viernes, 8 de marzo de 2019

Atrapadas en la red del amor romántico

Una investigación evidencia que una de cada cinco españolas vive durante años esforzándose en una relación de pareja sin futuro
La llave de la felicidad de las mujeres en España la siguen teniendo los hombres y el romanticismo, por encima de la salud, la familia o su propia autoestima, tanto que un 20% de mujeres de todas las edades se dicen atrapadas en una relación que podrían abandonar pero no lo hacen. Así lo pone de manifiesto un estudio elaborado por la analista y experta en big data Laura Sagnier titulado Las mujeres hoy sobre cómo son, qué piensan y cómo se sienten las españolas. Para este informe se encuestó, entre finales de 2015 y principios de 2016, a 2.403 mujeres mayores de edad que respondieron a más de un centenar de preguntas. La muestra representa a casi 15 millones de españolas.
El perfil resultante es el de una mujer crítica y exigente consigo misma, que trata de tener una dieta sana y equilibrada y se considera muy organizada. Mujeres encarceladas en unos estereotipos femeninos que no han evolucionado con los tiempos, hasta el punto de que una de cada cinco acaba atada a una relación que no la satisface. Un modelo basado en una belleza impuesta social y mediáticamente y en una autoexigencia para parecerse a lo que espera de ellas su entorno: el familiar, el laboral, el social y el virtual. Directrices sostenidas en la creencia de que el amor lo es o debe serlo todo más allá de las dificultades de pareja.
El ideal de amor romántico “significa que yo voy a crecer emocional y personalmente a través de otro, es decir, que se presupone que a mí me faltan cosas que otro tiene que completar”, dice la psicóloga experta en feminismo Rosa Collado. Las mujeres, explica, buscan en las parejas "lo que deberían buscar para sí mismas y en sí mismas, afrontando las limitaciones, pero consiguiendo ser más autónomas, más independientes”. El amor romántico educa a las mujeres "a entregar todo lo emocional, cuidados, comprensión, apoyo, y a ellos para aportar lo material: dinero, trabajo, ideas, movimiento”.
En España, en el tercer trimestre de 2018, 21.762 parejas pusieron fin a su matrimonio, según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial. ¿Qué mantiene a otras en una relación rutinaria? "Podría haber hecho el pino seguido de un doble salto mortal con el pelo fucsia y no se habría dado cuenta. Ni hablábamos ni hacíamos nada juntos ni colaboraba en una sola cosa de la casa", empieza Lucía Valverde, que estuvo casada 16 años. "Sentía la necesidad de que tenía que aguantar hasta que el matrimonio funcionara, porque para algo me había casado", explica.
"Las mujeres se exigen no fallar y cubrir todo tipo de necesidades" para que la relación funcione, dice Rosa Collado. Se las educa no solo para “entregarlo todo”, sino que se enseña "cómo ser para ser amada”. “Para ello, tienen que ser cada vez más perfectas: amantes, madres, parejas…”. Cuando todo falla también se culpabilizan. “Se preguntan qué ha pasado si estaban cumpliendo con lo que se les exigía: tenían éxito en el trabajo, cuidaban de los suyos, se esforzaban por estar guapas…”. Lo que ha ocurrido, continúa Collado, es que "se sigue creyendo en unos roles de género en los que existen muchas diferencias entre hombres y mujeres".
Laura Sagnier (Barcelona, 1966) concluye en su estudio que, finalmente, cuando se da carpetazo a la pareja, se confirma el viejo refrán: mejor sola que mal acompañada. "Una pareja que las hace infelices afecta de forma mucho más negativa al resto de los aspectos de su vida que no tener pareja".
La psicóloga Marisol Rojas, experta en violencia machista, coincide con esa apreciación y explica por qué cuesta salir de ese “papel preasignado por la sociedad”. “A nosotras se nos educa para los demás y a ellos para sí mismos”. Los cuidados son la clave en este enganche: “Se nos dice desde el principio que tenemos que cuidar siempre, de la pareja, de la familia, de los hijos. Al final, quedamos atrapadas por esta obligación creada". Una empatía que, llevada al extremo, también explica la dificultad de las víctimas de violencia de género para salir de ese bucle: “Hay que dejar de ser madres para ser parejas. Porque el amor de madre es incondicional y convertir el amor de pareja en ese amor incondicional es un error y una trampa mortal”.
Esa realidad creada para encajar en una sociedad patriarcal sigue ahí, según la psicóloga Timanfaya Hernández, especializada en víctimas de violencia de género: “Existe hoy un doble mensaje. Las mujeres somos reivindicativas y cada vez exigimos y luchamos más, sí, pero persiste el poso del pasado, que dicta que hay que encontrar una media naranja para estar completas y que ha de ser un hombre fuerte que provea y proteja”. La única solución que ve Hernández es un cambio de valores en la educación desde el principio: “Porque a las mujeres se les ha vendido algo que no es, y es imposible cumplir con eso que nos han vendido”. Cuenta que atiende en consulta a muchas mujeres que llegan para contarle que tienen pareja, casa, hijos, trabajo… Y no son felices. “Hay que trabajar muchísimo con ese pensamiento distorsionado, porque estamos agotadas por cumplir con todo lo que se supone que debemos ser, hacer y tener y ni siquiera nos damos permiso para ser nosotras mismas. Ese no es el cóctel de la felicidad”.
LA CASA, LOS HIJOS Y LA FALTA DE REPARTO DE TAREAS
El choque entre la realidad y las expectativas fue lo que le sucedió a Pilar Acevedo hace casi una década. Y se divorció. Pero reconoce que “sin querer” sigue intentando cumplir con lo que el resto de su mundo espera que haga: se levanta a las 06.00 y se sienta a descansar cuando pasan las 23.00, es autónoma y se ocupa de su establecimiento, de sus padres y de sus dos hijos: planchas, lavadoras, comidas y organización de hierro para el día a día, cada día. “Es mi trabajo”, dice. “O al menos yo lo siento como tal, me siento responsable”. Acevedo también es parte del retrato de otro aspecto del estudio, el de una mujer que cuando se queda prácticamente sin tiempo para ella cuando tiene hijos, con trabajo remunerado (seis de cada diez lo tienen), pero también con mucho del que no está remunerado, ya que destinan más de la mitad del tiempo que están en casa despiertas a realizar tareas del hogar y cuidado y que sienten cierto placer por las tareas de la casa.
Los datos del documento hablan de ello: "Los resultados dicen que las mujeres destinan más de la mitad del tiempo que están en casa despiertas (el 55% de media) a realizar tareas domésticas que se derivan de la casa en la que viven y del cuidado y educación de los hijos, si es que los tienen". Cuenta la autora del estudio, Laura Sagnier, que ellas soportan casi el triple de trabajo que sus parejas (74% frente al 26%) y esta proporción se mantiene casi idéntica tanto si la mujer trabaja fuera de casa como si no y empeora cuando se tienen hijos. Le ocurrió a Pilar Acevedo durante toda la infancia y la adolescencia de sus hijos: "Me daba la sensación de que me faltaban horas y manos todo el tiempo. Siempre había algo que se quedaba sin hacer, todo era urgente... Cuando estaba casada, era peor, porque el trabajo no se reducía sino que crecía". Sagnier alerta en este punto de que la perspectiva de cambio no será rápida, aunque ya se nota: "Al ritmo que evoluciona la implicación del padre en el cuidado de los hijos, o si no hay hijos en las tareas de la casa, vamos a tardar entre dos y tres generaciones para igualarlo". Según se desprende del documento, "en el pasado reciente colaboraba un 19% de hombres, hoy en día lo hace el 27%".

¿Quién teme a la educación sexual?

