jueves, 16 de enero de 2014

Los grupos mayoritarios de la Eurocámara, contra la ley del aborto del PP


Creen que va en contra del derecho de la mujer a decidir libremente sobre la maternidad
El grupo socialista europeo teme que otros gobiernos conservadores la imiten

Los principales grupos del Parlamento Europeo, a excepción delPartido Popular Europeo, han pedido hoy al Gobierno español que dé marcha atrás en su reforma de la Ley del Aborto por considerar que va en contra del derecho de la mujer a decidir libremente sobre la maternidad.

El debate formal en el pleno de la Eurocámara tendrá lugar mañana, pero los grupos con mayor representación parlamentaria ya han dejado claras sus posiciones ante esta controvertida norma impulsada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que ha levantado una fuerte controversia en Europa.

La diputada socialista Iratxe García ha criticado el “retroceso histórico” que esta norma supone en “la lucha que miles de mujeres llevan ejerciendo en la UE para garantizar la igualdad de género y el respeto de sus derechos”. El grupo socialista europeo (PES) ha sido el encargado de incluir este asunto en la agenda del pleno que esta semana se celebra en Estrasburgo.

Su líder, Hannes Swoboda, ha mostrado su preocupación por el hecho de que si esta ley se aprueba en España otros países donde gobiernan partidos conservadores podrían imitarla. “Me temo que si esto sigue adelante en España otros países podría percibirlo como un signo de aliento. Es un juego entre la derecha y la extrema derecha. Hay una campaña en Europa contra el aborto y el matrimonio de los homosexuales. Esta tendencia la tenemos que combatir desde el principio”, ha dicho en una rueda de prensa junto a su colega de filas española.

También el grupo de Liberales y Demócratas Europeos (Alde) ha mostrado su “fuerte rechazo” a la ley del aborto propuesta por el Partido Popular español al considerar que “restringe el derecho de la mujer a tener un aborto legal y seguro”. En representación de este grupo intervendrá la eurodiputada del PNV Izaskun Bilbaoquien ha adelantado que esta reforma “va contra la voluntad de la sociedad española, que espera que sus políticos resuelvan los problemas, no crear unos nuevos”.

Mapa interactivo: Center for the Reproductive Laws, The World´s Abortion Laws 2013


El mito del aborto de las menores


Entre las muchas mentiras con las que el Gobierno de Rajoy ha querido justificar su cruel reforma del aborto hay una que destaca sobre las demás. Es esta idea, tan extendida, de que la ley actual permite a las mujeres de 16 y 17 años abortar sin informar a sus padres. Es falso, por mucho que lo repitan políticos como Rosa Díez o varios dirigentes del PP, que incluso llevó el asunto a su programa electoral. "Cambiaremos el modelo actual de regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores". 
La supuesta "protección a las menores" fue una forma elegante de apelar a los padres, un cuerpo electoral muy rentable en una sociedad que sigue siendo tremendamente patriarcal. En España las hijas siguen siendo tratadas en muchas familias como una propiedad del padre, sobreprotegidas y con menos derechos y libertades que los hijos varones. En su momento, la ley de plazos del PSOE fue muy cuestionada, incluso entre algunos dirigentes socialistas - todos hombres-, precisamente por no obligar a las mujeres de 16 y 17 años a pedir permiso. 
La polémica fue tan grande que muchos se quedaron con una idea que no es verdad. Estas menores no abortan en España a espaldas de sus padres. La ley obliga a informar al menos a uno de los dos, salvo que exista "un conflicto grave" de "violencia intrafamiliar, amenazas, coacciones o malos tratos". Son supuestos razonables; no creo que haya quien defienda obligar a una hija a informar de su decisión de abortar a un padre maltratador.


Texto que se entregará en el Congreso de los Diputados


Porque yo decido.

