domingo, 2 de diciembre de 2018
Las enfermedades de transmisión sexual crecen entre los jóvenes
La mitad de los casos de gonorrea afectan a personas menores de treinta años
El dato, preocupante, lo lanzó el año pasado el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud en el barómetro Proyecto Scopio, pero no tuvo una repercusión exagerada, pese a que refrendaba las sensaciones que profesores o farmacéuticos tenían más que constatadas: casi la mitad de los jóvenes encuestados decía haber tenido relaciones sexuales sin preservativo, y de ellos, un 26 % decían que nunca o casi nunca lo utilizaban. Es decir, el condón ha dejado de ser la primera medida de precaución y esto ha traído consigo un incremento notable en las enfermedades de transmisión sexual. El informe Vigilancia epidemiológica de infecciones de transmisión sexual constata un continuo aumento de casos. En el año 2000, la tasa de infección gonocócica (es decir de gonorrea) era de 2,65 por cada cien mil habitantes. En el 2015, último del que se han publicado datos, es de 11,14. Se ha incrementado en un 500 % y la tendencia parece que no para de subir.
Vayamos a la sífilis. «En 2015 se notificaron 3.886 casos de sífilis (tasa: 8,37 por 100.000 habitantes). Entre 1995 y 2015, al igual que en la infección gonocócica, se observa un descenso en las tasas de incidencia hasta 2001 (desde 2,57 por 100.000 habitantes hasta 1,77 por 100.000 habitantes), observándose un aumento a partir de esa fecha», apunta el informe. Es decir, en el año 2001 se diagnosticaron 700 casos de sífilis; en el 2015 la cifra se disparó hasta cerca de los 4.000.
Y los tramos de edad de las infecciones incrementan la preocupación. El 26 % del total de los casos de gonorrea corresponde a jóvenes de entre 15 y 24 años de edad. Se trata de enfermedades que, en muchos casos, son asintomáticas, pero eso no evita que puedan ser transmitidas a otras parejas. Eso, y el abandono del uso de los preservativos, están generando un preocupante problema de salud pública.Los datos del barómetro del Centro Reina Sofía abarcan a toda España, evidentemente, pero la dinámica se puede trasladar sin ningún problema a la comarca de O Salnés.
Relegados
Adriana López es farmacéutica y conoce perfectamente la bomba de relojería que se está gestando. «Los jóvenes han dejado de utilizar los preservativos porque las chicas usan la píldora, con permiso de sus padres, así que ya ni los compran. Los sábados de guardia se vendían muchos, ahora han quedado relegados», explica.Adriana apunta a la falta de información como una de las claves. «Es sorprendente, porque están mucho más liberados, pero mucho menos informados. No saben qué es una clamidea, no saben qué es una gonorrea, un papiloma... En lo único en lo que piensan es en que no se quieren quedar embarazadas», afirma.
Esa sensación de que la única precaución que los jóvenes quieren tomar es la de prevenir embarazos la comparte también Carlos Cid, director del IES Castro Alobre. Allí se imparten charlas sobre educación sexual con una periodicidad notable. Y el profesor no sale de su asombro con lo que suele suceder: «En cuanto salen de la sala se olvidan de todo lo que les han dicho», dice.50 %Incidencia entre los jóvenes.
La mitad de los nuevos casos de gonorrea son de personas de menos de treinta años«Las familias los quieren seguir viendo como ‘sus niños’, pero cada vez son más precoces en las relaciones sexuales».
Es curioso, pero en estos momentos, donde parece que todo es más accesible, tanto Adriana como Carlos coinciden en su diagnóstico: la falta de información es la clave de todo. «Solo la tienen en lo que les puede preocupar un poco, que son los embarazos, y aún así como tienen la píldora del día después tampoco es un problema», explica la farmacéutica.
«El problema -apunta Carlos Cid- es que es un tema tabú en muchas familias. Las familias los quieren seguir viendo como ‘sus niños’, pero cada vez son más precoces en las relaciones sexuales». La edad media de la primera relación está ahora en el entorno de los 16 años, cuando en el año 2003 una encuesta sobre hábitos sexuales del Instituto Nacional de Estadística apuntaba a los 19 como la media a la que las españolas empezaban a practicar sexo.
Y regresando a los preservativos, de nuevo coinciden Carlos y Adriana a la hora de detectar un indisimulado toque de machismo en estas nuevas prácticas. «En alguna reunión con familias de chicos, llegaron a comentarme que quien tenía que preocuparse de tomar precauciones era la chica», apunta el director del IES Castro Alobre.
«Raya el machismo absoluto. Es volver atrás», incide Adriana. «Ellos no hacen nada por la prevención o la protección. Toda esa parte la asumen ellas. Absolutamente. Y luego llegan niñas de quince años a las cinco de la mañana pidiendo la píldora del día después. ¡Con quince años!», incide.
La información es, por lo tanto, el punto clave para explicar todo lo que está sucediendo. Y Adriana regresa a aquella mítica campaña del «Póntelo, pónselo», que varias generaciones guardan en su memoria colectiva y que supuso todo un éxito. No cabe duda que aquel mensaje caló. Claro que aquel «Póntelo, pónselo» llegaba acompañado de la amenaza que supuso la irrupción del Sida en el día a día de la sociedad. Un VIH que sigue existiendo. Según los datos del Ministerio de Sanidad, 4 de cada 1.000 personas tienen infección por VIH y se estima que un 18% de ellas lo desconoce. «Jamás un joven me ha preguntado por el Sida, jamás», apunta Adriana.«Hay una relajación muy grande. No creo que ni siquiera piensen en los riesgos que asumen cuando tienen relaciones sexuales sin preservativos. Es una auténtica locura», concluye Carlos Cid.
Importancia da concienciación
Sonia Outón, concejala de Xuventude de Vilagarcía, aboga por máis traballo desde as institucións
Moito ten chovido dende a célebre campaña do «Póntelo-Pónselo» que en 1990 resultou tan polémica como efectiva, xa que contribuíu a frear a epidemia do VIH. Hai quen pensa que aquilo era cousa doutros tempos, que hoxe unha campaña así non tería sentido, porque co grao de desenvolvemento da Sociedade da Información e coa universalización da tecnoloxía, enténdese que a poboación, especialmente a mocidade, xa ten ao seu alcance toda a información que precisa e, polo tanto, non fan falta medidas de sensibilización.
Pero o certo é que as enfermidades de transmisión sexual repuntan entre a mocidade dende hai uns anos, o cal indica que as campañas de información e concienciación sobre sexo seguro son moi necesarias. As enfermidades de transmisión sexual son unha cuestión de saúde pública que esixen a implicación de administracións, educadores e familia. É un asunto a abordar de xeito transversal dende a perspectiva sanitaria, incidindo na seguridade e prevención de riscos; a educativa, que faga entender as relacións dende o punto de vista afectivo-sexual para acadar unha sexualidade plena; e tamén dende a de xénero, posto que aínda semella, por incrible que pareza, que a responsabilidade de que unha relación sexa segura recae máis nas mozas que nos mozos. Usar o preservativo é o medio máis eficaz e accesible para protexerse das enfermidades de transmisión sexual e dos embarazos non desexados. Dende as institucións debemos seguir insistindo nesta mensaxe con programas, campañas e slogans tan claros e directos como foi aquel acertado «Póntelo, Pónselo».
Así es la educación sexual obligatoria en Alemania
En Alemania, la educación sexual comienza a impartirse en las aulas desde la educación básica. Los padres que pretendan impedir que sus hijos asistan pueden ir a la cárcel, so pena de ser sancionados.
En Alemania, la responsabilidad de proporcionar educación sexual a niñas y niños no es un papel exclusivo de la familia, sino un deber del Estado. A partir de la educación básica, los alumnos comienzan a recibir información sobre la educación sexual.
Por ley, los 16 estados federados de Alemania están obligados a promover la educación sexual en las escuelas, en colaboración con instituciones encargadas de asuntos familiares. Para ello se basan en un catálogo educativo vigente a nivel nacional. La Central Federal de Educación en Materia de Salud (BZgA), creada en 2003 en Alemania como centro especializado de la Organización Mundial de la Salud, es la principal responsable de implementar esas directrices, que, a su vez, son guiadas por los Patrones para la Educación Sexual en Europa (2010).
Los padres y madres son informados antes de que comiencen a impartirse los temas relacionados con la educación sexual, pero no tienen derecho a decidir de manera directa si sus hijos o hijas deben o no acudir a dichas clases. Una ley sanciona a los padres o madres que permitan o promuevan que sus hijos o hijas falten a la escuela.