El sexo y lo sexy son hoy ingrediente de casi todo, pero sigue siendo un asunto del que apenas se habla (en clase) en colegios e institutos. ¿Por qué no se aborda la relación entre los sexos? ¿Necesitan los jóvenes nuevos modelos afectivos? ¿Tienen los padres que actualizar su papel?
Sex Education, la serie de Netflix que ha disparado la conversación global sobre el estado de la cuestión sexual en los institutos, nos permite una entrada edulcorada a una situación preocupante. En esta serie inglesa vemos cómo los estudiantes tienen que enfrentarse prácticamente solos a problemas que desbordan los recursos a su alcance: vaginitis, imposibilidad para eyacular, rechazo al sexo oral... “¿A ti qué es lo que te gusta?”, le pregunta un chico en la cama a su pareja. “No lo sé, nunca me lo han preguntado. Siempre finjo”, responde ella sorprendida. Hablamos de dilemas que trascienden la cuestión anticonceptiva, contenido único de la educación sexual más generalizada, para entrar en las complejidades emocionales y relacionales del deseo, difíciles de solventar hasta para los adultos. 
En la serie, los consejos de un aprendiz de sexólogo, él mismo bloqueado para el autoplacer, logran rescatar a sus compañeros del atolladero sexual. Moraleja: a veces basta con encender una cerilla para encontrar el camino.
El 90% de los niños y el 70% de las niñas de 13 y 14 años han visto porno.
En la vida real, por desgracia, no hay cerilla que valga. La educación sexual que suele llegar a la escuela es mínima y los chavales recurren a internet para tratar de aclararse: solo un 12% de ellos habla de sexo con sus padres, según datos de la Liga Española de la Educación. El vacío de comunicación hace que nos sobrecoja el asombro cada vez que la televisión enfoca la vivencia sexual de los jóvenes. Sucedió el pasado noviembre, cuando un reportaje del programa Salvados mostró lo presente que está la violencia en las relaciones juveniles de pareja. “Hay vídeos que simulan violaciones y la gente los ve como algo normal”, contaban las chicas, menos proclives a consumir porno gratuito, pero sufridoras ellas mismas del guion sexual que ellos han aprendido en la privacidad de sus móviles. De él proceden gestos como cogerlas del cuello. “Tienes miedo a decirle al chico que no quieres seguir, pero el sexo violento es tan normal que ya te tiene que gustar”, explicaba una de ellas.
Aprender a ser adultos
En 1990, la LOGSE comenzó a introducir la educación sexual en los colegios, propósito que confirmó la Ley de Salud Sexual y Reproductiva de 2010, al señalar que tenía que formar parte del currículum educativo. Sin embargo, en 2012 esa asignatura se eliminó y hoy los escasos programas que llegan a las clases vienen de la mano de ayuntamientos, Injuve, Cruz Roja o comunidades autónomas. Hablamos de talleres de tres o cuatro horas anuales. De hecho, en marzo de 2018 Naciones Unidas hizo referencia a la falta de programas escolares sobre sexo en España. Y un poco antes, en enero, la Unesco calificó de urgente la implantación de una educación sexual de calidad que informe y oriente “respecto a la transición de la infancia a la edad adulta y los cambios físicos, sociales y emocionales que conlleva”. Es significativo que un país tan tradicional como Irlanda hiciera obligatoria la educación sexual en 2003.
La pregunta es clara: ¿qué impide que en nuestro país sea una materia obligatoria del curriculum escolar? Iván Rotella, sexólogo presente en las aulas desde 1999 y responsable del Centro de Atención Sexual del Ayuntamiento de Avilés, ciudad pionera en su apuesta por este tema, lo tiene claro: “Si no hay una buena ley estatal es porque los políticos confunden educación coital con educación sexual. Ese sexual no se refiere al coito, sino a la relación entre los sexos. Nosotros no enseñamos a tener coitos, enseñamos a ser personas. Educamos a hombres y mujeres para que logren cuatro objetivos: que se conozcan, se acepten y sepan expresarse y encontrarse. ¿Cómo vamos a entendernos si no nos han enseñado que vosotras no sois una propiedad o que nos expresamos de maneras distintas? Seguimos pensando que la educación sexual es repartir condones, por eso no vamos a ningún sitio”.
Rotella es testigo de primera fila de las mutaciones que los jóvenes han experimentado en estos últimos años, sobre todo debido al impacto de los móviles. “Hace 20 años, no me preocupaba para nada la pornografía. Hoy estamos viendo que algunos niños comienzan a consumirla con 10 años. En general, los chicos están idiotizados por la pornografía. Cuando llegan a los talleres de educación sexual de Secundaria ya llevan cuatro o cinco años viendo porno sin que nadie les haya explicado que es una ficción fabricada a base de trucos y montaje. Las chicas tienen más suerte, porque su información proviene sobre todo de sus amigas, aunque les siguen impactando los mitos del amor romántico que aprenden en las películas y las canciones. Son más inteligentes emocionalmente, aunque también detectamos mucha competitividad y agresividad entre ellas, por eso incidimos mucho en la sororidad. Como nota general, veo que se están empoderando: antes nunca hablaban en mis sesiones, pero ahora reivindican su deseo de disfrutar”.
En la agenda de este sexólogo siguen abundando las intervenciones de urgencia: llamadas de institutos sin programas de educación sexual que se encuentran con fotos sexuales de los alumnos circulando por las clases, embarazos no deseados, casos de transexualidad que no saben cómo abordar, problemas de acoso, de violencia... Raquel Graña, sexóloga, psicóloga y youtuber en Íntimas conexiones, el canal de educación sexual con más seguidores del país (más de medio millón), también alterna talleres de educación sexual a padres y alumnos de colegios e institutos gallegos con estas emergencias. “Cuando un instituto te llama para hacer un taller en 4º de ESO, sabes que es porque ha habido algún problema. Pero, por lo general, lo que me encuentro es que las chicas no conocen su cuerpo. No saben qué es el clítoris y ni siquiera utilizan la palabra vulva”.
Tanto Rotella como Graña insisten en que el objetivo primordial de los jóvenes es la penetración. “Les venden que tener pareja es un éxito y que para pasar de la niñez el mundo adulto tienen que tener relaciones sexuales”, explica el sexólogo asturiano. Desde Galicia, la percepción es la misma. “Ellos piensan que la norma es la que describe el porno y que sin coito no hay relación sexual. No existe la progresividad ni se plantean nada que tenga que ver con la intimidad ni la comunicación”. Debido a la influencia de la pornografía, Graña tiene a veces que desactivar cierta normalización de gestos sexuales violentos. “En un instituto me encontré con referencias a acciones brutales que vienen del porno y tienes que desmontar. De hecho, al trabajarlo en clase y entender las implicaciones de estos discursos, los chavales se quedan muy impactados”.
La violación múltiple en los San Fermines de 2016 y los casos que hemos conocido después han revelado una verdad incómoda: no preparamos a nuestros jóvenes para afrontar las relaciones entre los sexos con herramientas a la altura de nuestro tiempo. En pocas palabras: necesitamos pasar de una educación sexual que gira en torno a la anticoncepción a otra que se aborda, también, como autodefensa.
Una de cada tres adolescentes dice mantener relaciones no deseadas a menudo.
Este desfase educativo se visualiza en datos: las jóvenes tienen su primera relación con una media de 16,2 años y el 96,7% de ellas recurre a un anticonceptivo, según la Fundación Española de Contracepción. Sin embargo, una de cada 10 jóvenes de entre 16 y 24 años ha sufrido violencia física de su pareja o expareja; cuatro de cada 10, violencia psicológica de control (de horarios, de amistades...); y una de cada cuatro ha sido víctima de violencia psicológica emocional (humillación, menosprecio o amenazas), según la última macroencuesta del Ministerio de Igualdad. En los últimos dos años, Cataluña ha registrado un aumento del 45% en la atención de víctimas de violencia machista cometidas por menores de 14 a 17 años.
Los datos apuntan a una urgente necesidad de elaborar un nuevo pacto sexual en el que la figura del consentimiento sea central. Según datos recogidos durante 2018 por el Centre Jove d’Anticoncepció i les Sexualitats de Barcelona, el 27% de las jóvenes asegura que mantienen relaciones sexuales sin quererlas “frecuentemente”. El 30% de ellas manifiesta, además, que su pareja no les deja escoger el método anticonceptivo. El chico no quiere ponerse condón y ellas acatan. Una de cada tres confesó mantener relaciones sexuales no deseadas “a menudo”. Y de estas, la mitad no identificó este hecho como violencia sexual. Entre las que sí lo creen así, el 42% añadió que había experimentado violencia física al mismo tiempo. Parece complicado acercarse a esta situación desde una educación sexual entendida desde lo puramente reproductivo, y no como un aprendizaje de la relación entre las personas en su esencial sexual.
La versión más tóxica
Es comprensible que los padres, abrumados, reaccionen echando mano de las inútiles prohibiciones o corriendo un tupido velo. Difícil encajar que el móvil que compramos a nuestros niños para estar siempre en contacto (según el INE, a los 10 años, el 26,25% de los menores disponen ya de un smartphone) les abre la puerta a la versión más tóxica del sexo: vídeos muchas veces violentos, disponibles gratis en la red y que nada tiene que ver con las ingenuas cintas en VHS de los años 80 o 90. Según un estudio del catedrático de Psicología Rafael Ballester, el 90% de los niños y el 70% de las niñas de 13 y 14 años dice haber accedido a porno al menos una vez en el año anterior, integrando en su catálogo de deseos posibles, cuando comienzan a tener relaciones, prácticas como la asfixia erótica o el sexo en grupo. Y esto tiene consecuencias. “Cuando los adolescentes se acostumbran a masturbarse mirando porno, dejan de fantasear y pasan a necesitar un estímulo visual para excitarse”, dice Helena Galé, psicóloga y sexóloga del Institut d’Estudis de la Sexualitat i la Parella.
Orientación para padres e hijos: Si buscamos sexólogos y psicólogos que nos orienten, aquí podemos encontrarlos.
Punto de información juvenil. Hay más de 3.000, dependientes de comunidades autónomas, ayuntamientos e iniciativas sociales. Están en injuve.es.
Centros de la Mujer. Todas las comunidades tienen centros de orientación para mujeres, con recursos de educación sexual.
Ayuntamientos. Muchos sufragan programas de educación sexual y talleres para padres e hijos.
Consultas privadas. La sexóloga Helena Galé ha detectado un aumento de consultas de orientación por parte de padres. Bastan dos sesiones para avanzar.
“También son nocivos los mitos del porno relacionados con cómo funciona la respuesta sexual. Ellos tienen gran sensación de fracaso, porque no tienen las erecciones que se ven en el porno ni pueden estar todo el rato penetrando. Las chicas asumen el papel de satisfacer y creen que si el chico las penetra mucho, muy rápido y muy fuerte van a tener un orgasmo. Incluso creen que sufren un problema porque tienen orgasmos clitoridianos y no con penetración. Les han vendido un modelo que no es real”, señala la psicóloga. Un modelo de entendimiento inmediato, en el que no hay espacio para la duda, la torpeza o la imperfección, que se transmite también en el cine y la publicidad, y que no ponemos en duda, como sí hacemos con la imagen sobre el amor romántico. Y eso nos afecta a todos.
En las conclusiones del estudio Voces tras los datos: una mirada cualitativa a la violencia de género en adolescentes, encargado por el Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía en 2016, la socióloga Carmen Ruiz Repullo levanta acta de cómo este modelo termina colaborando en la configuración de un deseo sexual, al menos, limitado: “Como expresaron las chicas, los modelos de masculinidad más igualitarios no son eróticos, las aburren y acaban dejando las relaciones con ellos. Este hecho está muy marcado por los medios de comunicación, que no presentan modelos igualitarios de chicos atrayentes”. En sus talleres, Iván Rotella trabaja esta percepción: “Si eres un chico majo, no te comes una rosca hasta que sales del instituto. Necesitamos visibilizar a los chicos malos como lo que son”.
La sexóloga y psicóloga Helena Galé recomienda utilizar recursos como las noticias y las series. “No funciona explicar las cosas en plan discurso ni prohibir. Sí funciona utilizar preguntas para comentar y debatir. El objetivo es saber qué piensan tus hijos y cómo viven las relaciones”. Estos programas pueden iniciar la conversación.
Mujeres y hombres y viceversa (Cuatro). Uno de los espacios que permiten comentar qué buscamos y qué rechazamos a la hora de ligar y porqué.
First Dates (Telecinco). Para visibilizar distintas orientaciones sexuales y géneros, y romper con la estética única de los cuerpos en TV.
Sex Education (Netflix). Esta serie permite debatir sobre masturbación, primera vez, consentimiento...
Elite (Netflix). Para comentar la problemática de las enfermedades de transmisión sexual, incluido el sida, y la experimentación sexual (sale un trío).
You (Netflix). Permite diseccionar la zona peligrosa en la que el amor romántico se confunde con los celos, el acoso y el abuso.
¿Y los padres?
Si no tienen confianza en los padres, los hijos buscarán otra ayuda.
¿Qué pueden hacer los padres? Según los expertos, no cerrar los ojos. “Nuestros programas incluyen sesiones para las familias y en Primaria las llenamos: los padres acuden súper motivados –dice Iván Rotella–. En Secundaria salen corriendo. Y no por desinterés, sino por miedo: no saben qué pueden aportar cuando sus hijos más les necesitan. Podemos enseñarles herramientas para trabajar en casa, pero tienen que involucrarse. El sexo es lo que somos y no podemos dejar a los chavales solos en una sociedad que lo vende como objeto de consumo”. Raquel Graña incide en la idea: “No podemos abandonarles frente a las pantallas. Tenemos que dedicarles tiempo. Si no forjas una relación de respeto y confianza antes de 1º de ESO, luego será complicado”.
Helena Galé señala un extremo que nos suele pasar inadvertido: “Los padres no pueden elegir si hacer o no educación sexual: la trasmiten con sus actos y comentarios en casa”. Para esta sexóloga, la clave de la comunicación no está en la imposición o la prohibición, sino en mantener un canal de diálogo abierto. “No hablar nada de sexualidad o hablar solo de lo malo no funciona. El rol de los padres tiene que ser de protección. Si tienes un adolescente en casa, lo que te interesa es que recurra a ti cuando tenga un problema. Que si se le rompe el condón, tiene que tomar la píldora de emergencia o sufre una agresión, te pida ayuda. Si les generas miedo, rechazo o indiferencia, buscarán ayuda en otro sitio y eso sí que es peligroso. No somos amigos de nuestros hijos, pero sí su red de protección también en lo sexual. Tenemos que estar ahí para ellos”.

