicas: ‘¿Qué les está pasando a los hombres? Ahora, cuando ligo, se piensan que están en una pe­lícula porno y todo es muy agresivo’. A ellos, cuando les pregunto, me responden sorprendidos: ‘Ah, ¿pero no es eso lo que les gusta a las mujeres?”.
Rotella ya trata en su gabinete a la primera generación de pornonativos, término acuñado por Analía Iglesias y Martha Zein en el libro Lo que esconde el agujero. El porno en tiempos obscenos (Catarata) para denominar a los millennials nacidos en los ochenta que crecieron al mismo tiempo que Internet. Y sus hijos, los neopornonativos, que han jugueteado con tabletas y smartphones desde bebés, representan la segunda generación. No recuerdan su vida sin el móvil. Y sexólogos como Rotella y su pareja, Ana Fernández Alonso, presidenta de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual (Astursex), lo tienen cada vez más en cuenta a la hora de diseñar sus programas. El porno ha distorsionado su visión del sexo, y el inseparable teléfono está redefiniendo todo aquello que sucede antes de llegar a él: su forma de entender la seducción, la intimidad, las relaciones. “Cada vez vemos más casos de parejas que se entregan las contraseñas de sus móviles y redes sociales como prueba de amor y se aceptan mecanismos de control propios de relaciones tóxicas. Han resurgido mitos del amor romántico mal entendido que creíamos superados”, lamenta Fernández Alonso. Cuando pregunta si alguien conoce casos de relaciones así en las aulas de 4º de la ESO y FP Básica, varios síes se abren paso tímidamente.
En cambio, si hablamos de sexting, es decir, el envío de mensajes y fotos subidos de tono, la respuesta es mayoritariamente afirmativa, al menos en los grupos de 1º de bachillerato. Chicos y chicas hablan con total naturalidad y desinhibición de una práctica que reconocen como normal. “Hacemos sexting porque nos pone”, resume con desparpajo una alumna.
 —Los chicos mandamos fotos de genitales, ellas de culo y tetas.
—Las chicas solemos ir con chicos más mayores y pueden manipularnos. “Si no me envías una foto, te dejo de hablar…”, y al final accedes y acaba donde no debe. A mí me ha pasado.
—Muchas veces nos mandamos fotos por calentar y no va más allá.
—… Y a veces por la mañana ya estás congelador y te arrepientes. A mí me ha pasado, vaya.
Padres desorientados
Se inician tan jóvenes en el porno que no lo ven como una ficción, sino como una realidad
—“Hija, yo llegué virgen al matrimonio. Y espero que tú también”. Esa fue la única vez que hablé de sexo con mi madre. Lo poco que aprendí fue en el ‘Vale’ y el ‘Superpop’.
Estallan en carcajadas al recordar la vergüenza que han pasado cuando sus hijos les han preguntado sobre sexo. Cuando su hija mayor le pilló desprevenido y su madre y su suegra tuvieron que echarle un capote. Cuando tuvo que improvisar la respuesta a la abrupta “mamá, ¿qué es follar?”. Cuando han tenido que apresurarse a buscar en Internet de-qué-les-estaban-hablando para poder balbucear una explicación. 
Los padres y madres del AMPA del instituto público La Magdalena de Avilés no recibieron ningún tipo de educación sexual. Forman parte de las generaciones y generaciones de españoles que, como resume el sexólogo Iván Rotella, vienen del “apañarse”: en casa no se hablaba de sexo y cada uno hacía lo que buenamente podía —filosofía que, por cierto, sigue vigente—. 
Ahora respiran aliviados porque sus hijos sí reciben clases y ellos mismos organizan periódicamente talleres para formarse. Es la única manera, coinciden, de desempeñar su papel también en el ámbito de la educación sexual. De evitar que la historia se repita. “Son tan importantes sus charlas para los chavales como para nosotros. Mi hija, que tiene 15 años, nunca quiere venir a las actividades que organizamos en el AMPA, pero si viene Iván [Rotella], se apunta. Y eso es muy importante porque significa que les transmite conocimientos que les llegan y les resultan útiles. Y a nosotros esas charlas nos permiten continuar la conversación en casa”, señala Noelia.