En 2013, un padre fue encarcelado por prohibir que una de sus hijas recibiera educación sexual en una escuela de Renania del Norte-Westfalia. En 2017, la familia, de origen ruso, decidió regresar a Siberia por no estar de acuerdo con el sistema educativo alemán.
Además de enseñar acerca de métodos anticonceptivos y aspectos biológicos implicados en la sexualidad, maestros y alumnos también discuten temas como la igualdad de género, los valores sociales, y las emociones relacionadas con la sexualidad y las relaciones humanas. Se aborda la educación sexual desde una perspectiva holística, considerando los distintos aspectos de la sexualidad. Por eso, en la mayoría de los estados federados, la educación sexual está integrada a otras materias como ética, biología, religión y ciencias sociales. En algunos estados alemanes, hay materias específicas de educación sexual.
El índice de uso de la píldora anticonceptiva es alto entre las jóvenes alemanas, así como el uso del preservativo en los hombres, lo cual contribuye a que haya niveles relativamente bajos de embarazo adolescente en el país. Cuanto mejor sea la educación sobre el tema, menor es la probabilidad de contraer enfermedades sexuales transmisibles, o de que se produzca un embarazo precoz.
Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (Unesco), la educación sexual es un tema urgente en las escuelas, y de ninguna manera incentiva el comportamiento sexual de riesgo. Por el contrario, los futuros jóvenes tendrán más responsabilidad sobre su salud sexual y reproductiva.
Etiquetas:
educación sexual
La educación sexual es demasiado importante como para usarla como arma de crispación
Para contribuir a que se comprenda qué es y por qué es necesaria, y a que no se use para alentar discursos que no tienen que ver con ella y titulares falsos, recordamos algunas evidencias.
El debate político y mediático sobre el programa Skolae de la Consejería de Educación de Navarra, que incluye educación sexual, se suma a ciertos discursos públicos de rechazo a dicha educación sexual, por fortuna minoritarios. La FPFE, con el ánimo de contribuir a que se comprenda qué es y por qué es necesaria la educación sexual en todas las edades, y a que no sea usada para alentar discursos ideológicos que nada tienen que ver con ella y como excusa para publicar titulares escandalosos y falsos, quiere recordar algunas evidencias.
Hoy en día no hay casi ninguna organización o institución que trabaje en el ámbito de la salud, sexualidad o educación y pueda negar con argumentos basados en los hechos el beneficio de la educación sexual para las niñas y niños más allá de convicciones morales e ideológicas, con las que la educación no tiene por qué entrar en conflicto. Estamos hablando de equipar a todas las personas, a cualquier edad, con los conocimientos y herramientas que contribuyan a que puedan vivir con bienestar y dignidad, y a que tengan en cuenta el bienestar de las personas con las que se relacionen y actúen respetando sus derechos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), la UNESCO, UNICEF, los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la Asamblea General de Naciones Unidas o numerosos ministerios nacionales de salud y educación, entre otras instancias, recomiendan y han puesto en marcha la educación sexual dentro y fuera de las escuelas. Y no solo como un derecho -que lo es- o una mera prevención de riesgos, sino como herramienta de CULTIVO de un hecho que conforma la personalidad y el desarrollo de todos y todas.
En la guía de la OMS titulada “Estándares de educación sexual para Europa. Marco para las personas encargadas de formular políticas educativas, responsables y especialistas de salud“, se recuerda que: “A pesar de que la sexualidad de la infancia difiere comparada con la de las personas adultas en muchos aspectos, por ejemplo, en su expresión, contenidos y objetivos, un niño o una niña se entiende como un ser sexuado desde el principio de su vida. En cada grupo de edad y fase de desarrollo, aparecen preguntas y comportamientos específicos (por ejemplo, mutuo descubrimiento e investigación entre pares: jugando “a médicos y enfermeras”, placer por mostrar partes del propio cuerpo, mirando a los demás, mostrando vergüenza frente a las demás personas, etc.) a los que se ha de reaccionar de una manera pedagógica”.
La erótica infantil es un hecho, por más que algunas y algunos quieran mirar para otro lado. Con el silencio y la ocultación enseñamos a las niñas y niños a instalarse en la “clandestinidad” a la hora de aprender, y más tarde llegan las consecuencias negativas. La educación sexual no les quita la “inocencia”, sino que les ayuda a entender lo que ya están preguntando y explorando. Se trata, por ejemplo, de nombrar las partes del cuerpo, de hacerles ver que sus preguntas son normales, de mostrarles que existen límites que deben ser respetados y expresados (se puede decir que no, se puede pedir ayuda).
Estos contenidos hacen parte de la educación sexual a las y los más pequeños, y a ellos se asigna un título más conceptual que sirve como guía para las personas educadoras. Por ejemplo, “juegos eróticos infantiles”, que se refiere a la curiosidad y el descubrimiento que las niñas y niños experimentan con su cuerpo y con el cuerpo de quienes les rodean. Eso no significa que el programa pretenda enseñar a las niñas y niños ciertas prácticas, sino que se vean como normales sus comportamientos. Pensar otra cosa supone interpretar estos comportamientos desde la mirada adulta. Cuando se leen titulares como “Se obligará a todos los niños de 0 a 6 años a que tengan vivencias sexuales a través de juegos eróticos”, sólo podemos pensar que no se ha respetado el principio básico del periodismo de preguntar a todas las partes o que dicho titular responde a intereses políticos de acoso y derribo.
La educación sexual, por otro lado, es una labor compartida entre las y los profesionales y las familias. No conocemos ningún manual de educación sexual que diga que las familias no deben implicarse en la misma. Las familias tienen un papel imprescindible que ninguna otra instancia puede asumir. Inculcan valores y actitudes, y deberían ofrecer afectos, hacer sentirse a sus hijos e hijas dignos/as de ser amados/as y respetados/as, nutrir su autoestima.
Las y los profesionales aportan su mirada científica y el conocimiento que da la especialización y el haber trabajado con multitud de situaciones y personas. Relacionan los aspectos genitales y/o reproductivos de la sexualidad con otros como la comunicación, las relaciones, los afectos y el placer. Porque el objetivo no es sólo actuar cuando hay problemas, sino ayudar a niñas y niños, a adolescentes y jóvenes a conocerse, aceptarse, respetarse y respetar al otro u otra, a elegir sólo aquellas prácticas con las que sienten comodidad y que conectan con sus valores y, por supuesto, a prevenir riesgos.
Por último, si hay algo que caracteriza a las y los profesionales expertos en sexología y en educación sexual es el respeto por todas las vivencias, y por eso se habla de sexualidades en plural. En las sexualidades las posibilidades son muy amplias y están atravesadas por diversidad de valores y creencias personales. La educación sexual ayuda a que las y los niños y jóvenes encuentren respuesta a sus dudas y que puedan tomar decisiones más libres y autónomas de acuerdo con sus valores, cultura, creencias.
La Federación de Planificación Familiar Estatal recuerda, en definitiva, que sólo el conocimiento y la capacidad de tomar las riendas de un aspecto tan fundamental de la vida como es la sexualidad nos hará más libres y felices.
El Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa ha advertido a los gobiernos europeos que deben actuar para brindar “educación sexual integral de manera obligatoria”. Y nos felicitamos de que algunas comunidades autónomas hayan puesto en marcha sus propios programas educativos, aunque en algunos casos estos provoquen escándalo entre algunos sectores que siguen viendo desde el tabú lo que en realidad es una dimensión profundamente humana y positiva. La educación sexual debe ser ya una realidad en todo el Estado español, para que la convivencia desde y entre los sexos genere más felicidad y menos dolor. A cualquier edad.
Etiquetas:
educación sexual,
fpfe
Sí, somos abuelos y también tenemos vida sexual
Un 37,4% de las mujeres mayores de 65 años y un 62,3% de los hombres mantienen una vida amatoria activa
La sexualidad en la madurez.
Que a las personas mayores no les interesa el sexo es un mito instigado por el tabú que socialmente suponen las relaciones carnales a determinadas edades. Si hoy por hoy se le pregunta a cualquier adolescente si sus abuelos tienen una vida sexual activa lo más probable es que asegure que no, que ellos ya no disfrutan de las artes amatorias, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, según un estudio publicado en The Journal of sexual medicine, un 37,4% de las mujeres mayores de 65 años y un 62,3% de los hombres de esa edad mantienen una vida amatoria activa, lo que supone más de una relación sexual en el último año. Entonces, ¿por qué todavía hay tanto desconocimiento sobre el ars amandi de las personas mayores? Raquel García Romeral del gabinete psicológico y sexológico RgR lo tiene muy claro: “Aquello por lo que no preguntamos no existe y sobre la sexualidad, erótica y amatoria de los mayores no se suele preguntar”, de ahí que el citado estudio sea uno de los más recientes, a pesar de que data de 2013.