El 56% de los jóvenes, sobre todo varones, defienden posiciones machistas

Los datos demuestran que las nuevas generaciones no son feministas
Los datos echan por tierra los argumentos de aquellos que defienden que los avances en igualdad son más que notables y que sólo es cuestión de tiempo que ésta sea real. Porque, aseguran, las nuevas generaciones son feministas. Pues no, lamentablemente no es así. Ni los avances son tantos ni las nuevas generaciones defienden la igualdad de género. Especialmente los varones, que siguen defendiendo actitudes sexistas y discriminatorias, sin saber, si quiera, que lo son.
Este es el panorama que dibuja el “I Informe Jóvenes y Género. La (in)consciencia de equidad de la población joven en España”, realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de Fad, Banco Santander y Telefónica. Según este trabajo, el 56% de los jóvenes (la mayoría varones) se resisten a reconocer la desigualdad, frente a un 44% que se muestra militante frente al machismo.
Los datos echan por tierra los argumentos de aquellos que defienden que los avances en igualdad son más que notables
El análisis de las distintas variables estudiadas en el Observatorio sobre Juventud y Género de esta entidad, los investigadores han reconocido a tres grupos de jóvenes. Por un lado, los “conscientes y equitativos” (44%), colectivo que muestra una identidad menos estereotipada, una menor diferenciación en cuanto a los roles y las capacidades de hombres y mujeres y que, además, siendo consciente de la existencia de desigualdades, apuesta por la movilización de medidas que fuercen el avance.
Es un grupo abrumadoramente femenino: dos de cada tres de sus componentes son mujeres y algo más de la mitad de las que forman parte de la muestra, también. La distribución por edad es bastante equilibrada, aunque es mayor la presencia de jóvenes entre 20 y 24 años que en el resto de grupos.
Se detectan tres grupos de jóvenes: ‘los conscientes y equitativos’, ‘los tradicionales y sexistas’ y ‘los negacionistas y conservadores’
En contraposición clara se sitúan los jóvenes “tradicionales y sexistas” (39%) y el grupo de “negacionistas y conservadores” (17%) que, sin identificarse con el machismo extremo, son mucho más proclives a enfatizar los estereotipos diferenciales y a visualizar las relaciones interpersonales de todos los tipos desde los roles más tradicionales de género y el ejercicio de la dominación masculina. Esta postura permite que justifiquen la violencia derivada de relaciones de dominación, como grabar o hacer fotos a la pareja sin permiso, amenazar con hacerle daño si le deja o tratar de que no vea a sus amistades. Es un colectivo poco consciente de las desigualdades y reacio a que la sociedad adopte medidas contundentes para favorecer la equidad. Estos dos grupos son mayoritariamente masculinos: el 62% de los “tradicionales y sexistas” son chicos y el 65% de los “negacionistas y conservadores” también. Por edades, entre 25 y 29 años y entre 15 y 19 años.