Padres de adolescentes y preadolescentes, les preocupa enormemente el tiempo que sus hijos pasan —o quieren pasar— pegados a la pantalla, desconocer qué hacen exactamente en Internet y los contenidos inapropiados a los que puedan acceder. “A mí ni se me ha pasado por la imaginación que mi hija vea porno, pero no me preocupa excesivamente. Tiene 17 años y creo que la he llevado bastante bien, pero a partir de ahora pienso que tengo que ir dándole margen. Quiero que tenga la confianza de venir a mí y preguntarme lo que necesite. Es lo único que puedo hacer: trabajar nuestra relación para que acuda a mí en caso de duda”, esgrime Carmen.
“¿Le habéis contado lo que hacéis a vuestras hijas?”. Esa era la pregunta que muchos padres de su entorno les planteaban recurrentemente a Erika Lust y su marido, Pablo Dobner. 
Ambos dirigen Lust Films, una productora de cine adulto que abandera un porno distinto: ético, feminista, diverso y de vocación artística. “Nosotros se lo explicamos de forma muy natural porque somos personas abiertas y no nos da miedo hablar de sexo. Pero creíamos que esa conversación no nos atañía exclusivamente a nosotros por formar parte de la industria, sino a todos los padres. La única diferencia era que nosotros jugábamos con ventaja: la mayoría no sabe cómo plantear esa conversación, y nosotros sí”, relata Lust. 
En realidad, la ventaja de Lust es doble, pues ella es sueca y podría decirse que el suyo es el país que más en serio se ha tomado la educación sexual. “En el colegio, en torno a los 10 u 11 años, teníamos clases de biología y reproducción, pero también el apoyo de sexólogos y ginecólogos con quienes hablábamos de relaciones sexuales, de sentimientos, de consentimiento…”, explica. “Pero vivo en Barcelona desde 1997 y mis hijas están creciendo aquí, y me pone triste ver que siga habiendo tanta resistencia. Necesitaríamos un pequeño ejército de educadores sexuales. Y no se trata ni de pornificar ni de sexualizar a los jóvenes, tan solo de darles herramientas para que entiendan su sexualidad”. Ella ya ha puesto de su parte: en 2017 lanzó el proyecto The Porn Conversation, una web —solo disponible en inglés— con recursos destinados a padres y educadores.
Con una buena educación sexual hoy no hablaríamos del porno como un problema
En una popular charla TED de 2014, Lust ya reivindicaba que era hora de que el porno cambiara. Ese porno mainstream “sexista y, muchas veces, racista de amas de casa cachondas y niñeras desesperadas, de mujeres como objeto satisfaciendo los deseos de los hombres”. Desde los inicios de su carrera, se propuso dirigir el cine X que ella quería ver, explorar la belleza del sexo desde otra perspectiva. 
Y sí, existe un porno indie y de pago que atiende a la diferencia, pero el mayoritario y gratuito, es decir, el que Lust define como “la principal fuente de conocimiento de la mayoría”, no muestra señales de mejoría. “En los sesenta y setenta había auténticas películas cinematográficas con narrativa, personajes, historia. En cambio, en el porno actual vemos a dos personas en un determinado lugar follando a tope. Nada más. No sabes quiénes son ni qué deseo tienen. No hay contexto. Y los chavales toman esto como real y entran en escena como si fueran porn stars. Muchas chicas jóvenes me cuentan que han intentado hacer choking [asfixia] en las primeras veces y yo no creo que estas prácticas eróticas que experimentan con los límites sean recomendables sin apenas experiencia. Hay una distorsión tremenda en su mente”, denuncia.
Chico caliente se folla a su madrastra, el vídeo más visto en Pornhub, la web de contenido adulto gratuito, profesional y amateur líder en España, tiene una duración de 16 minutos. Casi el doble de lo que los usuarios españoles —hombres en un 71% y mujeres en el 29% restante (ellas ven, fundamentalmente, vídeos de contenido lésbico)— invirtieron, como media, en cada visita: 9 minutos y 20 segundos, según los datos que publica anualmente esta web, que reúne todos los días a 92 millones de visitantes procedentes de todos los rincones del planeta. ¿Las categorías más demandadas por los españoles? Maduras, lesbianas, anal, MILF (del acrónimo inglés mother I'd like to fuck, es decir, madre a la que me tiraría) y tríos.