Porque yo decido desde la autonomía moral,  que es la base de la dignidad de una persona, no acepto imposición, o prohibición alguna en lo que concierne a mis derechos sexuales y reproductivos y, por lo tanto, a mi plena realización como persona. Como ser humano autónomo me niego a ser sometida a tratos degradantes, injerencias arbitrarias y tutelas coactivas en mi decisión de ser o no ser madre.

Porque soy libre invoco a la libertad de conciencia como el bien supremo sobre el que fundamentar mis elecciones. Considero cínicos a quienes apelan a la libertad para restringirla y malévolos a quienes no importándoles el sufrimiento causado quieren imponer a todos sus principios de vida basados en inspiraciones divinas. Como ser humano libre me niego a aceptar una maternidad forzada y un  régimen de tutela que condena a las mujeres a la “minoría de edad sexual y reproductiva”.

Porque vivo en democracia y soy demócrata acepto las reglas de juego que deslindan derechos de pecados y ley de religión. Ninguna mayoría política nacida de las urnas, por muy absoluta que sea, está legitimada para convertir los derechos en delitos y obligarnos a seguir principios religiosos mediante sanción penal. Como ciudadana exijo a los que nos gobiernan que no transformen el poder democrático, salvaguarda de la pluralidad, en despotismo.

Porque yo decido, soy libre y vivo en  democracia exijo del gobierno, de cualquier gobierno, que promulguen leyes que favorezcan la autonomía moral, preserven la libertad de conciencia y garanticen la pluralidad y diversidad de intereses.

Porque yo decido, soy libre y vivo en democracia exijo  que se mantenga la actual Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo por favorecer la autonomía moral, preservar la libertad de conciencia y garantizar la pluralidad de intereses de todas las mujeres.

jueves, 9 de enero de 2014

Los aspectos polémicos de una ley del pasado


El anteproyecto de ley del aborto devuelve a España a un sistema de supuestos despenalizados
El texto presentado por Alberto Ruiz-Gallardón regresa al sistema vigente entre 1985 y 2010
El anteproyecto de ley del aborto presentado por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, devolverá a España a un sistema de supuestos despenalizados como el vigente entre 1985 y 2010

Fin de un derecho.
El texto elimina el derecho de la mujer a decidir libremente, durante las primeras 14 semanas de embarazo y sin alegar ningún motivo, si prosigue su embarazo o aborta. Se pasará de este sistema, conocido como ley de plazos e instaurado en 2010, a otro modelo en el que solo se permitirá el aborto en dos supuestos: violación (hasta la semana 12 de gestación) o "grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada" (hasta la 22). Ese riesgo tiene que ser "permanente o duradero en el tiempo".

Acreditación.
La nueva ley prevé que se exijan dos dictámenes médicos que acrediten ese daño para la salud de la mujer. Tendrán que firmarlos dos profesionales sanitarios de la especialidad de la patología alegada, una condición que hasta ahora (tanto con la ley de 1985 como con la actual para los casos de aborto por riesgo para la salud entre la semana 14 y la 22) se ceñía a un solo dictamen. Los dos médicos no podrán trabajar en la misma clínica que luego va a practicar el aborto.

Anomalías.
El anteproyecto elimina el supuesto de aborto por anomalías fetales, aunque enmarca este problema en el riesgo de daño psíquico para la mujer. Si la anomalía fetal es "incompatible con la vida", la mujer podrá alegar daño psíquico sin límite temporal, y abortar acogiéndose a ese supuesto (en ese caso necesitará dos dictámenes médicos: uno sobre la salud de la mujer y otro acerca del feto). Si la anomalía fetal no es incompatible con la vida, la mujer solo podrá alegar daño psíquico hasta la semana 22. Este modelo deja sin cobertura las anomalías fetales que no sean incompatibles con la vida pero sí extremadamente graves e incurables y que se hayan diagnosticado de manera tardía.

Información.
Las mujeres recibirán información sobre las alternativas al aborto por parte de un "colaborador del sistema público", según dijo Gallardón. Aún está por ver qué servicios la facilitarán. Tras este asesoramiento personal -que ahora se limita a información escrita- tendrán que reflexionar durante siete días.