SEXO Y MÁS
“La vida sexual no acaba cuando envejecemos, ni mucho menos”, apunta Dario Calafiore, urólogo del Hospital Universitario Lucus Augusti y experto en andrología. A pesar de esta tajante afirmación Calafiore es consciente de lo complicado que puede resultar hablar de sexualidad en consulta. “Solo uno de cada cuatro hombres acude al especialista para tratar estos temas. Además, no suelen hablar sobre sus problemas sexuales por pudor, timidez o porque el machismo presente en la sociedad les ha inculcado que si su pene no funciona ya no pueden tener relaciones sexuales, algo que no es real”. Pero no solo los hombres se muestran reticentes a la hora de hablar de esta clase de problemas, la ginecóloga y sexóloga Marta Recio Rodríguez de la Policlínica nuestra señora del Rosario de Ibiza advierte el mismo patrón en las mujeres. “Cuando ellas acuden a consulta les cuesta mucho contar esta clase de cosas. Por lo general al final de la consulta suelen dejar caer sus dudas como quien no quiere la cosa, porque no saben cómo decirlo. En ocasiones da la sensación de que hasta necesitan que se le pregunten”, relata.
Superar estas reticencias a la hora de hablar de los problemas sexuales es muy importante, ya que es el punto de partida para ponerles remedio y alcanzar relaciones satisfactorias. Lo primero que hay que tener en cuenta y que plantean todos los médicos especialistas es lo más obvio: a los 65 años el cuerpo no es igual y no responde de la misma manera que cuando se es joven y por ello las prácticas también tienen que variar. Por ejemplo: la llegada de la menopausia en las mujeres y el cambio hormonal que supone produce cambios en la vagina y en la respuesta de este órgano a los estímulos sexuales, uno de los más comunes es la sequedad que puede producir numerosas molestias, picores e incluso dolor. “Cuando una pareja viene a mi consulta para tratar estos temas siempre sale con un bote de lubricante de farmacia”, explica Calafiore. La lubricación es uno de los puntos más importantes a tener en cuenta a la hora de mantener relaciones sexuales más allá de los 65, ya que la desecación de la vagina en el momento de la penetración puede producir roces y pequeñas heridas que hagan que el coito no solo sea incómodo para la mujer, sino también doloroso.
Pero no solo las mujeres acusan cambios hormonales con la edad, a pesar de que no es tan conocido los hombres también sufren la conocida andropausia, una etapa en la que la caída de la testosterona produce cambios en todo el cuerpo que afectan a la respuesta sexual. “La andropausia es un período de la vida del hombre en la que desciende la producción de testosterona lo que repercute en el crecimiento del vello tanto facial como púbico, y produce cambios en la musculatura”, apunta Calafiore. Todas estas transformaciones traen consigo variaciones en los músculos que favorecen la erección haciendo que estas sean menos intensas y que haya menos placer.
No obstante, no hay nada que no se pueda solventar, aunque las soluciones sean diferentes en hombres y mujeres. Según apuntan los expertos después de los 65 hay que hacer un mayor hincapié en las caricias, los juegos de seducción y los preliminares, ya que esta antesala sexual prepara el cuerpo para que el coito sea lo más satisfactorio posible. El problema es que en muchas ocasiones los pacientes no aceptan estas recomendaciones y buscan una salida más fácil. “Cuando son ellas las que acuden a consulta lo primero que piden es si hay una pastilla como la viagra, pero para ellas”, comenta Recio, “ese es el momento de empezar a hablarles de otras armas como la erótica, pero no siempre las convences. Quieren tener las mismas soluciones que ellos y eso no es posible, ya que para la mujer no hay pastillas mágicas que ayuden con la vuelta de la libido”.
En el caso de los hombres cambiar la actitud con la que se encaran las relaciones sexuales puede no ser suficiente para lograr una erección. El tabaquismo, la obesidad, la hipertensión o incluso la diabetes mal controlada pueden ser los causantes de la falta de rigidez en el pene llegado el momento de la penetración. “El tratamiento de la disfunción tiene que ser multisectorial. En mi caso, cuando viene una pareja con esta clase de problemas, antes de recetar cualquier tipo de solución medicamentosa, primero intento encontrar cuál puede ser el problema base que impida la erección y les pido que se cuiden un poco más”, explica Calafiore. Sin embargo, esto no siempre es suficiente y entonces llega el momento de aplicar otra clase de soluciones como las moléculas que favorecen la erección, comúnmente conocidas como viagra, medicación que se inyecta directamente en el pene, prótesis peneanas, y en casos más extremos la disfunción se puede llegar a tratar incluso con cirugía.
Estas soluciones a los problemas físicos no pueden ser tomadas como una receta mágica. Ya que ninguno de los remedios anteriores favorece el aumento de la libido (las ganas de mantener relaciones sexuales con otra persona) que es el punto principal antes de lanzarse al coito. “A veces hay que empezar por cosas más sencillas, como una cena a la luz de las velas, darse un baño en pareja para poner en marcha los mecanismos de seducción de uno y otro”, apunta Calafiore. El principal problema para él es que, al no tenerse en cuenta esta esfera, el fracaso está casi asegurado. “Los hombres son muy fálicos y piensan que si no hay erección, no hay relación y al tener problemas de erección dejan de buscar tener sexo con la pareja”, por ello es muy importante entender que la relación sexual es un todo, desde los juegos preliminares hasta la penetración y el orgasmo.
CLAVES PARA TENER UNA VIDA SEXUAL PLACENTERA MÁS ALLÁ DE LOS 65 AÑOS
–Liberarse de prejuicios y estereotipos que condenan a los mayores a la falta de deseo, o que asocian la sexualidad en la vejez a algo sucio o condenable.
–No asumir los posibles problemas que puedan aparecer como barreras irreversibles. Muchos se pueden solucionar o compensar al consultar al especialista.
–Dejar de vincular la sexualidad a un solo comportamiento: el coito con penetración que acaba en orgasmo. La sexualidad es algo mucho más amplia e incluye expresiones muy diversas que, en su mayoría, no se ven afectadas por la edad. Supone un momento de intercambio emocional y comunicación incomparable. En este sentido, la experiencia acumulada por los mayores puede hacer que el disfrute y placer de la sexualidad, lejos de disminuir, en algunos casos aumenta.
Etiquetas:
mayores,
salud sexual
La responsabilidad sobre los anticonceptivos recae en las mujeres: "Es imprescindible que ellos sean partícipes"
La encuesta de la Sociedad Española de Contracepción pregunta solo a mujeres entre 15 y 49 años y no a hombres. Es un síntoma del "aprendizaje social que dice que los chicos 'no tienen mucho que hacer'.
La SEC reconoce que piensan en cómo rediseñar su encuesta. En los 90 la prioridad era “buscar percepciones de las mujeres para ir eliminando mitos” sobre los anticonceptivos. “Pero ahora las expectativas son mucho más amplias”.
"La anticoncepción hormonal hoy pasa por las mujeres. Pero no quita que los chicos se puedan implicar, que sea decisión de los dos”, cuentan desde el Centro Joven de Salud Sexual de Madrid.
En España sabemos qué porcentaje de mujeres toma la píldora anticonceptiva pero no cuántos hombres eligen de forma consciente el condón para prevenir un embarazo. La Sociedad Española de Contracepción (SEC) realiza una encuesta sobre los hábitos en materia de salud sexual en la que solo se pregunta a mujeres entre 15 y 49 años. Hasta el año 2005 el INE sí realizaba una encuesta sobre hábitos de anticoncepción en toda la población, pero desde entonces no hay datos estadísticos oficiales del Instituto.
https://www.eldiario.es/sociedad/anticoncepcion_0_833617604.html
Etiquetas:
anticoncepción
España lleva 30 años sin políticas públicas ni planes de acción contra la violencia sexual, denuncia Amnistía
Las consecuencias de este vacío supone que las víctimas y supervivientes de violencia sexual "se encuentran ante un escenario de desprotección" y de falta de garantía de sus derechos. Así lo denuncia este jueves una investigación titulada "Ya es hora de que me creas".