El tabú de la masturbación en los niños

La autoexploración genital a partir de los 4 años es una fase necesaria, y no tiene las connotaciones sexuales que adquiere en la edad adulta.
Aunque algún adulto se escandalice o se extrañe, es habitual que los niños se toquen sus genitales y que, además, obtengan placer de ello. Pero estos tocamientos infantiles no pueden compararse con la masturbación. Según el médico y sexólogo Santiago Frago, "antes de ciertas edades la masturbación y la autoestimulación infantil están exentas de los significados que adquieren cuando uno es más mayor. En el caso de los niños y niñas pequeños obedece a juegos de descubrimiento y curiosidad corporal, que sencillamente les reportan placer".
Pese a que obviamente resulta difícil realizar un estudio científico de este tipo en menores, sí que existe evidencia al respecto. Según una publicación de la revista de la American Academy of Pediatrics, entre el 90 y el 94% de los hombres y entre el 50 y 60 % de las mujeres recuerdan estos tocamientos durante la infancia. Este comportamiento, lejos de ser extraño, es parte del desarrollo de los niños, y no nos debería sonar extraño a los adultos, quienes muchas veces no saben a qué profesional deben consultar.
El portavoz de la de la Sociedad Española de Medicina del Adolescente (SEMA) Félix Notario explica que "en la consulta del pediatra se aborda el desarrollo sexual del niño y del adolescente", sin embargo, suele realizarse más bien desde "un punto de vista más físico, hormonal, psicológico y social". Notario afirma que "no es común que los padres consulten sobre hábitos sexuales saludables y mucho menos nuestros adolescentes delante de sus padres".
Algo que parecería bastante saludable, tal y como señala Bonnie Rough, autora del libro Beyond Birds and Bees, en el que investiga lo que enseñamos a nuestros hijos sobre el cuerpo, el sexo, las relaciones y la igualdad. La experta sugiere que si se habla más abiertamente de este tema se evitará enviar el mensaje de que la masturbación es algo vergonzoso. Y también se incidiría en la importancia de que esta práctica se lleve a cabo en el ámbito privado y desde la intimidad.
Caricias sin connotación erótica
Quizás la clave es que los adultos entiendan que los comportamientos de los niños no pueden verse desde el mismo prisma que usan los adultos, sino que corresponde a otras realidades. La psicóloga responsable del Instituto Sexológico Murciano en Alicante, María Esclapez, insiste en la idea de que "durante la primera infancia la conducta sexual se caracteriza por su finalidad autoexploratoria y lúdica, orientada hacia el propio sujeto".
Sin embargo, no hay que olvidar que estos tocamientos también forman parte del desarrollo saludable. "La práctica de la masturbación, siempre que sea una práctica deseada y privada, no comporta, en principio, ningún riesgo emocional ni para la salud", expone Frago. Por ello, hay que entender que "hablar de 'personas sexualmente sanas' pasa por quererse a sí mismo para poder así querer a los demás".
Por su parte, la sexóloga Judith Viudes expone que, en la mayoría de los casos, las consultas llegan cuando los niños no distinguen entre el ámbito público y el privado. Así, se encuentra con comentarios del tipo "la niña se restriega en la silla y le da igual hacerlo ahí delante de la clase", o "me apuro muchísimo cuando veo que el niño empieza a tocarse por dentro del pantalón en medio de la clase". En estos casos, "es importante no reñirle ni castigarle, no está haciendo nada malo, pero sí que hay que corregir su conducta y explicarle que eso puede hacerlo de forma privada cuando esté solo y en casa y no en cualquier lugar o situación". Lo ideal es "redirigir la conducta a la actividad que esté haciendo en clase o buscar otras actividades alternativas si está en cualquier otro lugar".
La exploración comienza antes de los 4 años
Otra pregunta que cabe hacerse es cuándo empiezan este tipo de comportamientos, si varían según las edades y cuándo podría realmente pasar a tener una connotación más sexual. Según un documento de The National Child Traumatic Stress Network, cabe distinguir dos etapas: la de niños menores de cuatro años con curiosidad por la exploración y la de niños de hasta 7 años que pueden explorar también los genitales de otros niños. Es por ello que María Esclapez diferencia los juegos a solas del conocido "juego de médicos", que tampoco tienen nada que ver con los juegos sexuales de los adultos. No será hasta la llegada de la pubertad, cada vez más temprana, cuando exista este componente sexual y se pueda hablar de masturbación propiamente dicha.
Como idea clave, la también sexóloga Zoraida Granados apunta que la sexualidad nos acompaña toda la vida, desde que nacemos hasta que morimos. "Desde que el niño es capaz de agarrar objetos (en torno a los 5 o 6 meses), es normal que inspeccione y toque, ya sea de forma accidental o no, sus genitales”.
Otro apunte es que parece existir una diferencia por géneros, ya que como señala Félix Notario, estos juegos son más habituales en las niñas que en los niños. "En edades tempranas, en torno a entre los 2 y los 5 años, sin tener ninguna connotación sexual, la niña frota sus genitales con superficies más o menos duras, produciéndole una sensación especial de excitación". Si bien este fenómeno es habitual y los padres no suelen consultarlo por entenderlo dentro del desarrollo normal, sí que preguntan cuándo en esta misma edad, y sobre todo en edades posteriores, se trata de una actitud persistente. Es entonces cuando los pediatras aconsejan "que se distraiga en ese momento a la niña en cuestión, para no llegar a estadios de sobreexcitación y a nivel físico de irritación de la zona".
El tabú es más importante en las niñas
Aunque estos tocamientos iniciales son más frecuentes en niños, al crecer se cambian las tornas, puesto que la masturbación en la pubertad "se trata de una práctica erótica generalizada en el universo juvenil", que pasa a tener "un predominio en el sexo masculino", según la experta en educación sexual Soraya Calvo.
El porqué de esta diferencia en el crecimiento sexual tiene múltiples explicaciones, aunque la experta incide en los "estereotipos en torno a la sexualidad femenina, una penalización de la expresión evidente y abierta del deseo de la mujer y cierto desconocimiento social general en torno a la genitalidad de la mujer". Estas connotaciones negativas sobre la masturbación, desde pequeños, acaban por tener consecuencias cuando se llega a adultos, tales como "la incapacidad para gestionar las situaciones personales que puedan derivarse de la masturbación; autogestión nula del propio placer y dependencia de los otros y las otras; ideas negativas sobre los propios genitales y en consecuencia baja autoestima". Todo ello debido a que "seguimos anclados en una idea moralista de la sexualidad que no incorpora visiones científicas".
De esta forma, Calvo concluye que "la masturbación es una práctica más. Ni es necesaria, ni obligatoria, ni buena o mala en términos absolutos. A pesar de ello no podemos obviar que favorece un mayor conocimiento del propio cuerpo y de sus reacciones; así como cierto componente de autonomía respecto al propio placer y disfrute". Y eso es algo que quizás deberíamos aprender desde niños, de una forma natural, para disfrutar más de una sexualidad sana de mayores.

¿Por qué las ‘millennials’ están dejando de tomar la píldora anticonceptiva?