Los expertos en diagnóstico prenatal critican la ‘ley Gallardón’


Consideran que la supresión de aborto por anomalía fetal grave vulnera los derechos de las mujeres y las desampara en situaciones muy complejas y dolorosas.

El anteproyecto de ley de Gallardón restringe la posibilidad de abortar a dos supuestos: violación y riesgo grave para la salud de la mujer.

La restrictiva nueva ley del aborto impulsada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, sigue acumulando críticas. A las de la oposición y organizaciones sociales se suman también las de algunas sociedades científicas. La Asociación Española de Diagnóstico Prenatal --unos 400 profesionales-- ha censurado el anteproyecto de ley que, al suprimir el supuesto que permite abortar por anomalía fetal grave, genera “desamparo y desconfianza” en un sistema sanitario que permite el diagnóstico de patologías fetales severas, pero que “limita las opciones disponibles al alcance de cualquier país desarrollado”.

El modelo escogido por Justicia admite la interrupción del embarazo solo en dos casos: violación (hasta la semana 12 de gestación) o riesgo grave para la salud física o psicológica de la mujer; un supuesto en el que incluye el peligro para la salud mental de la mujer por el diagnóstico de una anomalía fetal “incompatible con la vida”. La regulación cubre así algunos casos, sin embargo, deja fuera aquellos en los que la patología sea extrema pero no siempre mortal; algo que ahora sí está cubierto sin límite temporal.

Los profesionales de diagnóstico prenatal —obstetras, genetistas, biólogos— han hecho público un comunicado en el que consideran la nueva ley “un retroceso importante” para los derechos reproductivos. El anteproyecto, dicen, que además del supuesto de aborto por anomalía fetal elimina la opción de que la mujer finalice su gestación sin tener que alegar alguna razón (ahora se permite hasta la semana 14ª), “cercena la capacidad de decisión del individuo” en cuestiones “tan vitales” como la de decidir interrumpir un embarazo. Estos expertos creen que la ley, que obligará a la mujer que decida abortar a que dos médicos certifiquen que existe riesgo para su salud, vulnera sus derechos.


Ponemos en marcha el Tren de la Libertad


Reunidas en Pola de Laviana en nuestra celebración anual de amistad, las mujeres de la Tertulia Feminista les Comadres y de Mujeres por la Igualdad de Barredos consideramos que la reforma de la ley del aborto planteada por el Gobierno de Rajoy constituye un ataque injustificable a la libertad de decidir de las mujeres.

Invitamos a la sociedad asturiana a sumarse a las acciones que se organicen desde los distintos grupos, asociaciones y colectivos de mujeres para conseguir la retirada de ese Anteproyecto de Ley.

Acordamos organizar el TREN DE LA LIBERTAD, que partirá desde Asturias para llegar a Madrid el día 1 de febrero con el fin de exigir que se mantenga vigente la actual Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo.

Desde el feminismo ni un paso atrás.



Los abortos que ilegaliza la ley Gallardón cuestan en el extranjero entre 550 y 6.400 euros


Si finalmente entra en vigor el borrador de la nueva ley del aborto aprobado hace una semana por el Gobierno que preside Mariano Rajoy, el 91% de las 112.390 mujeres que interrumpieron su embarazo el año pasado sin necesidad de justificar su decisión se verían inmersas en una maraña de trámites para certificar que seguir con la gestación supone un riesgo para su salud física o mental. Asociaciones de médicos y especialistas, y de defensa de los derechos de la mujer aseguran que, ante tantas complicaciones, las mujeres acudirán a métodos clandestinos.

Si tienen medios económicos, se marcharán a países como Reino Unido o Francia, donde existen leyes de indicaciones y plazos similares a la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo que está actualmente en vigor en España.