A lo largo de los últimos 30 años, nuestro país no ha desarrollado ninguna política pública ni plan de acción a nivel estatal para atajar la violencia sexual que sufren las mujeres. Esta falta de acción "ha desencadenado un vacío de medidas reales y eficaces", ignorando el mandato de los tratados internacionales firmados por nuestro país, como el Convenio de Estambul, que exige a los países firmantes que pongan en marcha medidas para prevenir, cuantificar y reparar el daño de todas las violencias que se ejercen contra las mujeres por el hecho de ser mujeres.
Las consecuencias de este vacío supene que las víctimas y supervivientes de violencia sexual "se encuentran ante un escenario de desprotección" y de falta de garantía de sus derechos. Así lo denuncia este jueves una investigación de Amnistía Internacional, que bajo el título Ya es hora de que me creas resalta la inacción de las autoridades sobre una de las violencias más extendidas contra las mujeres.
No es un problema menor. Tal como resalta Amnistía, entre enero y junio de 2018, se denunciaron 788 violaciones y otros delitos contra la libertad sexual (más de 4 denuncias al día). Un 28,5% más de denuncias que en el mismo periodo de
2017. Se ha pasado de 5.083 en 2017 a 5.731 en el mismo periodo en 2018. Ya en 2014 la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales (FRA por sus siglas en inglés) estimaba que una de cada dos mujeres en España habían experimentado alguna forma de acoso sexual a partir de los 15 años de edad. La agencia europea confirmaba también que "más del 90% de las víctimas y supervivientes son mujeres, mientras que el 97% de los agresores siguen siendo hombres”. Sin embargo, a día de hoy "apenas hay estudios, datos oficiales o medidas concretas por parte del Estado español para conocer la verdadera dimensión de esta realidad", afirma Amnistía.
Para la organización de derechos humanos, esta falta de garantía de derechos queda claramente simbolizada por la "deficiencia de recogida de datos sobre la prevalencia y la magnitud de la violencia sexual, la escasez de servicios de atención integral a víctimas de violencia sexual, la falta de especialización profesional, sensibilización y capacitación de sectores como sanidad, justicia, policía o medicina forense, o la inexistencia de protocolos sectoriales de actuación frente a la violencia sexual, entre otro". Sin datos y sin conocer el alcance real de la violencia sexual, no es posible planificar políticas públicas para su prevención.
Tal es el grado de inacción, denuncia el informe, que en los últimos 30 años ningún Gobierno ha desarrollado campañas estatales de sensibilización "dirigidas a identificar la violencia sexual en sus diferentes manifestaciones, o encaminadas a desmontar los mitos, estereotipos y prejuicios que acompañan a la violencia sexual". Tampoco se han llevado a cabo campañas de sensibilización que puedan ayudar a las víctimas, los familiares o la sociedad en su conjunto.
A nivel estatal, afirma Amnistía, las campañas de sensibilización se han centrado en las últimas décadas de forma exclusiva en la prevención y detección de la violencia de género en el entorno de la pareja o expareja, tal como la define la ley Integral contra la violencia de género de 2004.
De un total de 12 campañas de nivel estatal, únicamente en 2017 se elaboró una (“Contra la Trata de Mujeres. No inviertas en sufrimiento”) centrada en sensibilizar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. "La ausencia de la violencia sexual en las campañas de sensibilización no sólo refuerza la percepción social que minimiza la existencia generalizada de la violencia sexual, sino que expone a las víctimas y supervivientes a una situación de desprotección al no sentirse identificadas como víctimas de violencia de género, y a no saber cómo actuar cuando han sido violadas, acosadas en sus lugares de trabajo o agredidas sexualmente desde la infancia", afirma Amnistía.
Durante esta investigación, prácticamente todos los testimonios proporcionados tanto por las mujeres víctimas y supervivientes como por sus familiares han coincidido en afirmar "haber sido revictimizadas por un sistema y unas instituciones que no las han atendido ni protegido de manera adecuada", explican. Igualmente, la mayoría de las y los profesionales con quienes se ha entrevistado la organización han reconocido graves fallos en el sistema a la hora de garantizar los derechos de las mujeres que sufren o han sufrido violencia sexual.
El informe resalta que las escasas campañas de sensibilización sobre violencia sexual han sido elaboradas a nivel autonómico, a nivel local o por organizaciones feministas.
La lotería de las Comundades Autónomas
La falta de normativa, protocolos de actuaciones sectoriales y políticas públicas a de alcance estatal, provocan que la atención a estas víctimas haya quedado supeditada a las decisiones de cada comunidad autónoma, que tienen las competencias transferidas. Esto provoca grandes desigualdades en la atención y la prevención de estas violencias y una gran disparidad en su asistencia integral a lo largo y ancho de España. En muchas ocasiones, "la mayor calidad o profesionalidad de la asistencia va a depender de dónde resida la víctima o del tamaño de la localidad", desvela el estudio.
Amnistía Internacional considera que el Estado español "está incumpliendo su deber de diligencia debida en el marco de la asistencia y prestación de servicios de apoyo a víctimas y supervivientes de violencia sexual, como demuestra la inexistencia en todo el territorio estatal de centros de crisis". Por un lado, son escasas las comunidades autónomas que disponen de un centro de atención especializada en violencia sexual, que suele estar situado además en la capital de provincia. Por otro lado, la organización considera "muy grave que en las comunidades autónomas de Aragón, Baleares, Canarias, Extremadura, Galicia, La Rioja, Murcia, Navarra, País Vasco, y en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, las víctimas y supervivientes no puedan dirigirse a ningún servicio de referencia especializado en violencia sexual que las asista integralmente en su proceso de reparación".
La organización insta al Gobierno central a que, en función de sus competencias, "desarrolle un marco mínimo de servicios que estén garantizados en todo el territorio español y que asegure una coordinación con las distintas comunidades autónomas para garantizar un sistema de atención y asistencia integral especializado desde un enfoque de derechos humanos y de género, para que todas las víctimas y supervivientes de violencia sexual y sus familiares, independientemente de su lugar de residencia –gran ciudad, pequeña localidad o entorno rural–, puedan disponer de asistencia integral especializada".
A lo largo de esta investigación Amnistía Internacional ha podido constatar que las políticas del Estado español dejan especialmente desprotegidas frente a la violencia sexual a grupos de mujeres migrantes, trabajadoras del servicio doméstico, mujeres discapacitadas o mujeres que puedan ser objeto de trata, que encaran de manera cotidiana distintas formas de discriminación directa e indirecta, comprometiendo sus derechos de asistencia, justicia y reparación integral ante situaciones de violencia sexual.
Falta de formación y trato inadecuado
El informe revela varios testimonios de mujeres que ejemplifican la desprotección que viven cuando son víctimas de violencia sexual y la falta de información y los tratos discriminatorios que sufren por parte de personal público que debería velar por su bienestar.
Amnistía afirma que a la falta de políticas públicas que aborden de manera integral la violencia sexual en diferentes ámbitos –como el policial, el educativo, el asistencial y el laboral–, a la falta de datos y al déficit de asistencia especializada, se une en muchas ocasiones la falta de un trato adecuado y profesionalizado por parte de los equipos implicados, y la ausencia de un sistema judicial especializado que aborde y tenga en consideración las características específicas de estos delitos desde un enfoque de género y derechos humanos. Es decir, contemplando el impacto diferencial que estos delitos tienen sobre las mujeres y niñas por el hecho de serlo.
La ausencia de formación de los y las profesionales, tanto inicial como continua, que aborde la existencia de estereotipos a la hora de entrar en contacto con las víctimas y sus familias –en la prevención y la atención directa a las víctimas como durante el procedimiento judicial–, redunda y ahonda en la revictimización de las mujeres ante el sistema que debería protegerlas.
La organización afirma que estas reclamaciones no son nuevas. Ya en 2009 Amnistía denunció la falta de diligencia debida del Estado ante la violanción de derechos humanos por violencia sexual. También en 2015 denunció ante el comité contra la discriminación de las mujeres de Naciones Unidas (CEDAW por sus siglas en inglés), que las políticas públicas y los planes de acción seguían sin alcanzar a las víctimas de violencia sexual.