En opinión de Lust, la industria no va a cambiar o tan solo lo hará para adaptarse a las demandas de sus consumidores, así que está en manos de los educadores —padres y profesionales— dejar de mirar para otro lado y hablar de pornografía de una vez por todas. “Tratar de poner freno a la tecnología no sirve de nada. Sé por experiencia que los controles parentales no funcionan. Tan solo funciona la comunicación, la información y la conversación. Y el porno es una conversación tan esencial como lo es la del tabaco y el alcohol cuando llegan las primeras salidas nocturnas”, defiende. “Les damos tecnología sin instrucciones, y con 9, 10 u 11 años utilizan los ordenadores sin supervisión y a veces les aparecen o buscan contenidos que no son apropiados. Si escribes ‘polla’, Google no te va a dirigir a Wikipedia, sino a una web de porno. Habrá niños que se asusten y se sientan mal con lo que han visto, y otros a los que les despertará la curiosidad”.
Precisamente proporcionar instrucciones a padres e hijos para que hagan un uso seguro y responsable de la Red es la misión de Cristina Gutiérrez, de Internet Segura For Kids (IS4K), una iniciativa del Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe). Sin todavía haber cumplido los dos años de existencia, Gutiérrez asegura que aún queda mucho trabajo por hacer. ¿La buena noticia?.
“Por fin estamos empezando a entender que no podemos dejar a los denominados nativos digitales solos ante smartphones, tabletas u ordenadores. Está claro que saben utilizarlos, pero otra cosa es que lo hagan de forma correcta. La tecnología avanza muy rápidamente y nos hemos subido al carro sin pararnos a pensar, pero ha llegado la hora de la reflexión”. IS4K dispone de líneas de ayuda para menores, padres y profesores y de más de 600 voluntarios que recorren los colegios dando charlas y repartiendo hasta un Contrato familiar para el buen uso del móvil —se puede descargar en su web—, que padres e hijos deben negociar, cumplimentar y firmar. “Casi 3 de cada 10 consultas que nos llegan proceden de progenitores preocupados porque no saben cómo poner límites entre sus hijos y la tecnología. Hay situaciones verdaderamente descontroladas”.
—“Hay pocas cosas más importantes que el sexo. Cuando una sociedad tiene bien integrada la sexualidad, el resultado es un enorme bienestar social”.
En los años treinta, la malograda Hildegart Rodríguez, secretaria de la Liga Española para la Reforma Sexual sobre Bases Científicas y adalid de la liberación sexual, ya criticaba la pedagogía tradicional que convertía la sexualidad en un tabú. Ella defendía la instrucción desde la escuela. Y no estaba sola. Con distintos enfoques, la literatura médica de aquella España de principios del siglo XX ya coincidía en que era imprescindible iniciar la enseñanza de la educación sexual desde la infancia. Fast forward ocho décadas, y en la actualidad todavía no sabemos muy bien qué hacer con la materia. 
No forma parte del currículo académico —a pesar de que la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2010 incluía la recomendación de que estuviera presente en colegios e institutos— y, como recoge un informe de 2017 de la ONG Save The Children, cuando se imparte, o bien se limita a unas cuantas clases de contenido biologicista y centrado en la prevención de riesgos para alumnado de edades ya avanzadas, o es una actividad que depende de la disponibilidad de fondos y/o de la voluntad de profesores, AMPA y Ayuntamientos. Como es el caso de los consistorios de Avilés o Leganés. “Se trata de un programa que empieza en infantil y acaba en bachillerato, y se trabaja en la mayoría de las escuelas infantiles, en la mayoría de los colegios de primaria y en la mayoría de los institutos de Leganés”, resume Carlos de la Cruz, sexólogo y responsable de las áreas de Igualdad y Juventud del municipio madrileño. “Yo soy optimista: hay consenso en que se debe hacer educación sexual, aunque todavía no nos ponemos de acuerdo en cómo hacerla. En los ochenta discutíamos sobre si había que hacerla o no, y ese es ya un debate superado. Aunque es verdad que no está garantizado que quien salga de la educación obligatoria haya tenido clase de educación sexual, y eso hay que garantizarlo”.