En Reino Unido, adonde habitualmente viajaban las españolas cuando el aborto era ilegal, someterse a una interrupción voluntaria del embarazo puede costar entre 550 y 700 euros, dependiendo de si es farmacológico –antes de las 9 semanas– o de si se usa o no sedación o anestesia general. Son datos facilitados por Marie Stopes, una organización internacional de planificación familiar con numerosos centros en Reino Unido donde ofrecen servicios para la atención a la salud sexual y reproductiva, entre ellos, interrupciones voluntarias del embarazo. Sus centros realizan un tercio del total de los abortos que se practican en el país.

Al coste de la intervención habría que sumar los casi 100 euros que vale la consulta médica previa y necesaria para efectuar todos los análisis. Según señalan desde Marie Stopes, es recomendable un día de reposo después de la intervención si se va a viajar, por lo que es necesario contar al menos con dos días de alojamiento, que, dependiendo de la ciudad, el precio puede oscilar entre los 40 y 60 euros –los más económicos– por noche en habitación doble. Todo ello sin tener en cuenta el desplazamiento desde España hasta Reino Unido.

En este país, la ley permite la interrupción voluntaria del embarazo dentro de las primeras 24 semanas por razones de salud, sociales y económicas –en Irlanda del Norte sólo está permitido cuando hay grave riesgo para la mujer o malformaciones fetales–. Dos médicos tienen que estar de acuerdo pero, según señalan desde la Federación Internacional de Planificación Familiar, no existen trabas para estos dictámenes y en la práctica es similar a una ley de plazos. Más allá de las 24 semanas, el aborto está permitido sin límite de tiempo cuando esté en peligro la salud de la madre y en caso de graves malformaciones fetales.

LA REFORMA DE LA LEY DEL ABORTO


El Gobierno aprobó este viernes la ley del aborto más restrictiva de la democracia, a la que pondrá nombre Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia. Interrumpir el embarazo dejará de ser un derecho de la mujer en las primeras 14 semanas —un derecho que existe solo desde 2010— y volverá a ser un delito despenalizado en ciertos supuestos, como lo era con la Ley de 1985. Pero esos supuestos se reducen, y la posibilidad de la mujer de acogerse a ellos se restringe. Solo habrá dos: violación y “grave peligro para la vida o la salud física o psíquica” de la mujer. Serán, de nuevo, los médicos —con requisitos más estrictos que en 1985 y un procedimiento más largo— los que decidirán si ese peligro existe. La presencia de malformaciones fetales gravísimas no será motivo de aborto, aunque sí lo será el efecto psicológico que eso tenga en la embarazada.

La nueva normativa se llamará Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, por ese orden; Gallardón aseguró que se ha hecho para proteger “a los más débiles: los concebidos y no nacidos”, pero “siempre en interés de la mujer” y respetando asimismo sus derechos. Según el ministro, la ley vigente, aprobada por el PSOE en 2010, vulnera el “equilibrio” en la protección de los derechos del feto y de la mujer que impuso el Tribunal Constitucional en su sentencia de 1985, porque “desprotege” al nasciturus en las primeras 14 semanas de embarazo (en ese plazo se puede abortar sin alegar motivo). La Ley de 2010 está recurrida por el PP ante el Constitucional, pero este aún no ha dictaminado; Gallardón dijo que el Gobierno no necesita esperar a conocer esa sentencia porque está convencido de que esa ley es inconstitucional.

El PSOE calificó la futura norma de “vergüenza” y auguró que producirá muertes por abortos realizados en la clandestinidad. Otros grupos de oposición, como IU, UPyD, ERC y PNV se manifestaron también frontalmente en contra. La Asociación de Clínicas Autorizadas para la Interrupción del embarazo (ACAI) —a las que el anteproyecto de ley resta funciones y cuyos servicios prohíbe publicitar— afirmó en un comunicado que la ley hará “prácticamente imposible” abortar en España. En el año 2011, último con datos oficiales, se produjeron 118.359 abortos; el 90%, antes de la semana 14 de embarazo.