En el informe, Amnistía enumera una serie de medidas urgentes que debería adoptar el Estado para acabar con la invisibilidad, el cuestionamiento y la desprotección de las víctimas de violencia sexual. Entre ellas: recopilar datos que permitan dimensionar el problema y que permitan la creación de políticas públicas coordinadas con las Comunidades autónomas; crear servicios especializados como teléfonos disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año, y garantizar la existencia de centros especializados en violencia sexual en todos los territorios del Estado español; reformar el Código Penal en lo referente a todos los delitos sexuales que afectan de manera desproporcionada a las mujeres y niñas. También pide que se facilite la asistencia letrada gratuita e inmediata a las víctimas, formar y sensibilizar a todos los operadores jurídicos en contacto con las víctimas y que se impulse la reparación de las víctimas, no solo económica, sino contemplando la restitución, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición, tal como exigen los tratados internacionales.
Etiquetas:
derechos sexuales,
violencia sexual
De aulas y armarios
Ahí fuera hay muchas personas sufriendo en silencio en sus pupitres.
Así es ser menor y LGTBI en las aulas españolas de hoy.
Suena la campana. Se acabó el recreo. Volvemos a clase. Mi mesa está pintada con garabatos y la palabra bujarra. Miradas, cuchicheos, gente riéndose de mí. Un instituto cualquiera, en un municipio cualquiera, en España, en el siglo XXI.
Resulta fascinante cómo nos encanta idealizar, exagerar y rememorar (e incluso, reinterpretar) ciertos momentos de nuestra vida que son, para el común de los mortales, ritos o etapas sociales inevitables. En esta, nuestra cultura nos encanta, además, dotar de cierto realismo mágico a todos los acontecimientos, buenos o malos, anecdóticos o trascendentales, de nuestra existencia (yo soy el primero que lo hace). Cuanto más intenso, mejor. ¿Grises? ¿Para qué?
Pues he venido a intentar contar, en este puñado de párrafos, una visión con filtro Moon (tonalidad grisácea en Instagram) de lo que puede suponer ser menor y LGTBI (Lesbiana, Gay, Trans, Bisexual, Intersexual) en las aulas de hoy en día.
Partamos de la base, por supuesto, de que cada persona vive una experiencia diferente y su relato puede estar cargado de mucho dolor o de mucha alegría. Lo que quiero hacer aquí es un ejercicio de reflexión en contexto.
Hablo de grises porque es indiscutible asegurar que, mirando unas décadas atrás, la situación ha mejorado muchísimo. Y, del mismo modo, permítanme decir que estamos aún a mitad de camino y que no es momento para relajarnos y pensar que está todo hecho. Ahí fuera, ahora mismo, hay muchas personitas sufriendo en silencio en sus pupitres, con ganas de acabar las clases, con ganas de acabar el curso, con ganas de no volver a pisar ese colegio o instituto.
No tiene por qué ser una tormenta. Basta con que sea una lluvia fina, constante y grisácea que te recuerda que no tienes derecho a ser plenamente tú sin pagar un mínimo de factura
Yo creo que el rito del primer día de colegio, por lo general, está lleno de color. Ganas de conocer, ganas de jugar, ganas de pintar, ganas de ver algo distinto de nuestra casa o a nuestra guardería. Ojalá todos los días hubieran sido como el primero.
Van pasando las semanas y los colores empiezan a perder tonalidad, poco a poco. Primeras pandillas, primeras personitas que no tienen pandillas. Van pasando los meses y ya empiezan a señalarse con mofa las diferencias que están más a mano: gafas, peso, color de piel, altura…Van pasando los años y los chascarrillos ya son motes que te acompañan, los quieras o no, y aparecen nuevas categorías de ataque.
Mucho habíamos tardado en oír mariquita, tortillera, plumón, nenaza, travelo... Y, por si no tuvieras suficiente con las caras conocidas, de repente empiezan a llegar los machitos repetidores, los reyes del patio con dos años de testosterona de más para su curso. Ahí están, para alterar el ecosistema que creías tener medianamente controlado. Se acabaron los colores.
No tiene por qué ser una tormenta, no tiene por qué ser una catástrofe terrible que salga en los periódicos locales, ni una paliza al salir de clase (que las sigue habiendo). Basta con que sea una lluvia fina, constante y grisácea que te recuerda que no tienes derecho a ser plenamente tú sin pagar un mínimo de factura. Aguanta y de mayor ya serás como tus personajes favoritos de la tele o de YouTube. Mientras tanto, jódete (con perdón, reminiscencias de la rabia) porque una infancia libre y una etapa escolar plena no entran dentro del pack de tus derechos.
Gris es que no se hable con naturalidad de la diversidad, que no se explique la diferencia entre sexo y género, que no se hable de forma didáctica y apropiada de las identidades de género, de las expresiones de género, ni de las orientaciones sexuales. Porque no, no es una opción de personas adultas, es una realidad intrínseca y palpable que necesita respuestas y referentes. Nos dicen cuántas mujeres tuvo un Rey de Inglaterra, pero no nos cuentan con justicia el amor de García Lorca o la influencia poética de Safo. Nos tenemos que saber todos los ríos y mesetas, pero no nos explican lo que es la bisexualidad. Con 13 años te tienes que saber de memoria la tabla periódica, pero si alguien levanta la mano para decir que no se siente ni chico ni chica, se hace el silencio.
Gris es que se señale la pluma como un síntoma claro de esa horrible enfermedad llamada homosexualidad. Porque, ¡sorpresa! También hay chiquillos heterosexuales con pluma, y no pasa nada (ni con la pluma, ni con la heterosexualidad).
Con 13 años te tienes que saber de memoria la tabla periódica, pero si alguien levanta la mano para decir que no se siente ni chico ni chica, se hace el silencio
Gris es que la mayor parte de los patios del recreo sigan monopolizados por chicos que se creen los dueños del colegio jugando a un fútbol excluyente y acaparador.
Gris es que no haya protocolos para atender a menores trans que quieren que se les llame y se les trate por su nombre y género reivindicado.
Gris es que haya profes que miran hacia otro lado cuando comienzan a vivirse situaciones claras de bullying.
Queda mucho por hacer y necesitamos del esfuerzo conjunto de Administraciones Públicas, Profesorado, AMPA, representantes estudiantiles, organizaciones LGTBI y de la sociedad en general para cambiar las cosas de raíz y ofrecer una etapa escolar caracterizada por la convivencia, que no por la supervivencia.
Por eso, hoy, 20 de noviembre, no estaría de más que hiciéramos de esta fecha un rito de cambio. Un rito de colores, un rito de mensajes de apoyo a esas criaturitas que tienen derecho a criarse en un entorno seguro y libre de prejuicios y discriminaciones.
Que los armarios de nuestras aulas sirvan solo para guardar libros.
Hombres que gestan (o abortan) y mujeres que fecundan: una realidad a prueba de dogmas
Romper con lo culturalmente establecido, con los dogmas, es siempre harto complicado. Cientos de años en los que la tradición judeocristiana se ha dedicado con empeño a criminalizar el sexo, a ensuciarlo; cientos de años en los que todo lo que se alejara de la normatividad, del canon sexoafectivo que el judeocristianismo imponía e impone, era y es condenado con total seguridad a la burla, al escarnio, a la humillación, a la tortura.
Es en esta hermenéutica donde debemos enmarcar el debate que se nos presenta acerca de los roles de paternidad/maternidad, del género, de los nuevos modelos de familia, de las nuevas realidades. Ya no podemos hablar solamente de mujeres que gestan, paren o abortan, ni de hombres que fecundan o inseminan; hoy, a la luz del progreso en materia de libertad sexual e identitaria por un lado, y de los avances en la medicina por otro, debemos comenzar a hablar de mujeres, niñas y personas gestantes (y por tanto, con derecho a abortar), y de hombres, niños y personas con capacidad para fecundar. Esto es, hay hombres que gestan/paren/abortan y hay mujeres que fecundan/inseminan. Yo soy hombre cisgénero y no vea amenazado mi rol social o mi capacidad para fecundar cuando afirmo que hay mujeres que, como yo, también pueden fecundar. No se trata de invisibilizar a los hombres y mujeres cis, sino de integrar a todas las identidades y realidades. Por esto, por seguridad jurídica y por respeto a los artículos 2, 7, y 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se hace necesario incluir en los textos y tratados de derechos humanos, y en las legislaciones en materia de reproducción humana asistida, los términos "mujeres, niñas y personas gestantes (y con derecho al aborto)" y "hombres, niños y personas con capacidad para fecundar".