Los datos hablan y las mujeres piden nuevas soluciones: estos son sus motivos y las alternativas con las que contarán en el futuro.
En los años 60 y 70, la incorporación de la píldora anticonceptiva en la vida de las mujeres supuso toda una revolución: su uso no solo permitió que comenzara a separarse el sexo del acto de procrear, sino que también logró que por fin ellas tuvieran el control sobre su propia fertilidad y que pudieran aumentar su participación en la vida laboral fuera del hogar. Un paso más hacia el empoderamiento femenino que, sin embargo, hoy está encontrando cada vez más detractoras con razones en su contra. ¿Por qué?
Cabe destacar, para empezar, que a pesar de su popularidad y su uso extendido, la píldora no es el método anticonceptivo más utilizado en nuestro país: tan solo el 17% de mujeres continúan tomándola en la actualidad –muy por debajo del 50% de otros países como Francia o Reino Unido– frente al 30% que prefiere el preservativo –según datos de la Sociedad Española de Contracepción–. Y no solo porque sea el único contraceptivo que previene, además de embarazos no deseados, el contagio de enfermedades y ETS.
Resulta que la generación millennial –esa que tenemos a todas horas en la punta de la lengua como elemento revolucionario y que comprende, en teoría, a los nacidos entre los 80 y los 2000– está suponiendo, de hecho, una revolución real al decir no a la píldora anticonceptiva (su uso ha disminuido en un 5% en el último año). Y el motivo no es baladí ni tampoco uno solo.
6 razones por las que la reputación de la píldora anticonceptiva se está resquebrajando
1. Por sus efectos secundarios
A pesar de que quienes la usan lo hacen, en su mayoría, por comodidad (el 50% alega este motivo al elegir métodos anticonceptivos de larga duración), no es oro todo lo que reluce. Los efectos secundarios provocados por el consumo continuado de este medicamento son de sobra conocidos: aumento de peso, migrañas, menor deseo sexual y alteraciones en el estado de ánimo que llegan a convertirse en depresión en entre el 20 y el 30% de las mujeres que la toman (aseguraba Elisabeth Lloyd, filósofa y bióloga norteamericana, en un artículo de la revista Archives of General Psychiatry). Hasta ahora, se han considerado “leves”, pero las mujeres de hoy no están dispuestas a sufrirlos.
2. Porque las mujeres han tomado consciencia de su cuerpo
Y de la primera deriva la segunda: tan sencillo como que la píldora es un tratamiento médico que nació para ser paliativo de algunos problemas hormonales como desajustes y dolores en la menstruación o acné –síntomas a los que beneficia su consumo–, pero no como mero método contraceptivo: “Los anticonceptivos hormonales se deben adquirir con receta médica, ya que será el ginecólogo el que indique en cada caso el método más adecuado para cada tipo de paciente”, advierte la Doctora María Concepción Blasco, especialista en Ginecología y miembro de Topdoctors, a S Moda. Cabe preguntar, entonces, tanto al sector femenino como al ginecológico (y al farmacéutico): ¿por qué someter al cuerpo al efecto de un medicamento si no se necesita?. “Las mujeres creemos que es mejor para nuestra salud no tomar hormonas, nos negamos a tomar un medicamento cuando estamos sanas”, aseguraba a S Moda Sabrina Debrusquat, autora del libro J’arrète la pilule (Dejo la píldora), tras haber entrevistado a 3.616 mujeres para su investigación.
3. Por feminismo
Los datos hablan claro: el desarrollo de un anticonceptivo hormonal masculino que parecía resultar efectivo se suspendió alegando posibles efectos secundarios negativos. Se trataba de depresión y otros trastornos del estado de ánimo en el 3% de los hombres participantes en los estudios… Habría que plantearse por qué ocurrió así si el porcentaje de mujeres afectadas por estos síntomas es mucho mayor y cuando, de hecho, una mujer tiene una sola ovulación de unas 48 horas al mes mientras que el hombre es fértil todos los días.
4. Por no estar adaptada a la actualidad
La pregunta es: si se hubiera creado hoy, ¿se habría creado así? ¿Habría dejado de plantearse también la píldora femenina en la actualidad si afectase negativamente al 3% de las mujeres? Hoy todo el mundo tiene mucha más información al alcance de la mano y, sobre todo, acceso a Internet. Una rápida y sencilla búsqueda en Google arroja algo de luz sobre esta corriente anti-hormonas: además del factor machista, insensibilidad, depresión, cáncer o contaminación son algunos de los términos relacionados con ella.
5. Por su coste
Si su composición y su uso no se ha adaptado a los nuevos tiempos, su precio tampoco lo ha hecho al presupuesto de la generación millennial. Al tratarse de un tratamiento habitual que debe adquirirse todos los meses -a razón de unos 12 euros de media cada ciclo, dependiendo de las marcas- el coste supera al de los preservativos, que solo acarrean gasto en las ocasiones puntuales en las que se utilizan.
6. Por no ser vegana
En los últimos tiempos, la corriente del veganismo ha alcanzado también a los métodos anticonceptivos. Todos los medicamentos están testados en animales, así que la píldora no se libra. Tampoco su composición: por norma, contiene lactosa. Lo mismo ocurre, en general, con los preservativos, que además de estar también testados en animales, incluyen caseína (un derivado de la leche) para que el látex sea más elástico. Ojo, porque en este caso sí que hay otras opciones… En los últimos años los condones veganos se han convertido en tendencia: hay varias empresas que comercializan su versión veg-friendly (como LELO, e incluida una de las más accesibles: los ON de Mercadona son aptos para veganos).
¿Cuál es el futuro de los métodos anticonceptivos?
“En la actualidad, las jóvenes también empiezan a usar otros métodos llamados naturales. El diafragma, por ejemplo, era un método prácticamente en desuso en nuestro país, que vuelve de nuevo a utilizarse debido a que la mujer tiene un mejor conocimiento de su cuerpo. Así como también se empieza a usar cada vez de forma más frecuente la copa menstrual, método sostenible, ecológico y económico, habiendo dado una vuelta a los métodos naturales”, nos informa la Doctora Blasco.
No en vano este dispositivo, el único anticonceptivo no hormonal, ha convencido al 4,3%, por encima de quienes utilizan el anillo -3%- o el implante subcutáneo –1%–. Sin embargo, al parecer, el futuro de los métodos contraceptivos pasa por evitar las alteraciones hormonales e incluir al hombre en la batalla: dos de los más estudiados y recomendados por los especialistas para el futuro son el Vasalgel y la vasectomía reversible.
El primero, que debería haber estado disponible en 2018 según las previsiones, es un polímero no hormonal que bloquea el paso del esperma desde los testículos al pene: “forma una estructura de hidrogel que deja pasar fluidos y moléculas pequeñas, pero no espermatozoides y se aplica mediante una inyección potencialmente reversible”, explicaban desde Parsemus Foundation, la ONG estadounidense encargada de su desarrollo. La segunda, una técnica de sobra conocida que hoy en día se revela como segura, sencilla –su nuevo procedimiento quirúrgico es mucho más rápido, conlleva menos complicaciones postoperatorias y ni siquiera utiliza bisturí– y reversible, según informa la OMS.