El anteproyecto debe ser sometido ahora a diversos informes y después al debate parlamentario, por lo que no entrará en vigor hasta dentro de aproximadamente un año.

» La malformación fetal no será motivo de aborto. El anteproyecto de ley señala que el aborto es un delito salvo en dos supuestos: que el embarazo sea fruto de una violación (alegable en las primeras 12 semanas) y que genere un “grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada” (alegable en las primeras 22 semanas). Desaparece, por tanto, el supuesto de malformación, enfermedad incurable o anomalía fetal incompatible con la vida, que con una u otra formulación ha existido durante tres décadas. 

Que el feto tenga un problema de salud, por muy grave que este sea y aunque vaya a producirle la muerte nada más nacer, ya no será en sí mismo un motivo legal para abortar.
Gallardón, que anunció la supresión de ese supuesto hace año y medio, fue modulando su propuesta en los meses siguientes —ante la enorme polémica generada— y, el pasado mayo, en el Senado, hizo una distinción: entre las malformaciones fetales muy graves —“que naturalmente la legislación contemplará como ha contemplado siempre”, dijo— y las “discapacidades” del feto, que quedarían fuera de la ley para no “discriminar” a los discapacitados. Finalmente ha renunciado a esa distinción: todas las malformaciones y enfermedades quedan fuera de los supuestos legales de aborto. “No hay embriones de primera y de segunda, como no hay personas de primera y de segunda”, argumentó.

La autorización la firmarán dos médicos ajenos a la clínica que haga el aborto
» El “coladero” del daño psicológico, pero con más obstáculos. Que la malformación fetal desaparezca como supuesto no quiere decir que ninguna mujer embarazada de un feto con problemas de salud (del grado que sean) vaya a poder abortar: podrá hacerlo, si demuestra que eso supone un “grave peligro” para su salud psíquica, porque será eso lo que tendrá que alegar. El Gobierno recupera el supuesto de daño psicológico para la embarazada de la ley de 1985, al que se acogía entonces la inmensa mayoría de las mujeres y que el PP y las asociaciones antiabortistas tachaban de “coladero”. Lo recupera pero con un procedimiento más exigente, más complicado y más largo.

» Un informe de dos médicos y ajenos a la clínica. El “grave peligro” para la salud psíquica de la mujer —supuesto al que se acogerán previsiblemente quienes quieran abortar por malformación fetal o por otros motivos— tendrá que quedar acreditado en un informe firmado por dos médicos (ahora es solo uno). Esos dos profesionales no podrán ser los mismos que vayan a practicar el aborto —igual que sucede con la ley actual— pero tampoco podrán, y esta es la novedad, trabajar en el mismo centro en el que se practique el aborto. En la actualidad, el 97% de las interrupciones voluntarias del embarazo se produce en clínicas privadas, y son médicos de esas mismas clínicas los que elaboran los dictámenes médicos cuando son necesarios. También se hacía así con la ley de 1985. 

Ahora el PP rompe ese vínculo, para garantizar la “imparcialidad” de los informes médicos.
La mujer podrá elegir qué dos médicos —de la sanidad pública o de otra clínica privada diferente a la que vaya a practicar el aborto— firman su dictamen. Si la embarazada alega que el peligro para su salud psíquica es producto de que el feto padece una anomalía incompatible con la vida, tendrá que haber dos informes: uno de un especialista que acredite que la anomalía existe y otro del psicólogo o psiquiatra que dictamine si eso le genera a la mujer un daño psíquico. A partir de la semana 22, el daño psíquico ya solo puede alegarse si es por anomalías del feto incompatibles con la vida (ahora es igual).
Además, los médicos que firmen el informe en cualquier supuesto de riesgo para la salud psíquica tendrán que establecer que el conflicto entre la protección del feto y la de la mujer no puede resolverse, “desde el ámbito médico, de ninguna otra forma”. Y solo se entenderá que hay daño psíquico cuando, según su criterio, el embarazo produzca un “menoscabo importante” y “con permanencia en el tiempo” para la mujer. El Ministerio de Justicia afirma que así es como el Tribunal Constitucional describió en 1985 el riesgo para la salud psíquica.