Cada vez que se plantea este tema son dos los frentes que comienzan a decir que las mujeres transexuales siguen siendo hombres y que los hombres transexuales siguen siendo mujeres y que, por tanto, solo las mujeres cisgénero gestan o abortan y que solo los hombres cisgénero fecundan/inseminan; estos dos frentes son, a saber, el feminismo TERF (Trans Exclusionary Radical Feminist) y los ultraconservadores ligados a la extrema derecha (como Vox y Hazte Oír).Y creo que va siendo hora, siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas y los Principios de Yogyakarta de aclarar y desmontar algunos puntos que tanto el feminismo TERF como la extrema derecha utilizan para seguir humillando a las personas transexuales:
"Las mujeres trans siguen siendo hombres y los hombres trans siguen siendo mujeres". Empecemos por el principio. El concepto de "hombre/mujer biológico/a" no existe. Podemos hablar, en todo caso, de características anatómicas, cromosómicas, endocrinas, masculinas o femeninas. Los genitales no definen el sexo de nadie. Como ejemplo, la Sociedad Europea de Endocrinología afirma que el cerebro de una mujer trans funciona igual que el de una mujer cisgénero, y que por tanto, los cerebros de personas trans coinciden con el género con el que se identifican y no con el sexo que les fue asignado al nacer.
¿Puede decir alguien que el cerebro no determina el sexo? ¿Pueden el feminismo TERF y la extrema derecha afirmar que a pesar de tener idéntica actividad cerebral, una mujer cis es distinta de una mujer trans? ¿Para el feminismo TERF o la extrema derecha el sexo tampoco reside en el cerebro? Siguiendo con cuestiones "biológicas", el Dr. Zhou en 1995 descubrió que una región del prosencéfalo, la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal (NLET) es mayor en varones, y que el menor tamaño de esta región era compartido tanto por mujeres trans como por mujeres cis. Este es sólo un ejemplo más de similitudes anatómicas entre mujeres trans y cis. ¿Para el feminismo TERF y la extrema derecha esto sigue sin ser suficiente? Sigamos. Saliéndome del tema de la transexualidad, me gustaría hablar del Síndrome de Morris o síndrome de insensibilidad a los andrógenos. Estas mujeres son genotípicamente XY, pero fenotípicamente, es decir, de aspecto, son mujeres, también presentan genitales externos femeninos.
¿Para el feminismo TERF y la extrema derecha las personas con Síndrome de Morris siguen siendo hombres, ya que cromosómicamente son XY, a pesar de presentar características sexuales femeninas? Carece de todo sentido afirmar que las mujeres trans siguen siendo hombres biológicos (o que los hombres trans siguen siendo mujeres biológicas). Los argumentos de estos grupos me recuerdan sobremanera a los argumentos "biológicos" que utilizaban la Santa Inquisición o los nazis: pureza, limpieza, normatividad.
"Solamente las mujeres cisgénero gestan y abortan y solamente los hombres cisgénero pueden fecundar". Aquí entra en juego la segunda pata que sustenta a la ideología totalitaria de Hazte Oír o del feminismo TERF: la cultura. La tradición judeocristiana se ha encargado de fabricar una imagen de la mujer en la que el rol más importante a destacar era solo uno: el de madre. La mujer quedaba reducida a la maternidad. Por eso estos grupos radicales afirman sin pudor que madre es la que pare, y ya está. Se quitan así de un plumazo a las madres de niños adoptados, que, a la luz de sus afirmaciones, no pueden ser sus madres porque no los han parido.
La idea de que madre es la que pare viene del derecho romano; y cabría recordar que en la época del Imperio Romano no había técnicas de reproducción humana sistida ni avances médicos que hicieran pensar que madre y mujer pudieran ser realidades distintas. El caso de Thomas Beatie, el primer hombre embarazado, nos hizo romper de facto esta unión entre mujer y madre, del mismo modo que el caso de la pareja formada por Ryan Said y Jasmine Merino, primera pareja en poder usar el semen de ella para fertilizar los óvulos de él, supuso un paso más allá, y rompía con fuerza la idea heteronormativa (casi bíblica) de familia, de procreación, de relaciones sexoafectivas.
En cualquier caso, el feminismo TERF y la extrema derecha siguen negando a estas personas su condición de hombres o mujeres, por lo que, siguen siendo mujeres que gestan y hombres que fecundan. A pesar de que la realidad ya superó de lejos los dogmas que ciegan y envilecen.
"Las mujeres trans siguen teniendo privilegios estructurales como los hombres cisgénero". He tenido que escuchar esta frase cientos de veces de boca de representantes del feminismo TERF. Afirmar que una mujer trans tiene privilegios es sencillamente distorsionar la realidad. Las mujeres trans sufren el machismo doblemente; primero por el ejercicio proactivo de autodeterminación de su sexo sentido, de su género, que rompe el discurso heteronormativo de dominación de lo masculino, y segundo y más importante porque las mujeres trans retan a toda la tradición judeocristiana y patriarcal escindiendo los roles y papeles asignados a los sexos. Afirmar que una mujer trans tiene privilegios de algún tipo por el hecho de serlo es erigirse uno (o una) en una posición supremacista y peligrosa.
El feminismo TERF y la extrema derecha pretenden imponer un canon muy concreto de mujer, excluyente y exclusivo, esto es, toda mujer que pretenda realmente serlo debe ser la mujer canónica que ellos y ellas defienden, y para eso, el primer paso (e imprescindible) es no ser una mujer transexual, a pesar de las evidencias biopsicosociales que he expuesto en esta tribuna. La mujer canónica que el feminismo TERF y la extrema derecha defienden es la excusa que utilizan para seguir oprimiendo y humillando a las mujeres transexuales; es simplemente odio disfrazado de otras cosas. Nada más. Y nada menos.
A modo de conclusión, y ahondando en la necesidad de poner el foco en lo importante, de no justificar el odio en ningún caso, venga de donde venga, me gustaría recordar algunas de las palabras de un artículo que escribí junto a Eleonora Lamm, subdirectora de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza (Argentina), para El HuffPost, sobre esta cuestión:
"Familias, descendencia, linaje, parentesco, amor filial, concepción sin relación sexual heterosexual, gestación sin maternidad, filiación registral directa basada en la voluntad de procrear independientemente del aporte de material genético y cualquiera sea el estado civil, la orientación sexual o la identidad de género, maternidad o paternidad con material genético de otra persona (con lo que una mujer sin óvulos puede ser perfectamente madre legal), con embriones de otras personas, con embriones formados por material genético de hasta tres personas (donación de ADN mitocondrial), o incluso – en un futuro no muy lejano – con gametos artificiales. Todo esto implica una ruptura de la regla heteronormativa cuya base constituía la unión inescindible de mujer y madre".
Los dogmas no ofrecen repuestas, solo impiden preguntas. Derribarlos, es una obligación; combatir los discursos de odio, vengan de donde vengan, es un deber moral. Por ello reitero que es imprescindible hablar de mujeres, niñas y personas gestantes y con derecho al aborto, y de hombres, niños y personas con capacidad para fecundar (y por tanto, unos y otras con el derecho de acogerse a las leyes de reproducción humana asistida como cualquier otro ciudadano o ciudadana). Debemos combatir, una vez más, los totalitarismos. Vuelvo a repetir lo que escribí hace unas semanas: las mujeres trans son mis hermanas.
Etiquetas:
derechos reproductivos,
maternidad,
paternidad
Jóvenes adictos al porno pero ignorantes sexuales: "Hay chicos de 15 años con Viagra"
La adicción a la pornografía y la escasa educación sexual están generando una juventud que concibe el sexo como producto y en la que abundan los problemas para conseguir placer.
Muchos adolescentes experimentan problemas sexuales por las altas expectativas generadas con el porno.
Entre las fiestas y botellones que plagan los campus universitarios, parques o discotecas, se está introduciendo de manera silenciosa un agente inesperado. El alcohol y las drogas ya no son los únicos elementos prohibidos que persiguen los jóvenes españoles para sus noches de farra. Una pastilla azul, conocida mundialmente con el nombre de Viagra, forma parte ya de la rutina de muchos adolescentes obsesionados con rendir igual que un actor porno.
El miedo a "no dar la talla" está aumentando el consumo de este asistente químico para lograr una erección. "Por lo que nos llega a la consulta, estamos hablando de chicos de 15 años que ya la están consumiendo" apunta Vanessa Rodríguez, psicóloga y autora del libro 'La lucha sexual de los adolescentes en la hipermodernidad'. Conseguirla es extremadamente fácil incluso para menores de edad: sólo hace falta acceso a internet y una cuenta con fecha de nacimiento falsa.