La batalla de la igualdad también es de los adolescentes

El feminismo avanza entre las nuevas generaciones, aunque entre ellos siguen predominando actitudes machistas. Aquí, siete adolescentes hablan sobre relaciones y control
—Mmm…Tóxico.
 —Falsedad, sí. Falso.
—Un error, basura.
—Tradición, una tradición con una base muy extendida.
—Jodido. A secas.
—Heterobásico. Muy heterobásico.
—La gran mentira del siglo XX y XXI.
Pablo Mahía y su hermano Sergio, Ana Bello y su hermana Alicia, Lidia Guillén, Miguel Laorden y Teo Planell sueltan rápido las palabras con las que definen el amor romántico. Y Teo apostilla:
—Eso no es amor. Es amor mal entendido. Nosotros no queremos ese amor de mierda, con perdón.
Es 28 de febrero, jueves lardero, y por los pasillos del madrileño colegio Montserrat, un centro laico y concertado en Retiro, corren demonios y punkis. El patio está veteado de pelucas de colores y la música se cuela hasta el último rincón de las aulas. Los siete están entre 4º de la ESO y 2º de bachillerato —tienen entre 15 y 18 años—, todos tienen pareja o “cosas por ahí”, excepto Pablo, que acaba de cortar con su novia. Hablan de dependencia, malos apegos, control, la necesidad de espacio, autonomía o autoestima con soltura. La teoría, dicen, se la saben. No paran de repetírsela. Y cuentan que el feminismo les hace libres. A ellas de los estereotipos y las expectativas de los demás, a ellos también. Pablo, que da vueltas una y otra vez a uno de sus anillos, para un momento y hunde la mano izquierda en su densa maraña de pelo: “El feminismo nos libera de esos anacronismos en las relaciones. En gran parte gracias a él, nos permitimos relaciones más abiertas y más comprensivas”.
Pablo irá el año que viene a la universidad y es parte del 44% que se enfrenta a posiciones machistas en relaciones personales, roles o discriminación, según un informe difundido ayer por el Centro Reina Sofía de Adolescencia y Juventud que explora las actitudes de los jóvenes de entre 15 y 29 años y que señala una clara polarización. Frente a ese 44%, con mayoría de mujeres (64,7%), más de la mitad de los jóvenes, el 56%, defiende actitudes patriarcales. De ellos, un 39% se tipifican como “tradicionales y sexistas” y un 17%, “negacionistas y conservadores”. Y en estos dos últimos grupos, son una mayoría de hombres.
El feminismo nos libera de los anacronismos al relacionarnos
PABLO MAHÍA, ESTUDIANTE DE 2º DE BACHILLERATO
Belén Barreiro, fundadora de la consultora 40dB, afirma que estos datos “concuerdan” con lo que ella percibe. “Que el 44% se adhiera a los valores de igualdad es un reflejo de cómo es la sociedad española, sobre todo entre los jóvenes, entre los que despunta el compromiso con el feminismo”. También le cuadra la parte tradicional: “Hemos detectado ese retorno a los discursos machistas, y nos resultan insólitos, sí, pero son una reacción a los avances”. Eso a lo que Barreiro hace alusión, es en lo que Lidia piensa cuando cuenta que, todavía, en 2º de ESO, “hay quien toca el culo”. “Y sí, claro, lo hacen los chicos”. También en su curso, en 2º de bachillerato, “ocurren cosas que no deberían: chavales que acribillan a whatsapps o que quieren tener el control de todo lo que ocurre en el móvil de su novia, a veces también lo hacen ellas”. Pero lo normal, aseguran, es que sean ellos los que intenten ejercer el control. Es entonces cuando Ana recuerda algo que vio en Instagram hace no mucho tiempo: “En una storie [de Instagram], un chico le soltaba un guantazo en la boca a su novia porque ella se había besado con una amiga. Eso ya es subir muchos escalones, ¿no? Yo no lo he permitido ni lo permitiré nunca”.
Mar Venegas, profesora de Sociología en la Universidad de Granada y autora de un análisis sociológico de la política afectivosexual en la adolescencia, afirma que hoy, parte del debate, está en cuál es la relación entre las nuevas masculinidades y el feminismo. Cree que “ellas están cada vez más empoderadas, se han ocupado de educarse mucho en el feminismo y ellos andan a remolque: no hay equilibrio”. Aunque explica que hay un espacio de reflexión profundo que los ha ido contagiando, que comenzó en los años sesenta y ha ido lento, pero progresivo, y que cada vez es más rápido. “Hay menos corazas".
—La sinceridad es importantísima, creo que en una relación hay que contarlo todo.
Lo dice Sergio Mahía, a punto de cumplir 15, mientras trastea con los dos globos que hasta hace un rato le servían como pechos para su disfraz.
—Si existe respeto y confianza y sinceridad ya hay mucho ganado en una relación. Aunque no es lo mismo contar todo que hablar todo. Hablar es necesario, de todo lo que ambas partes necesiten, pero siempre hay que respetar que el otro tiene derecho a tener sus secretos y a mantener su parcela de privacidad.
Lo puntualiza Teo Planell, también nacido en 2004, mientras intenta quitarse la gomina de su media melena que ha sido parte de su caracterización para el desfile de Carnaval en el colegio y que le hace sentir poco cómodo.
CONSCIENTES, TRADICIONALES O NEGACIONISTAS
En España hay tres formas de posicionarse frente al feminismo entre los jóvenes según el I Informe Jóvenes y Género. La (in)consciencia de equidad de la población joven en España, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de Fad, Banco Santander y Telefónica.
Un 44% componen un colectivo consciente y equitativo: en este grupo, las mujeres son mayoría (dos de cada tres). Un 39% son tradicionales y sexistas: tienen posiciones más machistas en general y "se caracteriza por defender los planteamientos sexistas, desigualitarios y estereotipados respecto al género". Por último están los negacionistas conservadores, el 17%, integrado, como el anterior, mayoritariamente por hombres. En este último, sus componentes se "identifican con ideas de pareja y de las relaciones muy opresivas y estrictas, pero a veces contradictorias. Niegan la importancia de que las dos personas puedan tomar decisiones en la pareja y la necesidad de tener un espacio propio, y defienden que el amor implica la renuncia a una o uno mismo".
Explicar emociones o expresar sentimientos han sido históricamente, y mayoritariamente de forma negativa, acciones asociadas a lo femenino. El “tenemos que hablar” viene, casi de forma inherente, con la imagen de una mujer pronunciándola y un hombre con cara de circunstancias. Para ellos y ellas, ya no. Ana Bello, a punto de hacer Selectividad, cuenta que sus padres se separaron y que siempre le chirrió la falta de diálogo: “No hablaban de lo que sentían. Dar las cosas por supuestas me parece un error que se hace muy a menudo”. Para Pablo, que asiente mientras ella habla, una relación es impensable sin diálogo. “Es fundamental porque, sin él, no sabes qué o cómo se siente el otro. Es la base de cualquier relación”. Hasta ahora él solo ha tenido una. Duró un mes y el principio de su fin fue una carta en la que él le explicaba lo que sentía y a la que ella no supo contestar. “O no quiso. La cosa es que fue dando largas. Le dijo que no sabía hasta qué punto le podía corresponder. No fue franca ni creo que fuera respetuosa con lo que él sentía”, recuerda Ana. Miguel entra aquí en la conversación para recordar cuánto se "sacrificó" por estar con su primera novia. "Hacía a diario dos horas de metro, salía de casa a las cuatro o cinco de la tarde y volvía a las once o doce de la noche. Acababa reventado, todo por estar con ella porque ella me lo pedía. Pero me di cuenta de que no estaba haciendo lo que yo quería". ¿El amor implica sacrificio? Él dice que aprendió que no con esa primera novia.
Conversar, decir la verdad, respetar al otro y confiar son, para los siete, los elementos imprescindibles en una relación. “Sin ni una sola presión para estar con alguien si no quieres”, añade Miguel Laorden, que comparte curso con Ana. “Sin presión tampoco por parte del otro. Sin atosigamientos”, incluye Alicia Bello, dos cursos por debajo de su hermana y que, como ella, "no tiene tiempo para tonterías". Esta percepción de las relaciones está ya lejos de las ideas preconcebidas con las que, según Iskra Pavez, la sociedad ha sido educada hasta hace no mucho de forma mayoritaria "en determinadas creencias sobre el amor romántico, el erotismo, la sexualidad o los cuerpos". Esta doctora en Sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona e integrante del Grupo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia, creado en 2002, explica que cuando se analizan situaciones de violencia de género entre adolescentes, se descubre que los valores sobre los roles de género o las ideas preconcebidas de amor romántico o sexualidad influyen en la forma de llevar a cabo esa relación, ya sea de un modo abusivo o más igualitario.
El amor líquido
"Dentro de los estudios sociológicos se está reflexionando sobre el llamado amor líquido o lo desechable que son las relaciones afectivosexuales hoy en día entre jóvenes. Las niñas y los niños de esta generación están aprendiendo que es más fácil quedar para follar que para conocerse o entablar una relación". Y esto, dice Pavez, puede afectar en mayor medida a las adolescentes, porque están en una fase de cambios culturales acelerados, donde los patrones de género y las formas de establecer relaciones afectivas y sexuales se están transformando: "Puede haber confusión respecto a cómo enfrentar sus emociones, sus deseos o sus miedos en cuanto a este tema. El mundo adulto no tiene muchas respuestas frente a estos cambios; se encuentra, más bien, en una actitud de perplejidad y desconcierto".
Para contrarrestar eso trabaja Cayetana Martínez. Es profesora de Filosofía en el Montserrat y en sus clases la historia y teoría del feminismo son ineludibles. Va y viene de la conversación con los alumnos. Ellos no se inmutan cuando ella llega o cuando se va, no cohíbe sus argumentos ni sus relatos. Arguye que esta actitud viene dada por el respeto, máximo por ambas partes, y la libertad para expresarse, que también es total. Y asegura que se nota el cambio según van pasando las generaciones: “Lo más llamativo es la enorme distancia entre los chavales que opinan así y los que siguen anclados en otro tiempo. Cuanto más nítida es la diferencia, más me doy cuenta de cuánto han cambiado”. Algo que, según la profesora, se refuerza en la familia: “Se nota en qué casas el tema de las relaciones, el sexo o el feminismo es más común y en cuáles no”. El cambio para ella es posible, a medio plazo y no solo para los adolescentes: "Yo no veo futuro sino presente continuo, es lo más emocionante de esta tarea en la que yo también aprendo, he cambiado cosas de mí misma al verlos. Aprendo de ellos cada día".
Y lo que queda según Alicia, que es "muchísimo". Ana pone un ejemplo: "Erradicar el machismo, en general y de las relaciones, por ejemplo. Cuando empiezas una relación absorbente y entras en bucle, siempre favorece más al hombre que a la mujer y luchar contra eso, detectarlo, pararlo a tiempo y salir es muy difícil”, dice Ana. Lidia mete algo más en la bolsa de “cosas para tirar”: “Justificarlo todo, tener que dar explicaciones por todo o estar disponible o de acuerdo con el otro 24 horas. ¡Qué cansinez!”. Teo alude al control  “A veces, desde dentro, no se percibe lo que desde fuera es muy obvio. Si yo percibo algo así ni me planteo no decirlo”. Y eso de lo que él habla con absoluta normalidad es una de las claves para salir de una mala relación. Timanfaya Hernández, vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, explica que “la mayor dificultad que suele existir es la de la toma de conciencia". "Para eso, una red afectiva de amigos y familia es imprescindible”.
El feminismo como trampolín
Según una encuesta de 40dB. para EL PAÍS, el movimiento feminista ha crecido exponencialmente, hasta alcanzar el 43,2%. Ese empujón se debe, sobre todo, a las menores de 25 años. Ellas se consideran feministas en el 64,5% de los casos, casi el doble que hace cinco años. A ellos, aunque todavía les cuesta, también comparten cada vez más la idea de que el feminismo busca la igualdad real entre hombres y mujeres, sobre todo entre los más jóvenes, los que tienen entre 18 y 24 años.
Alicia, Lidia, Ana, Miguel, Pablo, Sergio y Teo son parte de esa nueva generación que no concibe en la misma frase amor y dolor, sumisión, dependencia o esfuerzo.
—En el fondo es fácil. Yo soy yo y el otro es el otro. No somos un todo y el mundo aparte. Somos por separado y cuando nos unimos y caminamos hacia el mismo lado, está bien. Y si un día dejamos de hacerlo, también está bien.
Lo resume Ana, que no ha cumplido aún los 18, que dice que le ha costado aprenderlo, que tuvo que hacer un ejercicio de análisis después de una mala relación para darse cuenta. Pero que ya no lo olvidará. "Lo demás es lo que decía Teo al principio, que el amor se enseña mal y eso no es amor. ¿Cómo había dicho Teo? Un amor de mierda. Pues eso".
NI CONTROL NI SUMISIÓN CON LA PAREJA
En España, los roles de sumisión y el control de la pareja son dos de las cosas que más rechazo generan entre los jóvenes. “El 73% cree que no se debe evitar el conflicto accediendo a usar la ropa que agrada a la otra persona; el 71% rechaza que las amistades dejen de ser importantes cuando se tiene pareja; y la mitad del colectivo se muestra en desacuerdo con que los celos sean normales. Son algunos datos del informe sobre jóvenes y género del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, que apunta a una clara polarización entre la sociedad joven, una especie de tira y afloja entre el avance del feminismo y el mantenimiento de las estructuras patriarcales. El estudio asegura que, a pesar de los avances, “existen muchas cuestiones pendientes, algunas en transformación y otras no tanto, al menos para quienes esperen un cambio lineal y progresivo”.