La embarazada podrá decidir qué facultativos realizan el informe
» Información a la embarazada: verbal y con siete días de reflexión. En la actualidad, la mujer que decide abortar recibe de los médicos un sobre con información sobre alternativas, ayudas a la maternidad y riesgos de la intervención, y tiene que reflexionar sobre ello durante tres días antes de abortar. Ese plazo se amplía ahora a siete días, y la información —que no incluirá fotos de ecografías, según confirmó Gallardón— tendrá que darse en persona por parte de los trabajadores de los servicios sociales públicos. Fuentes de Justicia sostienen que no hay riesgo de que eso genere retrasos en todo el procedimiento y acabe aumentando los casos de abortos tardíos. “Se potenciarán los servicios sociales para que eso no suceda”, confían.

» Las menores, con permiso paterno. Las chicas de 16 y 17 años volverán a requerir el permiso de sus padres para abortar (como sucedía antes de 2010). En caso de conflicto familiar grave, un juez decidirá —en 15 días— a quién da la razón, si a la joven o a sus padres; en principio, primará la opinión de la embarazada.

» Derecho a la objeción de conciencia generalizado. Todos los profesionales sanitarios que participen, colaboren o cuyo trabajo sea necesario para realizar un aborto —desde el administrativo al celador o al que dispone los instrumentos en el quirófano— podrán acogerse a la objeción de conciencia. Con la ley actual solo pueden hacerlo los médicos que practican el aborto.

»Un delito sin castigo para la mujer. Los abortos realizados fuera de los supuestos legales serán delito, pero solo habrá castigo para el médico (hasta tres años de cárcel y hasta seis de inhabilitación, como ahora). La mujer no tendrá reproche penal. Gallardón se felicitó de esa novedad y lo justificó en que la mujer es una “víctima” del aborto, un argumento que algunas asociaciones de mujeres tacharon de “paternalista”.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Las barreras al aborto más difícil Los especialistas alertan del desamparo en que quedan las anomalías gravísimas no mortales desde la semana 22


"Son embarazos muy queridos, casos dramáticos", señalan los especialistas

Hidrocefalia grave, isomerismo derecho cardiaco, esclerosis tuberosa... Decenas de enfermedades fetales incurables que conllevan una alta probabilidad de mortalidad o que pueden provocar graves secuelas neurológicas deberán seguir su curso sin que las madres puedan remediarlo si se diagnostican a partir de las 22 semanas de embarazo. Así lo contempla la nueva ley del aborto que impulsa el Gobierno de Mariano Rajoy, una norma que no dejará más salida que partir al extranjero y pagar los entre 6.000 y 7.000 euros que puede costar la intervención, especialmente delicada dado el avanzado estado de la gestación, a quien quiera interrumpir el que quizás sea el aborto más difícil, aquel de hijos queridos con anomalías gravísimas incurables.

Cada año se producen entre 300 y 400 abortos por malformación fetal por encima de las 22 semanas. Corresponden a dos tipos de diagnósticos. Los menos numerosos, como comenta Begoña Diego, ginecóloga especialista en diagnóstico prenatal, son aquellos en los que se detectan anomalías incompatibles con la vida (según la terminología y criterios empleados por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, SEGO). La nueva ley permitirá que la mujer interrumpa estos embarazos si demuestra que la gestación le supone un riesgo psicológico para su salud y la patología no se ha detectado antes “con un diagnóstico certero”, circunstancias que deben avalar sendos informes.

Pero las más numerosas son las intervenciones que tienen relación con enfermedades extremadamente graves e incurables. Son situaciones con una alta probabilidad de mortalidad durante el periodo fetal o tras el nacimiento, asociados con “un tiempo de supervivencia corto y/o con un desarrollo neurológico profundamente deficiente y/o una probabilidad de dependencia extrema y persistente para el desarrollo de la vida posnatal”, según la definición de la SEGO.