El lado oscuro del porno: las estrellas del género cuentan toda la verdad
Ola de suicidios en la industria del cine para adultos. Las adicciones y la alta exigencia de su profesión es el cóctel fatal para unas vidas llenas de excesos
Pero ¿por qué recurren a este fármaco personas que, por edad, no deberían tener ningún problema para cumplir con su pareja de turno? El uso de esta pastilla, señalan expertos psicólogos y sexólogos, es el reflejo más claro de una generación que ha crecido con la pornografía como única educación sexual, el sexo como producto de consumo, y la propia imagen como núcleo en el que pivotan las relaciones interpersonales. Un "analfabetismo relacional", aseguran, que genera problemas como la disfunción eréctil, falta de empatía y dificultades para encontrar el placer —propio y ajeno—.
Imitadores de pornografía
Según el portal de contenido para adultos PornHub, España se sitúa el 13º en el 'ranking' de consumo de pornografía del mundo. Además, la media para empezar a ver este tipo de contenidos está en torno a los once años. Es decir, cuando los preadolescentes apenas están recibiendo educación sexual, se exponen a imágenes y relatos que poco tienen que ver con el mundo real.
"No queremos entrar en un discurso antipornográfico, pero es cierto que la cantidad de contenido sexual a la que los adolescentes tienen acceso sin filtro ni visión crítica es muy alta", señala el también psicólogo especializado en sexualidad Ricardo Fandiño y coautor del libro con Rodríguez. "El problema es el tipo de porno que encuentran: mayoritariamente duro, con una imagen de la mujer siempre disponible, sometida, y de un hombre continuamente activo, que siempre rinde, que tiene éxito… Y no hay alternativa a ese modelo".
Intentan reproducir en la vida real lo que ven en el porno, y eso está llevando a mucho sufrimiento y decepción.
Lejos han quedado las revistas compradas a hurtadillas o descifrar la codificación del Canal+. A través de la intimidad de sus pantallas los jóvenes tienen acceso a un tipo de prácticas sexuales que crean en su imaginario una serie de expectativas difíciles de cumplir. "Intentan reproducir en la vida real lo que ven en el porno, y eso está llevando a mucho sufrimiento y decepción porque es imposible alcanzar esos estándares", apunta Vanessa Rodríguez.
Al igual que ocurre con las redes sociales, donde lo que se busca es la gratificación inmediata a través de los 'likes' del otro, en la cama los adolescentes están más preocupados por la imagen de sí mismos que proyectan. "El placer y el goce quedan relegados; lo que importa es la representación casi gimnástica del acto y parecer que eres bueno reproduciendo ciertas prácticas que has visto en el porno", añade Rodríguez que apunta que tanto chicos como chicas reproducen estás prácticas, aunque en el caso de las segundas se refleje a través de la sumisión. "Lo que experimentan después de tener una relación es más bien alivio por haber rendido que placer", señala Fandiño sobre su experiencia tratando con adolescentes.
En los talleres de los centros de Planificación Familiar, también ven a menudo cómo ese imaginario traído de la pornografía está detrás de muchas de sus consultas: "Tienen dudas sobre cómo debe ser la medida de sus genitales, su forma, cuánto tienen que durar las relaciones, el rol que debe jugar cada uno… Tienen dudas hasta de lo que deben desear", señala Raquel Hurtado directora de la Federación de Planificación Familiar Estatal. "Nos han llegado a preguntar hasta qué es un bukake", añade. "La famosa escena de la Manada, por ejemplo, es una reproducción de una película porno", comparte Fandiño. "La mujer está puesta en el lugar de un objeto, está siendo usada y da igual qué chica sea".
"Lo que importa es el número"
En 2015, una chica fue violada mientras estaba inconsciente en una macrofiesta de Panamá City Beach, Florida. A plena luz del día, y ante las miradas indiferentes de decenas de personas que la rodeaban como si no fuera con ellos. El caso conmocionó a Estados Unidos y dos años después, el documental 'Liberated: The new sexual revolution' intentó explicar cómo en un entorno donde mantener relaciones sexuales es el centro de la fiesta, el sexo se banaliza hasta el extremo.
Un momento de la cinta lo ejemplifica a la perfección: un grupo de universitarios está bebiendo en el rellano de su apartamento cuando una chica pasa por delante. En poco más de 15 minutos a uno de ellos le da tiempo a presentarse, invitarla dentro de la habitación, apagar las luces y salir para contar la hazaña al resto del grupo. "Una más", bromean entre ellos, como si fuese otro de los collares de plástico que coleccionan en el cuello, típicos de esta cita anual entre universitarios estadounidenses. "Lo que importa es el número", aseguran a cámara.
A diferencia de la revolución sexual de los años 60, reflexiona el documental, esta nueva oleada ha traído un sexo desligado de cualquier tipo de sentimiento y empatía hacia el otro. Y las relaciones esporádicas se convierten en el mejor reflejo, dicen los expertos, de la sociedad de consumo actual. Otro grupo de chicos lo define frente a la cámara como el "CMGM: Cuanto más grande mejor", o lo que es lo mismo, la actitud del eterno insaciable. "Eso es lo que te aleja de las relaciones, que siempre puedes tener algo mejor. Una chica siempre puede estar más buena, tener el culo más grande, las tetas más grandes o más bonitas", se sincera uno de los entrevistados.
El porcentaje de menores que ha perdido la virginidad antes de los 15 años se ha duplicado
"Los jóvenes están socializando llevando las relaciones personales al terreno de lo momentáneo; la sexualidad se convierte en un objeto de consumo. Por supuesto, no hay que generalizar, a algunos les atrae eso pero otros siguen teniendo relaciones tradicionales", señala Jorge Benedicto, sociólogo de la UNED.
Según los informes Juventud en España que elabora el INJUVE periódicamente, la edad de la primera relación sexual se ha ido adelantando progresivamente en los últimos años. Un 12,3% de los jóvenes reconocieron haber tenido su primer encuentro con penetración antes de los 15 años en 2012, a diferencia de los 5,2% de 2004. "No es que haya prisa, pero vivimos en un mundo y en una sociedad llena de estímulos e incentivos donde lo atractivo es ser independientes y sentirse adultos cuando antes. La necesidad de convertirse en una persona que hace cosas, que decide por su cuenta y que construye su propia autonomía, aunque sea a través del sexo", señala Benedicto, coordinador del último estudio del INJUVE.
Sin embargo, sigue habiendo mucho desconocimiento debido a una educación sexual ineficiente, y basada únicamente en la anticoncepción y la transmisión de enfermedades sexuales, pero no en el erotismo o el autoconocimiento sexual. "Una anécdota que siempre contamos sobre nuestros talleres es que cuando le preguntamos a los chicos y chicas de 16 años cuántos orificios tiene una mujer no lo saben. O te encuentras chicas que te preguntan que si para orinar necesitan quitarse el tampón", explica Vanessa Rodríguez.
Cuando le preguntamos a los chicos y chicas de 16 años cuántos orificios tiene el cuerpo de una mujer no lo saben
Es lo que en su libro denominan el "doble ciego". A diferencia de generaciones anteriores, donde la cultura sexual estaba fuertemente restringida y censurada, la juventud goza hoy en día de un acceso a información sin precedentes. Pero eso no les hace saber más, solo "creer que saben". "Antes los adolescentes se educaban bajo una represión y tenían muy claro que no sabían sobre sexo, por lo que había una búsqueda, un proceso de conocimiento, pero ahora creen que ya lo saben todo porque lo tienen al alcance de un clic, por lo que no hay esa lucha por conocer su sexualidad", explica Rodríguez.
Superar el umbral de excitación
Debido a esa presión marcada por el porno y al propio desconocimiento de su cuerpo, los jóvenes atraviesan problemas sexuales hasta ahora desconocidos para ese rango de edad, como la disfunción eréctil o la eyaculación precoz, que motivan el uso de Viagra con el que arrancaba este artículo. Según el doctor experto en sexología y director médico de la clínica Boston Medical, José Benítez, el consumo masivo de porno tiene consecuencias a nivel químico en el organismo: "Con la excitación se genera dopamina, y con el consumo de pornografía el cuerpo se acostumbra a ciertos niveles: es lo que llamamos el umbral de excitación. El problema surge cuando en la práctica sexual en la vida real no se llega a ese nivel de excitación y ahí es cuando se produce la disfunción eréctil".
Sufren problemas de eyaculación precoz porque están acostumbrados a consumir porno masturbándose de manera apresurada.