El apellido “sexual”, coinciden los especialistas, es parte del problema sin resolver en España. “La mente adulta enseguida relaciona sexual con coital, pero no es así: es la educación de los sexos, de lo que significa ser hombre y ser mujer, y de aprender a entendernos, encontrarnos y relacionarnos de la mejor manera posible. Esto, cuando se lo explicas a las familias, lo entienden, independientemente de su ideología. No es tan difícil. Cuando oigo que la educación sexual genera libertinaje no sé de qué me están hablando. En secundaria dedico al preservativo exactamente 10 minutos. No hablo de él hasta no darle un contexto. En los ochenta, el Póntelo, pónselo era imprescindible, pero 30 años más tarde hay asuntos más importantes”, reflexiona Rotella.
En la pornografía hay un modelo de relación entre hombres y mujeres desigual, pero es muy parecido al que sale en otras películas en las que los actores están vestidos
—El sí, chicos y chicas, tiene que ser explícito y mantenido. No vale eso de “Me dijo que sí y luego se desmayó”, “Me dijo que sí y luego estaba borracha”, “Me dijo que sí y luego le dio un bajón de tensión”. El sí tiene que ser mantenido y continuado en el tiempo para que la persona esté participando y disfrutando de la misma manera de la relación. Esto es fácil, ¿verdad?.
En los distintos programas que imparte Rotella, desarrollados por Astursex, a los alumnos de bachillerato se les habla de consentimiento, de anticon­cepción, de sexismo, de homofobia. A los de 3º y 4º de la ESO, de higiene íntima, de diversidad sexual, de sexting seguro. A los de 5º y 6º de primaria, adolescentes inminentes, se les ayuda a no confundir los celos y el control con pruebas de amor, a identificar los peligros que acechan en las redes sociales, a reflexionar sobre el empoderamiento y la solidaridad femenina. A los alumnos de infantil —de 3 a 6 años— se les leen cuentos clásicos para revisar cómo son las historias de amor que ya conocen y cómo se comportan los personajes femeninos y los masculinos e incluso plantear finales alternativos.
¿Cuándo debe empezar la educación sexual? Desde el principio. Exactamente ahí donde se inicia la educación sobre todo lo demás, coinciden los expertos consultados. Desde luego, en ningún caso se debe esperar a la adolescencia. Para entonces ya tendrán la lección aprendida —en muchos casos, salpicada de malentendidos, pero aprendida— y será demasiado tarde. “Si he tenido una educación sexual que va más allá de cómo funcionan los coitos y el preservativo; si me ha enseñado a respetar a las parejas, a escuchar y a entender que las relaciones eróticas y la satisfacción tienen que ver con dos deseos, cuando vea porno y compruebe que no refleja nada de eso, pensaré: ‘Este no es el mundo real’, y ahí terminarán los conflictos”, argumenta el sexólogo De la Cruz. “En la pornografía hay un modelo de relación entre hombres y mujeres desigual, pero, ojo, es muy parecido al que sale en otras películas en las que los actores están vestidos, donde ellos imponen su criterio a sus parejas, no les escuchan… Si tuviéramos una sociedad donde esos modelos fueran una anécdota, la pornografía no sería un problema”, zanja.
En marzo de 2017, la Audiencia de Cantabria condenó a tres años y nueve meses de cárcel a un hombre por abusar sexualmente de una menor de edad durante un lustro. La niña empezó a sospechar que su vecino le había mentido cuando en el colegio estudiaron el aparato reproductor. Entonces, a los 10 años, comprendió que los besos y los tocamientos genitales no eran normales ni adecuados entre adultos y niños. Desde luego, no eran un juego. “La educación sexual es una herramienta para empoderar a los niños y niñas. Este caso es paradigmático: de haberlo sabido, ella hubiera actuado antes. La formación, siempre adaptada a cada edad, sirve no solo para prevenir que sean víctimas de abusos sexuales, sino también para que, cuando crezcan, entablen relaciones más positivas, sanas e igualitarias”, precisa Carmela del Moral, analista jurídica de los derechos de la infancia de la ONG Save The Children. “En cualquier caso, debería quedarnos claro que los menores van a tener educación sexual. 
Depende de nosotros que sea buena o mala”. Para Rotella, es hora de que clase política, en particular, y sociedad, en general, se tomen en serio la educación sexual de una vez por todas. “El sexo es lo que somos desde que nacemos hasta que morimos. Hay pocas cosas más importantes. Cuando una sociedad tiene bien integrado todo lo que tiene que ver con la sexualidad, disfruta de un enorme bienestar social. Son sociedades menos violentas y que se respetan mucho más. Y aquí no tenemos más que echar un vistazo a nuestro alrededor: estamos fallando”.