“Estos casos extremadamente dramáticos”, comenta Diego. “Hablamos de embarazos deseados en los que las familias toman las mejores decisiones siempre desde un punto de vista generoso, para tratar de evitar el sufrimiento y las consecuencias físicas y neuropsicológicas que pueden tener estos niños”.


CARTA PÚBLICA A ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN


Nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento (II)

Señor ministro, ¿a qué quiere usted condenar a nuestra sociedad? ¿A vivir de nuevo en épocas que nunca debieron existir?

Esta carta es una triste continuación de la publicada en EL PAÍS el 25 de julio del año pasado. Su objetivo es expresar de nuevo mi indignación por la decisión del Gobierno de aceptar el anteproyecto de ley presentado por el ministro de Justicia y hecho público el 20 de diciembre de 2013.

No voy a exponer de nuevo mis antecedentes profesionales como neurocirujano infantil, ya que fueron suficientemente expuestos en la carta anterior. Solamente señalaré que he ejercido como neurocirujano durante 40 años, siendo jefe del Servicio de Neurocirugía Infantil en el hospital 12 de Octubre desde el año 1982 hasta mi jubilación hace tres años.
Como profesional de la medicina, lo más destacable es la completa eliminación del supuesto de malformación fetal como causa de interrupción del embarazo, lo que en mi opinión sencillamente nos coloca de nuevo en épocas pretéritas de la historia de la medicina en España. Estoy además convencido de que muchos españoles tenían la esperanza durante todo este año de que el ministro tuviera en cuenta la gran cantidad de opiniones que se han escuchado y publicado en contra de la eliminación de este supuesto. 

Desgraciadamente, no ha sido así.

Antes de la primera ley de 1985, los médicos que teníamos que enfrentarnos a los casos de malformaciones fetales más severas, como son entre otras las del sistema nervioso central, estábamos desgraciadamente muy acostumbrados a tratar a estos pobres niños. Concretamente los niños con espina bífida abierta (de uno a tres niños por cada 1.000 recién nacidos vivos) se contaban entre las malformaciones más frecuentes.

Los que padecían esta enfermedad en sus grados más severos eran sin duda los más complicados de tratar. Son los que presentaban parálisis completa de ambas piernas, y del control de los esfínteres urinario y fecal, deformaciones severas en los pies y en la columna vertebral, hidrocefalia (acumulación de líquido en el interior del cerebro) y muchos tenían además déficit mental de diversos grados. Tenían que ser tratados por diversos equipos de especialistas (pediatras, neurocirujanos, traumatólogos, urólogos...) y, finalmente, después de una vida llena de sufrimientos, algunos podían morir por las complicaciones tardías que se presentaban años después del nacimiento.

Como regla general, cuanto más severa es la malformación más fácil es su diagnóstico en el periodo prenatal, por eso el número de malformaciones fetales graves disminuyó rápidamente después de la implantación de la ley de 1985, con lo que muchos de nosotros nos alegramos profundamente. Esto es fácilmente constatable si se consultan los datos hospitalarios de la época o, sin ir más lejos, las estadísticas de las unidades de neurocirugía infantil. ¡Tanto es así que actualmente muchos profesionales jóvenes no han tenido la oportunidad de tratar estas malformaciones en número suficiente de casos para adquirir la experiencia necesaria!

Puesto que en Europa este tipo de malformaciones han dejado hace muchos años de existir, ¿qué pueden hacer nuestros jóvenes profesionales? ¿Señor ministro, podría darse el caso de que algunos tengan que visitar hospitales de países sudamericanos o africanos que nunca hayan tenido una ley de interrupción del embarazo?

Belén Oltra ; Secuestro Gubernamental

Me siento atrapada en un cuerpo que no es mío. Siento que me lo han robado, que ya no me pertenece, que ya no soy dueña de mis ovarios, de mi estómago, de mis huesos y mi carne.