Además, en el caso de los jóvenes muchas veces no han llegado si quiera a tener relaciones sexuales en la vida real, por lo que "sufren problemas de eyaculación precoz porque están acostumbrados a consumir porno masturbándose de manera apresurada, y el organismo se acostumbra a esa rápida eyaculación", explica el doctor sobre los jóvenes. Recuperarse de estos problemas es más complicado en ese rango de edad que entre los adultos porque están menos acostumbrados al sexo real. Mientras que una persona mayor puede superar estos problemas generados del consumo de porno en dos o tres meses, en el caso de los más jóvenes puede llevar un año de tratamiento psicológico.
Por eso, antes de llegar a esos extremos, los expertos apuntan como solución fomentar un tipo de educación sexual que aborde realmente todos estos problemas, y que no se centre solo en evitar embarazos no deseados ni enfermedades de transmisión sexual. "En las charlas que se dan en los colegios, el acercamiento a la sexualidad es siempre negativo. Es como si vas a dar una clase de vino y hablas de cirrosis", reflexiona Rodríguez. "Hace falta abordar la sexualidad desde la idea de relación, del erotismo, de la duda, del conocimiento del cuerpo… Y, cuando lo haces, en realidad ellos están deseando hablar, y aprender".
Etiquetas:
jóvenes,
relaciones
Los niños merecen conocer toda la verdad sobre el sexo, placer incluido
Durante mi infancia, casi todas las lecciones que recibí sobre sexo en el colegio hacían hincapié en sus peligros físicos, como las infecciones transmitidas y el riesgo de embarazos no deseados. Era posible retrasar estas consecuencias, según me decían mis profesores y mis padres, si esperaba hasta el matrimonio.
No recuerdo haber aprendido nada sobre las implicaciones emocionales del acto sexual, ni sobre cómo identificar y expresar el deseo y el consentimiento (es decir, sexo consentido y deseado por todos los participantes) ni tampoco sobre ser consciente de mi propia identidad y mi cuerpo, incluido aquello que me aporta placer.
Si lo pienso, veo que recibí una educación contra el placer.
Aunque muchos países de todo el mundo están intentando modernizar la educación sexual y sobre relaciones que reciben los niños, el mensaje, en muchos sentidos, sigue siendo el mismo. El sexo no es un aspecto sano de la vida y, desde luego, no está hecho para ser disfrutado. La sexualidad es peligrosa.
Como consecuencia, gran parte de la información que reciben los jóvenes tiene el objetivo de preservar su salud sexual. Sin embargo, cada vez está más claro que lo que necesitan los jóvenes es más información para fomentar su salud sexual.
La falta de una educación sexual centrada en el placer hace que muchos jóvenes estén poco preparados para gestionar de forma adecuada el panorama sexual actual. Al hablar de placer, no solo me refiero al placer que da el sexo, sino también a la felicidad que nos aporta nuestra identidad como seres sexuales y en nuestras relaciones con otras personas; en otras palabras: felicidad física, emocional y psicológica en lo referente a la sexualidad.
El discurso del placer se les niega especialmente a las jóvenes y a las mujeres en general. Por ejemplo, a muchas mujeres se les enseña a creer que el sexo doloroso es lo normal y que deben concebir su propio placer como subordinado al de sus parejas sexuales. En este contexto, el sexo poco satisfactorio es demasiado común.
El discurso del placer se les niega especialmente a las jóvenes y a las mujeres en general.
Christopher Fisher, profesor asociado de la Universidad La Trobe (Australia) coincide en que es necesaria más educación sexual centrada en el placer. "Los jóvenes con los que hablamos en nuestros estudios son conscientes de que su educación sexual en el colegio no les cuenta toda la verdad sobre el sexo, especialmente en lo referente al placer, y les gustaría conocer toda la verdad", comenta el doctor Fisher.
Los investigadores de La Trobe han realizado cinco encuestas nacionales entre estudiantes australianos desde 1992. En su último informe, uno de los más exhaustivos de este tipo, el 50% de los estudiantes afirmaba haber practicado sexo a los 17 años o antes. El 54% había recibido un mensaje de texto sexual explícito. El 25% de los estudiantes sexualmente activos había tenido una experiencia sexual indeseada. El 50% expresaba una insatisfacción significativa con la educación sexual de sus colegios.
Las investigaciones realizadas en Canadá pintan un panorama similar sobre la conducta sexual estratificada de los jóvenes: el 66% de los jóvenes de entre 15 y 24 años ha practicado sexo; el 40% de los jóvenes de entre 16 y 20 años ha enviado uno o más mensajes sexuales; el 80% ha tenido problemas sexuales. Las preocupaciones más comunes entre las jóvenes son la falta de orgasmos (59%), la baja satisfacción sexual (48%) y el dolor (47%).
Con estadísticas como estas y teniendo en cuenta que el sexo parece estar por todas partes, es irónico que en pleno 2018 siga existiendo semejante inquietud y temor al hablar de forma abierta y general sobre el sexo en los colegios, sobre todo sabiendo que "los jóvenes identifican los colegios y a los profesores como una de sus fuentes de mayor confianza para obtener información precisa sobre el sexo, la sexualidad, la salud sexual y las relaciones", según el doctor Fisher.
Con temas relativos al placer, como el consentimiento, la expresión de género, la masturbación y el envío de mensajes de contenido sexual, tan debatidos en la actualidad, deberíamos recurrir a las pruebas científicas —y no a la ideología— con el fin de dar forma a una educación sexual completa.
Un buen ejemplo son los Países Bajos, país reconocido por tener uno de los temarios escolares más progresistas del mundo. Los niños neerlandeses aprenden a designar correctamente sus genitales a los 7 años y se les enseña que la masturbación es un modo normal y sano de descubrir el cuerpo de cada uno. También aprenden sobre identidad de género, orientación sexual y diversas convenciones sociales que pueden llevar a conductas y deseos sexuales socialmente adquiridos. En su enfoque se pone más énfasis en el lado positivo del sexo y en los derechos sexuales de los jóvenes.
Deberíamos recurrir a las pruebas científicas, y no a la ideología, para dar forma a una educación sexual completa.
Investigaciones empíricas basadas en el modelo neerlandés sugieren que los adolescentes y los jóvenes así experimentan menos las consecuencias negativas del sexo y más las positivas. Los neerlandeses menores de 25 años, por ejemplo, solo suponen el 10% de los nuevos casos de ETS de su población, mientras que en Canadá, la tasa de clamidia, gonorrea y sífilis son mayores en este grupo de población que en ningún otro. Los neerlandeses adolescentes tienen también una de las tasas más bajas de embarazos y abortos de todo el mundo. Además, los jóvenes más activos sexualmente de los Países Bajos aseguran que el sexo les resulta placentero (entre el 90% y el 94%), unos resultados que no varían en función del género. La comunicación sobre las prácticas sexuales que gustan o que no gustan suponen posteriormente un mayor placer sexual.
En otras palabras, cuando la educación sexual es exhaustiva, el sexo no solo se vuelve más seguro, sino también más placentero, lo que está directamente relacionado con una mejor salud física y mental y deriva en un mayor bienestar.
Según el doctor Fisher, en el caso de los adolescentes de más edad sexualmente activos, los que afirman tener en mejor consideración su última experiencia sexual tienen también una mayor tendencia a conversar con su pareja sexual sobre evitar embarazos y ETS antes de iniciar la actividad sexual. Los encuentros sexuales más felices también se han relacionado con una mayor autonomía entre las mujeres. Cuanto más puedan las mujeres controlar su vida sexual, junto con los esfuerzos para terminar con la brecha de género y de poder, menos probabilidades habrá de que haya sexo no deseado.
Por tanto, empoderar a los jóvenes mediante la educación sirve para reducir el riesgo de violencia sexual de género y para promover un cambio positivo en la sociedad.
La educación sexual basada en el placer y enfocada de forma apropiada en función de la edad es importante para la salud y el desarrollo de los adolescentes. Es hora de dejarnos de politiqueo con la vida de los jóvenes y empezar a fomentar una educación que tenga en cuenta todas las posibilidades del placer.
La doctora Allie Carter lleva una década dedicándose a la investigación para progresar en temas de salud sexual y derechos de las mujeres. Actualmente imparte seminarios sobre salud sexual en la Universidad de Nueva Gales del Sur. Ha publicado más de 30 artículos científicos y su trabajo ha aparecido en medios como CBC, CTV, The Star o Ravishly. Puedes seguir a Allie en Twitter e Instagram (@DrAllieCarter).
Etiquetas:
educación sexual
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