La mitad de los abortos voluntarios son realizados a mujeres mayores de 30 años

Pontevedra registra seis años consecutivos de descenso en interrupciones del embarazo -Las menores de edad representan menos de seis casos de cada cien en la provincia
Cerca de la mitad de las interrupciones de embarazo que se practican en la provincia de Pontevedra corresponden a mujeres de edades comprendidas entre los 30 y los 39 años. Fueron, según datos de la Dirección Xeral de Saúde Pública de la Xunta de Galicia, 311 en un año, un 47 por ciento del total, 665.
A esta franja de edad le sigue la de jóvenes de entre 20 y 29 años, con 240 abortos, es decir, un 36 por ciento.
Por el contrario, las mujeres que menos se sometieron a este tipo de intervenciones fueron las mayores de 39 años, con 75 (un 11 por ciento), y las menores de edad, con 38 (un 6 por ciento).
En los últimos seis años, debido a las campañas de educación sexual y prevención del embarazo no deseado, se ha producido un descenso generalizado en el número de abortos en todas las franjas de edad.
Así, mientras que en 2011 se produjeron 1.178 en la provincia de Pontevedra, al año siguiente la cifra bajó a 1.041. Desde entonces y hasta 2016, el año más próximo del que Saúde Pública facilita los datos, no se ha alcanzado el millar.
Es, precisamente, la provincia de Pontevedra la que acusa más el descenso, ya que en las otras tres, aunque también se produce, no es tan acusado.
Es la de A Coruña la que suma más abortos, con 1.650 en el último año. Esta cifra realmente se ha mantenido en el último lustro y solo se produce una caída importante respecto al año 2011, cuando se contaron algo más de 2.000 interrupciones voluntarias del embarazo.
En cuanto a Lugo y Ourense, ambas se mantienen con una media de 400 abortos anuales.
Prevención
Es importante destacar la labor de concienciación sobre el sexo seguro entre las menores de edad. Si entre las décadas de los noventa y los dos mil en Pontevedra el número de abortos no bajaba del centenar, superándolo holgadamente en 1997 y 1998 con 156 y 158 casos, respectivamente, es a partir de 2011 cuando la caída es más acusada.
Desde el año 1987, el primero del que la Dirección Xeral de Saúde dispone de datos, tuvieron lugar 25.884 abortos en la provincia de Pontevedra. Son más de una tercera del total en Galicia, con 74.481 interrupciones del embarazo.
Centro de orientación
El Centro de Orientación Familiar, COF, de la ciudad de Pontevedra trabaja desde la Casa del Mar, en Mollabao.
Esta unidad depende del servicio de Ginecología y Obstetricia y funciona como entidad propia desde el año 1986.
Es a ella a la que llegan las solicitudes de interrupción voluntaria del embarazo de toda el área sanitaria de Pontevedra y O Salnés, una media de 400 consultas anuales de interrupción de embarazo.
Pero el centro realiza, además, mucho más trabajo, como resolver e informar sobre todas las dudas relativas a los métodos anticonceptivos más aconsejados para cada mujer o entregar la píldora postcoital.
Los diferentes métodos anticonceptivos se aconsejan tanto desde el punto de vista de evitar embarazos no deseados como de evitar enfermedades de transmisión sexual.
En este sentido, el preservativo sigue siendo el único que protege de las ETS. Por el contrario, y en relación a la eficacia anticonceptiva, los hay más seguros, como el DIU o los implantes, la píldora, el parche o el anillo.
Consentimiento a los 16 años
El aborto se regula por la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo.
En el caso de las mujeres de 16 y 17 años, el consentimiento les corresponde exclusivamente a ellas de acuerdo al igual que a las mayores de edad. Eso sí, al menos uno de los representantes legales deberá ser informado de la decisión salvo cuando la menor alegue "que esto le provocará un conflicto grave, manifestando en el peligro violencia intrafamiliar, amenazas, coacciones, malos tratos o que se produzca una situación de desarraigo o desamparo".
Los abortos deberán practicarse por un médico especialista o bajo su dirección, según marca la ley, y en un centro sanitario público o privado acreditado.
Se puede interrumpir el embarazo por causas médicas siempre que no se superen las 22 semanas de gestación y siempre que exista grave riesgo para la vida o salud de la embarazada o de anomalías en el feto, y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención. También cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida.