Ayer, el PP, con su presidente a la cabeza, decidió desposeerme de algo tan íntimo y tan propio como es mi cuerpo, y decidió arrancarme de cuajo la libertad y los derechos que sobre él poseía. A mi, y a veintidós millones de españolas más.

Se llama machismo. La política al servicio de una ideología machista. Se llama desequilibrar aún más la balanza de esta injusta sociedad patriarcal en la que tan cómodos se sientes algunos hombres y tan incómodas y desiguales nos sentimos las mujeres.

Hasta ayer, el género masculino (o su inmensa mayoría) ha utilizado la violencia como arma para dominar al femenino, para construir mujeres calladas y sumisas, y hoy, envueltos y envueltas en una sociedad moderna, utiliza la administración pública, y la presunta democracia para hacerlo. Este gobierno clasista, machista, homófobo y cruel, que gobierna para hombres, ha reducido, este año, un 24% las partidas destinadas a las políticas de igualdad, y ha invertido 11 millones de euros menos en las actuaciones destinadas a la lucha contra la violencia de género. Amenazan con una reforma que eliminaría las competencias municipales en los temas de igualdad… Y ahora esto. La gota que ha colmado un vaso demasiado lleno y durante demasiado tiempo.

Hablan de preservar la vida de los no nacidos, cómo si las mujeres abortasen por ocio o diversión, pero esconden detrás de sus caros trajes y sus sonrisas deslumbrantes un conjunto de actuaciones y políticas públicas destinadas a maltratar a las mujeres. Hablan de responsabilidad, como si no fuera suficiente castigo para una mujer tomar la decisión de no poder asumir la maternidad en un momento determinado. Hablan de todo y se olvidan de la salud tanto física como psicológica de las mujeres, de los sentimientos y de las terribles circunstancias que llevan a una mujer hacia el aborto. Hablan de defender la vida, pero fomentan con sus leyes los abortos ilegales e inseguros que ponen en riesgo la integridad física y la vida de las mujeres.

El gobierno de España y el ministerio de Sanidad, Bienestar Social e Igualdad emiten anuncios en radio y televisión animando a las mujeres a denunciar a sus maltratadores, mientras recortan en políticas destinadas a erradicar la violencia de género .La contradicción de fomentar el machismo. La hipocresía de hacer lo contrario de lo que se dice, y lo que es más triste, la responsabilidad compartida de seguir potenciando una sociedad patriarcal en la que las mujeres son humilladas, maltratadas y asesinadas a manos de sus parejas.

Frente a ello, somos muchas las que pedimos ser iguales, las que nos atrevemos a soñar con una sociedad en la que un hombre no sea más que nosotras por el simple hecho de haber nacido así, hombre. Somos muchas, y afortunadamente cada vez más muchos, las y los que pedimos dignidad para el género femenino. Las que estamos hartas de nuestra terrible historia de invisibilidad, servidumbre y sumisión. Las que queremos cambiar el rumbo de nuestras vidas, la vida de un género femenino que lleva desde el inicio de la historia de la humanidad recogido en un segundo plano, sigilante, expectante y en algunos casos combativo, esperando a situar su figura en el lugar que nos corresponde ya no como mujeres, sino como seres humanos. Nos negamos a ser durante más tiempo marionetas en manos de políticos corruptos, insensibles, conservadores y machistas.

Rajoy, el PP, la iglesia católica o quien sea, podrán legislar contra nosotras, podrán quitarnos nuestro cuerpo, nuestras libertades y nuestros derechos, podrá quitarnos todo, y sin embargo seguiremos quedando nosotras. Nada más fuerte y nada más valioso que NOSOTRAS luchando por ser dueñas de nuestra propia vida. Nada más fuerte y nada más valioso que NOSOTRAS gritando bien fuerte y bien alto la palabra igualdad.