Segundo paciente sin rastro de VIH tras un trasplante de células madre

Este caso, similar al del 'paciente de Berlín', lleva 18 meses libre del virus sin antirretrovirales.
El virus del VIH es un as del camuflaje. Infecta las células sanas y se integra en su material genético para pasar desapercibido y no dar la cara. Se esconde en las propias células infectadas e impide al sistema inmune encontrarlo y eliminarlo. Esa es su mejor táctica de supervivencia y no le va mal. Los antirretrovirales para combatirlo cada vez son más eficaces, tienen menos efectos secundarios y reducen a la mínima expresión el virus. Pero el VIH nunca desaparece del todo y quedan, en una especie de guarida donde cobijarse (reservorio viral), células infectadas latentes en el organismo. Por eso la cura, hoy por hoy, no existe. Excepto en un caso —el llamado paciente de Berlín, Timothy Brown, que lleva 11 años sin VIH tras un trasplante de células madre— y un segundo en ciernes: un consorcio internacional, en el que participa el centro de investigación IrsiCaixa de Barcelona, ha identificado otro paciente que, tras un trasplante de células madre, dejó de tomar los antirretrovirales y lleva 18 meses sin VIH detectable. Los médicos, prudentes, aún hablan de remisión, no de curación.
“Es algo increíble. El paciente de Berlín no fue una anécdota. Tenemos un segundo caso. No queremos hablar de curación, pero en los otros casos donde se interrumpió el tratamiento el virus rebrotó”, celebra Javier Martínez-Picado, investigador de IrsiCaixa y colíder del consorcio internacional IciStem, que ha publicado el hallazgo en la revista Nature. Con sus diferencias, este caso replica lo logrado con el paciente de Berlín, Timothy Brown, el hombre seropositivo al que, tras someterse a un trasplante de médula —donde se encuentran las células madre— para curarle una leucemia, se le retiró el tratamiento antirretrovirales y el VIH, lejos de rebrotar, desapareció.
En el trasplante estuvo entonces parte de la clave que explica el caso de Brown. El tratamiento para leucemias como la suya u otras dolencias hematológicas similares empieza con una potente quimioterapia que destruye la médula ósea, donde se encuentra el tumor maligno y que es, a su vez, uno de los reservorios del VIH. La quimio fulmina, al mismo tiempo, las células tumorales y las células infectadas latentes. Luego, con un trasplante de células madre de un donante sano, se reconstruye la médula con un ejército de células sanas, se cura la dolencia hematológica y se elimina el VIH.
Pero además del factor decisivo que fue el trasplante, Brown tenía la particularidad de que portaba una mutación en uno de los dos alelos del gen CCR5 Delta 32, un error genético que impide al virus penetrar en la célula. Cuando la mutación, que afecta al 1% de la población europea, está en los dos alelos de cada gen, el VIH no puede abrir las compuertas para entrar en la célula. A Brown se le trasplantaron células madre de un donante que tenía esa mutación y ya lleva 11 años sin rastro del virus.
Pese a la euforia por este hallazgo, los médicos matizan que los resultados aún “no son escalables” a la población general con VIH y mucho menos es factible realizar un trasplante de médula para curar el VIH.
El nuevo caso es un hombre de Reino Unido al que se le diagnosticó la infección por VIH en 2003. En 2012 inició el tratamiento antirretroviral y, al poco tiempo, se le diagnosticó un linfoma de Hodgkin. En 2016 se sometió a un trasplante de células madre. A diferencia de Brown, este paciente no tenía ninguna copia errónea del gen CCR5 Delta 32, pero sí se le trasplantaron las células de un donante con esta mutación. 16 meses después de la intervención, los médicos del hospital londinense donde fue atendido le retiraron el tratamiento antirretroviral y, desde entonces, suma un año y medio libre del virus.
No se ha observado la presencia del VIH en el paciente de Londres ni con las herramientas de detección más precisas que hay. De hecho, precisamente esa era la aportación de IrsiCaixa, medir la carga viral del paciente con los dispositivos más sensibles. “Analizamos cómo su serología y sus anticuerpos van desapareciendo, de forma similar a lo que se observó en el paciente de Berlín. En una persona con VIH, si se para el tratamiento, el virus rebrota a partir de dos semanas. Pero en este caso, 18 meses después, esta persona se mantiene indetectable”, apunta la doctora María Salgado, coautora del estudio. Irsicaixa, impulsado por La Caixa y la Generalitat de Cataluña, es el único centro español que ha participado en el estudio.


Pese a la euforia por este hallazgo, los médicos matizan que los resultados aún “no son escalables” a la población general con VIH y mucho menos es factible realizar un trasplante de médula para curar el VIH. “Este tipo de trasplante es un procedimiento de alto riesgo y solo está recomendado para enfermedades hematológicas graves. No tiene sentido someter a riesgo de muerte a un paciente con una esperanza de vida normal con VIH, solo para decir que se ha curado del virus”, zanja Bonaventura Clotet, director de IrsiCaixa. De hecho, en la elección del donante en un paciente con VIH prima, como en cualquier otro caso, la compatibilidad y la probabilidad de éxito de curación de la enfermedad hematológica, no la coincidencia de que el donante tenga la mutación del gen CCR5 Delta 32. "El objetivo no es hacer trasplantes de células madre a los pacientes con VIH, sino buscar mecanismos de remisión del virus", agrega Martínez-Picado.
Los expertos señalan además que, aparte de la influencia del trasplante y de la presencia de la mutación, hay otros factores que pueden favorecer la desaparición total del virus. Por ejemplo, el síndrome del injerto contra huésped, que padecieron sendos pacientes de forma transitoria. Esta dolencia se produce tras el trasplante cuando las células del donante atacan a las del receptor. Los investigadores sospechan que las células sanas del donante podrían fulminar, también, los linfocitos infectados dormidos que forman los reservorios y ayudar, involuntariamente, a hacer desaparecer el virus.
INTENTOS FALLIDOS Y OTRAS INVESTIGACIONES EN MARCHA
El paciente de Barcelona. En 2014, un paciente con VIH sufrió un linfoma y se sometió a un trasplante de células madre de cordón umbilical que tenían la mutación en los dos alelos del gen CCR5 Delta 32. En su caso, todas las pruebas apuntaban a que, a los tres meses de la intervención, el virus había desaparecido, pero el paciente sufrió un rebrote del linfoma y falleció poco tiempo después a causa de la enfermedad hematológica.
Los dos casos de Boston. En 2013, se notificaron dos casos similares al del paciente de Berlín en Boston. A los dos hombres con VIH se les había sometido a un trasplante de células madre y, a mediados de 2013, llevaban siete y 14 semanas respectivamente libres del virus sin tomar antirretrovirales. Sin embargo, en 2014 se confirmó que el VIH, que suele aparecer en menos de un mes tras abandonar la medicación, había rebrotado. Los médicos consideraron que el trasplante hace que se retrase el rebrote del virus.
El paciente de Essen. Este caso alemán también fue sometido a un trasplante de células madre de un donante que tenía la mutación en el gen CCR5 Delta 32, que funciona como llave para que el virus no penetre en las células sanas y las infecte. Sin embargo, al poco tiempo de interrumpir el tratamiento antirretroviral, el virus rebrotó rápidamente.
Tres trasplantes sin mutación. También se han registrado otros tres casos de trasplante de células madre que no tenían la mutación en el gen CCR5 Delta 32. El virus rebrotó a las 12, 32 y 41 semanas, respectivamente.
Los seis pacientes de IrsiCaixa. En octubre de 2018, IrsiCaixa participó en una investigación publicada en Annals of Internal Medicine donde se constataba que cinco pacientes de la cohorte del consorcio IciStem sometidos a un trasplante de células madre sin la mutación CCR5 Delta 32 tenían el virus indetectable. Mientras los cinco casos tenían un reservorio indetectable en sangre, en un sexto paciente incluido en esta investigación se detectó que los anticuerpos virales habían desaparecido completamente siete años después del trasplante. Sin embargo, estos casos no son comparables al paciente de Berlín o el de Londres porque ninguno de ellos había interrumpido el tratamiento antirretroviral.
Investigaciones en marcha. En el marco del consorcio internacional IciStem se reportaron 38 pacientes con VIH trasplantados con células madre. De ellos, hay 22 en seguimiento: cuatro de ellos fueron sometidos a un trasplante de células madre con la mutación CCR5 Delta 32 (entre ellos está el paciente de Londres, el único al que se le interrumpió el tratamiento) y otros 18 recibieron células de un donante sin la mutación CCR5 Delta 32 y todos mantienen el tratamiento antiviral (a este grupo pertenecen los cinco casos referidos por IrsiCaixa en Annals of Internal Medicine el pasado octubre).